Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 391
- Inicio
- Todas las novelas
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 391 - 391 388 Templo maldito IX Relaciones
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
391: 388) Templo maldito IX: Relaciones 391: 388) Templo maldito IX: Relaciones En conjunto, todas aquellas historias dejaban en claro una cosa.
Pocas hablaban de verdadero amor.
En casi todas aparecían siempre los mismos elementos: interés o poder.
Las historias que no giraban en torno a uno de esos dos ejes —o a ambos— eran raras, si es que existían.
Charlando con las brujas, Hannah terminó por comprender una verdad de aquella época… y quizá de todas las épocas:el poder dicta lo que puedes hacer y lo que debes aceptar.
Los brujos con gran poder podían tener varias esposas sin que estas se atrevieran a quejarse.
En cambio, quienes se emparejaban con una bruja lo suficientemente fuerte debían andar con cuidado: una mujer así podía darles una lección que jamás olvidarían.
Muchos —especialmente los muggles— no se atrevían a tener aventuras cuando estaban con una bruja.
El resultado de una infidelidad podía ser catastrófico si ella se enfadaba.
Aunque, claro… siempre existía algún idiota que lo intentaba.
Y ni hablar de aquella bruja con su harén de hombres, repartidos entre su casa y los pueblos cercanos.
Era el reflejo opuesto del mismo fenómeno: así como algunos hombres acumulaban mujeres, ella, gracias a su poder, había formado su propio harén masculino para satisfacer sus deseos.
También se mencionó, con bastante naturalidad, a brujas que preferían a otras brujas.
Hannah intentó ignorar ese tema.
Todavía arrastraba cierto trauma por lo que había visto en Castelobruxo, y se sintió incómoda cuando algunas lo mencionaron con demasiada cercanía.
En el mundo mágico, comprendió, casi cualquier tipo de desviación sexual era considerada normal.
Incluso las más extrañas.Hannah llegó a pensar que mi relación con seres “no humanos” quizá no era tan aberrante… simplemente no estaba ocurriendo en la época adecuada.
Aquí, los brujos hacían todo tipo de cosas sin demasiados reparos.
Al final, la conversación terminó girando en torno a ella.
Todas sabían que aquellas preguntas no eran casuales.
“Entonces… ¿tu compañero quiere tener varias esposas y no sabes si aceptarlo?” preguntó una bruja.
“No…” negó Hannah, avergonzada.
“Mejor así.
No dejes que se le metan esas ideas en la cabeza.
Si te quiere, más le vale guardar su pene solo para ti.
Si no está dispuesto a eso, déjalo” comentó otra con firmeza.
“Sí, a todo brujo le llega un momento en que quiere dejarse llevar por los placeres carnales” añadió una mujer, recordando su juventud y su marido.
“Y es nuestro deber, como sus mujeres, detenerlos.
Nunca acaba bien.” “Él… ya tiene varias mujeres” murmuró Hannah.
Las brujas guardaron silencio por un instante, observando su timidez con comprensión.
El dilema clásico de una joven enamorada.
“¿Pero eso fue desde antes cuando aún no tenían nada entre ustedes?” “¿Ya estaba comprometido?
Porque conozco algunas maldiciones para hacerlas desaparecer de forma discreta…” “Si es solo tu compañero aprendiz, no estás obligada.
Incluso si tu maestro lo aprueba, siempre puedes escapar.” Cada una dio su opinión sin dejarle demasiado margen para responder.
De todos modos, Hannah no habría sabido qué decir.
“¿Piensas formar una familia con él?” “¿Qué posición tendrías frente a las otras mujeres?” “¿Son brujas?
Porque si no lo son, puedes ignorarlas… siempre que les quites la fertilidad.” El tema volvió a desviarse, pero no perdió intensidad.
“Si quiere que aceptes algo así, deberá ofrecerte mucho a cambio.
Asegúrate de que tus hijos sean los herederos principales.” “Ni siquiera eso.
No deberías permitir que te use de esa manera.
Eres una bruja poderosa, ¿quién se cree que es para rebajarte así?” “Exacto.
Ve y deja claro que si quiere algo contigo, será solo contigo.
Y si no, vete.
Un brujo así no merece ser pareja, ni amigo, ni siquiera conocido.” Por último, una bruja sonrió con experiencia y cierta malicia.
“Bueno… él puede tener su harén si quiere.
Pero con tu capacidad, tú también podrías tener el tuyo.
Si te interesa, puedo enseñarte.
Conozco muchas formas de mantener a los hombres sumisos, obedientes… y aun así, salvajes como animales en celo.” Hannah no respondió.
