Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 388

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 388 - 388 385 Templo maldito VI Problemas Humanos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

388: 385) Templo maldito VI: Problemas Humanos 388: 385) Templo maldito VI: Problemas Humanos En cuanto a la vida de Hannah y la mía… bueno, no fue tan tranquila como podría parecer.

Esta ciudad antigua nos dio algunas cosas buenas, pero también nos trajo problemas más de una vez, sobre todo cuando empezamos a ganarnos una reputación.

Hannah y yo encontramos nuestro nicho con rapidez.

Ayudábamos, curábamos, construíamos, sin exigir nada a cambio, y eso hizo que nuestra fama se disparara.

Pero no siempre para bien.

Dar tanto sin pedir nada perjudicaba directamente el negocio de otros brujos.

En términos simples: les estábamos robando trabajo y prestigio.

Cada favor que hacíamos gratis era algo que ellos no podían cobrar, y cada persona agradecida era una comparación silenciosa que los dejaba mal parados.

Nadie era tan idiota como para decirlo en voz alta… pero todos lo pensaban.

No todos los brujos nos odiaban.

Algunos fueron bastante amistosos.

En esta época, el intercambio de conocimientos era una de las principales formas de mejorar la magia, así que muchos se acercaban a nosotros, nos invitaban a reuniones o compartían información.

Éramos excelentes candidatos para ese tipo de círculos.

Los verdaderamente hostiles eran dos tipos de brujos: los que habían visto sus maldiciones o actos maliciosos deshechos por nosotros, y los que servían directamente a la ciudad y tenían sus negocios comprometidos.

Entre ellos, destacaba el anciano brujo que habíamos conocido en la casa del líder.

Ese hombre deseaba nuestra muerte.

No porque quisiéramos su puesto como “brujo local” —el líder incluso nos lo ofreció alguna vez, pero lo rechazamos—.

Hannah y yo siempre nos mantuvimos como independientes, ayudando a civiles comunes.

En ese aspecto no chocábamos con él.

El problema era el otro.

Los civiles rara vez recurrían a brujos por los costes.

Solo lo hacían los ricos, los nobles o los desesperados.

Con nuestra presencia, apareció una opción más barata, más segura… y mucho más humana.

Ese ingreso extra, privado y lucrativo, se evaporó.

Los brujos de esta región eran rencorosos y profundamente altivos.

Se creían por encima del resto, y la idea de que otros los consideraran “peores” que dos jóvenes recién llegados ya era insoportable.

Pero cuando su estilo de vida empezó a resentirse, el odio se volvió acción.

Al principio fueron advertencias.

Algunas directas, enviadas por sus discípulos.

Otras más simbólicas: maldiciones menores, montones de aves muertas alrededor de nuestra casa, señales claras de amenaza.

No le tuve miedo.

Y Hannah, conmigo a su lado, tampoco.

Podríamos habernos ido.

Ya habíamos aprendido lo suficiente, y movernos a otro lugar no nos habría costado nada.

Pero nos habíamos encariñado con esta vida.

.

Entonces, la escalada fue inevitable.

Sí, llegamos a una lucha de magos.

Recuerdo bien la primera vez que ese brujo vino en persona a advertirnos.

La segunda ya no fue una advertencia: vino con la intención de echarnos… o de matarnos si era necesario.

Para entonces, ya no le preocupaban las represalias de nuestro supuesto “maestro”.

No fue algo secreto.

Las noticias corrían rápido, incluso sin la comunicación moderna.

Nadie intervino.

Ni siquiera el líder se atrevió a tomar partido.

Desafiar a un brujo —cualquiera— era algo impensable.

Llamarlo “lucha” es justo… al menos desde la perspectiva de Hannah.

Para mí, que ya había enfrentado cosas mucho peores, no fue gran cosa.

Aun así, debo admitir que el anciano tenía habilidad.

No era como su aprendiz, que tardaba diez minutos en conjurar algo útil.

Se movía de forma extraña, utilizaba objetos rituales y su verdadero fuerte no estaba en la potencia bruta, sino en la naturaleza maliciosa de sus hechizos.

Fue en esa ocasión cuando mi estatus como mago quedó verdaderamente confirmado.

Usé magia de forma abierta para enfrentarlo.

No lo hice solo.

Hannah luchó conmigo.

No porque la necesitara… sino porque necesitaba que aprendiera.

Aunque no me guste hacerlo, la dejé sufrir un poco.

A veces, esa es la única manera de enseñar.

