Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 392

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 392 - 392 389 Templo maldito X Buscando a Elise
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

392: 389) Templo maldito X: Buscando a Elise 392: 389) Templo maldito X: Buscando a Elise No me gustaba la idea de que alguien intentara quitarme la comida de la boca.

Tarde o temprano lo habría confrontado.

Pero hubo otro problema.

Uno que detuvo tanto mis acciones como las del joven misterioso.

Un problema que me llevó a arrastrar a Hannah conmigo, interrumpiendo por completo sus encuentros.

Elise llevaba demasiado tiempo sin contactarme y ya era hora de ir a ver qué estaba ocurriendo.

La situación de Elise era, para mí, una incógnita inquietante.

Sabía que estaba sana y a salvo, no había señales de peligro inmediato… pero llevaba demasiado tiempo sin responder mis mensajes ni dar informes.

Eso, por sí solo, ya era motivo de preocupación.

Estaba casi seguro de que no se trataba de algo grave, pero temía otra posibilidad: que estuviera haciendo algo que no se atrevía a contarme, y que por eso se hubiese desconectado por completo.

En teoría, este podía haber sido un viaje rápido y solitario.

Pero aun así, llevé a Hannah conmigo.

La situación con aquel sujeto extraño seguía rondándome la cabeza.

Nunca podía encontrarlo.

Hannah se resistía a presentármelo, y yo no lograba hallar una excusa convincente para dejarla bajo la vigilancia de un clon sin parecer controlador… que lo era, pero no quería demostrarlo, no ahora que lo nuestro parecía avanzar tan bien.

Así que la llevé conmigo bajo la excusa de “una aventura”.

De paso, podía vigilarla de cerca, y dejar que mis clones intentaran una vez más localizar a ese individuo misterioso.

Lo que realmente me inquietaba era la coincidencia: parecía que solo Hannah podía encontrárselo.

Siempre sabía cuándo yo estaba cerca, cuándo un clon estaba a punto de atraparlo.

Algo —o alguien— intervenía en el momento justo para impedírmelo.

Después de este viaje, estaba decidido a deshacer el Aspecto de la Muerte.

Necesitaba la invisibilidad a máxima potencia.

Y esta vez, no iba a fallar.

…

El viaje fue largo, aunque mis habilidades lo acortaron considerablemente.

Elise había volado muy lejos, atravesando varias ciudades.

Por suerte, el [Mapa] del nivel actual permitía que los compañeros exploraran por su cuenta.

No mostraba todo con precisión, pero sí marcaba ciudades y puntos de transporte importantes, siempre que estuvieran dentro de cierta distancia de las zonas que yo había explorado.

Esa era también la razón por la que recién ahora iba a buscarla: había enviado clones en distintas direcciones, usando métodos variados, intentando llegar lo más lejos posible para rastrear su camino.

Si antes me había quejado de estructuras con arquitectura que parecían aztecas… ahora ya no podía hacerlo.

Porque estábamos claramente entrando en territorios mayas —o algo muy similar—.

Elise había llegado realmente lejos.

Cada vez que se liberaba un nuevo punto de teletransporte que ella había explorado, íbamos allí.

Así pasamos por muchas ciudades distintas.

Tenía como referencia las descripciones que Elise me había dado, comparándolas con lo que veíamos, descartando una tras otra.

Hasta que, finalmente, llegamos a una ciudad verdaderamente enorme.

Por las descripciones… tenía que ser esta.

Eso, y los grabados de alicornios tallados en la piedra.

Los tejidos bordados con alicornios, el sol, la luna y las estrellas, con un estilo que me resultaba peligrosamente familiar.

Demasiado parecido al de MLP como para ser casual.

“Sí… algo seguro pasó” suspiré.

Hannah me miró sin entender.

Ella solo reconocía las figuras de Elise repetidas en estandartes y murales, pero no comprendía el peso de lo que yo estaba viendo.

Nos adentramos en la ciudad.

Era grande, desarrollada… demasiado.

No sabía si ya lo era antes o si Elise había tenido algo que ver, pero cuanto más avanzábamos, más notaba cosas fuera de época.

Construcciones imposibles, soluciones arquitectónicas y agrícolas que no deberían existir allí, ni siquiera con magia común.

Tras vivir tanto tiempo en ese mundo, Hannah y yo habíamos aprendido a camuflarnos bien entre la gente, así que nos infiltramos sin levantar sospechas para investigar.

Lo que vimos fue… inquietante.

Un desarrollo exagerado de la vegetación, pero no caótico.

Árboles frutales por todas partes, cultivos abundantes, plantas medicinales creciendo casi de forma perfecta.

Plazas con fuentes… y en ellas, estatuas de Elise.

Pero si había algo que destacaba por sobre todo lo demás, era el templo.

