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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 El monstruo de Slytherin IV
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11: El monstruo de Slytherin (IV) 11: El monstruo de Slytherin (IV) 16 ¿Cómo habían llegado a eso?

Era una pregunta interesante.

Al parecer, los problemas que perseguían a los Potter eran ineludibles.

Sí, efectivamente, luego de encontrar un papel que Hermione llevaba consigo el día que había sido atacada, consiguieron descubrir que el monstruo de Slytherin era de hecho un basilisco.

Eso, en realidad, tenía mucho sentido, ¿qué mejor monstruo podía haber para el más famoso hablante de pársel de la historia?

Pero esto, a su vez, volvía todo más terrible.

¿Cómo enfrentar a un monstruo que podía matar solo con la mirada?

Eso sin contar con su piel resistente a casi todos los hechizos, un veneno que mataba en minutos y la fuerza natural que una serpiente gigante debía tener.

Uno pensaría: «Bueno, estás en el considerado mejor colegio de magia del mundo, por lo tanto, tiene a algunos de los mejores magos y brujas del mundo para enseñarte, así que: busca a un profesor».

Harry añadiría a esto: «Y asegúrate de que no sea Lockhart».

Simple, si no cuentas a que, gracias de nuevo a la suerte Potter, acabaron en la entrada a la Cámara de los Secretos —descubierta gracias a las deducciones atinadas de Charlus y Harry— con el ya mencionado e inútil profesor, un nervioso Neville, y un muy asustado Ron; debido a que su hermana Ginny había sido secuestrada por el Heredero.

—¿Por qué lo trajeron a él?

—espetó un molesto Harry, quien junto con Neville se había adelantado al baño mientras los otros dos iban por ayuda.

—Es el profesor de defensa —dijo Ron como si esa explicación fuera suficiente.

Aunque tal vez era más por negarse a admitir que eso había sido una completa incompetencia de su parte y de Charlus, ante las circunstancias y con los antecedentes del hombre.

—¡Oh, vamos, Harry!

—se defendió Lockhart, al parecer muy indignado (por más que tuviera a Charlus y a Ron apuntándole con sus varitas todo el tiempo y él mismo estuviera desarmado)—.

Te aseguro que no podían tener mejor… —¡Ya cierre la boca!

—gritó Harry, molesto.

Lockhart le dedicó una mirada indignada.

—Neville —dijo el menor de los Potter—, ve en busca de un verdadero profesor.

El chico rubio asintió y rápidamente salió del baño, esperando no ser capturado por Filch antes de llegar a la oficina de la profesora McGonagall, a donde se dirigía.

—Bien, que esperamos —dijo Ron una vez que el otro chico se hubo marchado—.

¡Entremos a la Cámara!

—Realmente debemos esperar… —¡No!

No es tu hermana quien está allí.

Harry se pasó la mano por el cabello con nerviosismo.

—¡Vamos, de prisa!

—exigió Ron mientras le apuntaba con su varita.

Harry se acercó a la entrada y susurró «ábrete» en pársel.

De inmediato, los lavabos se movieron, dando paso a una enorme tubería, la cual parecía descender a las entrañas mismas de la tierra.

—Sigo pensando que debemos esperar la ayuda —dijo Harry.

Ron y Charlus obligaron a Lockhart a entrar primero, y luego los tres chicos hicieron lo mismo.

Después de deslizarse por varios minutos a través de una tubería, finalmente llegaron a lo que parecía ser una cueva, muchos metros por debajo del castillo.

Uno de los extremos se hallaba bloqueado por enormes rocas, las cuales seguramente habían caído en diversos derrumbes a lo largo de los años.

—Creo que ese es el único camino —dijo Harry, mientras encendía un lumus con su varita para iluminar la parte de la cueva que no estaba bloqueada.

Charlus y Ron se distrajeron tratando de ver algo en la dirección que Harry iluminaba.

Lockhart, quien había permanecido en silencio todo el tiempo, aprovechó ese momento para abalanzarse sobre Ron (quien estaba más cerca de él) para quitarle la varita.

—Muy bien, niños, esto termina aquí —dijo el hombre, apuntándoles a los tres y obligándolos a colocarse cerca de la tubería por la que habían llegado.

—Lockhart —dijo Harry tratando de mantenerse frío—, no cometa una tontería.

Neville ha ido a buscar ayuda, volverá pronto con los otros profesores.

Y, por otro lado, ¿qué cree que hará el mundo mágico si hace algo contra el «niño que vivió», su hermano y su mejor amigo?

—Oh, no te preocupes, Potter.

Neville solamente es un niño.

¿A quién crees que le crean más?

¿A un estudiante de segundo que, seamos sinceros, tiene miedo de su propia sombra, o a un mago famoso y reconocido como yo?

El mundo sabrá cómo traté de salvar a la niña Weasley, pero fracasé.