No di todo de mí.

Apenas usé lo más básico de lo básico.

Aun así, fue una lucha rápida.

Ambos bandos utilizábamos sistemas mágicos distintos, y eso se notó de inmediato.

Tuvimos una clara ventaja al inicio, simplemente porque nuestras técnicas eran más eficientes, más refinadas.

Pero el anciano no era ningún tonto: en cuanto notó la desventaja, empezó a sacar sus mejores trucos.

La nube de polvo venenoso fue interesante.El cráneo gritón, mortal y cargado de malicia, también.

Ya le había advertido a Hannah que esto formaba parte de su entrenamiento.

Que no la cubriría por completo.

Que habría ataques que tendría que manejar sola.

Aun así, verla enfrentarlos por primera vez fue… educativo en algun aspecto.

Como dije, terminó rápido.

Mucho más rápido de lo que habría sido si el viejo no tuviera un estado físico tan sorprendentemente bueno para su edad.

Tras varios intercambios de hechizos, el anciano acabó sofocado, con el cuerpo castigado por nuestros ataques.

No pudo continuar y se retiró, reconociendo nuestra victoria de forma implícita.

Desde la distancia, muchos ciudadanos que habían observado en silencio vitorearon… en secreto.

La fama de ese brujo nunca había sido buena, pero nadie se había atrevido a cuestionarlo.

Hasta ahora.

Hasta que existíamos nosotros para compararlo.

Ese fue el inicio de una lucha y un odio abierto entre brujos.

No me encargué de ese chamán.

Lo dejé ir.La razón era simple: quería que se convirtiera en la piedra de afilar de Hannah.

Ella necesitaba desafíos reales.

No solo peligros naturales, sino personas con intención, con malicia.

Bajo mi vigilancia, podía permitirle usar a ese brujo como un enemigo lo suficientemente peligroso como para obligarla a mejorar… pero lo bastante controlable como para no matarla.

Claro que también me beneficié de las consecuencias.

La rotura de tímpanos y la piel carcomida por el veneno requirieron cuidados especiales.

Nada realmente grave, nada que no pudiera manejarse… pero una excelente excusa para atenderla de cerca y darle mimos, incluso cuando fingía no necesitarlo.

En los meses siguientes, ese brujo —y otros más, con los que nos enemistamos por distintas razones, como la llegada de gente de otras ciudades o simples disputas de influencia— continuaron acosándonos.

Maldiciones.Ataques directos.Criaturas mágicas.Métodos indirectos.

Incluso enviaron muggles asesinos, haciéndose pasar por pacientes o portadores de regalos.

Probaron de todo.

Varias estrategias distintas, un solo objetivo: Acabarnos.

…

Otro problema que surgió en esta ciudad —y que incluso atrajo gente de otras— fueron los pretendientes de Hannah.

Sí, la chica era codiciada.

Y, siendo justos, era completamente entendible.

Era una bruja.

Amable, caritativa, de buen corazón.

Trataba a todos por igual, sin importar su origen o posición.

No solo era un excelente partido para otros magos, sino también una oportunidad única para los no magos de ascender en la jerarquía social.

Durante un buen tiempo aparecieron cortejos al más puro estilo de la época.

Regalos, visitas constantes, invitaciones formales.

Incluso el líder de la ciudad envió a su propio hijo, cargado de presentes y sonrisas ensayadas, con la intención de ganarse el favor de Hannah.

En parte, todo esto había sido provocado por ella misma.

Cada vez que le preguntaban, dejaba en claro que nuestra relación era solo de amistad.

Que no había nada entre nosotros.

Eso fue suficiente para que muchos asumieran que no éramos los típicos “aprendices de brujo unidos por el destino” o emparejados por un maestro poderoso.

Vieron una oportunidad… y la tomaron.

Hannah estaba abrumada.

Esta era una época distinta, con reglas sociales distintas.

Entender que no la deseaban por quien era, sino por lo que representaba —un recurso, un símbolo, una escalera social— la golpeó con fuerza.

En nuestro tiempo era una chica normal.

Aquí, era poco menos que una diosa: la bruja amable que cualquiera soñaría con poseer.

Durante un tiempo, debo admitirlo, su vanidad se vio satisfecha.

Pero pronto dio paso a la inquietud.

Y creo que lo que más la preocupó no fue la atención… sino mi expresión, cada vez más sombría.

Ya había antecedentes en Castelobruxo sobre lo que ocurría cuando alguien se interesaba demasiado en ella.

