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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 La noche de los espíritus I
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21: La noche de los espíritus (I) 21: La noche de los espíritus (I) 1 La tarde del sábado, Harry regresó a su dormitorio tras una comida tardía.

Solo cinco estudiantes, además de él, todos ellos de tercer año, permanecían en el dormitorio amarillo durante las vacaciones.

El lugar se sentía muy vacío y solitario; y sin Daichi allí, no había nadie con quien hablar.

Entró a su habitación y se dirigió hacia su escritorio.

Su mochila estaba colgada en el respaldo de su silla.

Sacó sus cuadernos, libros y útiles escolares; y los apiló de forma ordenada sobre el escritorio.

Luego, se dirigió al armario y comenzó a sacar unos pocos cambios de ropa.

Como estaban de vacaciones, no era necesario llevar el uniforme todo el tiempo.

—¿Qué haces?

—le preguntó Curan, apareciendo sentada en la orilla de la cama.

Harry notó que el colchón se había hundido como si hubieran puesto peso real sobre él.

—Tomaré la palabra de Judai, e iré a visitarlos al dormitorio Osiris, aunque sea por este fin de semana.

De todas formas, tengo que estar allí para llevar a cabo nuestro plan esta noche.

Comenzó a guardar la ropa en la mochila, luego fue al baño en busca de sus artículos de aseo personal.

—Te ves mucho más sólida —comentó mientras salía.

—Unas pocas horas más y el velo entre los mundos desaparecerá por completo.

En cuanto caiga la noche, podré tener cuerpo físico en este mundo.

Pikeru apareció, también sobre la cama, asintiendo con fuerza confirmando lo dicho por su hermana.

—Es una lástima que haya tan pocos estudiantes en la isla —suspiró el mago blanco—.

No habrá suficiente energía de duelo para que todos puedan vernos.

Harry se echó la mochila al hombro, tras comprobar que no olvidaba nada, y luego se dirigió hacia la puerta.

Los dos espíritus se volvieron más transparentes, pero no desaparecieron del todo, y siguieron a su maestro de cerca.

—Pensé que las dos encontraban aburrido seguirme en el día a día.

—Son vacaciones —le recordó Curan—.

Dudo que vayan a estudiar.

—Tal vez lo hagamos.

Los exámenes parciales son a mitad de mayo.

—No empacaste libros ni cuadernos —continuó Curan sonriendo con triunfo.

Harry negó con la cabeza, y por el rabillo del ojo vio que Pikeru no estaba muy de acuerdo con la actitud de su hermana.

Por momentos hacía una expresión de molestia mezclada con exasperación que le recordaba a Hermione, cuando ella regañaba a Ron y a Charlus por no hacer sus deberes o prepararse para un examen.

No pudo evitar sentir una punzada de nostalgia y dolor.

Le encantaba estar en la Academia de Duelos, pero también le habría encantado poder continuar en Hogwarts.

No se arrepentía de haber elegido a la Academia, lo que le pesaba era que, al final, el destino no le dio la oportunidad de elegir por sí mismo.

Ahora que pensaba en Hogwarts, se preguntó cómo le estaría yendo a Charlus.

¿Estaba ya listo para la última prueba del torneo?

¿Habían descubierto ya quien había echado los nombres de ambos en el Cáliz de Fuego?

Las cartas que había recibido de Hermione no eran muy específicas respecto detalles del torneo.

No podía dar muchos detalles, no sin arriesgarse a llamar mucho la atención.

Harry no recibía correo en lechuza por ese motivo, así que Hermione enviaba las cartas a sus padres, quienes se ocupaban de escanearlas y enviarle el archivo de imagen por correo electrónico.

Por supuesto, los señores Granger confiaban en su hija y nunca revisarían su correo, pero aun así era mejor estar seguros con temas tan delicados.

Sus charlas con sus padres, su padrino y su tío Remus, a través de vídeo llamadas, tampoco le decían mucho.

Entre el hecho de que no podían hablar tanto tiempo como quisieran, y que sus padres no querían tocar esos temas con él, Harry a veces sentía que estaba siendo dejado por completo al margen de lo que pasaba en su familia.

«No es que tú seas muy honesto con ellos», se recordó.

No podía llegar y hablarles sobre los espíritus de duelo, la guerra que se avecinaba en ese mundo desconocido para todos —salvo para unos pocos duelistas—, y mucho menos explicar que estaba planeando aliarse con alguien que representaba a la misma oscuridad.

Por más que se recordara que no era la misma oscuridad de la que había escuchado hablar durante toda su vida, le era un poco complicado separar eso de los prejuicios en los que había sido criado.

Si era así para él, quien gracias al duelo estaba más que dispuesto a creer que la oscuridad no era lo que los magos creían, no quería pensar en cómo lo tomarían personas como Dumbledore o su familia, los máximos representantes del «lado de la Luz» en la Gran Bretaña Mágica.

Mientras pensaba todo esto, Harry salió del edificio de Ra, y siguió el sendero que el GPS de su PDA —el dispositivo electrónico que recibían todos los estudiantes de la Academia, y que hacía de horario escolar, agenda, teléfono, servicio de correo y hasta simulador de duelo, todo en uno— le indicaba como el camino al dormitorio Osiris.

Resultó ser el mismo camino que iba hacia los muelles, sólo que se bifurcaba a la mitad, entrando por un sendero del bosque.

Salió del bosque cerca de un acantilado y se detuvo en seco.

—¿Eso es el dormitorio de Osiris?

—cuestionó Curan con un tic en su ojo derecho.

—Quien sabe, tal vez sea más cómodo por dentro de lo que se ve por fuera —dijo Pikeru, dando el beneficio de la duda a tan desvencijado edificio.

—Las pocilgas que construyen los Ojama se ven mucho mejor que… esa cosa.

—Bueno, ya estamos aquí —las interrumpió Harry.

En cierto sentido, el lugar le recordaba a la Madriguera, el hogar de los Weasley, salvo que dudaba que el dormitorio Osiris se mantuviera en pie debido a la magia.

Caminó el tramo que le faltaba para llegar al dormitorio.

Luego, fue hacia las puertas correderas en la habitación a la derecha del edificio, en el extremo opuesto a las escaleras.

Judai y Neville le habían dicho que pasaban el tiempo allí cuando la tienda de cartas de la señorita Tome estaba cerrada.

—Sólo abre la puerta —le había dicho Judai un par de horas atrás—.

De todas formas, la cerradura no funciona.

Comprobó que eso era cierto.

Aunque, no era que la cerradura no funcionara, directamente la puerta no tenía una.

No que la necesitara, al ser una puerta corredera tradicional japonesa.

De hecho, todo el edificio estaba construido con una arquitectura más japonesa, a diferencia del estilo europeo de los otros dos dormitorios.

Los de Obelisco directamente parecían dos castillos franceses de lujo.

Y el edificio principal parecía una especie de templo, en especial por los obeliscos que adornaban la espada principal, y la fachada.

—¿Hola?

—saludó tras abrir la puerta.

Neville, Judai, Sho y Hayato estaban allí, jugando un duelo de todos contra todos.

—¡Harry!

—lo saludó Judai alzando la cabeza desde su lugar—.

¿Quieres jugar?

Casi acabamos esta ronda.

Entre más seamos, mejor.

—Seguro —aceptó mientras se acercaba a ellos.

Hayato frunció el ceño con sospecha.

Un gesto que a Harry no le extrañó mucho: el pobre chico había repetido dos veces su primer año, y estaba acostumbrado a que los estudiantes de Ra y Obelisco sólo fueran por allí para burlarse de los Osiris, en especial de él.

—¿Por qué hay dos niñas con cosplay de Mago Blanco Pikeru y Mago de Ibano Curan contigo?

Harry lo miró sorprendido.

Sho y Judai parpadearon en la dirección de su compañero de habitación; Neville pasó la mirada entre Harry y Hayato, y viceversa, como en un partido de pingpong.

—¿Puedes verlas?

—le preguntó Harry.

—¿Ver qué?

—cuestionó Sho, mirándolo con el ceño fruncido.

—¡Puede vernos!

—exclamó Curan.

Judai miró en dirección a Harry, inclinando la cabeza con curiosidad.

—¿Ustedes no las ven?

—les preguntó Hayato a sus amigos, sorprendido—.

¡Son idénticas a las cartas!

—Claro que somos idénticas, chico Koala, ¡somos las únicas e insuperables princesas de la Profecía!

—Perdona a mi hermana, joven duelista, consume mucha azúcar y todavía no se ha tomado su medicina.

Curan le dio un puntapié en el tobillo, lo que la hizo chillar de dolor.

—¿Cómo…?

—cuestionó Hayato, procediendo a abrir y cerrar la boca como pez fuera del agua.

Judai se rascó la cabeza cada vez más confundido, luego, se llevó los dedos pequeños a los oídos e hizo un movimiento como si estuviera tratando de limpiarlos.

