Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 El mortífago fugitivo I
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12: El mortífago fugitivo (I) 12: El mortífago fugitivo (I) 1 Harry hojeó el folleto en sus manos por décima vez ese día.
Era una guía de las escuelas de duelo existentes en Europa.
Obviamente, la mejor de todas era la Academia del Norte, también conocida como la Academia de Duelos Ártica, dado que era la subdivisión europea de la Academia de Duelos perteneciente a Corporación Kaiba.
Se ubicaba en una isla del océano Ártico, de allí su nombre no oficial, estando bajo la jurisdicción legal de Noruega.
Otra opción, debido a lo cercana que se encontraba de Inglaterra, era la Academia del Oeste, la cual se localizaba en una isla del océano Atlántico, cerca de la costa occidental de Marruecos.
Además de esas dos academias, Corporación Kaiba administraba otras tres escuelas.
La Academia del Este, localizada en el océano Índico, en algún punto entre la India e Indonesia.
La Academia del Sur se ubicaba en Australia, a unos 120 kilómetros de la ciudad de Sídney.
Y, finalmente, la Academia Central, ubicada en Japón, más específicamente en una isla volcánica dentro de la prefectura de Okinawa.
Las cinco escuelas eran consideradas las mejores academias de duelo del mundo.
Únicamente la Academia Americana de Duelos había logrado hacerles sombra.
Por supuesto, la mayoría de los duelistas profesionales de Europa asistían a la Academia del Ártico.
Johan mismo ingresaría en dicha escuela dentro de un par de años.
Harry, por su parte, no tenía tan claro a cuál de las academias debía ingresar… Siendo sinceros, ni siquiera sabía si sus padres se lo permitirían.
La Academia Central tenía posiblemente el mejor currículo, y la mayoría de sus egresados participaban en las ligas profesionales de Japón, que actualmente se consideraban las mejores en todo el mundo.
En especial la Liga Nacional y la Liga de Ciudad Domino.
Esta última famosa por ser la única liga fundada y administrada por el mismo Seto Kaiba.
Además de ser una de las pocas ligas en cuyos torneos participó Yugi Muto, el Rey de los Duelistas, antes de retirarse para administrar su propia empresa de juegos.
Pero eso no era lo único por lo que le llamaba más la atención esa escuela que las otras: Harry había aprendido a confiar en sus instintos en los últimos dos años.
El mismo instinto que lo ayudó a sobrevivir a sus dos encuentros con Voldemort le decía que era la mejor opción.
Por supuesto, además del problema de convencer a sus padres de permitirle asistir a una escuela muggle al otro lado del mundo, había otro pequeño detalle: él no hablaba japonés.
«Idioma que tendrás que aprender si quieres ser un verdadero duelista profesional», se recordó mientras dejaba el folleto a un lado y se recostaba en su cama mirando hacia el techo.
Estaba aburrido.
Su madre le había prohibido salir a cualquier lugar por su cuenta.
Eso significaba pasar el verano sin participar en torneos, o siquiera poder ir a la tienda local a jugar duelos casuales y ver las nuevas cartas.
No es que no entendiera a sus padres.
Debían de estar aterrados de solo pensar en el hecho de que el traidor se las había arreglado para escapar de Azkaban.
La primera fuga de dicha prisión desde que se había inaugurado hacía más de mil doscientos años.
Y ahora el traidor que casi fue el culpable de la muerte de su hermano, y de la suya propia, estaba fuera y acechando en algún lugar.
«El hombre que es el verdadero padrino de Charlus», se recordó.
Desde que la noticia se hiciera pública dos semanas después de comenzadas las vacaciones de verano, Charlus había estado sumergido en una especie de depresión.
Pasaba mucho de su tiempo encerrado en su cuarto, y ni siquiera las visitas de Ron parecían mejorar su ánimo.
—¡Harry!
—lo llamó su madre—.
Neville está aquí.
—¡Voy!
—respondió incorporándose rápidamente.
