Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 30
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30: Espíritus, magia y leyendas 30: Espíritus, magia y leyendas 1 Harry regresó a su habitación pasada la media noche.
No era el único.
La fiesta del Inter Escolar se había extendido más de lo que pensaban.
Ahora todos, cansados y somnolientos, regresaban a sus respectivos dormitorios.
Con todo lo ocurrido, dudaba que al día siguiente alguien se levantara antes del mediodía.
—¿Por qué no me dijeron que el Príncipe Johan estaría aquí?
—se quejó Curan nada más cerró la puerta.
—Estabas dormida.
Además, ni siquiera yo sabía que iba a venir.
Curan no escuchó razones, sin importar cuantas veces le explicó que no tenían forma de saber quién iba a ser su oponente durante el duelo.
Dada la distancia entre ambos campus (uno en el mar de China Oriental y el otro en el norte de Europa), no era como si sus estudiantes tuvieran más contacto que ese evento, el cual duraba solamente un día.
Además, por lo que escuchó de Johan, los estudiantes del norte que viajaron a central para el evento eran menos del diez por ciento de toda la escuela.
—En todo caso, me alegra que ya estén bien.
—Sellar un Libro de Magia fue más pesado de lo que pensamos —explicó Pikeru.
—Habla por ti —se jactó su hermana—.
Soy una usuaria de Magia Oscura.
Sabía lo que estaba haciendo al manejar un libro de esa clase.
—Mientes.
—¡No!
—¡Sí!
—¡Qué no!
—¡Niñas!
Una vez más, como Harry ya estaba acostumbrado, se sentaron una a espaldas de la otra con los cachetes inflados y un gesto de enojo.
Harry lució exasperado.
—¿Cómo es eso de que es un libro de Magia Oscura?
—Además del hecho de que estaba en la biblioteca Black, una de las familias más conocidas del lado Oscuro en la Gran Bretaña Mágica.
—Bueno, su efecto principal es incrementar el poder de u monstruo —explicó Curan—.
La Magia Oscura es toda la magia que sea ofensiva o que sirva para potenciar la capacidad de batalla.
Esa definición era muy diferente a lo que Harry esperaba.
Si ese era el caso, cualquier maldición, hasta las más ligeras, empleadas por los aurores y cualquier estudiante de defensa era de hecho Magia Oscura.
—Me resulta difícil pensar que una simple maldición de vómito de babosas pueda estar al nivel de las Imperdonables.
—¿Imperdonables?
—le preguntó Curan—.
Oh, cierto, esas cosas horribles que el tipo ese con el ojo mágico les mostró en clase.
Esas no son maldiciones de Magia Oscura.
Harry casi se cayó de la impresión.
¿Cómo era posible que las Imperdonables, las maldiciones más terribles jamás creadas no fueran Magia Oscura?
—Creo que nosotros clasificamos la magia de forma diferente que los magos humanos —sugirió Pikeru—.
¿Cuántos tipos de magia dirías que existen?
Sin contar cosas como rituales de sangre o de alma.
Harry respondió sin dudar: —Dos: Magia de Luz o Blanca; y Magia Oscura o Negra.
—Qué forma tan obtusa de ver el mundo —dijo Curan negando con la cabeza.
—¿Sabes siquiera que significa «obtuso»?
—¡Calla!
Pikeru sonrió triunfante.
—¿Cómo clasifican la magia entonces?
—les preguntó Harry de inmediato, no queriendo que entraran en otra discusión.
Pikeru respondió de una forma que le recordó mucho a Hermione: —Magia de Luz o Blanca, Magia Oscura o Negra, Magia de Ilusión o de los Sueños y Magia Demoniaca o Destructiva.
¿Cuatro tipos de magia?
—Por supuesto, esto es únicamente la clasificación del libro de texto —aclaró Pikeru.
Curan asintió, antes de agregar ella misma: —La magia puede cambiar dependiendo de quien la usa.
Porque, para los espíritus de duelo y los demás habitantes de nuestro mundo, también influye el elemento al que estemos vinculados por nacimiento: yo con la Oscuridad y mi hermana con la Luz.
—Déjame ver si entiendo: ustedes clasifican la magia en cuatro tipos diferentes.
Cada usuario de la magia es capaz de usar uno de ellos, lo cual es a su vez definido por su Atributo.
—Sí y no —replicó Pikeru—.
Puedes aprender cualquier tipo de magia, tu Atributo Elemental sólo define a cuál serás más afín.
Yo soy más afín a la Magia de Luz, que es sanación, y un poco menos a la Magia de Ilusión.
—Yo a la Magia Oscura, que es principalmente ofensiva.
