Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 10
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10: El monstruo de Slytherin (III) 10: El monstruo de Slytherin (III) 11 Harry se encontró deseando con ansias las vacaciones de Navidad luego de los últimos acontecimientos.
Haber sido quien encontró el cuerpo petrificado de Justin, así como a sir Nicholas, le ganó un incremento en su reputación de Mago Oscuro en Entrenamiento y Heredero de Slytherin.
Sus padres seguían tratando de confortarlo en sus cartas, sobre todo Lily, y Dumbledore finalmente tuvo que llamarlo a su oficina.
Esto último solamente incrementó los rumores.
Como que iba a ser expulsado, o los más extremos, que en la oficina lo esperaba un destacamento de aurores para enviarlo directo a Azkaban.
En realidad, su reunión con Dumbledore fue un tanto decepcionante, al menos como posible anécdota escolar; salvo por el hecho de que presenció como el fénix del director, Fawkes, se consumió en llamas, para luego renacer de las cenizas.
Después de una lección sobre las fascinantes criaturas que eran los fénix, el anciano simplemente se limitó a preguntar a Harry si tenía algo que quisiera decirle.
Por un momento, Harry realmente sintió la necesidad de hablar con Dumbledore sobre lo sucedido en el Club de Duelo de Lockhart.
Sin embargo, una sensación muy similar a la que había tenido al enfrentar a Voldemort unos meses atrás, lo llevó a colocar la mano sobre el bolsillo de la túnica donde guardaba sus cartas, con lo cual una increíble claridad y tranquilidad lo invadieron.
—No, profesor —respondió a la pregunta de Dumbledore—, no tengo nada que decirle.
Dumbledore simplemente asintió, y luego lo despidió diciéndole que volviera a su sala común.
Le resultó extraño que Charlus no quisiera volver a casa durante las vacaciones invernales, pero al igual que el resto de su familia, no dijo nada al respecto.
Charlus seguía siendo un tanto distante desde los acontecimientos ocurridos durante el Club de Duelo, por lo que realmente no encontró el valor para cuestionarle sobre sus acciones sospechosas junto con Ron y Hermione durante el último mes.
En el tren se encerró rápidamente con Neville para evitar las miradas acusadoras y de temor que lo seguían durante los últimos meses.
El Expreso de Hogwarts estaba a punto de partir, cuando la puerta del compartimiento se abrió y una chica rubia, por su estatura de primero, entró en el lugar.
—¿Les importa si me siento?
—preguntó la niña.
Vestía una túnica azul claro.
Tenía el cabello rubio, lacio, aunque de aspecto sucio y unos pendientes con forma de rábanos.
—En lo absoluto —le respondió Harry—.
Soy Harry Potter.
—Neville Longbottom.
—Luna Lovegood.
Durante el trayecto, los dos chicos se enfrascaron en varios duelos, mientras Luna leía El Quisquilloso, una revista del Mundo Mágico con la reputación de ser un tanto… extraña, aunque muy divertida, en opinión de Harry.
Durante una de las jugadas, Neville utilizó la carta mágica «Scapegoat».
Luna, que para ese momento había dejado su revista de lado y ahora veía el juego con interés, ahogó un pequeño gemido de sorpresa al ver la carta de Neville.
—¿Sucede algo?
—preguntó el chico rubio, extrañado por la reacción de la chica.
Harry también la veía de manera inquisitiva.
—La ilustración… parecen ser Snorkacks de cuernos arrugados bebés.
Neville observó la carta.
En la ilustración aparecían cuatro pequeñas ovejas rechonchas de colores llamativos (amarillo, rosa, azul y rojo) y con pequeñas cornamentas.
Bueno, en realidad no se parecían mucho a una oveja, pero, para efectos del juego, esa carta al ser activada creaba cuatro «Fichas de Oveja».
Luna comenzó a hablarles sobre los extraños animales en los que ella y su padre creían.
Harry recordó algunas de las cartas de Duelo de Monstruos al escuchar varias de sus descripciones, por lo que le mostró su Enciclopedia de Cartas.
Por algún extraño motivo, Luna reconoció a varias cartas, sobre todo del tipo bestia, como algunas criaturas mágicas que durante años ella y su padre habían buscado.
Luna, junto con Neville, resultó ser una de las pocas personas en la escuela que no creían realmente que Harry fuera el Heredero de Slytherin.
Harry le prestó el libro a Luna para que pudiera mostrárselo a su padre.
Las vacaciones de Navidad significaron para Harry poder participar en el torneo mundial de su categoría, lo cual despejó su mente de los acontecimientos ocurridos en las últimas semanas en la escuela.
Tal como lo había predicho, él y Johan lograron llegar a las finales.
