Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 402
- Inicio
- Todas las novelas
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 402 - 402 399 Templo maldito XIX Pasiones II
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
402: 399) Templo maldito XIX: Pasiones (II) 402: 399) Templo maldito XIX: Pasiones (II) “Las brujas en mis reuniones también preguntan por ti.
Deberías verlas…
muchas ya saben cómo me rellenas cada noche y quieren saber si estás dispuesto a compartir algunas noches con ellas.”(Hannah) “¿Y tú qué piensas?” pregunté con curiosidad.
La había visto ignorar deliberadamente mis manos cuando se deslizaban sobre otras mujeres en el pueblo.
“Deberías hacerlo, o no dejarán de molestarme.
Además, ya somos el tema de conversación del pueblo; creo que hemos sido demasiado ‘visibles’ algunas veces.
Por suerte nadie se atreve a decirnos nada, me moriría de vergüenza.”(Hannah) “Eres una bruja poderosa y una sanadora única.
¿Quién se atrevería a quejarse?” Apoyé mi mano en su cabeza, empujándola con suavidad pero con firmeza contra mi erección.
“Cállate…
se quejarían contigo, es tu culpa” masculló contra mi piel antes de volver a intentar pasar mi glande por su garganta.
“¿Eso dice la chica que reclama su ración de semen matutino después de haber sido llenada toda la noche?” me burlé.
Hannah ya no respondió.
Se concentró en su tarea, y pronto el sonido de sus succiones se mezcló con el chapoteo húmedo de sus propios dedos trabajando en su coño bajo el delantal.
El desayuno estaba, definitivamente, en su mejor momento.
*Glup* Hannah obtuvo sus “nutrientes”, pero no se alejó.
Se quedó allí abajo, con la mano trabajando rítmicamente sobre su “dispensador” bajo la mesa, manteniendo el contacto mientras seguíamos nuestra conversación.
“Creo que he encontrado una pista real sobre nuestra misión” dije, terminando de limpiar el plato con el último trozo de pan.
“¿Lo del templo?
¿Eso significa que ya volvemos a casa?” me preguntó, y en su voz se mezclaban la emoción por el regreso y una decepción palpable por abandonar nuestra burbuja de lujuria.
“Sí, aunque no será inmediato o mañana.
Pero nos estamos acercando” acaricié su cabeza, sintiendo su pelo sedoso bajo mi palma.
“Algo extraño ocurre con los magos y brujas de la zona.
Están tensos, como si el aire quemara.
Especialmente los adivinadores…
algunos han muerto.” “¿Muertos?” Detuvo el movimiento de su mano y me miró con los ojos muy abiertos.
Aun así, no pudo evitar lamer con discreción la última gota de jugo que asomaba por la punta, antes de ponerse seria.
“Sí.
No todos, pero parece que los mejores videntes, aquellos que tienen el don pero carecen del poder para protegerse, han intentado vislumbrar el futuro y han terminado con el cerebro frito.
Creo que todo está relacionado”, expliqué, mientras deslizaba mi pie por debajo de su delantal hasta dar con su coño, empezando a jugar con el.
“¿Cómo que relacionado?” jadeó, hundiendo sus caderas contra mi pie, buscando más presión.
“Por lo que he investigado, todos sienten una catástrofe inminente.
Algunos tienen sueños atroces.
¿Tú has sentido algo así?”(Red) “Creo que no…” respondió pensativa.
Normal, terminábamos tan exhaustos tras cada sesión de sexo que sus sueños eran un vacío negro.
“Espera…
ahora que lo dices, me crucé con unas brujas en la ciudad.
Estaban más hoscas de lo habitual, con ojeras profundas.
Dijeron que solo estaban cansadas, pero creo que tenían miedo de algo.” “Exacto.
Tengo una hipótesis” me detuve, la sujeté por la cintura y la levanté de un tirón para sentarla en mi regazo.
Hannah no perdió tiempo y se empaló de nuevo, dejando que mi pene encajara en su interior.
No se movió; solo se quedó allí, disfrutando de la plenitud de estar conectados mientras yo seguía hablando.
“Los magos más sensibles perciben el peligro.
Los adivinadores más poderosos intentan preverlo, pero la visión es tan violenta que los mata.
Lo que sea que esté viniendo, se está protegiendo de las miradas indiscretas.” “¿Y por qué nosotros no nos vemos afectados?
Eres el mejor en profecía que conozco” dijo, rodeando mi cuello con sus brazos, mientras sus paredes internas me daban pequeñas y húmedas bienvenidas.
“Porque para nosotros no hay peligro”, le sonreí, rozando su nariz con la mía.