Cómo ustedes se volvieron locos al ver su cadáver desgarrado por el monstruo de Slytherin.

Lockhart alzó la varita al mismo tiempo que Charlus.

—¡Obliviate!

—conjuró Lockhart.

—¡Protego!

—contraatacó Charlus.

Los dos conjuros chocaron, provocando que el de Lockhart saliera disparado hacia el techo de la cueva.

El impacto de la magia fue tal que provocó un derrumbe y, antes de que el farsante profesor de defensa pudiera reaccionar, varias rocas le habían golpeado en la cabeza, haciendo que se desplomara inconsciente.

—¿Creen que esté bien?

—preguntó Ron, mientras caminaba hacia él.

—Eso espero, no quiero ir a Azkaban por matar a Lockhart.

—Fue en defensa propia —trató de tranquilizarlo Harry—, tienes dos testigos.

Los tres rodearon el cuerpo inerte del mago farsante.

Harry usó el lumus para iluminar su cabeza.

Había un gran charco de sangre, el cual continuaba manando de una enorme herida abierta en la cabeza del mago.

Ron se agachó para tomar su varita, que se había resbalado de las manos del mago mayor, y ahora yacía a unos metros de allí.

Era una suerte que el derrumbe no pareciera haberla dañado.

Tras permanecer un momento más en el lugar para tranquilizarse, con un asentimiento silencioso, reanudaron la marcha hacia la Cámara de los Secretos.

17 Llegaron a unas enormes puertas de roca flanqueadas por dos esculturas de serpiente.

El rastro de viejas pieles de basilisco que habían pasado en su camino hasta allí les aseguraba que sin duda esa era la Cámara de los Secretos.

—Ábrete —ordenó Harry.

Las serpientes parecieron escucharlo, ya que de inmediato comenzaron a moverse.

Las puertas se abrieron.

Los tres chicos comenzaron a avanzar, Harry adelante, seguido de Charlus y Ron al final.

Harry se adentró, pero justo cuando los otros dos iban a pasar, las estatuas de serpientes se interpusieron en su camino.

—No son dignos —sisearon molestas.

—¿Qué está pasando?

—preguntó Charlus enfadado.

—Debe ser que no hablan pársel —dedujo Harry.

Luego de discutir un momento, y de que Harry tratara de convencer a las serpientes para que permitieran pasar a los otros dos, quedó más que claro que Harry debía seguir solo.

Con un suspiro, comenzó a avanzar internándose en la Cámara.

18 Harry estaba en verdaderos problemas.

Dejó su varita de lado en el momento que vio a Ginny tendida en medio de la Cámara, y ahora ese sujeto, Tom Riddle, la tenía entre sus manos.

—Curioso —dijo Riddle—, esperaba ver a ambos hermanos Potter aquí, pero únicamente uno pudo pasar de los guardianes.

—Solo un hablante de pársel puede pasar —dijo Harry, tratando de no dejarse intimidar por las acciones del chico mayor.

—Sí, pero dado lo que sentí en ustedes, creí que ambos eran… como yo.

—Una sonrisa extraña, que a Harry le pareció muy desagradable, se formó en su rostro al decir esas últimas palabras—.

Pero, bueno, creo que un trozo más es mejor que nada.

—Tú inculpaste a Hagrid —lo acusó Harry.

Riddle, quien hasta ese momento se había limitado a simplemente mirar a Harry, quien seguía arrodillado frente al cuerpo de Ginny, comenzó a pasearse alrededor de él, teniendo cuidando de no perderlo de vista.

—¿Tratando de ganar tiempo?

—preguntó—.

Un poco absurdo, cuando tiempo es lo que menos deberías perder.

Mientras hablamos, la niña Weasley se debilita más y yo me vuelvo más fuerte.

Pero, si es lo que quieres: sí, lo hice, en realidad fue muy fácil.

Los prejuicios contra los semi-gigantes me ayudaron a convencer a todos muy fácilmente.

—Dumbledore nunca cayó en tu trampa.

—Dumbledore —escupió el nombre—, sin embargo, ahora él ya no está.

Expulsado de su amado colegio por un simple recuerdo.

—Volverá —dijo Harry—.

La junta escolar debe estar aterrada por lo que está pasando.

No me extrañaría que ya esté en camino por petición de ellos.

—Cuando llegue será tarde.

—Riddle se detuvo, observando a Harry con cierto deje de curiosidad—.

Pero me parece que a ti no te agrada mucho Dumbledore.

Pensé que todos los Gryffindor eran iguales: cegados por la magnífica y benigna figura de ese amante de los muggles.

—Dumbledore es solo un hombre, la mayoría parece haberlo olvidado, sin embargo.

—Puede ser.

Aunque no es de Dumbledore de quien quería hablar.

