Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 La noche de los espíritus II
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22: La noche de los espíritus (II) 22: La noche de los espíritus (II) 3 Judai sabía que estaba inconsciente.
De una forma instintiva, entendía que el duelo con Jinzo le había quitado mucha de su fuerza.
Además, tenía muchas preguntas en su mente: ¿qué había sucedido esa tarde en la cafetería?
¿De verdad había dos espíritus de duelo allí?
Hayato los mencionó, y también Harry.
Ellos no mentirían o harían una broma pesada al respecto.
Y estaba lo que Jinzo le había dicho: lo había llamado Heraldo.
La palabra despertó un sentimiento extraño, e hizo que la voz en su cabeza gritara.
Judai la ignoró.
Jinzo no dudaría en lastimar a sus amigos.
Daba igual si creía o no en Juegos de lo Oscuro o espíritus de duelo, la amenaza enfrente de ellos era real, y todos sus instintos le gritaban que su deber era proteger a sus amigos de esa amenaza.
Ya habría tiempo después para preocuparse por cuál era la verdad detrás de lo que estaba pasando.
Judai no podía permitirse perder a sus amigos, ahora que por fin los tenía.
Eso fue lo que pensaba en los momentos del duelo.
Siempre fue el paria en la escuela, el chico que trataba de hacer amigos, pero del que todos se alejaban como si tuviera una enfermedad contagiosa.
Intentó participar en deportes, pero las medicinas del doctor Kogami eran tan fuertes que lo convertían en un zombi, que no podía hacer nada y eventualmente era sacado de los equipos.
Y luego, mientras buscaba en el armario los viejos álbumes de fotos de sus padres, para una tarea sobre la historia de su familia, encontró una vieja caja de zapatos llena de cartas de duelo.
Recordó que el Duelo de Monstruos había sido algo muy importante para él en el pasado; pero no podía recordar cuándo o por qué.
«Judai, naciste para el duelo.
Es parte de tu naturaleza».
Era la misma voz que había escuchado antes en sus recuerdos.
La voz de la persona a quien había traicionado.
¿Quién era esa persona?
Incluso inconsciente, sintió las lágrimas correr por sus mejillas.
Quería recordar a esa persona, no, necesitaba recordarla; pero el simple esfuerzo hacía que el dolor incrementara, y la otra voz en su cabeza reía a costa de él.
«Si no puedes recordarla, entonces no es alguien importante», dijo en un falso tono comprensivo.
«¡Claro que lo es!», quiso replicar, pero el dolor ahogó sus pensamientos.
«¿Quieres que el dolor se vaya?», preguntó la voz.
Judai quiso responder de nuevo, pero justo en ese momento, una sensación de paz lo invadió y por fin pudo descansar.
Lo último que creyó oír antes de que su consciencia se apagara, fue algo que sonó como un «Kuri».
4 En cuanto Judai se desplomó, sus amigos corrieron a ayudarlo.
El profesor Daitokuji les pidió que hicieran espacio, mientras se agachaba y revisaba sus signos vitales.
—Todavía respira y tiene pulso —dijo aliviado, antes de ir a comprobar a los otros tres estudiantes, quienes comenzaban a despertar—.
Muy bien, hay que llevar a todos al ala del hospital.
Harry hizo una mueca de resignación.
Detestaba la enfermería de Hogwarts, no imaginaba que con la de la Academia fuera a ser muy diferente.
El profesor Daitokuji sacó su propio PDA y envió un mensaje rápido a su colega, Emi Ayukawa, para avisarle que iba en camino con cuatro estudiantes heridos, uno de ellos muy grave.
Hayato cargó a Judai en su espalda y salió corriendo en dirección a la Academia.
Harry, Neville y Sho ayudaron a los tres estudiantes de Obelisco, y salieron del bosque guiados por el profesor Daitokuji.
Una hora más tarde, los cuatro estudiantes sanos esperaban sentados fuera de la enfermería, mientras Daitokuji hablaba en voz baja con el director a unos metros de ellos.
La profesora Ayukawa había declarado a los tres Obelisco fuera de peligro, aunque les había dado un sedante a fin de que descansaran tras su experiencia.
Sobre Judai no había noticias, pero por su expresión, no era algo bueno.
—Todavía no entiendo mucho de lo que pasó hoy —dijo Sho con un tono confundido.
