Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 403
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- Capítulo 403 - 403 400 Templo maldito XX Se acerca el final
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403: 400) Templo maldito XX: Se acerca el final 403: 400) Templo maldito XX: Se acerca el final Al regresar a casa tras la fiesta con nuestra invitada extra, el aire se volvió denso, cargado de un calor húmedo y una vergüenza que casi se podía palpar.
Entramos en la única habitación de la casa; después de que Hannah y yo “oficializáramos” nuestra relación, tiramos el muro que separaba los dos cuartos pequeños para crear uno amplio, dominado por la enorme cama donde nos teniamos sexo sin descanso.
La luz estaba apagada.
A Hannah le gustaba así cada vez que estaba a punto de cruzar una nueva línea de depravación, como si la negrura pudiera diluir el rubor de sus mejillas.
Fue un inicio casi cómico para mí.
Disfruté observando la torpeza de Hannah, que no sabía cómo integrar a una tercera persona, mientras la hija del jefe intentaba tomar una iniciativa para la que no tenía experiencia alguna.
Como el veterano de la cama, tuve que tomar el mando; las agarré a ambas y las empujé con fuerza contra el colchón, marcando el inicio de la sesión.
Los gemidos no tardaron en inundar el cuarto.
Comencé a jugar con ambas, usando cada parte de mi cuerpo para reclamarlas; empecé con lentitud, permitiendo que se acostumbraran, para luego volverme cada vez más salvaje y errático.
Pronto, el sonido de los jadeos ahogados en la oscuridad era lo único que se escuchaba.
Hannah estaba sentada sobre mi rostro, con mi lengua invadiendo su coño sin piedad, mientras la hija del cacique saltaba sobre mi pene con una urgencia desesperada, tratando de demostrar su valía.
Bajo el dominio de mi ritmo, ambas alcanzaron el clímax al mismo tiempo.
Hannah se arqueó, soltando un grito de vergüenza al correrse de forma tan violenta frente a una extraña, pero se obligó a tragarse el pudor.
Sabía que esto no era solo placer; era un entrenamiento necesario para el futuro incierto y polígamo que le esperaba a mi lado.
Sin darles tiempo a recuperarse, las empujé a ambas sobre las sábanas, colocándolas una sobre la otra en un amasijo de miembros y sudor.
Entonces, comenzó mi verdadero trabajo como inspector de agujeros.
…
Había pasado el tiempo.
Me desperté tras otra noche intensa; en realidad, llevaba una semana frenética.
Entre investigar al culto, avanzar en mis proyectos personales, follarme a Hannah…
y follarme a otras chicas con su permiso explícito.
Me incorporé en la cama hacia la cosina para contemplarla una vez más.
Estaba de espaldas, vestida solo con ese delantal que ya era su uniforme matutino; desde mi posición, podía ver sus nalgas, todavía adornadas con las marcas de mis dientes de la noche anterior.
“Buenos días” dijo sin girarse, terminando de picar fruta para el desayuno.
En ese momento, la hija del cacique salió de la habitación.
Nos lanzó una mirada rápida y, tras un saludo más seco que cortés, salió corriendo de la casa sin mirar atrás.
“Creo que está molesta” comenté con desdén.
Las miradas que nos dedicaba últimamente distaban mucho de la devoción de las primeras veces.
“Está furiosa porque todavía no se ha quedado embarazada” respondió Hannah, trayendo el tazón y sentándose a horcajadas sobre mi regazo.
“Ha visitado a otras brujas para consultarles después de cada vez que lo hacemos.” “Seguro cree que le lanzaste una maldición.
Que me dejas follármela pero que la vuelves estéril” solté, apretando uno de sus pechos mientras ella empezaba a alimentarme con trozos de fruta.
“Puede ser.
Siento su resentimiento, está convencida de que soy una egoísta” miró hacia la puerta con una mueca.
“Lo mismo pasa con las demás; creen que soy la mala de la historia por impedirles tener un bebé, pero yo no he hecho nada.” Me encogí de hombros, restándole importancia, pero Hannah me dio un apretón posesivo en el pene mientras hacía un puchero.
No le gustaba cargar con las culpas de mis actos.
“No me mires así.
Sabes que engendrar un hijo mío no es tarea fácil si no lo busco activamente, y no tengo el menor interés en embarazar a extrañas.”(Red) “Pues dicelós, no quiero que me miren como a una villana” dijo fingiendo enojo, aunque siguió dándome de comer en la boca.
“¿Y cómo quieres que te miren?” le pregunté con malicia, jugueteando con su pezón erguido.