—¿Te sientes bien, Aniki?

—le preguntó Sho preocupado.

—Creí escuchar un murmullo.

Curan centró su atención en él, mirándolo fijamente.

Luego, sin previo aviso, se trepó a la mesa de un salto, se paró en cuclillas frente a Judai y lo miró aún con más intensidad, a escasos diez centímetros de su cara.

—Eso es grosero —la regañó su hermana.

Curan la ignoró, procediendo a alzar su mano derecha, para chasquear sus dedos justo frente al Osiris.

Harry miró a Judai con mucha atención, mientras que Neville le dirigía una mirada curiosa.

Hayato, un poco más recuperado de su impresión inicial, tenía la mirada fija en la pequeña maga sobre la mesa.

Sho seguía confundido.

Judai parpadeó un par de veces.

—¡Vamos, concéntrate, deberías poder verme!

—gritó Curan con exasperación.

—Curan —musitó Pikeru en un tono de tristeza.

—¿Qué está haciendo?

—preguntó Hayato a Harry, cada vez más confundido.

—Quiere que Judai la vea.

—¿Ver a quién?

—preguntó Judai igual de confundido que Hayato.

—La niña con cosplay de Curan frente a ti.

Una vena de furia se dibujó sobre la cabeza de Curan.

—¡Qué no es un cosplay, tú… tú… apestoso cara de Des Koala!

Judai entrecerró los ojos.

Por un momento, estaba seguro de que algo había parpadeado frente a él.

Creyó ver una silueta de algo o alguien.

Sintió el pinchazo de la migraña.

«Lo estás imaginando», susurró la misma voz en su cabeza que normalmente le recordaba las cosas en las que no quería pensar: cómo tomarse sus medicinas, o recordarle que sus padres aparecerían por la Academia en cualquier momento, para cortarle la poca libertad que había obtenido al escaparse hacia allí.

Curan volvió a centrar su atención en Judai.

Pikeru, todavía de pie al lado de Harry, sintió un escalofrío y luego jaló el pantalón de su maestro para llamar su atención.

—Hay algo muy malo en él —susurró.

Harry notó el temblor de miedo y la preocupación en el espíritu de blanco.

—No me gusta esto, Harry.

¡Tenemos que ayudarlo!

Curan decidió probar otro enfoque: alzó sus manos y las posó sobre las mejillas de Judai.

El chico cabeza de Kuriboh entrecerró los ojos.

—¿Quién está aquí?

—preguntó.

Habría jurado que unas pequeñas manos acababan de tocarlo.

«Imaginas cosas.

Debe ser por ignorar tus medicinas.

Deberías ser un niño bueno, Judai.

Los niños buenos no desobedecen a sus padres».

Curan apartó las manos de las mejillas de Judai, como si algo la hubiera quemado.

Pikeru, cada vez más asustada, se escondió detrás de Harry, como un niño tímido oculto detrás las piernas de su padre.

Judai se llevó la mano derecha a la cabeza, como si eso pudiera calmar la migraña que por momentos se hizo insoportable.

Cada vez más le era más complicado ignorar la voz en su cabeza, instándole a ir a buscar sus pastillas.

—¡Busca a Necroshade!

—gritó Pikeru de pronto.

Curan no perdió el tiempo, reunió toda la energía de duelo que pudo para poder tocar las cartas, y comenzó a buscar en la mesa, donde todavía estaba el mazo de Judai.

Sho saltó hacia atrás, casi cayendo de su silla, al ver como las cartas de Judai se movían solas, como si alguien estuviera buscando algo allí.

Un trueno resonó afuera.

Curan encontró la carta, alzó al monstruo y lo colocó en la mano izquierda de Judai.

El chico lo sostuvo, y de inmediato sintió que el dolor disminuía, y la molesta voz se retiraba.

Sho soltó un grito cuando la puerta corredera de la cafetería estalló en pedazos.

Las miradas de todos se dirigieron hacia el ruido.

Sobre los restos de la puerta, tratando de ponerse de pie de forma trabajosa, con las manos llenas de cortadas por los vidrios y las astillas, se encontraba un estudiante de Obelisco.

2 —¿El profesor Daitokuji?

¿Dónde está?

—preguntó el estudiante de Obelisco muy asustado.

Sho, escondido detrás de Hayato, se asomó un poco.

Curan y Pikeru desaparecieron, lo que hizo que Hayato parpadeara con la confusión reflejada en su rostro.

Harry y Neville corrieron a ayudar al estudiante de Obelisco.