Harry no pudo evitar sonreír un poco cuando vio a un pequeño espíritu con forma de bicicleta, para un niño de cuatro o cinco años, frotarse contra la pierna del estudiante de Osiris como un cachorro, incluso cuando su dueño no podía verlo o sentirlo.
Hayato parpadeó un par de veces cuando notó al espíritu, luego se encogió de hombros.
Neville daba vueltas a su varita entre sus dedos, mirando nervioso en todas direcciones, como esperando que en cualquier momento algún destacamento de aurores japoneses fuera aparecer para arrestarlo.
—Muy bien, chicos —les habló el director—.
Sólo quiero que me confirmen algunos hechos y luego podrán irse a descansar.
—¿Judai estará bien?
—preguntó Sho.
—La profesora Ayukawa hará todo lo que pueda por el joven Yuki.
Harry asintió con la cabeza, aunque no era lo que quería escuchar.
El director les hizo algunas preguntas, y las respondieron lo mejor que pudieron.
Neville estaba muy nervioso cuando le tocó confirmar su participación en todo el desastre de esa noche.
—Créame, joven Longbottom, eso no es lo más raro que he visto en esta Academia.
—No había señal de que fuera una broma.
Neville asintió con la cabeza.
Mientras salían del ala del hospital, Neville le hizo una señal a Harry para que se apartaran un poco.
—No deberías sentirte mal, hiciste lo mejor que podías.
—No me arrepiento, es sólo que no puedo sacarme de la cabeza la idea de que en cualquier momento vendrán a arrestarme.
Harry podía entender eso.
—Japón nunca firmó el estatuto del secreto —le recordó—.
Hasta donde sabemos, no hay un gobierno mágico separado del muggle en este lugar.
Y si lo hubiera, ya habría dado señales de aparecer.
Sabes que a un mago no le costaría ni dos minutos llegar a esta isla.
Neville sonrió a su amigo, un poco más tranquilo.
—Sólo una cosa más, ¿por qué tienes tu varita?
—Bueno, salí de Hogwarts voluntariamente, así que el Ministerio no puede prohibirme usar una.
La abuela me quitó la varita de mi padre, así que el tío Algie me compró una nueva.
Dijo que no pensaba enviarme a una escuela tan lejos sin algo de protección.
Harry le dio la razón en eso al tío de Neville.
—Además, creo que luego de esta noche, de verdad veo porque el profesor Moody ve enemigos hasta en el agua que le sirven para beber.
—Sólo no vayas por allí gritando: «¡Alerta permanente!» —le pidió Harry riendo.
Los dos chicos siguieron a sus amigos para dirigirse al dormitorio Osiris.
Pikeru y Curan, caminaban al lado de Harry con miradas tristes.
Por culpa de esos humanos tontos, habían perdido la oportunidad de hablar con los héroes sobre el Heraldo.
Peor que eso, el Heraldo casi muere estando ellas allí.
Su madre iba a reprenderlas muy duro cuando se enterará de eso.
5 Si había una cosa que la Academia de Duelos no soportaba, era el abuso contra los niños a los que acogía.
Seto Kaiba mantenía un séquito de abogados y médicos listos para actuar cuando fuera necesario (si podía evitarlo, ningún otro niño pasaría por lo que él y Mokuba tuvieron que vivir en manos de Gozaburo).
Algo que rara vez sucedía.
La mayoría de los estudiantes eran hijos de personas influyentes, quienes más que abusar de sus hijos los mimaban en exceso.
Algo que Seto Kaiba tampoco veía con buenos ojos, pero al menos la única consecuencia de eso era niños snobs e inmaduros, los cuales no estaban listos para el mundo real, y quienes dilapidaban las fortunas familiares en estupideces una vez que tenían acceso a ellas.
Si esos padres eran tan estúpidos para hacer eso, y esos niños tenían tan poco sentido común como para no aprender de sus errores, y preferían vivir engañados por el mundo color de rosa que les pintaban, le daba igual.
Ya se encargaría la vida de darles una lección.
Otros casos, como el de Jun Manjoume, dónde había una gran presión por parte de la familia, pero sin llegar al extremo de Gozaburo, eran vigilados muy de cerca; pero rara vez necesitaban alguna acción por parte de la rama legal de la Academia.
En especial no contra una familia tan poderosa como los Manjoume.
Cierto, Seto Kaiba era mucho más poderoso (el hombre más poderoso del mundo, dirían algunos), y por eso mismo entendía que debía ser cuidadoso en cómo trataba esos casos.
Normalmente, una pequeña manipulación sutil por aquí y por allá, servía para guiarlos en la dirección correcta, ya fuera para que solicitaran ayuda o que encontraran formas de librarse del control opresivo de sus familias.
Y luego estaban casos como el actual, donde el abuso era detectado por el personal médico, y tenía a una furiosa Emi Ayukawa despertando a sus colegas de la dirección de la Academia, y a los mismos hermanos Kaiba, a mitad de la noche.
Legalmente, un médico no puede romper la confidencialidad con el paciente, pero Seto Kaiba no sería Seto Kaiba si no hubiera encontrado una forma de saltarse cualquier ley que le estorbara.
Y había una cláusula legal en los papeles de admisión, la cual hasta la fecha ningún padre se había molestado en revisar, diseñada específicamente para saltarse eso.
Y mira que algunos de sus alumnos eran hijos de abogados prestigiosos.
Dicha cláusula cedía la custodia de los alumnos al director de su dormitorio, en representación del director de la Academia y la junta escolar.
No una custodia total, sino parcial y en lo que importaba, como discutir un hallazgo médico como el que Emi había hecho en uno de sus alumnos de reciente ingreso (abuso que de hecho legalmente habría reportado con o sin esa cláusula) con sus colegas a fin de determinar qué acciones legales debían seguir.
—Espero que haya una buena razón para despertarme a la una de la mañana —exigió un furibundo Seto Kaiba a través de la pantalla de videoconferencia.
—Uno de nuestros estudiantes está en el ala del hospital ahora mismo —informó la profesora y jefa del personal médico de la Academia Central—.
Su situación es crítica: agotamiento por uso excesivo de energía de duelo, quemaduras por exposición a choques eléctricos y todos los síntomas de haber participado en un Juego de lo Oscuro.
—¿Quién?
—se apresuró a preguntar Mokuba Kaiba, con un tono de voz en extremo preocupado.
—Judai Yuki, de Osiris.
—¡Ese chico!
—gruñó Chronos—.
¿No está inventando esto para saltarse clases?
—Se encogió en su lugar cuando su colega profesora lo fulminó con su mirada.
Su acusación no tenía lógica alguna, menos aún en medio del receso de la Golden Week.
Chronos tragó antes de agregar—: Digo, es un pequeño bribón que no sabe sino causar problemas.
—Me temo que Emi dice la verdad —intervino el profesor Daitokuji en defensa de su estudiante—.
Y no es el único en ese estado.
Los jóvenes Takadera, Isaka y Mukouda están también en el ala del hospital debido al mismo incidente.
Chronos chilló indignado.
—¡Tres de mis Obeliscos están graves y no creyeron oportuno despertarme!
—Se pondrán bien, gracias al joven Yuki —lo interrumpió Emi con cansancio.
Si tan sólo Chronos mostrara el mismo nivel de preocupación por todos los estudiantes—.
Es el joven Judai quien me preocupa.
Por la forma en la que sus labios se fruncieron, Samejima se dio cuenta que el asunto iba más allá de un grupo de estudiantes jugando con la parte mística del duelo.
Cada año, algún estudiante intentaba algo cerca de esas fechas, o en octubre, aquellos que de verdad entendían su clase de «Fundamentos Mitológicos del Duelo» como algo más que una asignatura para obtener puntos fáciles.
Seto Kaiba la habría eliminado, si no fuera por la amenaza de Pegasus y Yugi de retirar su apoyo a la Academia si lo hacía.
—Los chicos deben saber a qué se están enfrentando, incluso si no lo creen —argumentó el Rey de los Duelistas, y Pegasus estuvo de acuerdo.
—¿Qué descubriste?
—fue el profesor Kabayama quien exteriorizó lo que todos pensaban.
Salvo Chronos, quien estaba despotricando en voz baja sobre como el Osiris se lo tenía merecido por arriesgar a sus preciados alumnos.
—Dado las quemaduras de obvio origen en choques eléctricos, tuve que hacerle algunas pruebas para descartar daños internos.
—Emi golpeó la mesa con furia—.
No es conclusivo, hasta que no se realice una prueba neuronal completa, pero creo que el joven Judai fue expuesto a un tratamiento de reasignación de memoria.
—¿Qué?
¿Cómo?
¿Cuándo?
—preguntó Chronos, olvidando sus murmullos sobre un castigo para el «bribón», con más confusión y preocupación en cada pregunta.