Un templo enorme.

Altísimo.

De esos que incluso en la época moderna llamarían la atención.

Estaba hecho de una piedra dorada opaca, que no reflejaba la luz, pero aun así transmitía una sensación abrumadora de opulencia y majestuosidad.

No sabía por qué, pero no podía evitar pensar en El camino hacia El Dorado.

Nuestro destino estaba claro.

Ese templo —o palacio— era el centro de todo.

Estábamos en una región lejana, con un idioma distinto, pero por suerte [Subtítulos] me permitió espiar fragmentos de conversaciones.

Y siempre que se mencionaba a “la Gran Diosa”, las miradas se dirigían hacia ese lugar.

Escuché muchas otras cosas también.

Prefería pensar que eran malentendidos… porque si no, esto iba a ser muy incómodo.

Cuando nos acercamos al templo, vimos que estaba rodeado de hombres fornidos y armados.

Soldados.

Muchos.

Dispuestos tanto para proteger como para imponer presencia.

Apenas nos aproximamos, fuimos detenidos.

Rápidamente rodeados.

No creía que nos dejaran pasar así como así.

Y, siendo sincero, lo ideal habría sido entrar en sigilo.

Pero decidí hacer las cosas de forma abierta solo para confirmar si todo lo que había oído en esa ciudad… era realmente cierto.

Había utilizado al mercader y al archimago para desarrollar un nuevo objeto consumible.

Uno destinado a eliminar la barrera idiomática.

Era un caramelo, una mezcla de magia con tecnología futurista.

Hannah y yo lo comimos antes de acercarnos al templo, lo que nos permitió comunicarnos de forma básica.

No era perfecto: el entendimiento seguía siendo tosco, fragmentado, a veces ambiguo… pero funcional.

De todos modos, aquello era solo un extra.No esperábamos tener que hablar demasiado con los guardias que ya comenzaban a rodearnos.

No sabía si era porque éramos desconocidos en esa ciudad, por intentar ingresar al templo, o por no arrodillarnos en adoración como veía hacer a otros… pero la hostilidad era clara.

Parecía que su intención era simple: rompernos las piernas para obligarnos a caer de rodillas.

Con un movimiento de mi varita, los guerreros más cercanos fueron repelidos.

Pero, a diferencia de lo que habría ocurrido en otros lugares, estos soldados muggles no mostraron miedo ni duda.

Al ver la magia, no retrocedieron.

Se volvieron más feroces.

Más serios.

Adoptaron posiciones de combate con una determinación absoluta, como si estuvieran preparados —o incluso deseosos— de morir luchando contra nosotros.

Y no solo ellos: los demás guerreros que observaban se unieron de inmediato, formando una auténtica formación militar.

Guerreros, arqueros, lanceros… todos alineados, listos para una refriega brutal, sin importar las pérdidas ni el resultado.

Eso fue lo que realmente me sorprendió.

Pocas veces se ve un ejército tan bien entrenado… o tan dispuesto a enfrentarse a algo que, en el fondo, sabe que lo supera.

Pero no era exactamente valentía ciega…

era otra cosa.

No lo pensé en ese momento, pero la palabra correcta para describirlos era: fanáticos religiosos.

Hannah y yo nos quitamos los disfraces.

Estábamos listos para comprobar cuán en serio se tomaban su deber.

No planeábamos matar a nadie; nuestro objetivo era Elise.

Esta pelea, como mucho, debía ser una demostración de poder, algo que nos facilitara las cosas.

Pero no ocurrió así.

Justo cuando el silencio previo al combate se volvía denso y absoluto, un hombre descendió por las largas escaleras del templo, abriéndose paso entre los soldados.

Por sus ropas, era un sacerdote.

Por su aura, un brujo poderoso.

“Déjenlos pasar” ordenó, mirándonos con atención, como si nos estuviera evaluando… o tasando.

Tenía poder mágico, eso era evidente.

Pero su presencia no era la de un simple brujo local ni la de un hechicero de batalla.

Era la de un líder espiritual.

Un intermediario.

Nos indicó que lo siguiéramos y comenzamos a subir las escaleras del templo.

Durante el ascenso, “hablamos”, si es que podía llamarse así.

La traducción defectuosa, sumada a su forma de hablar —una mezcla de superioridad y total desinterés por nuestra opinión— hacía que la comunicación fuera incómoda y fragmentada.

Aun así, algunas frases lograron llegar hasta nosotros: —“… bruja joven… pronto… dejar… aprendiz… hermosa…” —“… brujo extraño… quizá linaje… exótico… tal vez le guste…” —“… yo también fui… vi su luz…” —“… otros lucharon… murieron o… ahora súbditos… esclavos…” —“… entenderán… grandeza… su…” Todo lo que escuchábamos era extraño.Demasiado.

