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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 El mortífago fugitivo II
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13: El mortífago fugitivo (II) 13: El mortífago fugitivo (II) 6 Harry, Charlus y Neville se sentaron en el gran comedor.

Sus rostros estaban pálidos y todavía temblaban un poco.

Especialmente Neville, quien de hecho sostenía una barra de chocolate en la mano.

Justo después de que los dementores bajaran del expreso de Hogwarts, los prefectos recorrieron los carros ofreciendo barras de chocolate a los alumnos.

—No sé cómo nadie ha echado al ministro —se quejó Charlus—.

¿A quién se le ocurre poner esas cosas en el tren?

No pudo quejarse por más tiempo, ya que justo en ese momento entró la profesora McGonagall escoltando a los de primer año.

La mayoría de ellos se veían asustados y temblorosos.

—No sé si es por esa cosa del tren, o será por la selección —comentó Dean Thomas.

—Ustedes no se veían muy diferentes —respondió Fred Weasley.

—Los de primero siempre son tan pequeños y asustados, como ratoncitos —agregó George.

El Sombrero Seleccionador cantó su canción para ese año, y luego la profesora comenzó a llamar a los alumnos de primero para la selección.

Ese año había casi el doble de alumnos que en los cursos anteriores.

Esa era la primera generación nacida después de la guerra.

Harry recordaba haber visto las fotos de los días de colegio de sus padres, y los grupos habían sido mucho más amplios.

Antes de la guerra, Hogwarts solía tener alrededor de mil estudiantes; en la actualidad, apenas si llegaban a los cuatrocientos.

La selección terminó y el profesor Dumbledore se levantó para hacer los anuncios pertinentes.

Además de una advertencia muy sombría sobre los dementores y por qué no había que acercarse a ellos.

—Pasando a temas más amables —dijo el anciano—, es para mí un placer presentarles a su nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Remus Lupin.

El comedor se llenó de aplausos, especialmente de los gemelos Potter.

—Por fin un profesor que sabe lo que hace —dijo Harry, aliviado.

—¿No es ese tu tío?

—preguntó Hermione, quien lo recordó de la cena de cumpleaños de los gemelos.

—Sí —respondió Harry—, además es el padrino de Charlus.

Tiene una maestría en defensa.

Hermione mostró mucho interés con respecto a eso último, pero ninguno de sus amigos comentó más al respecto.

Tendría que investigar sobre el tema en la biblioteca.

7 Harry tuvo razón.

La primera clase con Remus rápidamente se convirtió en la preferida de todos los alumnos.

Se trató de un boggart.

Fue realmente divertido ver cómo la criatura era ridiculizada una y otra vez por los alumnos.

Eso hasta que fue el turno de Charlus.

Remus no le permitió que se enfrentara al boggart.

Se interpuso entre ambos y la criatura se transformó en una esfera luminosa de color blanco, la cual rápidamente volvió a ser encerrada en su baúl por el profesor.

—Se terminó la clase —anunció a pesar de que todavía quedaban veinte minutos—.

Lean el capítulo sobre los boggart de su libro de texto y escriban un ensayo de un metro sobre ellos.

Pueden retirarse.

Los alumnos salieron de la sala de profesores, donde se llevó a cabo la clase práctica, comentando extrañados sobre qué podía ser esa esfera.

Charlus se quedó atrás mirando fijamente el baúl donde estaba el boggart.

—¿Estás bien?

—preguntó Remus, acercándose a su ahijado honorario.

—Sí —respondió, tras dudar un momento.

Remus suspiró.

—¿Entiendes por qué no dejé que lo enfrentaras?

—Temías que apareciera quien tú sabes.

Remus asintió.

Charlus miró el baúl un momento más.

Luego, se despidió de Remus y salió para ir a su dormitorio a recoger las cosas para su siguiente clase.

8 La semana transcurrió normalmente.

Harry y Neville tuvieron sus primeras clases de Runas Antiguas y Aritmancia.

Charlus y Ron las suyas de Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas.

Y Hermione, bueno, ella tomó absolutamente todas las clases opcionales.

—¿Estás segura de que puedes con ese horario?

—le preguntó Harry el viernes cuando la vio llegar a la biblioteca cargada con al menos una docena de libros.

—¡Por supuesto!

Ron miró a Hermione con el ceño fruncido.

—¿Cómo te las arreglas para ir a todas las clases?

Runas Antiguas y Cuidado de Criaturas Mágicas son a la misma hora.

Hermione evadió la pregunta hablando de lo interesante que fue la clase de runas.

Harry y Neville estuvieron de acuerdo.

Dos minutos después, Charlus entró en la biblioteca.

Se lo veía muy serio, quizá incluso un poco enojado.

—Hagrid estaba algo triste —dijo Charlus sentándose junto a su gemelo—.

Pensó que tomarías su clase.

Harry pareció un poco afectado por esas palabras.

—Me disculparé con él —prometió.

Charlus frunció el ceño.

Pareció querer discutir, pero Ron llamó su atención con una pregunta sobre su tarea de Adivinación.

Una hora más tarde, Harry y Neville se despidieron de ellos.

Aprovechando que tenían una hora libre antes de la cena, decidieron probar algo.

Volvieron a su dormitorio, sacaron sus discos de duelo y, cerciorándose de que no había nadie que los interrumpiera, los encendieron.

Para su sorpresa, parecían funcionar perfectamente.

—¡De verdad funcionan!

—dijo Neville, sorprendido—.

No debería… —Hay que probar en un duelo —sugirió Harry.

Guardaron los discos en sus mochilas y se apresuraron a ir al aula que el director les prestó para su Club de Duelistas.

La primera reunión no sería hasta el día siguiente por la tarde, así que no debería haber nadie allí.

Afortunadamente, era un aula amplia, de techo alto y pocos pupitres.

Hicieron estos últimos a un lado para despejar el centro de la habitación.

Volvieron a encender los discos de duelo, pusieron los mazos en las ranuras y se pararon uno frente al otro.

—¡Duelo!

—gritaron al tiempo que oprimían el botón de inicio.

Los discos se sincronizaron y la pantalla LCD parpadeó mostrando los Puntos de Vida establecidos en los 4000 estándares.

—¿Funcionan?

—preguntó Neville.

—Vamos a averiguarlo… ¡Es mi turno!

¡Robo!

Invoco a «Mago Blanco Pikeru».

Frente a Harry se manifestó una niña de unos cinco o seis años.

Vestía una túnica blanca y un gorro con forma de oveja, bajo el cual salían dos coletas de cabellos rosas.

Llevaba también un báculo de mago en color blanco.

Harry y Neville se miraron, sonriendo.

—Al parecer eso lo confirma —dijo Harry—.

¿Continuamos el duelo?

—Somos duelistas, ¿no?

El holograma de Pikeru asintió con fuerza, dando la razón a Neville.

Harry sonrió y continuó su turno.

9 El año prosiguió de forma tranquila.

Salvo por los dementores que paseaban por los terrenos del castillo todas las noches, así que los alumnos hacían todo lo posible para estar dentro del castillo antes de la puesta del sol.

Las clases de japonés de Harry progresaban bien, supervisadas por Remus.

Harry tomó la costumbre de bajar al Gran Comedor temprano, para estar allí justo a las siete, la hora en que se servía el desayuno.

Comía en media hora y gastaba el resto de su tiempo, antes de tener que ir a su primera clase, en practicar la escritura en japonés gracias a los libros de texto que Hermione compró para él.

—Me alegra ver que los libros te estén ayudando.

—Sí, gracias de nuevo por conseguirlos.

Hermione hizo un gesto con la mano para restarle importancia.

De hecho, por curiosidad, ella misma había probado leer el primer capítulo de uno de los libros y trató de hacer algunos ejercicios.

Su trazo no era tan bueno como el de Harry.

Al parecer, las habilidades de Harry en el dibujo lo ayudaban a trazar mejor las «letras» japonesas y los Kanjis.

Neville también comenzó a estudiar los libros.

—En serio, ¿para qué molestarse en estudiar más?

—se quejó Ron—.

¿No te basta con el trabajo escolar?

—¡Oh, por favor, Ronald!

Deberías aprender del ejemplo de Harry.