—Es, en términos simples, el siguiente paso a las terapias de electrochoques.
Se trata de un tratamiento experimental, desechado por considerarse inhumano el realizarlo en adultos, que básicamente reescribe la memoria completa de una persona utilizando pulsaciones de luz, las cuales permiten alterar casi a voluntad del médico la función neuronal del cerebro.
Y alguien, claramente de forma ilegal, lo realizó con el niño a una edad no mayor de ocho años, a juzgar por lo que vi en la resonancia.
La pantalla a través de la cual Seto Kaiba participaba en la reunión parpadeó, en un claro indicio de una liberación involuntaria de energía de duelo.
—¿Qué tan segura está de eso?
—preguntó el frío empresario con un tono de voz que haría orinarse en sus pantalones a quienes no estaban acostumbrados a tratar con él.
—Un noventa por ciento.
Vi resultados similares cuando trabajé en médicos sin fronteras.
Víctimas de experimentos llevados a cabo con engaños en países pobres.
Antes de que la ONU los declarara ilegales y nos solicitaran ir a hacer un informe de daños.
En el caso del joven Judai, sólo obtuve un resultado parcial arrojado por la máquina de resonancia portátil, pero estoy segura de que en un examen completo veremos mucho más daño del que noté.
Emi suspiró con cansancio.
—Me sorprende que ese chico pueda ser funcional, y de hecho tener duelos con ese nivel de daño.
—Se permitió una sonrisa triste—.
Con las reservas de energía de duelo que tiene, seguramente se ha estado curando el daño de forma inconsciente durante años.
No me extraña que coma tanto y no suba de peso.
Tiene mucha energía que reponer.
Seto Kaiba cruzó los dedos frente a su rostro.
La mirada en sus ojos, incluso a través de la pantalla, fue suficiente para helar la sangre de todos los presentes.
—Profesora Ayukawa, encárguese de su traslado inmediato al hospital privado de Corporación Kaiba.
Use el helicóptero ambulancia y asegúrese de que se realicen todas las pruebas pertinentes para medir la magnitud del daño.
»El resto, quiero que entrevisten a sus amigos más cercanos, al resto de sus compañeros y los profesores.
Quiero un informe completo de cualquier anomalía que pueda ser señal de las consecuencias de esto.
—Pareció pensar un poco más las cosas, y luego agregó—: incluso comportamientos que no parezcan de importancia.
»Esta reunión terminó.
La pantalla parpadeó una vez más, y luego se apagó.
Emi no perdió el tiempo y, junto con Daitokuji, se dirigió al ala del hospital.
El director miró a sus otros dos colegas.
—Bueno, creo que hay que preparar café.
Hay mucho trabajo por delante.
—Ante una situación así, cuanto más rápido se movieran, mejor.
Chronos no se quejó, por el contrario, parecía mucho más serio de lo que nunca lo habían visto.
—Me siento terrible —suspiró por fin—.
Todo este tiempo juzgando al chico, y todo se debe a lo que algún bastardo le hizo.
Su colega, Kabayama, le dio unas palmadas en la espalda amables.
—Tranquilo, todos cometemos errores.
Y, por lo que he notado del joven Judai, no es de los que guardan rencores por detalles como este.
6 Mokuba, suspiró con cansancio cuando vio a su hermano mayor levantarse de la silla.
Estaba en ese modo de fría y calculadora furia que normalmente significaba que estaba listo para destruir por completo a algún rival, o quien lo hubiera insultado personalmente.
—Judai Yuki —repitió el nombre—.
¿Es ese chico que…?
—Sí: a quien Yugi me pidió que vigilara de cerca —confirmó Seto.
Mokuba puso una expresión seria que casi logró igualar a la de su hermano.
Conocía el nombre: era el mismo chico que ayudó, o ayudaría en el futuro, a Kisara a volver a casa tras haber sido secuestrada por ese tipo extraño de nombre Paradox.
Sintió la cabeza del dragón blanco pegarse a él como si fuera un cachorro, así que le dio unas palmadas amigables en el hocico.
Podía decir que Kisara estaba triste tras escuchar lo que estaba pasando con aquel chico que la había ayudado.
—¿Qué vas a hacer, Seto?
—Por lo pronto, tengo que despertar a nuestros abogados.
Los padres —escupió la palabra— o tutores que hayan permitido esto, aprenderán que nadie se mete con Seto Kaiba y sus protegidos.
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