Pero esa noche, por primera vez, entendió que no solo estaba decidiendo qué sentía, sino qué tipo de vida estaba dispuesta a aceptar.
Al final, Hannah terminó siendo “interrogada”, por así decirlo.
Las brujas intentaron sacarle todo lo posible sobre mí, no solo por curiosidad, sino para entender la situación.
Y, en el proceso, tanto ellas como la propia Hannah comenzaron a analizarme con más cuidado.
Primero surgieron los sentimientos de Hannah.
Admitió que sentía algo por mí, fruto de todo lo que habían vivido juntos.
Varias brujas lo desestimaron de inmediato, como si el afecto fuera un factor irrelevante cuando se hablaba de un futuro próspero.
Algunas apoyaban esa visión; otras no estaban tan de acuerdo.
Luego vino la pregunta inevitable: ¿quiénes eran mis parejas?
Cuanto más escuchaban, más asombro se acumulaba en la sala.
Eran muchas mujeres: Todas brujas de un nivel igual o superior al de Hannah.
Algunas no humanas.
Incluso una fantasma.
Aquello las desconcertó.
Existían brujos que aspiraban a ser reyes o dioses con todo a su disposición, sí, pero era raro que alguien lograra algo así de forma tan estable.
Lo que yo hacía no era, en sí, exagerado… pero resultaba profundamente impresionante.
La idea de que tuviera tantas esposas y que la mayoría no estuvieran conmigo por conveniencia, favores o protección, sino por aprecio genuino, elevó mi figura a algo inquietante.
No era solo poder: era influencia, carisma, algo más difícil de definir.
Después llegó el análisis de mi fuerza.
Todas sabían que Hannah y yo éramos poderosos.
Al conocer a Hannah, entendían que tenía talento, pero no algo inalcanzable o incomprensible.
Conmigo pensaron lo mismo… hasta que ella empezó a revelar más y más detalles.
Estas charlas no eran solo amistosas.
Algunas brujas valoraban que Hannah fuera tan abierta, porque esa información podía servir para planear encuentros, trueques… o contramedidas, si algún día nos convertíamos en enemigos.
Pero a medida que escuchaban, el panorama se volvía perturbador para alguien que aparentaba mi edad.
Experto en múltiples áreas de la magia.Fuerza física sobrehumana.Habilidades extrañas.Conocimientos vastos.Experiencia en combate difícil de igualar.
Si Hannah no exageraba, yo no era solo un brujo poderoso…
Era un monstruo.
Un detalle que Hannah no parecía notar… pero que las demás sí.
Algunas brujas dejaron de opinar abiertamente, sin atreverse a sugerir que Hannah me dejara o a criticarme de forma directa.
Otras seguían sin aprobar mi “poligamia”, pero evitaron decir algo negativo en voz alta.
Hubo quienes, en cambio, se acercaron a Hannah con extrema amabilidad, viéndola como un posible puente para llegar hasta mí.
No todas tenían el potencial para escalar por sí mismas, pero esperaban usarme como medio para mejorar su posición.
Hannah lo notó y no supo cómo sentirse; optó por ser cortés e ignorarlo por el momento.
También estaban las escépticas.
No dudaban de que yo fuera un mago excepcional, pero creían que Hannah exageraba mi poder.
Para ellas, lo que describía rozaba lo inverosímil.
En cualquier caso, la reunión terminó siendo mucho más de lo que se había planeado inicialmente.
Al final, aquellas que querían apoyar a Hannah —más de lo que me deseaban o me temían— le dieron un consejo simple y brutal: “Aléjate… o exige algo lo suficientemente valioso como para aceptar ceder.” Hannah quedó en conflicto.
Lo que había visto allí era muy distinto de lo que conocía.
En este mundo, quien tenía poder para respaldarlo podía hacer lo que quisiera.
Hombre o mujer, no importaba.
Ten a cuantos puedas.
Se preguntó si yo realmente pertenecía a su tiempo… o si, como ahora al viajar al pasado, ella estaba conviviendo con alguien de una época donde aquello era normal.
¿Yo era normal?¿Lo que hacía estaba bien?Si tenía el poder… ¿merecía, o al menos podía, tener tantas mujeres como quisiera?
Al final, Hannah no obtuvo la respuesta clara que esperaba… pero sí algo quizá más peligroso: materia para pensar.
Y advertencias.
Unas pocas brujas se le acercaron en privado para decirle que tuviera cuidado conmigo.
Su descripción —sin exageraciones evidentes— había despertado en ellas recuerdos y rumores sobre dioses, demonios y entidades antiguas que raptaban jovencitas para convertirlas en esposas.
Historias que, aunque extremas, no eran del todo inexistentes en ese mundo.
