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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 397

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  4. Capítulo 397 - 397 394 Templo maldito XV Batalla contra el Yakuruna 2
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397: 394) Templo maldito XV: Batalla contra el Yakuruna 2 397: 394) Templo maldito XV: Batalla contra el Yakuruna 2 Elise hacía frente al enorme cocodrilo negro, aunque al mismo tiempo mantenía parte de su atención en la batalla que se desarrollaba no muy lejos.

Aquella división la colocaba en una clara desventaja.

Su poder estaba severamente reducido, haciéndola sentirse como en el pasado, cuando aún no había alcanzado su plenitud.

Además, los cuerpos de los cocodrilos y equinos eran demasiado distintos entre sí como para enfrentarse en igualdad de condiciones.

Aun así, Elise poseía algo que su oponente no: alas y la capacidad de volar.

Sin embargo, debía ser extremadamente cuidadosa con aquella descomunal boca; quedar atrapada entre esas fauces sería fatal.

…

Hannah y Tonks, por su parte, combatían espalda con espalda, atacando a las mujeres-pez.

Estaban rodeadas, y estas se abalanzaban sobre ellas una y otra vez, aunque la mayoría no lograba hacer más que ser repelida.

Si bien habían sido transformadas en aquella especie acuática por el poder del Yakuruna —obteniendo cierta resistencia mágica y física—, no eran invulnerables.

Varias habían sido muggles, y unas pocas brujas.

Estas últimas conservaban algo de capacidad, pero habían pasado demasiado tiempo siendo simples “concubinas”, olvidando gran parte de sus habilidades.

Frente a dos brujas que se habían mantenido bélicamente activas durante años, la desventaja era evidente.

Mientras esquivaban hechizos y ataques enemigos, Hannah y Tonks respondían lanzando conjuro tras conjuro.

Ataque y defensa se entrelazaban sin pausa.

En un momento, Tonks pasó al combate físico: una banda metálica en su mano se expandió de forma repentina por su brazo, revelando su brazo robótico mejorado.

Con una sonrisa llena de adrenalina, lanzó un uppercut brutal que envió a una de aquellas mujeres por los aires.

El Yakuruna podría enfurecerse al presenciar aquella escena… o tal vez no.

En realidad, quizá se sentiría excitado.

Tenía muchas mujeres, y para él muchas eran, en cierto modo, desechables.

Sus esposas aumentaban y disminuían con el tiempo; era algo natural.

Perder algunas no tenía importancia, pues siempre podía reemplazarlas.Y Tonks, mostrándose tan poderosa, tan activa y peligrosa… sin duda sería un añadido tentador para su harén.

Si tuviera la oportunidad de verla.

…

La lucha se intensificó.El Yakuruna estaba furioso.

Aunque mi fuerza aún no había logrado dañarlo de forma real, cada uno de mis golpes comenzaba a desafiarlo.

No por el daño, sino por la osadía.

Como si cada impacto fuera un insulto directo a su divinidad.

De pronto, se lanzó hacia mí a una velocidad abismal, como una flecha viva, desgarrando el aire con sus garras.

Sentí el impacto en el pecho.

Varias heridas profundas se abrieron de inmediato, atravesando carne y llegando hasta el hueso.

Grité al caer hacia atrás, mientras la sangre brotaba sin control… pero no cayó al suelo.

Se transformó en cuchillas carmesí que salieron disparadas hacia sus ojos.

El ataque apenas le causó daño, pero fue suficiente para nublar su visión.

Aproveché ese instante y lancé varios golpes directos a su costado, empujándolo hacia atrás mientras yo retrocedía para ganar espacio.

Su expresión de ira se volvió evidente al sentirse embaucado.

Hacía demasiado tiempo que el Yakuruna no enfrentaba a un rival verdadero.

Había perdido práctica… y que yo lograra atacarlo de esa manera lo enfurecía aún más.

Un vapor caliente escapó de sus fosas nasales en un resoplido violento.

Alzó ambas manos y las lanzó hacia adelante con un movimiento demoledor.

La distancia entre nosotros era considerable; demasiado como para que aquello pareciera un ataque físico.

Mi percepción del peligro llegó tarde.

El agua de la laguna se elevó de golpe, formando una ola compacta que se comprimió y salió disparada hacia mí como un rayo: un impacto de agua cargado de poder divino, similar a un hidropulso absoluto.

Instintivamente, llevé las manos al frente.

Supe que no podría esquivarlo.

Ni la aparición ni mi transformación en sangre servirían: aquel ataque estaba imbuido de divinidad.