Johan ganó por muy poco, revelando a su vez su nuevo arquetipo: las bestias de cristal.
Finalizado el torneo, que se llevó a cabo en Berlín, Johan le entregó su mazo de guerreros.
—Estoy seguro —dijo su amigo con esa gran sonrisa que lo caracterizaba— que estas cartas te ayudarán mucho.
Además, varias de ellas quieren ir contigo.
Harry miró extrañado a su amigo ante tal afirmación, pero entonces recordó a la «Serpiente Siniestra».
—¿Crees que sea posible que las cartas estén vivas?
La sorpresa se dibujó en el rostro de Johan, antes de que una gran sonrisa se formara en sus labios.
—¡Seguro!
Hay espíritus habitando las cartas, no lo dudes ni por un momento.
—Luego, tras pensarlo un poco, agregó—.
¿Viste algo, no es así?
Harry simplemente sonrió.
—Tal vez.
Luego de eso, se despidió para volver a casa con su madre, quien lo había acompañado a través de la Red Flú internacional.
Esperaba poder contarle lo que había visto a su amigo algún día.
12 Volver a clases luego de las vacaciones no fue tan placentero.
En el tren, las miradas de odio y temor, tan comunes en las últimas semanas antes de las vacaciones, volvieron a traer a la mente de Harry el desastre ocurrido en el Club de Duelo Mágico.
Luna y Neville volvieron a sentarse con él en uno de los últimos compartimientos del expreso de Hogwarts.
Durante el viaje, la niña de primer año le devolvió su libro a Harryy, mientras les contaba lo que había descubierto gracias a él.
Resultó que el padre de Luna había reconocido en los monstruos de duelo muchas de las criaturas en las que había creído durante los últimos años.
Una vez en la sala común de Gryffindor, Harry sorprendió a Ron y a Charlus discutiendo sobre algo.
Le pareció extraño no ver a Hermione por ningún lado, pero cuando quiso preguntarles, Charlus simplemente le indicó con tono frío que se encontraba en la enfermería.
Al día siguiente, tras visitar a Hermione, se enteró no solo de la razón por la que ella estaba allí, sino del porqué Charlus había preferido quedarse en Hogwarts durante las vacaciones.
—Poción multijugos —dijo el menor de los Potter mientras observaba a su amiga con el ceño fruncido.
—Sí —respondió ella en tono bajo y avergonzado—.
Pensamos que Draco Malfoy era el heredero de Slytherin, así que usamos la poción para colarnos en la sala común de Slytherin.
Bueno, al menos Charlus y Ron lo hicieron.
Cometí un error: tomé pelo de gato en lugar de cabello humano.
Harry hizo una mueca, podía ver lo desafortunado que resultó ese error.
Hermione pasó tres semanas en la enfermería, ya que una transformación animal con la poción multijugos no era algo que se pudiera revertir tan fácilmente.
Había que esperar a que el organismo se deshiciera por completo de la poción.
13 San Valentín fue una fecha complicada.
Lockhart se las ingenió de nuevo para hacer algo que arruinó la celebración para todo el castillo.
Aunque sus fans más acérrimas lo encontraron divertido; las más obsesivas, incluso algo romántico.
Obviamente, estaban en completa negación de admitir que el profesor era, de hecho, un idiota egocéntrico y sin talento.
Un completo fraude.
Durante todo el día, un grupo de enanos vestidos como cupidos recorrieron el castillo llevando poemas de amor y regalos entre el alumnado.
Mismos que recitaban.
En realidad, Harry admitió que era una idea buena, pero la ejecución… Francamente, nadie merecía esa humillación pública.
Por más bien que estuviera escrito un poema, el que lo recitara un enano de voz ronca, y sin una gota de habilidad para declamar, solo podía acabar en humillación para el pobre destinatario y su autor.
Aunque, no era eso lo que preocupaba a Harry, sino Charlus, quien aún no le hablaba y, por consiguiente, Ron lo trataba como si no existiera.
Veía a Hermione en la biblioteca cada vez que iba a estudiar.
Y, por supuesto, aún no lo admitían en el Club de Duelistas.
Neville decidió abandonar el club, y ahora sostenían duelos en el Gran Comedor (cuando casi no había nadie) durante las horas libres y con la ocasional compañía de Luna.
Pero en sí, los días transcurrieron sin ningún acontecimiento en particular importante.
Hasta que una tarde, al volver al dormitorio, encontraron el lugar destrozado, con pergaminos, ropa y otras cosas regadas por el suelo y sobre los muebles.
Además, las camas desechas: con las sábanas revueltas, los colchones movidos, algunos incluso en el suelo, y las almohadas esparcidas por todas partes.