…
Fue después de ese evento que Hannah comenzó a cambiar su perspectiva.Se acercó más a mí, pero con una naturalidad distinta.
No más distante ni temerosa… sino analítica.
Sus preguntas sobre mi vida privada se volvieron más directas, menos cargadas de vergüenza.
Al principio la hubo, claro, pero se fue disipando.
Preguntó por mis mujeres: cómo las conocí, qué les di —o qué seguía dándoles— a cambio de su amor.
Comparaba, consciente o inconscientemente, lo que yo había hecho con todo lo que había escuchado en aquella reunión.
Era un acercamiento extraño, pero fluía con naturalidad.
Estaba claro que Hannah comenzaba a definir, aunque aún sin nombrarlo, qué tipo de relación quería o temía tener conmigo.
Pero antes de que algo pudiera consolidarse, apareció cierto individuo que sembró dudas donde antes solo había preguntas.
Un hombre.Un joven.
Yo no lo supe de inmediato.
Se presentó un día ante Hannah mientras recolectaba hierbas, como un viajero que simplemente pasaba por allí.
Su forma de hablar era casi hipnótica, y su carisma atrapó a Hannah sin que ella lo notara, llevándolos a conversar durante horas.
Ese fue el primer día que regresó tarde por su presencia.
No era algo constante, pero el joven aparecía de vez en cuando cuando Hannah estaba sola.
Charlaba con ella, la envolvía con su personalidad encantadora, su apariencia cuidada y un diálogo fluido, inteligente.
Era casi como un príncipe: sin defectos visibles… o con defectos tan leves que solo parecían acentuar su atractivo.
Tanto era así que incluso no parecía recordar ese intento de asesinato de un “falso pretendiente” para ella él parecía alguien en quien confiar, quien no la traicionaría.
Durante un tiempo, Hannah no lo vio como algo más que un conocido encantador.
Y aun así, no me dijo nada sobre él, como si temiera que yo reaccionara mal.
Con el paso de los días, los encuentros en medio del bosque se volvieron más regulares.
Una fecha casi segura era la luna llena.
Hannah empezó a esperarlos, a contar el tiempo hasta volver a verlo.
Había algo en él que la maravillaba.
Yo sentía que algo no estaba bien.
Pero Hannah me mantuvo completamente a oscuras.
Me enteré por terceros: ella y ese joven no solo se encontraban en la selva, también habían ido al pueblo juntos, riendo, compartiendo tiempo.
Cuando lo supe, no tuve la mejor reacción… aunque me contuve.
No quería confrontarla directamente, así que decidí investigar por mi cuenta.
No encontré nada.
No importaba cuánto buscara, cuánta información rastreara o cuántos clones desplegara: nunca logré encontrarlo.
Nunca los sorprendí juntos.
Llegué a dudar incluso de si todo era producto de rumores o imaginación.
La única razón por la que no descarté esa posibilidad fue Hannah.
Estaba deprimida cuando sus encuentros con aquel joven encantador se redujeron por un tiempo.
Era como un juego de escondidas.
Cuando lo buscaba, no aparecía.
Cuando dejaba de buscarlo, volvía a cruzarse con Hannah.
Llegué incluso a considerar detener el proyecto “Aspectos”, que me estaba debilitando temporalmente, solo para rastrearlo con todo mi poder.
Hannah, por su parte, quedó atrapada en una encrucijada emocional, especialmente cuando hablaban de su vida allí.
No podía asegurarlo, pero sentía que aquel joven quería que se fuera con él.
Que abandonara todo y comenzaran juntos una vida feliz.
Era solo una corazonada… pero una tentadora.
Él era tan perfecto.
Como yo… pero distinto.
No tenía mi parte retorcida…
Ni mi oscuridad…
Ni mi harén de mujeres.
O al menos, eso era lo que Hannah veía.
un sentimiento de querer irse con el existia y crecia con cada encuentro, lo unico qe la detenia era que era de un tiempo diferente y terminaraia volviendo, no estaba segura de poder dejar todo atras para quedarse con estejonven del que aprecia estar enamorandose.
de ehcho, por un momenot penso enla posibildiad de ver si era posible de que yo lo trajera con nosotros al futuro…
El deseo de irse con él crecía con cada encuentro.
Lo único que la detenía era el tiempo: no pertenecía a esa época y sabía que eventualmente tendría que volver.
No estaba segura de poder dejar todo atrás por alguien de quien apenas comenzaba a enamorarse.
Por un breve instante, incluso consideró la posibilidad de pedirme algo impensable:que lo trajera con nosotros al futuro.
Aquello era un problema serio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com