“Los demás sienten premoniciones ominosas porque están en la línea de fuego.
Pero desde que pospuse el proyecto ASPECTOS, pocas cosas en este mundo pueden ponerme en jaque…
y tú, estando tan cerca de mí…” me acerqué a sus labios y le di un beso lento, posesivo.
“Y con Elise vigilando…
bueno, estamos en otra liga.” “¿Estamos a salvo entonces?”(Hannah) “Relativamente.
Deberíamos investigar.
Para que tantos magos lo sientan, debe ser algo que roza lo divino.”(Red) “¿Otro Yakuruna?” preguntó con un rastro de temor en los ojos.
“No, eso sería improbable.
Encontrarnos con esa cosa fue una anomalía.
No creo que sea un semidiós, sino algún mago ambicioso intentando jugar con los restos de un ser divino…
algo al estilo de Morgana”comenté, restándole importancia mientras mis manos bajaban a sus nalgas para marcar el ritmo.
“¿En serio conociste a la auténtica Morgana?” me preguntó de nuevo, con los ojos brillando de emoción.
Ya se lo había mencionado antes, pero para ella seguía siendo algo sacado de un mito imposible.
“Conocerla es poco.
Luché junto a ella contra Merlín…
me follé a sus aprendices…
y me la follé a ella frente a sus propias alumnas “solté con una arrogancia desmedida.
“Ahora mismo, Hannah, estás montando el mismo pene legendario que la hizo gemir a ella exactamente igual que lo haces tú.” La expresión de Hannah fue un caos de confusión: no sabía si ofenderse por mi falta de tacto o emocionarse por la idea.
Al final, optó por lo segundo, moviendo sus caderas con una intensidad renovada mientras me cubría el rostro con pequeños besos húmedos.
“¿Alguna vez podré conocerla?” (Hannah) “Claro.
De hecho, me gustaría traerla con nosotros.
Era una gran mujer…
técnicamente brillante, aunque moralmente muy cuestionable” negué con la cabeza, recordando sus viejas costumbres.
“Pero el costo de traerla es alto, así que tendré que posponerlo.
Pronto la tendrás aquí, compartiendo a tu hombre contigo” me burlé.
“Hmmm…” Hannah soltó un ronroneo ambiguo.
Ya no mostraba la inseguridad de antes ante la mención de otras mujeres.
“¿De verdad no te molestaría que fuera Morgana?” pregunté, genuinamente curioso por su cambio de actitud.
“Es una figura legendaria…
si fuera ella, quizás yo podría…” Se calló, avergonzada, antes de continuar.
“Solo quiero conocerla.
Si es otra de tus esposas, está bien.
Cuando hablé con las chicas, me dijeron que todas seremos como hermanas, así que lo acepto.
Acepto que ames a otras…
y que te folles a otras.
De hecho…
¿te parecería bien hacerlo con algunas de las chicas de esta ciudad?
¿O con las brujas de mi grupo?” “¿Me lo estás pidiendo?” Sonreí con malicia, rodeándola con mis brazos.
“No…
bueno, solo te estoy dando vía libre.
Para intentar algo de a tres, o más…
para…
practicar” confesó con el rostro encendido.
No quería admitir que le aterraba la idea de compartir cama con una leyenda como Morgana y pasar vergüenza.
“Adorable” murmuré, rozando sus pezones con mis labios hasta hacerla estremecer.
Volviendo a la misión…” dijo ella, intentando recuperar el hilo de la conversación y el aliento.
“¿Cómo se relaciona el miedo de los magos con lo nuestro?” “No necesariamente están conectados de forma directa, pero he estado haciendo mis propias profecías.
Solo pequeños vistazos, porque ya he sufrido bastante por jugar con ello.
He interrogado a los que han tenido visiones y ¿sabes qué encontré?” “¿Qué?”(Hannah) “Una imagen recurrente: una estructura colosal, un zigurat rodeado de ríos de sangre llenos de calaveras.”(Red) “¿El templo?”(Hannah) “Es muy probable.
Además, han empezado a aparecer cultistas por la zona buscando a sus compañeros…
viejos amigos de nuestros antiguos enemigos.” “¡¿Los magos que nos atacaron eran cultistas?!” preguntó intrigada.
Desde que sabía de la existencia real de los dioses, su visión de la religión había cambiado radicalmente.
“Es lo más lógico.
Han estado preguntando por ellos, así que imagino que formaban parte de la misma facción.
Lo curioso es que, aunque saben lo que les hicimos a sus compañeros, no han venido a cazarnos.
Están siendo precavidos, lo cual me molesta.” (Red) “¿Tendremos que luchar contra ellos otra vez?” “Quizás.
