Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 383
- Inicio
- Todas las novelas
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 383 - 383 380 Templo maldito I Vida salvaje
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
383: 380) Templo maldito I: Vida salvaje 383: 380) Templo maldito I: Vida salvaje Aunque no era sorprendente, Hannah y yo aparecimos en medio de una selva virgen.
“¿Ya está?” preguntó ella, mirando alrededor.
“Pensé que viajaríamos al pasado.” “Estamos en el pasado” expliqué.
“Solo que seguimos en la selva… pero en la selva de hace” varios siglos.
Algunas cosas nunca cambiaban.
Quizá las especies, quizá el equilibrio del ecosistema, pero la sensación era casi la misma.
Había lugares donde el tiempo parecía avanzar en círculos.
Ya habíamos entrado oficialmente en la campaña.
No era raro aparecer en un entorno así, aunque había que tener en cuenta un detalle importante: estábamos muchos siglos atrás, cuando los grandes asentamientos humanos eran escasos y difíciles de encontrar.
“Deberíamos empezar a movernos”, dije, sacando mis varitas de jarjachas para abrir camino.
Sin embargo, algo se sintió extraño.
Las varitas temblaron ligeramente en mis manos, como si estuvieran confundidas.
No era miedo.
Era… desconcierto.
Como si percibieran algo que ni siquiera alcanzaban a entender.
Eso era algo que tendría que investigar más adelante.
Claro que no había llegado solo a este mundo.
Las demás permanecían dentro del feudo.
Había traído a Tonks para que pudiera dar a luz con tranquilidad, sin que su embarazo le quitara tiempo en el mundo real.
Algo que habíamos hablado antes… aunque admitirlo, quizá debería haberle avisado con más detalle antes de hacerlo.
También traje a Elise.
Quería que su proceso de divinización continuara aquí y que aprendiera a usar su avatar de manera más práctica.
Aunque había participado en varias aventuras, todavía le faltaba algo de realidad.
Necesitaba experimentar el uso del poder divino sin que yo tuviera que preocuparme constantemente por las consecuencias.
En aventuras anteriores la había contenido, temiendo afectar su evolución si sobreexigía su avatar.
Pero aquí era diferente.
Si le iba bien, perfecto.
Si no… las ventajas de las campañas rápidas permitían que, al volver, todo quedara como si nada hubiera pasado.
Eso sí, se perdería el progreso concreto de la divinización durante la campaña.Pero la experiencia ganada era, a largo plazo, mucho más valiosa.
Además de ellas, también traje apoyo adicional: Andra y algunas chicas más, tanto para respaldarme como para asegurarme de que Hannah no se sintiera sola si en algún momento decidía enviarla al feudo mientras yo terminaba la campaña.
…
Hannah y yo vagamos por la selva durante bastante tiempo, quizá más perdidos de lo que me gustaría admitir.
Mi [Mapa] estaba completamente vacío debido a la diferencia temporal, aunque al menos contaba con una brújula integrada y algunos datos adicionales tras subir de nivel la habilidad.
“Esto… no se siente tan diferente a antes”, comentó Hannah.
“Es como cuando nos perdimos ayer.” Eso pareció tranquilizarla.
De pronto, con un movimiento rápido de mi varita, un proyectil mágico atravesó una araña de casi cuarenta centímetros que había saltado desde los arbustos.
“Bueno” añadí, “la fauna sí es bastante más agresiva que en nuestro tiempo.” Había más bestias, más criaturas mágicas… Caminamos durante horas, avanzando más o menos en la dirección donde debería encontrarse Castelobruxo.
En realidad, no teníamos referencias claras ni indicaciones concretas.Esta selva era inmensa.
A veces sentía que el mundo de la campaña era incluso más vasto que el que conocía.
Vagamos hasta que finalmente nos detuvimos para comer.Improvisé un pequeño campamento con una fogata y algunos hechizos protectores menores.
Usando troncos como asientos, comenzamos a comer tranquilamente.
“¿A dónde vamos?” preguntó Hannah con la boca llena.
“No lo sé” respondí con sinceridad.
“Sé que todo esto tiene que ver con un templo… o algo parecido.
Pero no tengo idea de dónde está.
Por ahora, solo estamos explorando.” “¿Entonces… solo seguimos caminando?” preguntó, un poco preocupada.
Si realmente habíamos viajado en el tiempo, no había nadie a quien recurrir.
No existía ninguna persona conocida, ningún contacto previo.