Mientras eso pasaba, Judai continuaba sentado, con la carta del «Héroe Elemental Necroshade» todavía en su mano.

El dolor de cabeza había disminuido de nuevo, y la molesta voz en su cabeza se había convertido en un murmullo lejano.

Con sus manos temblorosas, recogió el resto de sus cartas.

Durante los últimos años, desde que se reencontró con el duelo, habían sido un salvavidas para él.

—¿Qué sucede aquí?

—la voz preocupada del profesor Daitokuji llenó la habitación.

Acababa de llegar desde su oficina.

Neville y Harry habían ayudado al estudiante a sentarse en una de las sillas.

—¡Profesor!

—lo llamó el chico aliviado.

—¿Joven Takadera?

¿Qué sucede?

—Yo… necesito su ayuda.

—Otro trueno resonó, haciendo que el joven se estremeciera de miedo—.

Él me está persiguiendo… Takadera les contó lo ocurrido.

Él y otros dos compañeros de Obelisco, Isaka y Mukouda, intentaron llamar a un espíritu de duelo, después de que escucharan sobre ellos en su clase de «Fundamentos mitológicos del duelo», una clase opcional que el profesor Daitokuji impartía a partir del segundo grado.

—No pensamos que de verdad fuera a funcionar… —¿Es posible eso?

—preguntó Sho con voz entre incrédula y asustada—.

¿Invocar un espíritu de duelo?

—Lo es —respondió el profesor, mucho más serio de lo normal—.

Lo que no entiendo, es como lograron encontrar el ritual para hacer algo como eso.

Takadera se estremeció ante el tono de reprimenda del profesor.

—Amazon —murmuró—.

Una tienda gótica en Amazon.

Daitokuji soltó un largo suspiro.

—Por supuesto, internet.

Hayato abrió la boca para decir algo, antes de que otra cosa llamara su atención.

Era Curan, de pie detrás de Harry, sacándole la lengua.

El chico cerró la boca y no dijo nada.

—¿Qué espíritu invocaron?

—preguntó Neville al estudiante de Obelisco.

Un trueno resonó de nuevo.

Las luces parpadearon un momento, y al instante siguiente, Takadera había desaparecido.

—¿Qué sucedió?

—preguntó Hayato.

Sho se había ocultado de nuevo detrás de él.

Judai se puso de pie de un salto, con el disco de duelo listo y sus cartas fuertemente sujetas a su mano derecha.

«Tu mazo es tu mejor arma, nunca lo dejes atrás», escuchó una voz en su cabeza.

Era diferente a la usual, se sentía más como una memoria reprimida que surgía de nuevo, pero no podía recordar quien se lo había dicho.

Escuchar esa voz hizo que por un momento se paralizara, una nostalgia y una tristeza muy grandes lo invadieron.

Tenía la impresión de que había olvidado a alguien a quien nunca debió olvidar, alguien que debía de ser lo más importante en su vida.

El grito de Sho asustado lo hizo reaccionar.

Neville y Harry habían extendido también sus discos de duelo, mientras el profesor Daitokuji estaba de pie frente a Hayato y Sho, como si quisiera protegerlos de alguien.

Se dieron cuenta de quien, o más bien que, de inmediato: fuera del dormitorio, había una figura muy alta, de unos tres metros de altura; vestía una gabardina oscura, y un sombrero que impedía ver su rostro.

Takadera estaba frente a él, flotando como si unos brazos invisibles lo sostuvieran.

—¿Tú eres el espíritu?

—cuestionó Harry al ser detrás del dormitorio.

Dos orbes rojos brillaron bajo el ala del sombrero.

La criatura parpadeo como un televisor con estática, y luego desapareció llevándose al estudiante de Obelisco con él.

—¿A dónde se fue?

—preguntó Sho cada vez más asustado.

Judai salió corriendo.

No sabía por qué, pero podía sentir a donde había ido el extraño ser.

No paso mucho tiempo, antes de que fuera consciente que los otros habían echado a correr también detrás de él.

Se internaron en el bosque, a través de uno de los senderos que estaban prohibidos para los estudiantes.

Pronto vieron por qué: el camino terminaba justo en la planta eléctrica de la isla.

Takadera estaba tendido en el suelo, en medio de los transformadores.

El ser que lo había llevado allí no parecía estar por ninguna parte.

Hasta que un trueno retumbó en el área, dejando ver su silueta en medio de otros dos transformadores.

Lo siguiente que pasó duró sólo unos segundos, pero para todos se sintió como minutos.