Harry se puso de pie de inmediato, tomó su disco de duelo (¡cómo odiaba no poder llevarlo a Hogwarts!) y su mazo y fue a reunirse con su amigo.
—¡Harry!
Sucedió lo más sorprendente.
Neville estaba muy emocionado, casi tanto como cuando ganó su primer torneo en la tienda local.
Harry lo miró interesado, mientras le indicaba que lo siguiera al patio trasero para tener su duelo allí.
—Antes de venir tuve que ir con la abuela al Ministerio, reunión de emergencia por, bueno, ya sabes… No tenía que decir que se trataba del asunto de Peter Pettigrew.
Todo el Ministerio, desde los departamentos menos sospechados hasta el mismo Wizengamot, estaba loco por eso.
—El asunto es que tuve que cargar mi disco de duelo porque, obviamente, no me daría tiempo de volver a casa antes de venir a verte.
Ya sabes, después de una reunión del Wizengamot las chimeneas están muy bien vigiladas, así que fue más cómodo venir directo aquí.
Bueno, el asunto es que, mientras estaba esperando a que terminara la reunión en la sala de espera, ¡el disco de duelo se encendió y comenzó a descargar la última actualización!
Harry asintió.
La expansión de cartas del verano se lanzaba esa noche, así que debía ser esa actualización.
Pero, luego, cayó en cuenta de algo.
Eso no debería ser posible en un lugar lleno de magia.
—¿Cómo si estabas en el ministerio?
—¡Lo sé!
No debería ser posible.
Es un aparato muggle.
¡No debería funcionar en un lugar cargado de tanta magia!
Todos sabían que los aparatos muggles no funcionaban en lugares como Hogwarts, el Ministerio de Magia o el hospital San Mungo.
E incluso en casas antiguas de viejas familias mágicas, echar a andar la tecnología muggle era complicado.
Sus discos de duelo funcionaban en la casa de Neville porque la familia Longbottom era reconocida por cultivar plantas mágicas.
Aunque los ambientes ricos en magia las ayudaban a crecer, también significaba que no podían tener escudos demasiado potentes para no sofocar con magia demasiado agresiva a muchas de esas mismas plantas.
En general, eran ese tipo de escudos los que intervenían con la tecnología muggle moderna.
En casa de Harry era una situación similar.
Al estar en Valle de Godric, una ciudad tanto muggle como mágica, no podían permitirse escudos muy potentes que pudieran alterar los aparatos de las familias no mágicas de la ciudad.
Por supuesto, desde que se anunció el escape de Pettigrew sus padres habían estado discutiendo la posibilidad de ocultarse en la Mansión Potter.
Esa era la casa ancestral de su familia; por tanto, estaba mejor protegida que la residencia de Valle de Godric.
—¿No habrá sido un error?
—preguntó Harry.
Neville negó con la cabeza.
—Lo primero que hice cuando llegué aquí fue confirmar la actualización.
El disco funciona perfectamente.
Harry frunció el ceño.
El disco de duelo no debería funcionar en un entorno rodeado de magia.
Sostuvo su propio disco y lo observó por un momento sumido en sus pensamientos.
Sus cartas lo habían salvado dos veces contra Voldemort… Hasta ahora había pensado que había sido su propia magia usando sus cartas como si fueran una especie de varita.
Pero, ¿y si había algo más?
¿Y si las cartas tenían su propia magia por sí mismas?
¿Esa magia podía estar también presente en los discos de duelo?
—«Serpiente Siniestra» —susurró recordando lo que había sucedido en esa noche de hacía casi un año en el Gran Comedor.
—¿Harry?
—lo llamó Neville, confundido.
—¿Recuerdas lo que pasó con la Serpiente Siniestra?
—Cómo podría olvidarlo.
—Johan dijo que las cartas tienen espíritus.
Luna reconoció en muchas cartas a las criaturas que ella y su padre han estado buscando durante años.
Neville asintió.
—¿Y si hay algo más en el duelo?