Por eso me hizo prometer que no “causaría problemas”.

Cumplí esa promesa… por un tiempo.

Aunque estaba listo para romper algunas piernas en cuanto sintiera que las cosas tomaban una dirección equivocada.

Un pequeño gesto de consideración y de que la apreciaba.

Y si hubo momentos en los que no cumplí del todo esa promesa… me aseguré de que ella no lo supiera.

El punto de quiebre llegó cuando Hannah empezó a aceptar algunas “invitaciones”.

No porque entendiera exactamente lo que eran.

Para ella, muchos solo la invitaban a festivales, celebraciones o a visitar ciertos lugares, pues muchos ciudadanos lo hacían, ya sean hombres o mujeres, e ancianos a niños, porque todos la apreciaban y sabían que era accesible.

No sé si llamarlo inocencia o negación; en algún momento debió darse cuenta.

Aunque sospecho que también quería provocarme un poco… estaba demasiado atenta a mis reacciones.

Dejó de aceptar invitaciones después de una en particular.

Una en la que, frente a ella, hice explotar el corazón de su pretendiente.

Su expresión de terror fue… intensa, por decirlo suavemente.

Pero bastó con señalarle el puñal oculto bajo la túnica del hombre, y el veneno letal impregnando la hoja, para que entendiera que no había sido un arrebato de celos ni una locura repentina.

No era una escena romántica.

Hannah comprendió entonces que este no era su tiempo.

Que ya no era una chica normal.

Ahora no solo tenía pretendientes dispuestos a darlo todo por ella… sino enemigos que no dudarían en usar eso para acabar con su vida.

Fue un golpe de realidad duro.Quizás demasiado brutal.

Lo admito: podría haber manejado mejor la situación.

Estaba cansado de verla “salir” con esos tipos, aunque ella jamás permitió que nada pasara de simples encuentros cordiales.

Hubo consuelo, discusiones, súplicas… pero al final, todo se estabilizó.

Después de eso, dejó de aceptar invitaciones.Se volvió más cautelosa.

Más consciente.

Y aunque el método fue cuestionable, el resultado fue claro: Hannah aprendió a sobrevivir en esta .

Así que diré que, incluso de una forma tan cruda… hubo algo bueno en ello.

…

Y ahora estaba volviendo a casa, con un ramo de flores para Hannah.No como los que solían llevarle sus pretendientes: Hannah sabe que no haría algo así si no tuviera un motivo.

Estas flores eran medicinales; me había pedido recolectarlas.

Solo las até como un ramo para molestarla un poco y, quizá, reírnos recordando a algunos de sus pretendientes más estúpidos, aquellos que alguna vez llevaron hierbas bonitas pero altamente venenosas y que, al intentar cortejar a Hannah, terminaron cortejando a la muerte… y siendo tratados como pacientes por ella.

Pero no llegué muy lejos.

A mi alrededor, un grupo de brujos me rodeó.

Y no solo a mí: mi clon también vio cómo hacían lo mismo con Hannah.

Claramente entendieron que enfrentarnos juntos era estúpido.

Ya lo habían intentado antes, atacándonos por separado, pero esta era la primera vez que se mostraban tan preparados.

Ocho brujos me cerraban el paso; a lo lejos sentía otros dos, junto a tres aprendices.

Del lado de Hannah eran siete brujos, pero con más aprendices.

Parece que, a pesar de nunca mostrar todo mi poder, me consideraron el enemigo más peligroso.

Supongo que debo reconocerles la atención al detalle.

No me dieron oportunidad de hablar.

Desde hacía tiempo yo era una espina clavada en sus pies, así que atacaron de inmediato con hechizos rápidos, preparados específicamente para nosotros.

Sabían que nuestra ventaja era la velocidad de conjuración, y adaptaron sus técnicas para neutralizarla.

Por lo que pude notar en los catalizadores que usaban, aquello tenía un costo.

Realmente se habían esforzado.

Hechizos de todo tipo surgieron desde todas direcciones: fuego, rayos, magia oscura…Y una simple transformación en un charco de sangre, seguida de un rápido deslizamiento, volvió todo eso inútil.

Recuperé mi forma fuera del cerco que habían creado.

Con un movimiento de mi mano, varias cuchillas hechas de sangre se formaron en el aire; con otro gesto, salieron disparadas hacia los brujos.

Creo que Hannah ya aprendió lo suficiente.Y, sinceramente, no quiero seguir preocupándome por ellos.

Así que supongo que ya vivieron bastante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo