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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 El mortífago fugitivo III
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14: El mortífago fugitivo (III) 14: El mortífago fugitivo (III) 12 Con la llegada de enero, Charlus comenzó sus lecciones para defenderse de los dementores.

Harry asistió a un par de ellas, pero pronto se vio superado por tareas cada vez más complicadas en sus clases, así que optó por retirarse.

No sabía cómo Hermione se las arreglaba, considerando que había tomado todas las clases optativas.

Por otro lado, Hagrid estaba realmente triste dado que la sentencia fue desfavorable para su hipogrifo.

Hermione estaba segura de que podía apelar, e incluso convenció a Charlus de escribir a su padre en busca de consejo.

A mediados del mes, Harry recibió los resultados del NOKEN.

Tenía el certificado del nivel básico de japonés.

—Un paso más cerca —dijo a Neville mientras estaban reunidos en la biblioteca para hacer su tarea de Defensa.

—¿De verdad vas a hacerlo?

—Sí, quiero ser profesional.

Y siento que la Academia Central es el mejor lugar para comenzar.

—Está muy lejos, al otro lado del mundo.

Sé que mi abuela no me daría permiso de hacerlo.

De hecho, me gritaría por deshonrar a la familia.

Harry sonrió amablemente a su amigo.

Su familia ponía demasiada presión sobre él.

Ni siquiera Charlus, siendo el heredero Potter y el Niño que vivió, tenía tanta presión como Neville.

—Si pudiera —continuó Neville—, creo que yo también lo intentaría.

Seguro me iría mejor que en Hogwarts.

Miró su varita con el ceño fruncido.

Se esforzaba, pero no podía hacer que la varita respondiera como quería.

Su abuela estaba decepcionada por esto; incluso había insinuado que era un milagro que lo hubieran aceptado en Hogwarts siendo casi un squib.

Apretó la varita en su mano.

La varita de su padre, que siempre lo había rechazado.

¿Significaba eso que Frank Longbottom, su padre, era quien los rechazaba?

Si su mente no hubiera sido destruida en la guerra, ¿estaría tan decepcionado de él como su abuela?

¿Por qué seguía intentando ser un mago?

Estaba claro que solo perdía el tiempo.

Al menos en los duelos de verdad era bueno.

No se sentía como un inútil cuando sostenía un disco de duelo.

Como mago era un fracaso: no podía hacer el hechizo más básico, en pociones siempre derretía los calderos y no era capaz de volar en una escoba ni siquiera para salvar su vida.

—Escribiré al tío Algie —dijo de pronto.

Su voz era firme, llena de resolución.

El tío Algie era el regente actual de la familia Longbottom, y de no ser por él, sería nombrado Lord Longbottom.

Tal vez decepcionaría a su abuela, pero, si no era bueno como mago, entonces intentaría ser un duelista.

Claro, no dijo todo eso a Harry.

No en ese momento.

Esperaría al menos hasta que supiera que era una verdadera posibilidad.

Sin embargo, tenía la intención de hacer eso realidad: sería un duelista profesional con su mejor amigo.

13 Los partidos de quidditch se reanudaron con el enfrentamiento de Ravenclaw contra Gryffindor.

Lo cual terminó en un castigo para los Slytherin, luego de que algunos de ellos jugaron una broma disfrazándose de dementores.

Al menos la broma sirvió para que Charlus probara su patronus, logrando generar una niebla plateada, algo impresionante para un estudiante de tercero, tomando en cuenta que era un encantamiento de nivel EXTASIS.

El segundo viaje a Hogsmeade sucedió en febrero, justo el fin de semana antes del día de San Valentín.

Esta vez fue diferente para los gemelos.

De alguna forma, al parecer con ayuda de los gemelos Weasley, Charlus se las arregló para escapar del colegio.

Por supuesto, esto no dejó feliz a Hermione, quien pasó un largo rato despotricando sobre lo inmaduro e irresponsable que fue de su parte.

—Charlus siempre es así —le explicó Harry—.

Si le dices que algo está prohibido, más ganas tendrá de hacerlo.

Es como un niño pequeño.

En ese sentido, es igual a papá.

—Hay un asesino suelto, uno pensaría que tendría más sentido común.

Hermione se sentó en el sofá frente a ellos.

Estaban ocupados con los libros de texto de japonés.

—¿También estudias japonés, Neville?

El chico alzó la mirada de su libro y le sonrió nerviosamente.

Hermione los miró un rato con actitud pensativa.

—¿Por qué de pronto están tan empeñados en saber japonés?

—Por el duelo —le respondió Harry con honestidad.

—¿El duelo?

—Las mejores ligas están en Japón —aclaró Neville—.

Y los mejores duelistas del mundo son japoneses: Yugi Muto, Seto Kaiba, Katsuya Jonouchi y Mai Kujaku.

—No me parece que sea una razón suficiente.

Harry se encogió de hombros.

Luego, tras pensarlo un momento, decidió explicar sus planes: —Yo… tal vez no haga mi quinto año en Hogwarts.

Hermione abrió la boca como si acabara de escuchar un cuento de horror.

—Pero, Harry, ¡ese año son los TIMOS!

Son muy importantes para un mago… —Quiero transferirme a la Academia de Duelos —la interrumpió Harry—.

Yo… realmente no sé si quiero hacer una vida en el Mundo Mágico.

Desde que conocí el duelo, siento que ese es el camino que debo seguir.

Esos momentos en que estoy en una arena frente a un oponente, cada vez que juego mis cartas… Harry cerró los ojos y respiró profundamente.

—Quiero ser un duelista profesional.

Hermione lo miró un momento antes de responder.

—Puedes serlo tras graduarte de Hogwarts.

—No en Japón —respondió Neville—.

Es graduarse de la Academia o nada.

—Hermione, ¿nunca sentiste que no encajabas en un lugar?

¿No encajar?

Sí, Hermione sabía de eso.

Básicamente, eso fue toda su vida.

Hasta que llegó su carta de Hogwarts y la profesora McGonagall fue a explicarle que era una bruja.

Cuando entró por primera vez al Mundo Mágico, fue como si algo hiciera clic en su cabeza.

Como volver a casa después de un largo viaje.

—Creo que lo entiendo —dijo finalmente—.

Aunque no sé por qué un mago querría dejar el Mundo Mágico.

¿No puedes ser duelista después de graduarte en Hogwarts?

Es decir, podrías entrar en la liga europea.

¿Por qué irte a Japón?

Harry pareció pensarlo un poco.

—No es que quiera dejar el Mundo Mágico.

Nací y crecí en este mundo.

Es lo único que he conocido.

Pero el duelo se siente… diferente.

Es como… como si no fuera el Mundo Muggle, pero tampoco el Mundo Mágico, sino algo más… Un tercer mundo.

Hermione lo pensó un momento antes de responder: —No sé si lo entiendo, pero si es lo que quieres, entonces suerte.

Te apoyaré cuanto pueda.

—Muchas gracias —respondió Harry.

14 El resto del invierno se fue sin ninguna novedad, al igual que el comienzo de la primavera.

Pettigrew fue visto alejándose hacia el sur, así que el ministerio relajó un poco la presencia de los dementores, lo cual fue un alivio para los residentes de la zona y el colegio.

Las vacaciones de primavera llegaron.

Casi nadie volvió a casa para esos días, todos más ocupados en prepararse para los exámenes que serían pronto.

Charlus además porque Wood quería aprovechar el tiempo libre para practicar un poco más.

Era su último año en Hogwarts y quería llevarse la copa.

Si vencían a Slytherin, sería una realidad.

Charlus estaba de acuerdo con él.

Neville, por su parte, decidió volver a casa.

Dijo que tenía que hablar con su tío Algie, pero no exactamente sobre qué.

Al regresar, había conseguido su propio curso mágico de japonés y se dedicó de lleno a aprender el idioma.

Con la llegada de abril, Hermione parecía cada vez más agotada.

Entre su horario sobrecargado, ayudar a Hagrid a preparar la apelación y, de vez en cuando, ayudar a Harry y Neville en sus lecciones, estaba claro que estaba sobrepasada.

Finalmente, estalló durante Adivinación, la cual abandonó a mitad de una clase.

—¡Es un completo fraude!

—dijo—.

No sé cómo el director Dumbledore puede mantener una clase que a todas luces es una pérdida de tiempo.

—No sé si lo notaste, Hermione, pero Dumbledore está un poco chiflado —respondió Harry.

—¡Harry!

Eso es muy grosero de tu parte —lo reprendió Hermione, sorprendida por sus palabras.

—No puedes negar que eso es una verdad a medias —agregó Neville—.

No es extraño: algunos de los magos más poderosos de la historia no han sido precisamente del todo cuerdos.

Hermione no parecía muy conforme.

—Lo dijiste la noche que fuimos por la piedra: a los magos les falta sentido común —le recordó Harry—.

Sobre la adivinación, es complicado.

Según mi madre, solo una persona en varias generaciones puede ver el futuro de forma consciente.

La mayoría de los videntes no pasan de ser como los adivinos muggles: humo y espejos.

—¿Ven?

A eso me refiero: ¿para qué mantener una clase que prácticamente no sirve para nadie?

Si la adivinación es un talento que no puede ser enseñado, entonces la clase debería irse.

Podrían ocupar el espacio para algo mejor, como la alquimia.

—La alquimia es de nivel EXTASIS —le aclaró Harry—.

Solo se da en Hogwarts cuando más de tres estudiantes se interesan en aprenderla.

Y eso solo si todos los interesados obtienen notas máximas en pociones, transfiguración, encantamientos, astronomía, herbología, aritmancia y runas.

Hermione lo sabía, por supuesto.

Y también, gracias a Hogwarts, una historia, sabía que no había sido impartida en el colegio desde hacía más de cien años.

—¿Has investigado al respecto?

—le preguntó Hermione, cada vez más interesada en todos los detalles que Harry sabía al respecto.

—Mamá quería tomar la clase, pero no había suficiente interés.

Y tras graduarse, bueno, con la guerra en pleno apogeo, era difícil que los nacidos muggle consiguieran a un maestro interesado en arriesgarse.

No había muchos en Reino Unido que no temieran a las represalias de los mortífagos.

Hermione frunció el ceño con molestia.

Era el tipo de detalles del Mundo Mágico que no terminaban de agradarle.

Desde el incidente con Draco en segundo año, había prestado un poco más de atención a los otros estudiantes.

Para su sorpresa, esa discriminación parecía no ser solo de Slytherin.

A veces incluso entre los Gryffindor notaba cierto desdén hacia los estudiantes nacidos muggle.

También notó cierta condescendencia hacia aquellos que seguían manteniendo las tradiciones muggles tras ingresar al mundo mágico.

No era tan marcado como entre los Slytherin, pero seguía siendo preocupante.

Todo esto lo notó especialmente evidente con la afición al duelo por parte de Harry y Neville, la cual era vista con burla o incluso molestia por sus compañeros criados completamente en el Mundo Mágico.

Incluso Charlus, siendo hermano gemelo de Harry, mostraba esa actitud hacia el juego muggle y sus participantes.

15 La apelación de Hagrid falló y el hipogrifo fue condenado a muerte.

La ejecución se programó justo la tarde del día del último examen del año.

Harry, Charlus, Neville, Ron y Hermione fueron a verlo, solo para que su amigo semigigante los echara.

No quería que vieran aquello.

Harry y Neville decidieron volver de inmediato al castillo.

El Club de Duelistas tendría una reunión esa tarde para relajarse después de los exámenes con un pequeño torneo.

Harry estaba terminando su último duelo cuando sintió mucha inquietud.

Terminó rápidamente con un combo no muy espectacular, pero al menos efectivo, y luego salió del aula lo más pronto posible, seguido por Neville.

—Harry, ¿qué pasó?

—No sé, solo… —suspiró—.

Siento que algo está mal.

Ya había oscurecido y la luna llena brillaba con todo su esplendor sobre el castillo.

Entonces lo escuchó: un aullido que le hizo encogerse de miedo.

Harry corrió, siguiendo su instinto, el mismo que le había guiado en sus dos enfrentamientos con Voldemort.

Llegó a la enfermería y para su sorpresa encontró a Charlus inconsciente, mientras una llorosa Hermione estaba junto a su cama, siendo consolada por Ron.

—¿Qué sucedió?

—preguntó tras pasar un minuto tratando de encontrar las palabras.

Ron alzó la cabeza y lo miró con furia.

Tenía los ojos enrojecidos por el llanto.

—Pettigrew —gruñó por lo bajo.

Harry sintió que sus piernas no podían sostenerlo.

Afortunadamente, Neville se dio cuenta y lo ayudó a sentarse en una de las camas.

Harry miró a su hermano, inconsciente en la cama, y sintió que su pecho se apretaba.