“Es increíble…
hace unos meses tuvimos nuestro primer trío y ahora ya les manoseas las tetas a las otras chicas de vez en cuando.
Ni siquiera te quejas cuando te obligo a darme una mamada justo después de habérselo metido a otra…” le mordí el cuello con saña.
“Cállate…
pervertido…
tú eres el que me arrastra a estas cosas” susurró sonrojada, pero su cuerpo ya estaba respondiendo, humedeciéndose contra mis muslos.
“¿Ah, sí?
¿O sea que no te gusta?
la provoqué.
Estas vacaciones estaban resultando ser un festín de lujuria.
“Es…
divertido.
De vez en cuando.”(Hannah) Esa era nuestra rutina: de lunes a viernes nos embriagábamos el uno del otro en la soledad de la casa, pero al llegar el fin de semana, ella daba rienda suelta a su curiosidad y nos permitía experiencias más…
diversas.
“Conocí a unas chicas en el pueblo” comentó Hannah mientras besaba mi piel.
“Tienen mucha curiosidad por ese ‘extraño brujo rojo’ que seduce y contamina a las mujeres.
¿Quieres ir a por ellas?” preguntó con naturalidad.
“Tienes demasiada fama en este lugar como para ignorarla.” “¿A ti te gustaría?”(Red) “Quizás…
no quiero que te aburras conmigo.
Sé que puedo ser algo…
limitada para ti” confesó con un deje de inseguridad.
Sabía perfectamente que yo era una máquina incansable.
Desde que poseía a [Pereza] y [Lujuria], nadie podía vencerme en el sexo.
Ella, viéndome derrotar dioses mientras ella se sentía una simple mortal, temía no ser suficiente.
“Tranquila.
Me las voy a follar, sí, pero nunca te creas insuficiente.
Eres todo lo que quiero ahora mismo…” froté mi nariz con la suya.
“Incluso si me ‘vendes’ a tus amigas brujas a cambio de favores.” “¡Eso fue solo un par de veces!” chilló avergonzada, recordando cómo había negociado mi presencia en su cama a cambio de objetos raros y beneficios en sus reuniones.
“¡Y a ti también te gustó!” “Solo lo mencionaba” me burlé, levantándola por la cintura para que se sentara de golpe sobre mi erección.
“¡Ahhh…
soltó un gemido que rompió el aire, rodeando mi cuello con sus brazos.
“¿Otra vez?
¿No fue suficiente lo de anoche?” protestó débilmente, aunque ya había empezado a mover las caderas con vicio.
“Nunca es suficiente.
Además, debemos aprovechar…
esto se va a terminar pronto.”(Red) “¡¿Ya?!” preguntó sorprendida, mezclando el placer con la decepción.
“¿Ya vamos a volver?” “Más o menos.
He estado investigando al culto y ya tengo resultados.
Lo tienen muy bien montado.”(Red) Detuve mis manos sobre su cuerpo, dándole a entender que la conversación se ponía seria.
Hannah pareció desinflarse.
“¿Vamos a parar ahora?” preguntó decepcionada, deteniendo su vaivén.
“¿Esperas que te cuente información confidencial mientras montas mi pene como una ramera?” me burlé.
“Cállate y habla…” ordenó ella, sonrojada, retomando el movimiento por su cuenta hasta que mi pene encontrara su punto dulce.
“No te detengas.” Me encogí de hombros ante sus órdenes contradictorias y, mientras ella se entregaba a su propio ritmo sobre mí, empecé a relatarle mis hallazgos.
“Es un culto antiguo.
Muy poderoso, al parecer.
Pocos saben de su existencia, pero fueron prominentes en la época posterior a la caída de los dioses.
Cuando los patrones divinos desaparecieron de la tierra, ellos tuvieron un auge temporal, reclamando el vacío de poder.
Pero, por alguna razón, justo cuando dominaban esta zona, se esfumaron sin dejar rastro…
hasta ahora.”(Red) Continué moviendo mis caderas, dándole a Hannah el placer necesario para que no perdiera el hilo, aunque vi cómo sus ojos se ponían en blanco por un instante.
Sabía que en esos segundos su cerebro se desconectaba del mundo.
Esperé a que recuperara el aliento antes de proseguir.
“Este culto ha vuelto a mostrarse.
Rondan cada pueblo cercano, pero nadie logra sacarles información.
Tienen un método de protección mental aterrador; incluso para mí es difícil leerlos.
La magia que los protege es autodestructiva: si intentas forzar sus secretos, sus mentes se fríen.
No quieren que nadie sepa qué demonios están tramando.”(Red) “Entonces no sabemos nada?” preguntó ella, apoyándose en mi hombro y dejando pequeños besos húmedos en mi cuello.