¿Y si el duelo en realidad es un juego mágico?
Neville abrió la boca.
Parecía que quería replicar, pero, entre más lo pensaba, más comprendía el razonamiento de Harry.
—Los discos de duelo no serían solamente tecnología —siguió Harry.
—Si fuera así —intervino Neville—, significaría que son un canalizador de magia, igual que una varita.
Lo único que tal vez no del mismo tipo de magia que usamos los magos normalmente.
—Tengo algo que contarte… Harry se lo dijo todo: cómo su trampa «Fuerza de Espejo» se activó y lo protegió de la maldición asesina, cómo logró llamar al «Mago Oscuro», la que pensaba era el verdadero «Mago Oscuro», para derrotar al basilisco.
Discutieron sobre esos incidentes el resto de la tarde.
Harry incluso intentó volver a llamar al Mago Oscuro, sin éxito, obviamente.
Al final, completamente frustrado, Harry se dejó caer bajo la sombra de un árbol.
—Tal vez solo funciona en un duelo —dijo Neville.
—No estaba precisamente en un duelo cuando enfrenté a Riddle.
—Pero visualizarlo como uno ayudó —le recordó.
Harry suspiró mientras miraba sus cartas.
Tenía que haber algo más.
Se concentró en las tres ocasiones en que el duelo le pareció ser algo más que un juego.
Recordó que Serpiente Siniestra le había dicho algo… algo sobre sentir el poder de sus monstruos.
—Algo interfiere —dijo casi en un susurro.
Neville lo miró, expectante.
Por su expresión, podía decir que había llegado a una conclusión.
—La Serpiente Siniestra dijo que algo interfería con el poder de mis monstruos.
Volvió a mirar sus cartas.
—Iré a la Academia de Duelos Central —dijo—.
Cualquiera que sea el poder o la magia verdadera del duelo, solo podré descubrirlo allí.
Sus instintos nunca le habían fallado; los seguiría una vez más.
No iba a ser fácil.
Ser un Potter significaba tener una gran presión sobre sus hombros por parte del Mundo Mágico, incluso si no era el heredero del título.
Casi podía ver el escándalo que las familias tradicionales harían.
¿Un Potter que dejaba Hogwarts para ir a estudiar a un colegio muggle dedicado a enseñar un juego de cartas?
Al menos ya no estaban en guerra, y la caída de Voldemort había hecho que la mayoría de las familias más radicales se volvieran menos vocales respecto a sus prejuicios.
Por supuesto, algo como esto sin duda las haría alzar la voz.
Incluso si los Potter se consideraban traidores a la sangre, y aun cuando él fuera un mestizo, las familias de sangre pura no desperdiciarían la oportunidad de usar eso para atacar a su familia.
2 Aprender japonés no podría ser por métodos tradicionales.
En primer lugar, en Valle de Godric no había ninguna escuela de idiomas que tuviera clases de japonés.
El único curso que encontró en su zona era en una escuela de Exeter, el cual desafortunadamente no era un curso de verano.
No podía estudiar japonés en una escuela muggle si estaba atrapado en Hogwarts durante todo el año escolar.
Harry se recostó de nuevo en su cama, con los folletos de las escuelas que Dobby había recolectado para él esparcidos a su alrededor.
Tal vez era hora de intentar otro enfoque.
Tendría que recurrir a la magia.
Hogwarts no tenía clases de idiomas como los colegios muggles, y nunca había escuchado de instructores privados en el Mundo Mágico.
Él y Charlus sabían galés, francés y un poco de español, portugués y alemán porque su madre los inscribió a clases muggles cuando eran más jóvenes.
También sabía que su padrino hablaba al menos una docena de idiomas, al igual que su padre.
La razón de lo último era un «curso» mágico para aprender idiomas que pasaron debido a ser aurores de alto rango, su padre siendo incluso el jefe de estos.
Salió de su habitación y fue a buscar a su madre.
La encontró en la cocina, junto con Dobby, preparando los bocadillos para el té de la tarde.