Pero por ahora prefiero observar.
Si son cultistas, ese templo que buscamos podría ser su santuario.
En lugar de matarlos, dejaré que nos sirvan de guías.” Dije molesto de que mi legilimancia no haya funcionado, todos morían antes de soltar algo.
Así terminó nuestra charla mañanera: con Hannah rellena de mi jugo caliente, jadeando sobre mi regazo y teniendo que darse un baño de urgencia antes de salir a atender a sus pacientes con esa sonrisa de mujer satisfecha que ya nadie en el pueblo podía ignorar.
…
Al caer el ocaso, Hannah y yo nos vestimos con las sedas más lujosas de la región para asistir al banquete del cacique.
Aunque habíamos rechazado innumerables invitaciones, el jefe no cesaba en su empeño de atraernos; sabía que nuestra sola presencia en la ciudad había disparado su economía y prestigio como un incendio forestal.
Llamarlo “fiesta” era una cuestión de perspectiva.
En esta época, las celebraciones nocturnas eran rarezas, pero el cacique las transformaba en bacanales para ganar nuestro favor.
Cada vez había más mujeres hermosas, vestidas con apenas unos hilos de tela, sirviendo a los invitados.
Mi fama de mujeriego insaciable se había extendido tanto como mi reputación de hombre celoso; por eso, ya nadie se atrevía a ofrecerle compañía masculina a Hannah.
Ella era intocable, mi propiedad absoluta.
El evento rebosaba de manjares exóticos, bebidas potentes y algunos alucinógenos.
Era, en esencia, una noche de libertinaje precedida por el aburrido protocolo de la cena política.
Mientras yo lidiaba con nobles que me ofrecían a sus hijas a cambio de secretos o poder, Hannah se convertía en el centro del círculo femenino.
A estas alturas, ella ya no tenía nada que ocultar.
La vi charlando animadamente, relatando algunas de nuestras “aventurillas” más intensas.
Las mujeres la rodeaban con expresiones que oscilaban entre la emoción pura, la curiosidad morbosa y una envidia que se podía cortar con un cuchillo.
Incluso las siervas se demoraban al servir el vino, estirando el cuello para captar cualquier detalle sucio sobre cómo la “bruja sanadora” era reclamada cada noche.
Tras la cena, el espectáculo fue dirigido por el aprendiz del difunto brujo local.
El pobre diablo, que se había salvado de milagro de la masacre al no oponerse a nosotros por indicaciones de su padre, hacía lo que podía.
Tras ser curado por nosotros de las maldiciones que su propio maestro le lanzó por “cobarde”, había madurado a golpes.
Ahora era un brujo de pleno derecho, aunque su “graduación temprana” lo puso en la parte baja de la escala de brujos.
Cuando la fiesta se dispersó en pequeños grupos, aproveché para pasear bajo la luz de la luna, buscando a Hannah, que se había esfumado con las mujeres para tratar temas…
más íntimos.
Sin embargo, no fue Hannah quien me encontró primero.
Varias sombras femeninas me lanzaron invitaciones discretas desde los rincones, pero la más audaz fue la hija del jefe.
Se aferró a mi brazo con una urgencia eléctrica y me guió hacia una zona oscura del jardín, esperando que el aire de la noche hiciera el resto.
No tardamos en terminar contra un muro, devorándonos la boca mientras mis manos exploraban cada rincón de su cuerpo, que olía a aceites caros y a un deseo desesperado.
Pero no estábamos solos.
Hannah apareció entre las sombras.
No intentó detenernos; se quedó observando con una mirada analítica hasta que decidió dar un paso al frente.
La hija del cacique, aterrada al ver a la poderosa sanadora, bajó la cabeza y estuvo a punto de huir, temiendo un embrujo o un castigo ejemplar que nadie se atrevería a cuestionar.
Pero Hannah la frenó en seco.
“Ponte de rodillas” Dijo Hannah, pareciendo una orden aunque en realidad no lo fuera.
La chica obedeció temblando, esperando lo peor.
Su sorpresa fue absoluta cuando vio que Hannah también se arrodillaba frente a ella y comenzaba a bajarme los pantalones con una sonrisa cómplice.
Bajo la mirada de la luna, Hannah guió a la hija del cacique en una mamada compartida.
Al principio hubo choques de dientes y manos torpes, pero el resultado final fue una sinfonía de succiones húmedas muy disfrutable.
Al terminar, Hannah se limpió la comisura de los labios y miró a la chica.
“¿Quieres venir con nosotros a casa esta noche a tomar algo de té?” invito Hannah, con vergüenza y el poco valor que el calor del momento le había dado.
Todos sabíamos exactamente lo que eso significaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com