Durante todo este tiempo, en quien he estado interesado es en ti, y en tu petulante hermano.

¿Cómo es que un poderoso Señor Oscuro cae ante dos simples bebés?

—Fue Charlus —replicó Harry.

—Ambos estaban allí, según la historia que me contó Ginny, así que, en lo que a mí respecta, ambos pudieron haber sido la causa de su caída.

—¿Por qué te importa?

Voldemort es posterior a ti.

Riddle sonrió con malicia.

—Voldemort es parte de mí, Potter —declaró.

Seguido de esto, escribió su nombre en el aire con la varita.

Luego, con un pase de la misma, las letras se dispersaron para formar una frase: I am Lord Voldemort (Yo soy Lord Voldemort) Harry entrecerró los ojos.

Nuevamente Voldemort.

Pero la pregunta que pasaba por su mente era otra: ¿cómo se las había arreglado para estar allí en esa forma adolescente?

Su mirada se dirigió hacia el diario que se encontraba en las pálidas manos de Ginny.

—Ahora lo entiendes —dijo la versión adolescente del Señor Oscuro—, la razón por la que estaba tan interesado en ti y en tu hermano.

Ginny me contó muchas cosas interesantes sobre Charlus, pero muy poco sobre ti.

Sin embargo, me dio una pista importante: cada vez que Charlus Potter supuestamente me ha vencido, tú estabas presente.

¿No será que has estado engañando a todos durante todo este tiempo?

Harry apretó los puños.

¡Qué tontería!

Charlus había sido quien derrotó a Voldemort, todos sabían eso, Dumbledore mismo lo había confirmado.

«Pero fue mi carta la que nos salvó hace un año», susurró una voz en su mente.

Esto lo llevó a una conclusión, aunque estaba desarmado, quizá su mazo fuera su salvación.

Su mano se deslizó nuevamente hacia el bolsillo de su túnica y extrajo su baraja.

Ahora, con sus cartas en su mano, se sintió más seguro, incluso que con una varita.

Si conseguía volver a hacer que las cartas reaccionaran como aquella vez… «Confía en tus cartas, incluso fuera de un duelo».

Estaba seguro de que eso le diría Johan de estar allí.

—Me parece que es momento de terminar con esto —dijo Riddle mientras sonreía con malicia.

Avanzó hacia una estatua, aparentemente del mismo Slytherin, y comenzó a hablar en pársel: —¡Háblame Slytherin, el más grande de los cuatro de Hogwarts!

La boca de la estatua se abrió y una inmensa serpiente comenzó a deslizarse lentamente fuera de ella, como si fuera su lengua.

—Veamos si Dumbledore puede salvarte.

Harry cerró los ojos, se puso de pie y apretó con fuerza sus cartas en su mano derecha.

Respiró profundamente para tranquilizarse y pasó el mazo de cartas a la mano izquierda.

Su mano derecha tomó la posición que usaría para sacar una carta de tener un disco de duelo.

—Invocaste un basilisco —dijo, sin abrir los ojos—.

¿Supongo que con eso terminas tu turno?

—¿Turno?

Parece que el miedo te ha hecho enloquecer, Potter.

—¡Es mi turno!

¡Robo!

—su mano hizo un arco muy amplio al momento de sacar la carta.

Riddle entrecerró los ojos al ver cómo la carta brillaba, al parecer, envuelta en algún tipo de magia desconocida.

Harry abrió los ojos para ver que había robado: su «Mago Oscuro».

Necesitaba dos tributos para invocarlo.

Sin embargo, eso no era precisamente un duelo, tal vez pudiera saltarse algunas reglas.

El basilisco ya estaba peligrosamente cerca.

Harry volvió a cerrar los ojos, alzó la mano y, mostrando la carta, exclamó: —¡Invoco al «Mago Oscuro», en posición de ataque!

La sonrisa en el rostro de Riddle se desvaneció cuando un resplandor surgió de la carta que Harry sostenía en su mano derecha.

Un hombre vestido con una túnica negra de un estilo que jamás había visto, con un báculo mágico como los que se usaban antes de la creación de las varitas, flotaba sobre Harry.

—¿Qué demonios es eso?

—espetó Riddle, furioso.

—¡«Mago Oscuro», ataque de magia oscura sobre los ojos del basilisco!

El mago se precipitó a toda velocidad contra la serpiente.

Su báculo comenzó a brillar.

Una esfera de energía oscura rodeada por pequeños relámpagos de electricidad salió disparada contra la cabeza del basilisco.

La serpiente se retorció cuando fue impactada.

Sangre y humo comenzaron a surgir de los ahora destrozados ojos de la criatura.

Harry cayó de rodillas.

Se sentía muy débil.

La invocación del «Mago Oscuro» estaba drenando su energía.

Sus cartas se dispersaron por el suelo frente a él.