Era evidente que alguien había entrado a buscar algo.
Alguien que no pertenecía a ese lugar.
Rápidamente, los ocupantes del dormitorio comenzaron a ordenar y buscar si faltaba alguna de sus pertenencias.
Resultó que el único objeto extraviado era un diario que Charlus había encontrado unos días atrás en el baño de Myrtle «la Llorona».
—¡No está!
—exclamó cuando se dio cuenta con cierto terror en la voz.
—¿Qué falta?
—preguntó Ron, elevando la voz.
—¡El diario de Riddle!
—¿Quién es Riddle?
—preguntó Harry.
—Pues hace unos… —¡No se los digas, Hermione!
—la detuvo Ron.
—¡Oh, por favor, ya dejen esas tonterías del heredero!
No sirve de nada seguir peleados en este momento.
Charlus se mordió el labio inferior en un gesto contrariado, y finalmente asintió dando la razón a su amiga.
—¡Charlus!
—exclamó Ron al darse cuenta de lo que iba a pasar.
—Hermione tiene razón.
Charlus les contó cómo había encontrado el diario en el baño de Myrtle.
Al parecer un alumno se lo había arrojado después de intentar inundar el baño.
Llevaban varias semanas tratando de descubrir el secreto del diario, puesto que este no tenía nada escrito a pesar de ser muy viejo.
Hasta que, por accidente, unas gotas de tinta derramadas en el libro, revelaron que se podían escribir cosas en él… y este te respondía.
—¿No te pareció sospechoso?
—preguntó Harry a Charlus, interrumpiendo su relato.
—Por supuesto, pero lo importante es lo que sucedió después: el diario me mostró un recuerdo.
La Cámara de los Secretos fue abierta hace cincuenta años, y una estudiante murió.
—Eso ya lo sabíamos —replicó Neville.
Era parte de la información que Ron y Charlus obtuvieron de Draco.
Ron fulminó a Hermione con la mirada, adivinando que fue ella quien les dio esa información a Harry y Neville.
—Sí, pero vi quién fue la persona que abrió la cámara.
Un silencio tenso se instaló en el lugar después de eso.
—Fue Hagrid.
Hace cincuenta años: Hagrid abrió la Cámara de los Secretos.
14 Harry y Neville esperaban con impaciencia en la sala común.
Todos los demás estudiantes de Gryffindor ya se habían retirado, y de no ser porque Charlus y Ron estaban afuera interrogando a Hagrid sobre el incidente de hacía cincuenta años, ellos mismos ya se habrían ido a dormir.
Los últimos días fueron difíciles.
Hermione fue petrificada por el heredero.
Tras lo ocurrido, Charlus finalmente perdonó a su hermano y ahora ambos, junto con Ron y Neville, trataban de averiguar quién le había hecho eso a su amiga.
Los gemelos Weasley intentaron elevarles los ánimos con sus bromas, pero eso no fue suficiente para que la ausencia de su amiga se sintiera menos.
Desde ese día, el sábado, cuando se había suspendido el último juego de la temporada de quidditch, habían querido ir a esclarecer las cosas con el semi-gigante; pero las circunstancias y el pánico cada vez mayor en la escuela se los habían impedido.
Ahora que ya pocos creían que Harry era el heredero —al parecer, tenían el suficiente «sentido común» para darse cuenta de que nunca petrificaría a uno de sus amigos—, los estudiantes se volvieron incluso más paranoicos al no tener a nadie a quien culpar.
Como resultado (uno muy predecible, además) todos los Slytherin sin excepción pasaron a ser sospechosos.
Esto incrementó la discriminación ya existente hacia los miembros de la casa de las serpientes por parte de las otras casas.
Lo que sin duda puso en un predicamento al director, quien dio un pequeño discurso sobre la importancia de no ser prejuiciosos una noche antes de la cena.
Harry sintió esto como un puñetazo, pues al parecer para Dumbledore se necesitaba una guerra abierta entre las casas antes de actuar respecto a los prejuicios, que el hecho de que toda la escuela atacará a un único alumno como chivo expiatorio.
—No me extraña que se vuelvan magos oscuros —comentó Harry a Neville mientras aún esperaban el regreso de Charlus y Ron—, la sociedad prácticamente los orilla a serlo.
Charlus y Ron entraron por el agujero tras la Dama Gorda unos minutos después.
—¡Se lo llevaron!
—casi gritó Charlus, apenas conteniendo el aliento.
—¿A quién?
—preguntó Harry poniéndose de pie, muy preocupado.
—A Hagrid.
El ministro apareció de pronto con un destacamento de aurores y lo arrestaron.
—¿Aurores?