—Él está… —comenzó Harry, pero no pudo terminar.

Hermione negó con la cabeza.

—No está muerto.

—Su voz salió ronca y congestionada por el llanto—.

Recibió una maldición, pero… despertará pronto.

—Lo último lo dijo en voz baja, como si en realidad estuviera repitiéndolo para convencerse de que sería así.

Harry asintió lentamente, no muy convencido.

Las puertas de la enfermería se abrieron y entraron la profesora McGonagall, el profesor Dumbledore, Madame Pomfrey y Snape.

—Señor Weasley, Señorita Granger —habló la profesora con un tono de voz que carecía de la severidad usual; luego reparó en los otros dos alumnos allí—.

Señor Potter, señor Longbottom, me temo que tendré que pedirles que salgan.

Al ver que parecía que querían replicar, Madame Pomfrey intervino con su voz de medimaga severa: —Deben dar espacio al profesor Snape para revisar el estado del Señor Potter.

Harry asintió lentamente.

Tal vez Snape fuera un profesor odiado por los estudiantes en general, excepto Slytherin, y uno que los odiaba especialmente a ellos, pero sabía que era posiblemente el mejor allí para tratar con una maldición… Sobre todo si era magia oscura.

Aunque eso le hizo preguntarse dónde estaba Remus.

No podía creer que Charlus estuviera en la enfermería y él no estuviera allí.

Por supuesto, el aullido que escuchó cuando iba hacia ese lugar era toda la respuesta que necesitaba.

Los cuatro se recargaron en el muro fuera de la enfermería.

Los adultos sellaron la puerta con magia y lanzaron hechizos de privacidad.

—¿Qué sucedió?

—preguntó Harry.

—Tal vez si hubieras estado allí, en lugar de… —¡Ronald!

El pelirrojo refunfuñó por lo bajo.

Mientras Harry sólo quería hacerse pequeño.

Hermione se secó las lágrimas antes de responder.

En pocas palabras, Pettigrew se las arregló para pasar a los dementores y entrar al colegio.

Secuestró a Charlus y lo llevó a la Casa de los Gritos a través de un túnel secreto bajo el Sauce Boxeador del jardín.

El profesor Lupin llegó a rescatarlos, y logró, con ayuda de Charlus, detener a Peter Pettigrew.

Desafortunadamente, era luna llena y Remus olvidó tomar su poción.

Fue una suerte que el profesor Snape llegara a tiempo y lanzara una maldición de conjuntivitis al hombre lobo, lo cual lo distrajo lo suficiente para que ellos escaparan.

Para su mala suerte, esto también dio tiempo a Peter de escapar, no sin antes arrojar una maldición a Snape, la cual golpeó a Charlus por error.

16 Charlus despertó dos días después.

Por suerte, la maldición, lo que fuera, pudo ser revertida.

Sus padres estaban allí, al igual que Harry, el tío Sirius y su padri… Remus.

Pero no sabía cómo sentirse al respecto de esto último.

No después de lo que Peter le había dicho.

La verdadera razón por la que Voldemort los atacó, la razón por la que él tuvo que venderlos al enemigo.

—¡La voluntad de la Luz es su muerte!

—dijo—.

Voldemort solo era un peón.

Pero, Charlus, no tienes que morir.

¡La Luz me lo ha dicho!

Mi querido ahijado, ¿no lo ves?

¡Es Harry quien debe morir!

Y debe hacerlo antes de que la Oscuridad logre consumirlo completamente.

Peter debía de estar loco.

¿Harry un mago oscuro?

¿Voldemort únicamente buscaba eliminar competencia?

No tenía sentido pensar que Harry… Por supuesto, él no dijo nada de esto a sus padres o a sus profesores.

Eran los desvaríos de un loco que estuvo demasiado tiempo expuesto a los dementores.

No había razones para preocuparse, ¿verdad?

Sin embargo, dentro de él otra idea se estaba desarrollando: si resultaba que había algo de verdad en lo dicho por Peter, entonces correspondería a él lidiar con Harry si este se iba por el lado oscuro.

Harry era su hermano, pero él era el niño que vivió.

Su deber era proteger al Mundo Mágico de los magos oscuros, incluso si el enemigo en cuestión era su hermano gemelo.

Lejos de allí, la Luz de la Destrucción sonrió satisfecha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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