Debía encontrar una que le permitiera acabar con el diario de Riddle.

—No sé qué hiciste —habló Riddle mientras caminaba hacia él—, pero el juego termina aquí.

—No… No hasta que jugué la última carta… La mirada de Harry estaba fija en una en específico.

Estiró la mano para tomarla.

—Carta mágica: «Controlador de Enemigos».

—La carta brilló en su mano—.

Activo su segundo efecto: tributando un monstruo en mi campo, puedo tomar el control de un monstruo oponente hasta el final del turno.

Sacrifico al «Mago Oscuro» para tomar el control de tu basilisco.

Una luz amarilla envolvió al «Mago Oscuro», destruyéndolo.

Luego, un resplandor rojizo cubrió al basilisco.

—¡Destruye a Riddle!

—ordenó Harry, en pársel.

—¡Qué tontería, el basilisco únicamente me obedece a mí!

Esto pareció no ser escuchado por la serpiente, quien, tras olfatear el aire en busca de su presa, se arrojó contra él.

Riddle trató de huir, pero la serpiente lo mordió por el costado izquierdo.

La varita de Harry cayó de su mano y rodó por el suelo, hasta detenerse al pie de una estatua.

El cuerpo de Riddle pareció convulsionar, para luego estallar, esparciendo una espesa y maloliente tinta negra por todo el lugar.

—Vuelve a dormir —ordenó Harry a la serpiente.

Mientras el basilisco retornaba a su nido, el joven mago finalmente se desmayó debido al cansancio.

19 Harry despertó al sentir que alguien lo agitaba.

Era Ginny.

La niña se veía angustiada, pero la palidez de su piel parecía estar desapareciendo.

El chico de segundo año se incorporó, sujetándose la cabeza, la cual palpitaba horriblemente.

Lo primero que hizo fue buscar sus cartas y su varita.

—¡Aquí están!

—dijo Ginny intuyendo lo que buscaba.

La niña se las entregó en la mano—.

Por un momento pensé que tú… —Gracias.

Apoyándose mutuamente, ambos se pusieron de pie.

La mirada de Harry se dirigió hacia donde antes había estado Ginny.

El diario de Riddle yacía en el suelo, una parte de este estaba dañada, como si el basilisco hubiera mordido el diario y no al extraño… ¿Espectro?, que había salido de él.

Harry pensó que tenía cierto sentido: Riddle y el diario estaban conectados de alguna manera.

Cuando salieron de la Cámara, no solo Ron y Charlus los esperaban, sino que también Neville, los jefes de casa y el mismo director Dumbledore.

El anciano mago no tardó en reconocer los síntomas de agotamiento mágico en Harry, por lo que los trasladaron rápidamente a la enfermería.

Los Potter y los Weasley pasaron el resto de la noche, y casi todo el día siguiente en la enfermería con sus hijos.

Dumbledore decidió cancelar los exámenes finales —salvo para los del quinto y séptimo curso, cuyos exámenes eran responsabilidad del Ministerio de Magia— para disgusto de Hermione, quien recién había despertado de la petrificación gracias a que el profesor Snape había terminado la poción de mandrágoras, el remedio más eficaz para la petrificación.

Ni bien Harry se repuso de su agotamiento mágico, fue llamado por Dumbledore para hablar sobre lo ocurrido en la Cámara de los Secretos.

Harry respondió las preguntas del anciano lo mejor que pudo, omitiendo en todo momento el uso de las cartas de Duelo de Monstruos.

Cuando se le preguntó sobre el basilisco, la respuesta de Harry fue: —Realmente, profesor, no quiero revivir esos momentos.

—Claro, mi muchacho —respondió Dumbledore con una sonrisa condescendiente—.

Pero a veces es mejor dejar salir las cosas.

Recuerda que puedes venir a verme y hablaremos cuando quieras.

Harry asintió y con eso fue despedido de regreso a su sala común.

—¿Lucius Malfoy?

—escuchó a Ron preguntar una vez que entró en la torre de Gryffindor.

Hermione, Charlus y Neville estaban allí también.

—Sí, debiste ver cómo trataba al pobre Dobby.

Por suerte, mi madre se las arregló para que lo liberara con una treta.

Pero ahora Dobby trabajará en casa.

Mamá le ofreció un empleo, con prestaciones y todo.

—Pues me parece bien —dijo Hermione—.

Luego de lo que ese elfo pasó para advertirnos, es lo menos que se merece.

—¡Casi me asesina!

—espetó Charlus con fingida indignación.

Las carcajadas no se hicieron esperar.

Harry fue a sentarse junto a ellos.

Todos los problemas de desconfianza y rencor parecían olvidados de momento.

Otro año que acababa, y otra aventura potencialmente mortal que terminaba bien.

Merlín, esperaba que el próximo año fuera uno normal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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