Quise atribuirlo a la mala traducción, porque no me gustaba en absoluto lo que estaba entendiendo.

Pero lo que veíamos en el camino no ayudaba: rituales diversos, símbolos grabados en piedra… y, en algunos casos, sacrificios.

Cada escalón que subíamos hacía más difícil ignorar una verdad incómoda: Elise… claramente no estaba aquí como una simple visitante.

En cierto punto, ya estábamos por llegar, pero nos hicieron esperar afuera.

El sacerdote avanzó solo.

Aquella zona estaba mucho más protegida.

Varios magos vestidos de forma idéntica —claramente un uniforme— custodiaban el acceso.

Había muchos… demasiados.

Lo suficiente como para resultar inquietante.

Rara vez se veía un “ejército” de magos tan bien organizado en esta época.

Pero yo ya no podía esperar más.

Usando las varitas de jarjachas, lancé un hechizo de confusión a gran escala y entonces tomé a Hannah y la llevé directamente hasta la cúspide del templo.

Ya había sentido a Elise allí arriba.Y necesitaba respuestas.

Entramos por uno de los accesos laterales a la zona superior, un espacio mayormente abierto, con solo una sección techada.

Y entonces la imagen se reveló ante nosotros.

Un trono…

Y sobre él, Elise.

Estaba sentada con una arrogancia casi divina, reclinada con despreocupación.

Dos personas la abanicaban mientras ella ignoraba por completo al hombre que le hablaba, como si la información que este intentaba transmitir no mereciera ni un segundo de su atención.

No pude aguantar más.

Avancé a paso lento, con el rostro serio, la mirada fija en Elise, revelándome ante todos los presentes.

“¿Pero qué…?” exclamó el sacerdote al vernos.

“¡¿Cómo se atreven?!

¡Herejes irrespetuosos!” gritó, lleno de furia, listo para castigarnos.

“No era el momento para que vinieras… pero estoy feliz de verte, mi marido” dijo Elise, girando la mirada hacia donde Hannah y yo estábamos parados, con un tono altivo, casi juguetón.

Al escucharla, todos —excepto Hannah y yo— parecieron congelarse.

Como entidad divina, Elise no tenía barrera idiomática alguna.

No solo comprendía perfectamente, sino que transmitía intención, significado y emoción de forma absoluta.

Al instante siguiente, todos cayeron bruscamente de rodillas.

Especialmente el sacerdote, que segundos antes nos gritaba.

Se inclinó ante mí con miedo puro, con pavor genuino.

Elise resopló con fastidio.

Con un simple movimiento de su cabeza, el sacerdote comenzó a flotar.

Su expresión de terror se intensificó cuando su cuerpo empezó a hincharse, como un globo a punto de estallar.

Me interpuse de inmediato entre él y Elise.

“¡Elise, detente!” le grité con voz firme.

“¡No puedes matarlo!” Lo dije sabiendo perfectamente lo grotesca que sería la escena si continuaba… aunque, siendo honesto, no era porque me importara ese sujeto.

“¿Y por qué no debería?” respondió con total naturalidad.

“Se interpuso e insultó a mi maridito amado.

No merece existir.” “¿Te estás escuchando?!” le grité.

“¿Desde cuándo matas sin razón?

Sí, has tenido tus momentos, pero esto…” la miré con dureza.

La Elise frente a mí parecía otra persona y sabía que debía ponerme firme y encontrar una explicación.

“¡Se supone que de los dos tú eres la buena!

¡Déjalo y explícanos qué demonios está pasando!” Elise resopló, poniendo los ojos en blanco.

El sacerdote siguió flotando, pero su cuerpo volvió a la normalidad.

Al instante siguiente, con un simple movimiento de su ala, Elise lo lanzó hacia las escaleras.

El hombre rodó violentamente hacia abajo.

Sí.

Eso era muy malo.

El templo era alto; si no se detenía, podía morir.

Pero, de algún modo, era mejor que explotar en pedazos.

Al menos ahora tenía una posibilidad de sobrevivir… aunque sus heridas serían graves de todas formas.

Exhalé lentamente, frotándome la sien con los ojos cerrados.

“Elise… dime qué demonios pasó aquí.

¿Cómo diablos llegamos a esto?” dije, sabiendo que nada estaba saliendo como había imaginado.

“¿Qué hay que explicar?” respondió con ligereza.

“Solo es el desarrollo natural de las cosas.

En realidad quería decírtelo, pero esperaba que mi reino creciera un poco más primero… Me arruinaste la sorpresa.” Lo dijo con una coquetería inquietante, incluso mientras usaba su poder para levantar a los sirvientes y hacer que retomaran la tarea de abanicarla, como si nada de esto fuera extraordinario.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo