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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Celebración escolar
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29: Celebración escolar 29: Celebración escolar 1 El presentador contratado por Grupo Manjoume terminó la transmisión, tras elogiar la participación de los cuatro estudiantes de la Academia de Duelos, tanto del Campus Central como del Campus Norte: —Si este es el nivel de la generación emergente, no puedo hacer más que emocionarme por lo que nos depara el futuro.

Podemos confiar en que la próxima generación estará a la altura del legado impuesto por los grandes duelistas: Yugi Muto, Katsuya Jonouchi, Mai Kujaku, Rebecca Hopkins y el mismo Seto Kaiba.

Desde la Academia Central, eso es todo.

La señal de corte se dio y el presentador se permitió relajarse.

No era así por parte de sus empleadores.

Chosaku Manjoume miraba en dirección a su hermano menor, mientras este se encontraba reunido con ambos directores, así como con el profesor Chronos y los otros tres representantes de las Academias.

Su expresión era fría e indiferente, aunque por dentro estaba furioso.

Todo lo que deseaba era ir allí y gritar en la cara de Jun.

¿Qué se supone que estaba haciendo su estúpido hermano menor?

Era como si todo su tiempo en la Academia lo hubiera desperdiciado.

Primero en Central, en donde no destacó en lo absoluto durante sus tres meses allí, casi como si hubiera olvidado la parte que le correspondía en el plan de su familia para llegar a la cima del mundo.

Después, tras fracasar en Central, lo convenció de darle otra oportunidad en el Campus Norte.

Su desempeño allí fue mucho mejor, consiguiendo abrirse paso hasta la cima, junto con el chico Andersen.

Fue allí que de verdad comenzaron los problemas.

Desde que Jun entró en contacto con Andersen, cada día parecía que olvida más del camino que habían trazado para él.

No era tonto: se daba cuenta de que Jun estaba forjando su propio camino, uno que lo alejaba de las ambiciones según las cuales había sido criado.

La única razón que tenía para existir como parte de la familia Manjoume era cumplir su parte del plan cuidadosamente trazado por su padre y lo estaba tirando por la borda.

Primero se negó a intentar convencer al huérfano noruego de que le vendiera su legendario mazo de las Bestias de Cristal.

Eso le habría ganado una reprimenda, pero decidió esperar.

El duelo Inter Escolar estaba cerca y no quería arruinar el trato hecho con Seto Kaiba: si el Norte ganaba (algo que jamás había conseguido en su existencia), cedería el control de dicho campus a Grupo Manjoume.

Entonces vino el segundo desaire por parte de Jun, tan sólo unas horas atrás: se negó a luchar con las cartas raras que él mismo consiguió para asegurar su victoria.

En lugar de eso, luchó con esos adefesios deformes y un montón de dragones de rarezas más bajas.

Muy bien, este fue el resultado: derrota.

Esa fue la gota que derramó su vaso: tanto él como Andersen se dejaron humillar por los estudiantes de Central.

Cien Puntos de Vida, todo lo que tenían que hacer era conseguir reducir cien malditos puntos de vida y fracasaron.

Su otro hermano, Shoji, se acercó hasta dónde estaba, prácticamente rechinaba los dientes.

A diferencia de él, nunca fue bueno ocultando sus emociones.

Su incapacidad de mantener la cara de póker perfecta fue lo que llevó a su padre a elegirlo a él, Chosaku, para ocuparse de la política.

Daiki Manjoume sabía muy bien lo que hacía.

Igual que sabía que su hijo menor llegaría a ser un problema.

Ahora, Chosaku se daba cuenta de que debieron escuchar sus últimas palabras en lugar de tomarlas como los desvaríos de un enfermo terminal.

«Debimos retorcer su cuello y hacerlo parecer un accidente».

Ahora era tarde para eso.

El testamento de su madre ya había sido leído.

La mitad de la fortuna familiar estaba en manos de su hermano menor.

Debía de haber escuchado a Shoji cuando le dijo que sobornara a quien fuera necesario para hacerse con una copia del testamento, ese que debía leerse en cuanto Jun lograra ingresar a la Academia de Duelos.

Ahora era tarde, la última voluntad de Misae Manjoume era pública: todo iba a su hijo menor, y si algo le imposibilitaba a Jun el cobrar la herencia a los dieciocho años, todo ese dinero sería donado a diversas universidades alrededor del mundo, para dar becas a estudiantes pobres y las propiedades serían subastadas para ese mismo fin.

—¿Qué hacemos?

—le preguntó Shoji—.

Jun lo arruinó todo de nuevo.

«Retorcer su cuello y tirar el cuerpo al Océano Pacífico», pensó Chosaku.

—Nada.

—¿Lo dejarás salirse con la suya?

—No me entiendes.

No haremos nada más por él.

¿Quiere estar con la basura?

Pues que lo haga.

En lo que a mí respecta, no es más nuestro hermano.

Desde ahora, está por su cuenta.

Chosaku dio media vuelta, mientras sacaba su teléfono celular y marcaba a sus abogados.

No pagarían más por la educación de Jun (desearía poder expulsarlo por completo de la familia, pero a pesar de todo todavía guardaba un poco de respeto por su madre fallecida), ni le permitirían volver a casa.

En lo que a ellos respectaba, Jun Manjoume estaba muerto.

«Retuerce su cuello, entonces en verdad estará muerto».

Sacudió la cabeza.

Una parte dentro de él sabía que, sin importar cuanto odiara el que hubiera arruinado todos sus planes —los planes de su padre—, con el simple hecho de haber nacido, seguía siendo su hermano menor.

La única razón por la que su madre logró seguir sonriendo hasta que la enfermedad la arrebató de este mundo.

—¿De verdad no piensas decirle nada?

—le espetó Shoji.

—¿Frente a tantos testigos?

¿Quieres esa mala publicidad?

Entonces no aprendiste nada de nuestro padre.

Si vas a aplastar a tus enemigos y obstáculos, hazlo en silencio.

En especial si es parte de la familia.

La sutileza ante todo.

Shoji retrocedió un paso.

—Muy bien —aceptó.

Chosaku se permitió una sonrisa interna.

Si tan sólo pudiera controlar a Jun a través del miedo como lo hacía con Shoji.

«Podrías intentarlo, si encuentras el miedo correcto».

Frunció el ceño.

¿Por qué de pronto estaba teniendo ideas como esa?

Ignorando esos pensamientos, comenzó su camino en dirección al muelle.

Shoji lo siguió al poco tiempo.

No tenían más motivos para permanecer en Central, el lugar de su derrota.

Mientras abordaban el helicóptero para regresar a Tokio, Chosaku recibió la llamada de sus abogados.

Tal como lo quería, Jun no recibiría ni un solo Yen más de su parte.

Si quería seguir estudiando, tendría que pagarlo de su bolsillo.

Buena suerte con eso: no recibiría su herencia hasta más tardar dos años.

2 Sin que lo supieran, al mismo tiempo que Chosaku y Shoji retiraban todo el apoyo familiar a su hermano menor, Chieko Yuki, estaba recibiendo una advertencia sobre eso.

Tenía muchos contactos en los círculos en que se movían las familias antiguas del Japón, incluso uno en el despacho que manejaba los asuntos legales de la familia Manjoume.

Sabiendo eso, no le costó más que una simple llamada de cinco segundos para poner todo en movimiento.

El abogado de Misae Manjoume fue avisado de esto y al instante hizo uso del último recurso que su distinguida cliente dejó para su hijo antes de morir: un fideicomiso que pagaría la educación y sus gastos hasta que pudiera cobrar su herencia.

Arreglado eso, la anciana pudo volver a concentrarse en su arreglo floral tradicional.

Las cosas se estaban moviendo muy rápido, justo como Kagemaru pensó que sucedería una vez que su nieto entrara a la Academia.

No le gustaba jugar a la titiritera oculta con su nieto, o con el nieto de su vieja amiga, Ryoko Manjoume, pero esa era la carga que tenían que soportar por heredar sus apellidos y, con ellos, el peso del mundo.

3 Por primera vez desde que se estableció el duelo Inter Escolar entre las Academias Central y Norte, el combate no fue el final de la convivencia.

El director Samejima organizó una especie de festival y luego una cena, que más parecía una fiesta o un baile informal.

Todos los alumnos y personal de Central convivían unos con otros, junto con sus invitados del Norte.

—¿Cómo convenciste a Chronos para que aceptara esto?

—preguntó Ichinose a Samejima muy impresionado por lo que estaba ocurriendo.

Nunca pensó ver a Obeliscos, Ras y Osiris conviviendo unos junto a los otros.

—Supongo que incluso los adultos podemos «madurar» algunas veces —respondió Samejima riendo.

No iba a decirle que se necesitó que uno de sus estudiantes estuviera en un riesgo potencialmente mortal, lo que a su vez llevó a desenmascarar un caso de abuso infantil, para que Chronos dejara atrás algunos de sus muchos prejuicios.

No es que para los de Osiris las cosas cambiaran mucho considerando que, si bien ya no se burlaba de ellos en clase, ahora se había convertido en un profesor estricto decidido a llevarlos a todos mínimo a Ra antes de que terminara el año.

En ese sentido, la fiesta también les servía a los de Osiris para relajarse después de un mes de presión constante para mejorar sus notas.

Samejima miró a Judai, quien estaba recibiendo una reprimenda de Manjoume por haber robado sus camarones fritos, mientras la mayoría de sus amigos sonreían divertidos por la reacción del estudiante del norte, incluso Johan Andersen.

No pudo evitar sonreír él mismo.

El chico necesitaba toda la relajación posible antes de la audiencia en el tribunal familiar de Domino del próximo lunes.

4 Después de la cena, Harry, Neville y Johan aprovecharon la primera oportunidad para conversar entre ellos.

Se alejaron un poco del resto y se sentaron en una mesa apartada de la fiesta.

No es que no apreciaran la compañía de sus otros amigos, pero necesitaban un momento para reconectarse, hablar entre ellos y recordar los viejos tiempos.

De igual forma, aprovecharon para ponerse al tanto sobre cómo iban las cosas en la Academia.

En ese apartado, Harry y Neville tenían más anécdotas divertidas que contar.

Johan únicamente había comenzado sus clases un mes atrás.

Además, en una Academia que era más un témpano de hielo, no había mucho que hacer en realidad.

En ese sentido, la Academia Central era mucho mejor: tenía aguas termales, una playa y hasta un riachuelo de aguas cristalinas al cual ir a refrescarte si no estabas de humor para broncearte en la playa.

—¿Por qué hacen tanto ruido?

—preguntó de pronto Curan emergiendo de su carta.

Parecía que acababa de despertar de una larga siesta.

Incluso bostezó mientras se tallaba el ojo derecho con su puño.

Pikeru también apareció junto a su hermana.

Se veía un poco más recuperada que ella.

—Te dije que esperaras —dijo la maga de blanco, suspirando en un claro «jamás me escuchas».

—Es bueno verlas, niñas —las saludó Johan sonriendo ampliamente.

Curan miró al joven nórdico, parpadeó un par de veces y luego puso un gesto de horror.

—¡Ah, príncipe Johan!

—Se sonrojó—.

¡Qué vergüenza!

—Se escondió detrás de su hermana.

Pikeru suspiró, al parecer ya muy habituada a la actitud de su hermana respecto a Johan.

Harry miró a Curan con una ceja alzada, mientras la niña se asomaba desde atrás de su hermana y, cuando notaba que Johan todavía la estaba viendo, se escondía de nuevo.

—¿Príncipe?

—la cuestionó Harry con tono de burla.

Neville parpadeó un par de veces mientras se tallaba los ojos.

—¿Curan y Pikeru?

—les preguntó a Harry y Johan.

Harry lo confirmó con un asentimiento de Cabeza.

—Me sorprende que no las haya visto en el duelo —dijo Johan.

—Estábamos descansando —explicó Pikeru con timidez.

—Usaron mucha magia y estaban tratando de recuperarse —terminó de aclarar Harry—.

Por un momento me preocuparon mucho.

—¡Tonto, somos expertas!

—gritó Curan.

Recordó que Johan estaba allí y volvió a esconderse.

—Siento avergonzarte —se disculpó Johan sonriéndole.

—¿Vergüenza?

Me sorprende que sepa el significado de esa palabra —dijo Harry.

Curan salió de nuevo de su escondite para enseñarle la lengua a su duelista.

Luego, cuando notó que Johan estaba riendo por su actitud, se puso roja como un rábano y desapareció en el interior de su carta.

Johan se rio entre dientes por eso.

—Veo que se llevan muy bien —dijo—.

Me alegra que por fin puedas hablar con ellas.

No sabes lo tristes que estaban de que su voz no te alcanzara.

Harry sonrió con cierta nostalgia.

La verdad, ahora no veía como podría seguir siendo un duelista sin hablar con los espíritus de sus cartas.

Neville volvió a tallarse los ojos.

—¿Neville?

—lo llamó Johan—.

¿Estás bien?

—Creo que veo una sombra —admitió, su mirada estaba fija justo en donde Pikeru seguía de pie.

—Oh, ya veo.

Justo así comenzó la primera vez que vi a Capitán Merodeador.

Con el tiempo se volvió más nítido y al final pude hablar con él.

—Para mí fue más extraño: creí que estaba muriendo y, de pronto, Pikeru y Curan me despertaron dentro de lo que he llamado «dimensión del mazo».

—¿Muriendo?

—preguntó Johan con voz afectada.

—Es una larga historia.

Solamente puedo decir que, de no ser por eso, quizá no estaría aquí en la Academia de Duelos.

Se pasó la mano por el cabello, como hacía cada vez que estaba nervioso o pensaba en algo.

—¿Desde cuándo notaste las sombras?

—cuestionó Harry a Neville.

—No lo sé.

Tal vez desde esa noche, cuando Jinzo… —se mordió el labio.

—¿Jinzo?

—preguntó Johan.

—Sí, el Espíritu de Duelo de Jinzo.

Le contaron la historia de lo ocurrido durante la víspera de mayo.

Como un estudiante de Obelisco irrumpió en la cafetería de Osiris buscando al profesor Daitokuji, su maestro de alquimia.

El posterior secuestro y la persecución del espíritu.

Por supuesto, terminaron con la historia del duelo entre Judai y Jinzo, lo que llevó a Judai al hospital haciendo que incluso temieran que no saldría de eso.

—¿Todos vieron al espíritu?

—los cuestionó Johan sorprendido.

Harry y Neville lo confirmaron.

—No es tan raro —dijo Pikeru pensativa—.

Jinzo es un nivel seis, que además ha existido por mucho tiempo y tiene un efecto poderoso.

Aprovechando el velo debilitado entre ambos mundos, la energía que le robó a esos pobres que creyeron poder controlarlo y la propia energía de la Academia de Duelos, tomar una forma corpórea que todos pudieran ver no debió ser muy difícil para él.

Mantenerla ya es otra cosa.

Harry tuvo que repetir a Neville más o menos lo que Pikeru explicó.

—Fue una experiencia aterradora.

Pero, ¿será de verdad que por eso comencé a percibir algo de los espíritus?

—Eres un mago, ¿verdad?

—lo cuestionó Johan.

Neville lo miró entre sorprendido y asustado.

—Johan, ¿tú…?

—No, no soy un mago.

Si preguntas como lo sé, pues supe por Pikeru y Curan que Harry lo es.

—Era —le aclaró Harry.

—Oh, por última vez, no importa lo que esos estirados digan: ¡eres un mago!

—gritó Curan todavía sin atreverse a aparecer.

Johan miró a Harry confundido.

Este le hizo una señal indicándole que le explicaría más tarde.

Johan lo entendió y pasó a explicar a Neville como dedujo que era un mago: —Bueno, sé que asistías a la misma escuela que Harry y sus familias se conocían desde el colegio.

Además, una vez dijiste que vivías en la frontera con Escocia, pero siempre actuabas como si visitar Valle de Godric, en West Country, fuera como dar la vuelta en la esquina.

Únicamente tuve que sumar dos más dos.

Neville se sonrojó apenado.

¿De verdad era tan obvio?

¿Cómo es que nadie le había advertido de no revelar a que distancia vivía a fin de no levantar sospechas?

Pikeru suspiró algo triste.

—¿Estás bien?

—le preguntó Johan.

—Todo ha sido un desastre desde entonces, príncipe Johan.

Harry frunció el ceño.

Allí estaba de nuevo el título.

A diferencia de Curan, Pikeru no parecía tener un flechazo infantil por Johan.

¿Por qué lo llamaba de la misma forma?

—¿Cómo?

—Encontramos al Heraldo, pero… —se mordió el labio.

Johan le dio una palmada en la cabeza.

—No está listo —suspiró Gata Amatista apareciendo junto a Johan—.

Pude sentirlo durante el duelo: su energía es errática y aunque su conexión con su mazo es fuerte, sus espíritus no son capaces de alcanzarlo lo suficiente como para ayudarlo a despertar todo su potencial.

—Judai es el Heraldo —declaró Johan más para sí mismo—.

Creo que lo supe desde la primera vez que lo vi.

Siempre me pareció que había algo en él que me era muy familiar.

Como si siempre nos hubiéramos conocido.

No fue hasta que comencé a hablar con los espíritus que me di cuenta de por qué me sentía así.

—No es solamente eso —dijo Pikeru—.

La sentimos el día que Jinzo lo atacó: La Luz de la Destrucción estaba influenciando su mente.

No lo controlaba del todo, pero… Gata Amatista pareció muy afectada por esas palabras.

—¿Hablas en serio?

Pikeru asintió con un gesto de pesar en su cara.

—No nos dimos cuenta de inmediato.

El Heraldo no podía vernos.

Creo que fue sólo porque era la Noche de los Espíritus que logró darse cuenta de nuestra presencia.

Luego de que Jinzo lo envió al hospital, los humanos descubrieron algo: alguien se metió con sus memorias.

—La Luz de la Destrucción lo encontró antes —gruñó Tigre Topacio apareciendo junto a Gata Amatista—.

¿Es por eso que Yubel no está con él?

—¿Yubel?

—preguntó Harry.

—Ese es el nombre del Guardián, o es lo que he escuchado —dijo Pikeru.

—Lo es —confirmó Gata Amatista.

Neville no entendía del todo lo que pasaba.

Eso no evitó que notara como el ambiente se volvió un poco tenso, cuando las miradas de todos se volvieron en dirección a dónde Judai estaba teniendo un duelo en una mesa contra Manjoume, al parecer compitiendo por quien ganaba el último plato de camarones fritos de la mesa.

Se veía tan feliz y despreocupado, para ser alguien que estaba pasando por un problema muy serio en su familia.

—Entonces, ¿la Luz de la Destrucción intentó cortar la conexión de Judai con los espíritus?

—preguntó Johan.

—Parece que es así —confirmó Tigre Topacio.

—¿Cómo lo ayudamos?

—quiso saber.

En opinión de Harry, su voz sonaba tan afectada como cuando recordaba a Samantha.

Rubí apareció en su regazo y maulló en un claro intento de consolarlo.

Gata Amatista lo pensó un poco antes de responder: —Bueno, no consiguió romper del todo su conexión y ahora que se ha ido parece estar recuperándola.

Sucederá de forma natural.

Aunque, entre más espíritus estén cerca de él, le será más fácil reponerse.

Johan asintió con un gesto pensativo.

¿Más espíritus?

Tendría que disculparse con el director Ichinose.

«Entenderá», se dijo.

El hombre sabía más sobre espíritus de duelo de lo que parecía.

Después de todo, él le ayudó a comprender muchas cosas sobre ese mundo.

No por nada el mismo presidente Pegasus los había presentado antes de que incluso supiera que podría ir a la Academia de Duelos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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