—Maestro Harry, espero que los folletos fueran de ayuda —dijo Dobby.
—Sí, fueron muy útiles.
El elfo sonrió ampliamente.
—¿Qué folletos?
—preguntó Lily mientras sacaba una bandeja del horno llena de pastelillos recién horneados.
—Escuelas de idiomas —respondió Harry—.
Pero no hay cursos del idioma que quiero aprender en la escuela local.
Los cursos más cercanos son en un colegio en Exeter, y no tienen cursos de verano.
Lily dejó la bandeja con los pastelillos sobre la mesa, donde Dobby comenzó a decorarlos con betún y chispas de chocolate.
—¿Qué idioma quieres aprender?
—Japonés —se apresuró a responder Harry.
Lily lo miró con la intriga grabada en el rostro.
—¿Por qué japonés?
—Las mejores ligas de duelo están en Japón —respondió Harry, sonrojándose un poco.
Lily frunció el ceño.
Podía decir cuándo sus hijos no le decían toda la verdad.
—¿Solamente por eso?
—inquirió con sospechas.
Harry se pasó la mano por el pelo.
—¿Qué pensarías si dejara Hogwarts?
—cuestionó a su madre—.
Yo… —Tomó aire—.
Quiero ser duelista profesional.
—¿Y debes dejar tu educación para eso?
—¡No!
Solo cambiaría de escuela, para asistir a la Academia de Duelos.
—¿Academia de Duelos?
Era la primera vez que Lily escuchaba algo sobre una academia dedicada a un juego de cartas muggles.
No pudo evitar pensar que debía ser una broma.
—Sí, son escuelas donde aprendes a ser duelista.
Lily frunció el ceño.
¿Iba en serio?
¿Una escuela para aprender un juego de cartas?
¿Qué estaba pasando en el mundo muggle?
Cierto, ver los duelos con hologramas había resultado ser toda una sorpresa, ¿pero una escuela para aprender el juego?
—Pero es más que eso —se apresuró a explicar Harry—.
Son escuelas realmente buenas, al nivel de Eton.
Tienen todas las clases de las secundarias muggle, no solo las que se relacionan con los duelos.
Lily no parecía muy convencida.
—Harry, eres un mago, un Potter, además.
¿De verdad dejarías Hogwarts para ir a aprender a jugar cartas?
Harry abrió la boca, luego la cerró.
No podía decir las cosas que descubrió con Neville.
No tenía pruebas más que sus propias conclusiones basadas en hechos que bien podrían ser coincidencias.
¿Y si solo estaba imaginando y todo eso tenía que ver con algo más que su propia magia?
«No imaginaste a Serpiente Siniestra, toda la escuela la vio, y no imaginaste al Mago Oscuro… esas dos veces que tus cartas te salvaron».
—Hablaré con tu padre respecto a conseguir el curso de japonés —prometió su madre—; pero de verdad, prefiero que permanezcas en Hogwarts al menos hasta tomar tus TIMOS.
Harry asintió.
Eso definitivamente era una pequeña victoria.
Todavía tenía dos años para convencer a su madre del resto.
Su padre seguramente sería un poco más fácil.
En caso contrario, bien podría pedir transferencia después de sus TIMOS.
«A menos que de verdad quieras ir a la Academia Central», se dijo.
Después de todo, a diferencia de Inglaterra, el ciclo escolar japonés comenzaba en abril.
Eso le dejaba solo año y medio.
Podía trabajar con eso.
3 La fiesta de cumpleaños de ese año no fue tan mediática como las pasadas.
La búsqueda de Peter Pettigrew no estaba dando ningún resultado, así que para mantener a Charlus seguro, se decidió que sería una celebración más pequeña: solo una cena con la familia y los amigos más cercanos.
Harry se llevó una gran sorpresa: su obsequio fue el curso mágico de japonés.
De inmediato se retiró a su habitación con Neville y Hermione, quien se había tomado un respiro de unas horas de su viaje a París con sus padres para asistir a la fiesta.