Sentía que me alcanzaría sin importar qué hiciera.

La [ira] dentro de mí se intensificó.

Mi cuerpo creció apenas un poco en ese mínimo instante antes del impacto.

El golpe sonó como una bala de cañón estrellándose contra algo sólido… o al menos eso fue lo que percibí antes de que todo se volviera confuso.

El estruendo fue tan brutal que las demás batallas se detuvieron por un instante, todas las miradas desviándose hacia el origen del impacto.

Cuando el agua finalmente se disipó, mi cuerpo seguía allí.De pie.En posición defensiva.

Pero me faltaba un brazo.

Parte de un costado había desaparecido.

Órganos internos y huesos quedaban expuestos en mi torso y rostro, dejando ver medio cráneo al descubierto.

—Ja… ja… ja… ja… Una risa cada vez más inhumana escapó de mi garganta.

Alcé la mirada y lo observé directamente.

Había sentido el poder divino destructivo atravesarme, contenido apenas por la [ira] y la [pereza], que me fortalecían y curaban a la fuerza.

Sin ellas, no habría sobrevivido: aquel poder divino me habría envenenado desde dentro, como radiación pura, acabando conmigo incluso sin el impacto directo.

Y aun así… Estaba emocionado.

Sentía que algo dentro de mí se liberaba.

Algo que había permanecido encadenado durante demasiado tiempo.

Quizá… porque nunca antes había tenido un enemigo lo suficientemente fuerte como para despertarlo.

La sangre surgió de la nada.

Broto, se arrastró y se acumuló sobre mis heridas, cubriéndolas como una coraza cristalina y líquida al mismo tiempo.

Reemplazó piel, músculos y órganos faltantes, funcionando como un sustituto temporal para evitar que el daño se agravara mientras mi cuerpo comenzaba a regenerarse.Mi brazo perdido también fue recreado: una versión precaria, tosca, formada de sangre solidificada, aún temblorosa e inestable.

Al Yakuruna no pareció importarle.

Sabía que me había causado un daño severo y lanzó otro ataque en forma de ola casi de inmediato, aunque esta vez fue más débil.

Tras herirme de esa manera, asumió que no era necesario gastar más poder divino conmigo; podía desgastarme lentamente con embates menores.

Saqué mis dos varitas de jarjacha.

Al sentir el flujo de mis habilidades pecaminosas, aullaron de emoción.

Juntas, desataron dos cortes de magia similares al Sectumsempra, pero amplificados tanto por mi estado como por la voluntad de las propias varitas.El ataque partió la ola de agua que el Yakuruna había lanzado, dividiéndola en dos antes de que pudiera alcanzarme.

“¿Te crees Nami?” dije burlonamente, con mi tono habitual.

Pero mi voz ya no sonaba humana.

Corrí directo hacia él.

Salté, intentando darle una patada mientras cargaba otro corte de energía con las varitas, pero el Yakuruna atrapó mi pierna y me arrastró hacia sus fauces, dispuesto a ignorar el ataque mágico e intercambiar heridas por heridas.

Entonces ocurrió.

Mi espalda se flexionó y se retorció de forma antinatural.

La carne se desgarró con un sonido húmedo mientras un par de alas carnosas emergían de golpe.

Se desplegaron de inmediato y golpearon con violencia la cabeza del Yakuruna, deteniendo su mordida en seco.

En ese instante, mis varitas liberaron los cortes.

El Yakuruna fue repelido y se vio obligado a soltarme.

El lugar quedó en silencio.

Los demás apenas podían seguir la pelea en esos breves momentos de pausa; el resto del tiempo, todo ocurría demasiado rápido y de forma demasiado caótica como para distinguirlo con claridad.

El Yakuruna flotaba a cierta distancia, observando su pecho.

Dos cortes marcaban su cuerpo: no eran superficiales, pero tampoco mortales.Aun así, eran la primera herida real que recibía en esta lucha… y una que no había sufrido en muchísimo tiempo.

Sus ojos se tiñeron de rojo por la furia.

El insulto era intolerable.

Su intención asesina hacia mí era absoluta.

Yo, por mi parte, me retorcía levemente en el aire con una mirada salvaje.

Mis heridas sanaban rápido, pero de forma grotesca: el brazo se regeneraba a medias, y las zonas faltantes se reconstruían de manera imperfecta hasta que volvia a la normalidad en un proseso aterrador.

Las alas de mi espalda se deformaban, se deshacían y se rehacían constantemente, evolucionando desde una forma subdesarrollada hacia algo cada vez más perfecto… alas similares a las de un dragón o un demonio.