Nunca está de más aprender a hablar otro idioma.

—Estoy de acuerdo con Ron.

¿Para qué llenar tu horario ya complicado con esas clases?

—preguntó Charlus.

Hermione lo fulminó con la mirada—.

Me refiero a ¿por qué japonés?

Harry levantó la mirada del cuaderno especial que compró para practicar su escritura en japonés y miró a su gemelo un momento, como tratando de deducir si era sincero.

—Solo me pareció interesante —respondió por fin—.

Además, los mejores duelistas del mundo son japoneses.

Charlus frunció el ceño.

—Debí imaginarlo.

¡Todo para ese estúpido juego muggle!

—¡El duelo no es estúpido!

—le espetó Neville.

—Sí lo es —replicó Ron—.

¡Las cartas no hacen nada!

No hay explosiones, no bañan con líquidos pegajosos a los jugadores, ¡ni dan malos consejos como en ajedrez mágico!

—No entienden el duelo —dijo Harry, cerrando su cuaderno y mirando a los dos casi como si acabaran de insultar a sus padres—.

¿Quieren ver cuál es la verdadera emoción del duelo?

Ron lo miró con un gesto de burla.

—¿Por qué querría ver cómo juegan con esas aburridas cartas muggles?

Charlus asintió, de acuerdo con él.

—Esta noche, en el aula del Club de Duelistas, Neville y yo les mostraremos el verdadero duelo.

Vayan al aula del Club una hora antes de la cena.

Guardó sus cosas.

Se levantó y salió del comedor rumbo a su primera clase.

Neville miró a los otros chicos con una extraña mezcla de furia y lástima.

Luego, se apresuró a seguir a Harry.

Charlus solo dejó caer su cabeza en la mesa, mientras escuchaba a Ron murmurar sobre lo obsesionados que estaban con el juego.

Hermione le respondió que él estaba igual con el quidditch, comenzando otra discusión entre ambos.

10 Unos minutos antes de la hora de la cita en el aula del Club, Neville y Harry se encontraron allí para preparar sus mazos.

—¿Estás seguro de esto?

Harry barajó su mazo antes de contestar.

—No lo sé —admitió.

Durante el último mes habían disfrutado ser los únicos estudiantes que sabían que los discos de duelo funcionaban en Hogwarts.

No estaba seguro de si quería decírselo a otros.

Al menos no había mencionado nada a ninguno de los otros duelistas del Club.

Tampoco es que fueran muchos.

Más de la mitad de los integrantes no volvieron después de los acontecimientos del año anterior, incluso cuando quedó demostrada la inocencia de Harry.

Más tarde, Harry se daría cuenta de que solo quería que Charlus intentara comprender por qué quería ser un duelista.

No hubo más tiempo para dudas.

Charlus, Ron y Hermione entraron al aula.

Harry y Neville se pusieron de pie.

El centro del salón estaba despejado para el duelo.

—¿Discos de duelo?

—preguntó Hermione con la ceja alzada.

—Los aparatos muggles no funcionan en Hogwarts —agregó Charlus con tono presumido.

Neville y Harry se miraron un momento, sonriendo.

—Oh, normalmente sería así —dijo Neville, divertido.

Ron mantuvo una mirada aburrida en su rostro.

Luego pasó al asombro cuando el «Lord Veneno» de Neville cobró vida a través de los hologramas.

—¿Cómo…?

—preguntó Hermione sorprendida—.

¡Los aparatos muggles no deberían funcionar en Hogwarts!

—No lo sabemos —admitió Harry antes de comenzar su turno—.

De hecho, lo descubrimos por error.

Ron miró con asombro cómo las plantas y las bestias de Neville cobraban vida, mientras Harry las enfrentaba con sus magos y sus guerreros.

Jugada tras jugada, su asombro no hacía más que crecer.

—¡Guau!

—susurró cuando la última carta se jugó—.

¿Cómo hacen eso?

¿Es magia?

—No es magia —dijo Hermione—.

Son hologramas, creados por tecnología muggle.

Miró a Harry y a Neville con suspicacia.

—¿Cómo lograron que funcionara?