Ventajas del uso de un traslador internacional.
—¿Curso mágico de idioma?
—preguntó Hermione, interesada.
—Son cursos especiales que solamente pueden ser otorgados por el Ministerio de Magia —aclaró Neville—.
Por eso, solo están disponibles para miembros de las Casas Nobles y los funcionarios de más alto rango del Ministerio de Magia.
—¡Eso es muy injusto!
Hermione se cruzó de brazos.
—El Mundo Mágico es así —respondió Harry.
No es que le gustara mucho, pero había poco que pudiera hacer al respecto para cambiar las cosas.
—Tus padres debieron mover muchas influencias para conseguir esto —dijo Neville.
El «curso» se componía de un hechizo y una poción.
Básicamente, el hechizo era una especie de traductor, mientras que la poción, un estimulante de memoria.
Además de eso, incluía un pequeño pensadero con varios viales, cada uno con el recuerdo de una clase de japonés (claramente obtenida del curso intensivo de alguna empresa muggle).
El instructivo era simple: una vez por semana, durante un plazo de seis meses a un año (dependiendo de qué tanto dominio del idioma se deseara), debía lanzarse el hechizo sobre sí mismo.
En su caso, por ser menor de edad, un adulto debía supervisar, luego ingerir la poción y ver uno de los recuerdos.
Por supuesto, también se recomendaba tener un poco más de materiales de apoyo, tales como libros en ese idioma para practicarlo.
El punto del curso era que, en un principio, el hechizo traductor le facilitaría entender las lecciones casi como si fuera un hablante nativo.
Y el estimulador de memoria le permitiría mantener la información adquirida de las clases «grabadas» en los recuerdos en su mente.
Así, poco a poco, iría adquiriendo dominio en el idioma que deseaba aprender.
—No creo que haya libros de japonés en la biblioteca Potter —dijo Harry en un suspiro.
—Tampoco en la de Hogwarts —agregó Hermione—.
Solo he visto de idiomas mágicos y, en realidad, no son para aprender el idioma en sí.
Pero siempre puedes comprarlos en Amazon.
Harry y Neville la miraron con extrañeza.
—¡Oh, por favor!
¿Saben de Duelo de Monstruos y de cómics, pero no han escuchado hablar de Amazon?
Es una tienda, principalmente de libros.
Los pides por internet y llegan a tu casa por correo certificado.
—¡Oh!
—dijo Neville, sonrojándose.
Sabía que Internet era lo que actualizaba los discos de duelo, pero no imaginó que sirviera para algo más.
Harry parecía casi igual de perdido.
—Los conseguiré para ti —prometió Hermione.
—¡Gracias!
Por supuesto, Hermione lo hacía en parte para aprender un poco más sobre estos «cursos» mágicos de idiomas.
No entendía por qué algo como esto debía estar restringido solo a algunas personas.
¿El Ministerio de Magia no veía lo mucho que podían avanzar su cultura haciendo que cosas como estas fueran accesibles a todo aquel que quisiera aprender más?
Harry obtuvo la respuesta al día siguiente, cuando tomó la primera «lección» de japonés: la siguiente hora, luego de que el efecto de la poción terminó, sufrió el peor dolor de cabeza que recordaba en su vida.
4 No asistir al torneo nacional ese año fue realmente duro.
Para Harry se había vuelto una tradición anual asistir al menos a un torneo grande.
Los años anteriores, cuando participó en el nacional y luego en el mundial, fue uno de los mejores momentos de su vida.
Había visto a Johan después de años de comunicarse con él solo por cartas.
Ese verano los únicos duelos que tuvo habían sido con Neville.
No es que no fuera divertido jugar contra él, pero un duelista necesita del reto constante al enfrentar a diferentes oponentes con diferentes tipos de mazos.
Lo peor fue que ni siquiera pudieron ir al Callejón Diagon con el resto de sus amigos.