“Vamos a romper la carne” pronuncié.

Mi mente ya no estaba funcionando con plena eficiencia.

Mi boca y mandíbula también comenzaban a expandirse de forma antinatural.

Con estas nuevas alas —que ni siquiera necesitaban batirse— me desplacé por el aire y alcancé al Yakuruna, que flotaba frente a mí sostenido únicamente por su poder divino.

La lucha se reanudó, pero esta vez fue mucho más encarnizada.

Mis habilidades nunca habían sido usadas al máximo… porque no tenían un máximo definido.

Durante toda esta batalla había estado creciendo, fortaleciéndome poco a poco.

Quizás de una manera ineficiente, pero deliberada.

Había dejado que fuera así por esa sensación constante de que algo estaba despertando en mí… algo que me producía un placer enfermizo.

Ahora, con dos extremidades adicionales, tenía más oportunidades de atacar de formas antinaturales y extrañas.

El Yakuruna, totalmente enfurecido, no se quedó atrás.

Sin preocuparse por si durante los próximos años tendría que recluirse para restaurar el poder divino que estaba gastando, atacó con todo.

El agua dejó de comportarse como un elemento y pasó a ser su cuerpo: se convirtió en raíces líquidas, en infinitos tentáculos que se extendían por el aire, la selva y la laguna, atacándome o simplemente saturando el espacio con su presencia.

Desde el fondo del agua emergió un arma.

Una lanza antigua salió disparada hacia el aire y cayó en manos del Yakuruna.

Con ella atravesó mi cuerpo sin dudarlo, y sentí el poder divino recorriéndome desde la herida.

Era un arma especial, como mis varitas… un conducto de algo superior.

El poder que el Yakuruna estaba liberando fue suficiente para hacer temblar toda la zona.

La tierra vibró, el aire se comprimió, y Hannah y Tonks cayeron al suelo por la onda expansiva.

Las mujeres pez también se vieron afectadas al principio, pero pronto su excitación reemplazó al desconcierto.

Con el poder de su dios liberado y el agua elevándose por los aires, aquellas que antes tenían problemas en el combate terrestre ganaron ventaja.

Entraban y salían de los enormes cordones de agua flotantes, atacando con mayor ferocidad a las chicas.

Decidieron darlo todo, al igual que su marido.

Las dos Hufflepuff comenzaron a verse seriamente superadas.

No solo las sirénidas eran más fuertes que antes, sino que sus métodos de ataque se volvían cada vez más intensos y caóticos.

Tonks ya había empezado a usar consumibles para repelerlas, incluso el rayo mortal integrado en su brazo robótico, pero esa energía no era inagotable.

Por suerte para ellas, un frío espectral inundó el lugar.

Varias espadas etéreas salieron volando y se estrellaron contra las mujeres pez que saltaron hacia ellas, repeliéndolas con violencia.

Era la magia protectora que Helena dejo sobre Tonks, una buena practica para sus habilidades de fantasma mago.

Yo seguía luchando contra el Yakuruna.

Al principio perdí terreno, recibiendo heridas constantes mientras él liberaba todas sus habilidades sin contención… pero solo al principio.

Mi cuerpo continuó cambiando.

De mi espalda, además de las alas, surgieron tentáculos de sangre, apéndices auxiliares que me asistían cuando perdía extremidades o quedaba momentáneamente contenido.Mi cuerpo chorreaba sangre de forma constante, no solo por las heridas, sino desde mis propias reservas.

Si el Yakuruna intentaba ahogarme… yo podía hacer algo similar.

La sangre caía a la laguna mientras combatíamos en el aire sobre ella.

Era un entorno completamente desventajoso para mí… pero no me importaba.

Me lo estaba pasando genial.

“Somos muy parecidos…” dije, aunque mi voz ya era la de un monstruo.

“Poderosos… pervertidos… malvados, quizás.

Pero yo soy el que va a sobrevivir al final.” Mi boca ya no tenía labios.

Era solo un cúmulo de dientes afilados, enorme, demoníaco, con un vacío abisal en su interior: un vórtice infinito que parecía devorarlo todo.

Mi cuerpo mutaba con cada herida y cada fortalecimiento.

No me importaba recibir daño mientras no fuera fatal… y casi ninguna herida lo era.A menos que atacaran directamente mi alma.

Y aun así, el clon dormido en el feudo, usando [Pereza] a máxima potencia, podía encargarse de eso.

Esta pelea era demasiado emocionante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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