¿Los de papá?
Charlus negó con la cabeza a la pregunta de Harry.
—No.
No eran los de papá.
Seguro que eran los de Scrimgeour.
—¿Quién es Scrimgeour?
—les preguntó Ron.
—Es el rival de papá —explicó Harry—.
Papá consiguió el puesto de jefe del departamento de aurores con la recomendación de Dumbledore, Moody y Amelia Bones; el otro candidato, apoyado por el ministro Fudge, era Scrimgeour.
Está claro que no se llevan muy bien.
Ha acusado a papá varias veces de haber conseguido el puesto solo por sus influencias.
Pero eso es ridículo: siempre fue uno de los mejores aurores del departamento.
El mismo Moody lo ha dicho, y él no es de los que dicen las cosas únicamente como favor a un amigo, menos aún de un auror.
Ron asintió mostrando que entendía, pero Neville preguntó: —Sí, James es el jefe de departamento, ¿cómo es que Scrimgeour tiene aurores bajo su mando?
—Fudge creó una subdivisión en el departamento.
Pocos lo saben.
De no ser porque escuchamos algunas conversaciones entre papá, mi padrino Canuto y el tío Lunático, nosotros tampoco sabríamos nada.
—¿Para qué necesita otro departamento de aurores?
—Según el ministro, se trata de una división de asuntos especiales; cuando en realidad cree necesitarla, porque es un paranoico, que piensa que todo el mundo quiere derrocarlo.
Charlus terminó con una mueca, demostrando lo ridículo que le parecía la forma en que el ministro actuaba.
—El asunto es que usa a esos aurores para hacer las cosas que seguramente papá y Madame Bones no le permitirían por ser… ilegales.
—¿A dónde llevaron a Hagrid?
—preguntó Neville con un mal presentimiento después de escuchar la última palabra usada por Harry.
—Azkaban —respondió Ron, por su tono, se notaba que estaba aterrorizado de solo mencionar tan infame lugar.
—¿Sin juicio?
—preguntó Neville, igual de horrorizado.
—Pero eso no es lo peor —continuó Ron—.
Mientras Fudge y Dumbledore hablaban sobre el asunto, Lucius Malfoy llegó con un pergamino para Dumbledore.
¡El desgraciado se las arregló para amenazar a la junta escolar y expulsar al director de su puesto!
—Esto es malo —dijo Neville, mientras se dejaba caer en uno de los sofás de la Sala Común.
—Sin Dumbledore, las cosas no harán sino que empeorar —convino Charlus.
A Harry no le agradaba mucho Dumbledore, pero podía ver que él era posiblemente la principal razón por la que los ataques del heredero eran tan distantes el uno del otro.
—Antes de todo eso, ¿consiguieron que Hagrid les dijera algo?
Ron sintió un escalofrío ante eso.
—Dijo que, si realmente queríamos saber la verdad, siguiéramos a las arañas —respondió Charlus, mientras Ron se estremecía de miedo.
15 Seguir pequeñas arañas era una cosa, pero llegar hasta el hogar de una acromántula y sus hambrientos hijos, era una de las principales razones por las que tal vez seguir el consejo de Hagrid no había sido una buena idea.
Cuando los cuatro chicos volvieron a la sala común luego de esa desagradable visita al bosque prohibido, estaban sudados, el corazón les latía en la garganta debido al miedo, y Ron parecía que estaba a punto de desmayarse por varias horas.
Lo único rescatable de toda esa aventura fue que ahora sabían que Hagrid no era culpable.
—La próxima vez… —dijo Ron con voz entrecortada mientras se dejaba caer en uno de los sofás— que Hagrid nos envié al bosque en busca de alguien… o algo… vayan ustedes solos… El mayor problema es que no tenían muchas más pistas que antes.
El supuesto monstruo por el que Hagrid fue expulsado resultó no ser el culpable.
Y peor, parecía que el responsable era un monstruo al que otros monstruos temían.
—Debe haber algo más —dijo Harry.
Su mente trabajaba tratando de reconstruir todos los eventos, desde la petrificación de la señora Norris hasta la petrificación de Hermione—.
¡Hermione!
Los demás se le quedaron viendo extrañados cuando casi gritó el nombre de su amiga.
—Hermione fue atacada mientras volvía de la biblioteca —comenzó a explicar Harry—.
¿Qué tal si ella descubrió al monstruo y por eso fue atacada?
Los otros tres lo miraron con una mezcla de intriga y horror.
—Debemos revisar las cosas que Hermione llevaba ese día a la biblioteca y, de ser posible, averiguar qué libros consultó.
Prometiendo que harían eso por la mañana, todos se fueron a dormir.
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