Su madre envió a Dobby a realizar las compras.
Ni siquiera fueron al callejón para probarse las túnicas nuevas.
Madame Malkin envió a uno de sus propios elfos domésticos para tomar las medidas y, más tarde, para entregar las túnicas.
Por si fuera poco, sus padres se negaron a firmar los permisos para Hogsmeade.
Mientras Peter Pettigrew estuviera libre, no tenían permitido salir de la seguridad del colegio.
—Pero, ¡es Hogsmeade!
—se quejó Charlus—.
Y no es como si fuéramos a ir solos.
Otros alumnos de grados mayores, además de los prefectos y los profesores, también saldrán.
—Eso no importa —replicó su madre—.
Sé cómo son los viajes a Hogsmeade, y los profesores no pueden estar vigilando a todos todo el tiempo.
Además, ¿qué podrían hacer unos estudiantes, incluso de los grados más altos, contra un mago adulto que además es un mortífago?
Charlus se enfurruñó y trató de apelar a la actitud un poco más relajada y permisiva de su padre, solo para que James se mantuviera firme del lado de su esposa.
El resto del verano, Charlus lo pasó enfurruñado en su habitación, quejándose de lo injustos que eran todos.
5 Llegó el primero de septiembre.
A diferencia de otros años, los Potter llegaron mediante el punto de aparición directamente dentro del Andén 9 y ¾.
Sin perder mucho tiempo, subieron al primer vagón donde encontraron compartimientos vacíos y tanto Harry como Charlus se sentaron allí una hora antes de que saliera el tren.
Neville posiblemente no llegaría hasta dentro de media hora más, igual que Hermione.
Ron, por su parte, como era tradición de los Weasley, siempre llegaba tarde.
Los últimos años Harry y Charlus se habían vuelto un poco más distantes.
Charlus, en general, solo se interesaba por el quidditch, y este año por sus clases de defensa.
Harry, por su parte, había estado ocupado cada vez más con el duelo y este verano en aprender japonés.
Además, tomando en cuenta lo difícil que sería el examen de ingreso de la Academia, se las arregló para convencer a Hermione de que le prestara los libros de texto muggle que estudiaba cada verano.
Si quería ir a la Academia de Duelos, debía obtener una certificación de escuela muggle.
—¿Quieres jugar snap explosivo?
—preguntó Charlus tras cinco minutos de un incómodo silencio para él, en el cual Harry lo único que hizo fue leer sus libros de texto muggle.
—Bueno —respondió Harry cerrando el libro.
Charlus sacó los naipes y rápidamente los barajó antes de repartirlos.
Habían pasado meses desde la última vez que jugó a algo así con Harry.
¿En qué momento se habían vuelto tan distantes?
Hubo un tiempo en que hacían todo juntos.
Solo tuvieron tiempo de jugar dos partidas antes de que Neville llegara, seguido de Hermione.
Entonces el juego de snap quedó olvidado.
Harry y Neville se concentraron en hablar sobre duelo, mientras Hermione le preguntaba a él sobre sus clases de defensa del verano.
Charlus estaba un poco distraído viendo a Harry.
Se divertía mucho, podía decir eso.
Hablaba con Neville sobre su amigo de Noruega, quien al parecer consiguió ganar el torneo mundial de la liga junior, lo que fuera que eso significara.
—Hermione, ¿qué sabes sobre el duelo?
El juego de cartas, quiero decir —preguntó de pronto.
—No mucho.
¿Por qué no le preguntas a Harry sobre eso?
Prácticamente es profesional.
Charlus frunció el ceño.
—No importa, solamente es un tonto juego muggle.
Ron llegó unos pocos minutos después.
Pronto los dos, junto con Hermione, comenzaron a jugar snap explosivo, mientras Ron contaba de sus vacaciones visitando a su hermano Bill en Egipto.
Parecía que sería un viaje tranquilo.
Por supuesto, se equivocaron.
No estaban preparados para experimentar a los dementores de primera mano.
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