Era su forma de descansar, recuperando fuerzas para la siguiente embestida.
Mi advertencia sobre el final de nuestro tiempo a solas la había puesto especialmente dócil y necesitada.
“No dudes de tu hombre” dije con arrogancia, empujando mi pene con fuerza hacia su fondo.
“Aunque fue difícil, tengo mis métodos.
Los cultistas están en todas partes, moviéndose en las sombras para converger en un punto específico.
He encontrado círculos rituales y rastros de una magia antigua y pesada.
Están preparando algo grande…
y hacen desaparecer a cualquiera que se acerque demasiado.” “¿Han llegado a nuestra ciudad?”(Hannah) “Sí y no.
Vinieron, pero al enterarse de que estábamos nosotros, se han mantenido al margen.
Saben que somos capaces de interferir, así que se limitan a observarnos desde la distancia.
He visto las mismas señales en otras ciudades con magos poderosos.”(Red) “¿Y qué vamos a hacer?
¿Lucharemos contra ellos?” me miró con una mezcla de preocupación y nostalgia.
No temía por la batalla, sino por el fin de nuestra burbuja de miel.
“He deducido la ubicación de su actividad central.
El templo está protegido por una barrera que distorsiona los sentidos, una magia casi divina.
Podríamos ir sigilosamente pero tomaría algo de tiempo encontrar la verdadera entrada, sino podemos ir directamente y hacer una entrada ruidosa abriendonos paso a la fuerza, pero nos arriesgamos a que se asusten y echemos a perder la misión sea cual sea.
El tercer método es esperar; seguirlos cuando el ritual esté cerca de empezar.
Creo que habrá un eclipse o algún fenómeno astrológico que servirá de detonante.
En fin, no hay nada en este mundo que pueda herirnos, así que podemos elegir cómo jugar.”(Red) “¿Cuál de esos métodos nos permite seguir juntos más tiempo?” preguntó sumisamente, poniendo esa cara suplicante que sabía que me desarmaba.
“El tercero, supongo…” respondí acariciando su cabeza con una ternura cínica.
“No quiero que termine…
quiero nuestro tiempo aquí.
Podemos tener más tríos…
probar más cosas…
incluso podemos…
intentar…
por atrás” susurró, sonrojada, ofreciendo su último bastión de pudor como moneda de cambio para retenerme.
“Me encantan tus débiles intentos de negociar con el diablo” me reí y la besé con hambre.
“Pero no es algo que yo controle del todo.
Además, no te hagas la idea de que esto es el fin y que volveremos a como era antes de todo esto.
No vas a escapar de mí, Hannah.
Eres de mi propiedad, ahora y siempre.” Le lamí la mejilla, desde la mandíbula hasta la sien, marcándola como mía.
“¡Dejame!” Se sacudio, pero pronto me besó “¿Seguro que nada cambiará?” “Tendremos que ser discretos durante un tiempo.
Ya te lo dije, no quiero que Hermione sepa lo del harén todavía.
Tendremos nuestros momentos en secreto; puedes pedirle consejos a las otras chicas sobre cómo manejarlo…
aunque en Hogwarts, creo que solo Penélope podría enseñarte bien.”(Red) “¿Y por qué no se lo dices a Hermione directamente?” preguntó, tomando mi cabeza para guiarla hacia su pecho.
“Sería mejor que lo supiera de una vez.” “¿Crees que lo aceptaría?” Pregunté mientras me aferraba a su pezón.
“¿Eso importa?
¿No puedes simplemente tomarla y que se acostumbre?
Como el Yakuruna…”me miró con una curiosidad genuina y algo oscura.
“¿Me crees esa clase de monstruo?
¿Alguien que toma a toda mujer que desea sin importarle nada, obteniendo un amor, aunque real, forzado?” La miré fingiendo ofensa, pero ella no retrocedió.
“Está bien…
reconozco lo despreciable que puedo ser.
Pero eso es con mujeres cualquiera.
Con ustedes…
con las chicas por las que realmente siento algo…
intento no ser una bestia.
Quiero parecer un poco más humano a vuestros ojos.
Quiero que lo nuestro se sienta mas…
real.” Hannah no respondió de inmediato.
Me miró en silencio, procesando mis palabras, y finalmente asintió.
“Está bien…
tendremos nuestros momentos secretos.
¿Hasta cuándo tendremos que ocultarlo?” (Hannah) “No lo sé.
¿Unos años?
¿Hasta graduarnos de Hogwarts?
Quizás menos.
Todo dependerá de cómo se desarrollen las piezas en mi tablero.”(Red)
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