“Por el momento, sí” dije.
“Mi plan es encontrar algún asentamiento humano y preguntar allí.” Al verla inquieta, intenté tranquilizarla.
“Vamos, tómalo como un viaje de campo muy, muy extraordinario.
Además, ya te vi recolectando plantas raras.” Hannah se sonrojó y apretó el bolsillo donde había guardado hojas, semillas y raíces que le parecieron interesantes.
“No te avergüences” sonreí.
“Tu curiosidad te va a llevar lejos.
Claro… siempre que no te metas en algo peligroso por curiosidad.
Pero no te preocupes, yo te respaldo.
Puedes ser tan curiosa como quieras.” …
Viajamos durante días.
Probablemente dimos vueltas en círculos más de una vez.
Dejé de usar el [Mapa]; seguir una línea recta podía ayudar… o alejarme completamente del objetivo de la campaña.
Así que opté por explorar sin rumbo fijo.
Quizá por eso el tiempo estimado variaba entre meses y años.
Con el paso de los días, nos volvimos una especie de niños semi-salvajes.
Al principio, Hannah estaba incómoda y preocupada, pero poco a poco se adaptó.
No tenía otra opción.
Pude haberla enviado al feudo en cualquier momento.
Pero, siendo honesto, me estaba divirtiendo con este experimento “Tarzán”.
Además, pasar tiempo con ella y endurecerla un poco no era mala idea.
La magia ayudaba en muchos aspectos, así que no tuvimos que volvernos completamente primitivos.
La selva producía alimento en abundancia: yo cazaba y Hannah identificaba plantas comestibles.
Y, en el peor de los casos, el feudo seguía produciendo comida.
En cuanto al baño… bueno, eso fue lo más incómodo para ella.
Aun así, fue valiente.Y adorable.
Especialmente porque no entendía por qué nunca me veía a mí ir al baño.
…
Días…
luego semanas.
Sí, definitivamente estuve caminando en círculos en varios momentos… aunque no diré que fue completamente accidental.
Vi a Hannah atravesar distintas etapas en este lugar.
Una vida en la selva cambia a cualquiera, y más aún a una niña de doce años.
La vi pasar de la curiosidad y el nerviosismo inicial a una tristeza más profunda, más silenciosa.
Poco a poco fue comprendiendo cuán lejos estaba de casa.Y lo imposible que sería volver, incluso si lo deseara.
Puedo asegurar que, en algún rincón de su mente, había resentimiento hacia mí por haberla traído aquí.
Pero esa parte luchaba constantemente contra otra, más fuerte, que se aferraba a mí como si yo fuera su único salvavidas en el peligro en el que nos hallábamos.
Por eso no avanzábamos demasiado.No seguía una dirección concreta.
Quería que se adaptara.
Quizá era cruel.
Pero sabía que, una vez superada esa depresión, saldría fortalecida.
Claro, eso llevaría tiempo… así que decidí acelerarlo usando mis habilidades.
Aura de valor.
Control de sangre.
Entrenamiento en oclumancia.
Todo fue un pequeño empujón para endurecerla, para evitar que su mente sucumbiera al miedo, a la soledad, a la selva.
La verdad es que fue bastante sencillo, sobre todo porque nos acercó mucho más.
Yo tenía muchas habilidades que impulsaron su crecimiento, y en cuanto a la oclumancia… bueno, desde mi punto de vista, era un maestro mucho mejor que Snape.
Le enseñé invadiendo su mente a niveles mínimos, casi inútiles al principio, esperando que me repeliera.
Cada vez que lo lograba, aumentaba apenas la dificultad.
Paso a paso.
Sin prisas.
Claro que no me olvidé de amenazarla en broma con revisar sus recuerdos más vergonzosos.Eso ayudó bastante en su momento.
Al final, este viaje por la selva terminó siendo una larga sesión de entrenamiento para Hannah: oclumancia, herbología, supervivencia… todo la estaba haciendo crecer.
O al menos, esa era la excusa que me daba a mí mismo para hacerle pasar por todo esto.
…
Con el tiempo nos volvimos cercanos.
Aunque Hannah se fortalecía, entendía que yo era su pilar.
Me necesitaba.Y estábamos solos en medio de una selva inmensa, así que poco a poco ciertas inhibiciones comenzaron a desaparecer.
Por las noches, acostarnos a charlar se volvió rutina.
Cada día se soltaba más, contándome cosas que antes no decía.