La criatura alzó sus manos, reuniendo una bola de energía allí que disparó en dirección a los estudiantes y su profesor.

Neville, más por auto reflejo que otra cosa, sacó la varita que siempre llevaba oculta bajo su manga derecha.

En esa situación de peligro, le daba igual romper el estatuto del secreto.

Claramente, todos morirían si no hacía algo.

—¡Protego!

El escudo normalmente invisible brilló en color rojo al absorber el ataque enemigo.

—¡Buen trabajo, joven Longbottom!

—lo felicitó el profesor Daitokuji—.

Si estuviéramos en Hogwarts, le habría dado cincuenta puntos a su casa.

Harry y Neville miraron al profesor, quien simplemente les sonrió de forma enigmática.

—¿Quién eres?

—exigió saber Judai al espíritu.

Un nuevo relámpago en el cielo les reveló que se trataba del monstruo Jinzo.

Harry sintió todo muy surrealista, cuando el espíritu explicó toda su historia de cómo planeaba robar la energía de duelo de sus invocadores, para finalmente obtener un cuerpo físico y buscar la venganza contra el causante de su estado actual.

No pudo evitar pensar en Tom Riddle, hablando con pelos y señales sobre sus planes, completamente seguro de que nadie podría detenerlo.

¿Qué extraña patología mental sufrían los villanos que necesitaban por fuerza regodearse en sus planes malignos?

—¡No dejaré que lo hagas!

—gritó Judai—.

¡Te desafío a un duelo!

Jinzo soltó una carcajada metálica.

—Ya veo, eres el Heraldo, pero estás débil.

¿Qué puedes hacer contra mí en tu estado actual?

Con gusto absorberé tu energía de duelo y le daré un mejor uso.

—¿Heraldo?

—preguntó Judai extrañamente nostálgico por escuchar dicha palabra dirigida a él—.

No sé de qué hablas, sólo sé que trataste de herir a mis amigos, y no dejaré que te salgas con la tuya.

—¿Es buena idea dejar que haga esto?

—preguntó Sho asustado.

—Si lo que dicen los viejos mitos que han llegado a nosotros sobre el duelo es cierto, Jinzo no puede sino aceptar el desafío —explicó el profesor—.

Para ellos, los duelos son una cuestión de honor, en dónde se juegan la vida y la muerte.

Sho se giró para ver a Judai.

—¡Espera, Aniki!

Demasiado tarde: ambos duelistas ya habían sacado sus manos iniciales, el duelo había comenzado.

El duelo que siguió fue posiblemente el más tenso que experimentaron hasta ese día.

Jinzo, como buen monstruo insignia del estilo Psycho Art, usaba un mazo centrado en impedir que el oponente jugara con trampas invocándose a sí mismo.

Además, usaba la carta mágica «Ectoplasmador» para obligar a los jugadores a sacrificar uno de sus monstruos al final del turno, con el fin de infligir como daño a los puntos de vida la mitad del ataque original del monstruo sacrificado.

Jinzo no temía sacrificar su copia de sí mismo para hacer daño a Judai, ya que empleaba tres copias del monstruo «Jinzo – Retornador» para revivirse a sí mismo desde el cementerio.

—Esperaba mucho más del Heraldo —se burló Jinzo cuando a Judai sólo le restaban cien puntos de vida.

El joven de Osiris respiraba de forma pesada.

Casi todo su cuerpo se había desvanecido al ir perdiendo su energía vital, y los choques eléctricos constantes de los ataques psíquicos de Jinzo le estaban pasando factura.

—No voy a rendirme —aseguró Judai, mientras robaba su última carta.

Se podría decir que fue un verdadero milagro, cuando activó «Fusión Milagrosa» para invocar a «Héroe Elemental de la Llama Wingman», tras usar un siempre confiable «Tifón del Espacio Místico» para librarse del «Amplificador» que le permitía a Jinzo activar sus propias cartas de trampa, incluso cuando él mismo estaba en el campo.

Todo terminó con una combinación clásica usando a «Rascacielos» para dar poder a su héroe logrando superar el ataque de Jinzo.

El cuerpo de Judai volvió a hacerse visible, mientras Jinzo desaparecía jurando venganza, como buen villano ocasional.

Por fortuna, los otros dos estudiantes desaparecidos volvieron con la derrota del espíritu.

Judai alcanzó a girarse, para hacer a sus amigos una señal de triunfo, antes de desplomarse en el suelo.

—¡Aniki!

—alcanzó a escuchar el grito de Sho, antes de que la oscuridad se tragara al mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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