—les preguntó mientras se cruzaba de brazos.

—¡No hicimos nada!

—contestó Neville—.

Lo dijo Harry: descubrimos por accidente que los discos funcionan incluso en ambientes cargados de magia.

—Eso no debería ser posible —dijo Charlus—.

Ustedes tuvieron que hacer algo.

—¡Oh, claro!

—respondió Harry con sarcasmo—.

Dos alumnos que apenas comienzan su tercer año en Hogwarts de alguna forma lograron que los aparatos muggles modernos funcionaran en el colegio… ¡E incluso hackearon los escudos del colegio para saltarlos y conectarse al satélite!

Charlus se molestó más con esa respuesta.

Hermione, emocionada, le pidió a Harry que le prestara el disco de duelos para examinarlo.

No parecía haber nada extraño.

No había ninguna runa o cualquier cosa que indicara que el disco de duelo usaba magia de algún tipo.

—Seto Kaiba realmente es un genio —dijo finalmente.

—¿Quién?

—preguntó Ron.

—El muggle que creó los discos de duelo —aclaró Neville.

—Exactamente.

No sé cómo, pero se las arregló para crear tecnología que puede superar a la magia.

—Oh, por favor —se burló Charlus—.

¿En serio crees que un muggle pudo superar a la magia?

¡Los muggles no son tan listos!

Hermione frunció el ceño.

—No estés tan seguro, hermano —intervino Harry—.

Los muggles han logrado cosas tan increíbles que lo sorprendente es que no sean magia.

He estado en el Mundo Muggle, he visto lo que han hecho.

Los hologramas de los discos de duelo son solo la punta del iceberg.

Charlus no parecía muy contento con eso.

11 Hermione formuló toda clase de teorías sobre por qué funcionaban los discos de duelo en Hogwarts.

Hasta ahora, su principal conjetura era que Seto Kaiba debía ser un mago que de alguna forma había logrado combinar la magia con la tecnología.

Harry no lo creía.

Es decir, estaba seguro de que había algo de magia en todo el asunto, pero dudaba que tuviera que ver con que Kaiba fuera un mago.

No sabía cómo funcionaba el Japón Mágico, ya que, a diferencia de su contraparte muggle, no abrieron sus fronteras a occidente.

De hecho, hasta donde sabía, los magos occidentales que viajaban a Japón debían mantenerse exclusivamente en el Japón Muggle y los magos japoneses los vigilaban todo el tiempo para asegurarse de que no intentaran ir a lugares prohibidos.

O al menos eso es lo que había escuchado desde que comenzó a investigar para cuando ingresara a la Academia Central.

Volviendo a los discos de duelo, Harry se las arregló para convencer a Hermione de mantener eso en secreto de momento.

No quería que los discos de duelo fueran confiscados.

De hecho, por temor a esto, Neville y él los mantenían en sus baúles.

No era fácil superar la tentación de tomarlos y tener un duelo.

Respecto a la vida en Hogwarts, esta continuó como de costumbre.

De alguna forma, Draco Malfoy se las arregló para molestar a un hipogrifo, y ahora el pobre Hagrid estaba metido en problemas con el Departamento de Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia.

Esto hizo que Hermione dejara de lado el misterio de los discos de duelo para ayudarlo a preparar la defensa.

El primer partido de quidditch del año fue Gryffindor contra Hufflepuff.

Debió ser contra Slytherin, pero estos lograron cambiar la fecha de su partido porque, supuestamente, Draco todavía no estaba bien.

Claramente una mentira, pues el tipo de herida que sufrió era de esas que Madame Pomfrey resolvía con un simple paso de su varita.

El partido terminó en desastre cuando los dementores entraron al campo y provocaron que Charlus cayera de su escoba.

Luego de ese partido desastroso, Sirius y James trataron de obsequiarle una Saeta de Fuego.

Por desgracia para Charlus, su madre lo descubrió y les prohibió hacerlo.

Charlus es demasiado joven para una escoba de esas características, les dijo.

Esto, por supuesto, no tenía muy feliz al joven, quien recibió una Nimbus 2001, igual a las escobas del equipo de Slytherin.