No como antes donde perdió la vergüenza, sino que dejó de contenerse con ciertas cosas que antes no hablaba porque creía que no era apropiado.
Esa noche fue uno de esos momentos.
Después de comer, en el claro que había abierto para descansar, ambos yacíamos en nuestros sacos de dormir, con la fogata crepitando detrás.
“Entonces…” dijo finalmente “¿no te sientes mal por engañar a Hermione o a cualquiera de las demás?
¿No sientes culpa?” Aún estaba tensa al tocar el tema, pero su curiosidad era más fuerte.
“Para nada” respondí.
“Bueno… quizá un poco.
Pero no es culpa.
Es más bien miedo a que algo salga mal.” “¿Y qué pasaría si algo sale mal?” “No lo permitiría” dije con calma.
“Y aunque me consideres un monstruo… no dejaré que nada arruine lo que tengo.
Soy feliz con todas mis mujeres, y no pienso permitir que eso termine.” Ella se apoyó sobre un brazo para mirarme.
“¿Y si alguna ya no quiere eso?
¿Si te exige que termines con las demás… o si se va?” Reí suavemente, cerrando los ojos antes de girarme para verla, dejando que mis ojos rojos brillaran en la penumbra.
“Es tierno que seas tan inocente”, dije.
“Deberías pensar peor de mí.
¿Crees que dejaría que eso pase?
Aunque no les guste… no las dejaría irse.” Hannah se quedó inmóvil.
Mi tono era tranquilo, casi casual, pero lo que decía no encajaba en su cabeza.
“¿Cómo…?” preguntó al final.
“Como imaginas” respondí.
“Las retendría a la fuerza.
No las dejaría irse.
Se quedarían conmigo para siempre, aunque tuviera que obligarlas.” Suspiré.
Decírselo a alguien que aún no formaba parte de mi círculo íntimo era extraño.
Nunca me exponía así.
Quizá este viaje también era una forma de relajar mi propia mente.
“¿Usarías amortentia?” preguntó, horrorizada.
“¿Algo para que te amen?
Eso no es amor…” “No usaría pociones”, respondí riendo.
“Tal vez afrodisíacos, para qué se vuelan putas ninfómanas y solo yo pueda satisfacerlas.
Aunque eso sería más dependencia que amor… Encerrarlas también es una opción, hasta que me amen de nuevo.
No lo sé.
Suelo improvisar.
Si funciona, archivo el método para más adelante.” Le sonreí.
“No sé si eso es amor.
Para mí lo es.
Yo soy feliz… y quiero hacerlas felices.
Aunque al principio duela un poco.” Hannah no respondió.
Se giró lentamente, dándome la espalda, como si intentara dormir.
Sabía que yo era “malo”.
Pero no tan malo.
La imagen que se formó en su mente la hizo estremecerse.
Ahora estaba tensa, preguntándose si estar a mi lado realmente la mantenía a salvo.
“¿Me tienes miedo?” pregunté, volviendo a mirar el cielo estrellado.
Hubo silencio.
Pero tras tantos días juntos, la ansiedad terminó venciendo.
“Sí…” dijo con voz temblorosa.
“¿Tú… realmente harías eso?
Te enviarían a Azkaban… y sé que no eres una mala persona.
No lo harías… ¿verdad?” La miré.
No me devolvía la mirada.
Su cuerpo temblaba.
Suspiré.
“Quién sabe” respondí.
“Suelo intentar que mis chicas me amen haciendo todo lo que puedo por ellas.
Tal vez a veces he sido malo… o bueno con malos objetivos.” Estiré la mano y acaricié su cuerpo de forma inocente a través del saco de dormir.
“Pero no tienes que preocuparte.
No te haré daño.
Te traje aquí para protegerte, no para asustarte.
Prometo llevarte sana y salva.
Mi vida privada no tiene por qué importarte.
Aunque me gustas… no te forzaré a nada si no quieres.” El silencio volvió.
La sentí relajarse poco a poco, así que pensé que la conversación había terminado.
Entonces habló.
“¿Y si yo me volviera una de tus novias… y quisiera dejarte?” “Bueno”, respondí sin dudar, “haría que me amaras tanto… que no llegarías a pensar en dejarme.” 🎁—/——/🎁/———/🎄🎁🎄/———/🎁/——/—🎁 ✨🎄✨ ¡Feliz Navidad a todos mis lectores!
✨🎄✨
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com