Llegó el primer viaje a Hogsmeade y los gemelos Potter se quedaron dentro del castillo.

Charlus estaba molesto por esto.

Harry aprovechó para estudiar un poco más de japonés, hasta que Remus los invitó a tomar el té de la tarde en su oficina.

Para sorpresa de Harry, Charlus solicitó que les enseñara una forma de defenderse de los dementores.

—No me gustó estar indefenso ante ellos —explicó—.

Si vuelven y me atacan, quiero estar listo.

Remus les habló entonces del encantamiento patronus y prometió darles lecciones sobre su uso.

Por supuesto, las lecciones no serían de inmediato.

Al ser magia avanzada, necesitaba tener primero el permiso de sus padres, su jefa de casa y el director.

Mientras esperaban el momento de esas lecciones, llegó el otoño.

La fiesta de Halloween transcurrió sin ningún incidente de importancia.

En noviembre se reportó que Peter Pettigrew fue visto a menos de cien kilómetros del colegio.

Esto provocó que el ministerio entrara en pánico.

El ministro ordenó que se programaran más patrullas de los dementores.

Su constante presencia en los terrenos y caminos cercanos al colegio provocó más disgusto entre los habitantes de Hogsmeade y los profesores del colegio.

Con el invierno cada vez más cerca, Hogwarts se cubrió de nieve.

Los alumnos estaban cada vez más emocionados por las vacaciones de Navidad.

Harry, por su parte, estaba impaciente por la llegada de diciembre por otro motivo.

Durante los últimos meses, sentía que había avanzado mucho en sus clases de japonés, así que tuvo una idea.

En los libros de texto que Hermione compró para él se hablaba de un examen estandarizado que era llevado a cabo por varias asociaciones educativas de Japón, con apoyo de sus embajadas.

Se trataba del NOKEN: un examen estandarizado diseñado para evaluar y medir el nivel de dominio del idioma japonés.

Según el libro, en Inglaterra se llevaba a cabo dos veces al año: en diciembre, el segundo sábado del mes, y en julio.

Harry hizo varios test de prueba incluidos en libros avanzados con ayuda de Hermione.

De acuerdo con la autoevaluación, sabía suficiente para solicitar el nivel cinco del NOKEN, el más básico.

Incluso podría intentar con el cuatro, pero prefería jugar a lo seguro.

Harry escribió a sus padres solicitándoles que le permitieran acudir al examen.

James en un principio se quejó de que su hijo quisiera presentarse por voluntad propia a un examen.

Lily, en cambio, si bien estaba feliz de que Harry quisiera aprender más, no estaba conforme con los motivos obvios detrás de esto.

Al final, su madre aceptó.

Solicitó una reunión con el director Dumbledore y la profesora McGonagall, ya que era la jefa de su casa, para solicitar el permiso de salida para la mañana del sábado en que se llevaría a cabo el examen.

Harry sabía que su madre esperaba que se rindiera con su idea de asistir a la Academia de Duelos, pero le alegraba que al menos lo apoyara en su deseo de aprender otro idioma.

El 13 de diciembre, Harry entró a un aula del Colegio Japonés de Londres para presentar su examen.

Había personas de todas las edades; aun así, Harry era el menor.

El examen duraba entre dos y tres horas, compuesto por una parte escrita para gramática y una oral para vocabulario.

Para ser el examen básico, tenía realmente un nivel alto de dificultad.

Debía de serlo, tomando en cuenta que era un examen certificado que incluso era tomado en cuenta para admitir estudiantes extranjeros de intercambio.

Además de que era un requisito obligatorio para obtener una visa de trabajo en Japón.

Recibiría los resultados en enero.

Francamente, tenía confianza de haberlo hecho bien.

Las vacaciones de Navidad transcurrieron de forma normal.

Harry y Neville aprovecharon el tiempo libre para dejar sus discos de duelo en casa.

No querían verse tentados a usarlos en el colegio y que los profesores se enteraran.

Sus instintos como duelistas, por así decirlo, les indicaban que era mejor mantener eso para sí mismos.

Por fortuna, Hermione parecía haberse olvidado del tema de momento.

Y Charlus y Ron no parecían interesados en delatarlos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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