Podría aprender Magia Demoniaca, pero tengo sentido común.
—No creo que sepas que es el «sentido común».
—Recibió un pisotón.
—Ahora —siguió Curan mientras su hermana se echaba al suelo para sobar su pie adolorido, con las lágrimas amenazado con salir—.
En teoría existe un quinto tipo de magia: la de la Naturaleza o Elemental.
Es la que permite a seres como los dragones respirar fuego, nieve o lo que sea según qué tipo de dragones sean.
»La Magia de la Naturaleza se clasifica en: Fuego, Bosque, Viento, Tierra, Agua y Trueno.
Todo ser de la naturaleza nace, en teoría, con la cualidad para usar uno de estos.
De nuevo, el Atributo Elemental tiene mucho que ver con cuál de estos Elementos Natural te sea más fácil manejar.
Eso se parecía mucho a los Atributos, pero también a los tipos de monstruos, así que Harry no estaba del todo seguro cuál era la diferencia entre esta Magia de la Naturaleza y el Atributo de un monstruo.
—Muy bien, es mucha información.
Si no les molesta, la meditaré con la almohada.
—Oh, claro —dijo Pikeru sonrojándose un poco—.
Ha sido un largo día.
Descansa, Harry.
—Sólo una cosa más: ¿por qué llaman «Príncipe» a Johan?
—Pues, porque es un Príncipe, ¿por qué otra cosa sería?
—Lo que Curan diría si no fuera tan molesta… —¡Oye!
—… es que Johan fue adoptado por el Dragón Arco Iris, quien no es únicamente el Dios Definitivo de las Bestias de Cristal, también gobernaba el antiguo Reino de las Gemas, junto con los Caballeros-Gema.
Así que, si él adoptó a Johan y lo crío como un hijo, eso lo convierte en el príncipe.
—¿Cómo es eso?
—Fue hace mucho.
En otra vida.
Una que el príncipe Johan no debe recordar mucho.
—Es casi triste —dijo Curan—.
Su reino está en ruinas y no es raro que Hechiceros Malvados o Demonios que llegan desde el Inframundo intenten saquearlo buscando robar los secretos de su magia.
—Incluso Johan era una leyenda con la que crecimos.
—¿Una leyenda?
Pikeru fue quien respondió: —Cuando nacimos, ya era una historia vieja: »Una vez, la Luz de la Justicia comenzó a sentir envidia de los humanos porque ellos podían tener hijos.
Eso fue en los días cuando ella y su hermana, la Luz de la Destrucción, eran inseparables.
Hasta que un día encontraron a dos bebés huérfanos.
La Luz de la Destrucción únicamente quería destruirlos, pero su hermana al instante se compadeció de ellos.
Dos niños abandonados que morirían, pues eran los únicos sobrevivientes de una aldea destruida por la guerra.
Ella decidió que el Dios de la Creación los envió para ellas y que debían cuidarlos.
Inconforme con eso, la Luz de la Destrucción se marchó.
»La Luz de la Justicia se quedó a cuidar de los dos niños.
Al mayor lo llamó Yubel y al menor Johan.
Los cuidó por el siguiente año hasta que su hermana volvió.
Celosa de los niños que le habían arrebatado el amor de su hermana, intentó matarlos.
La Luz de la Justicia se interpuso recibiendo el golpe por sus hijos.
Se dice que ese fue el momento en que la Luz de la Destrucción decidió que el mundo no merecía existir.
Si su hermana prefería a dos insignificantes mortales sobre ella, entonces los destruiría por completo, a todos ellos.
Así no tendría a nadie más a quien amar que no fuera ella.
»Para fortuna de la Luz de la Justicia, alguien pasaba por allí: se trataba del Rey de Kronet, un reino lejano del que se decía que su familia real descendía del mismo Heraldo de la Oscuridad Gentil.
Encontró a la Luz de la Justicia herida y debilitada y le prometió que cuidaría de sus hijos.
»Sin embargo, el Rey se dio cuenta de algo: el hermano mayor había sido marcado por la Luz de la Destrucción como quien algún día destruiría a su hermano menor.
Así que decidió separarlos.
Envió al hermano menor, Johan, con sus aliados en el Reino de las Gemas, dónde el Dragón Arco Iris podría cuidar de él.
También decidió que Yubel y su propio hijo crecerían juntos, con la esperanza de que la Oscuridad Gentil pudiera vencer a la maldición de la Luz de la Destrucción.
»Así fue como Johan terminó viviendo al cuidado de las Bestias de Cristal.
Mientras, con el tiempo, su hermano mayor se convirtió en el guardián protector del Heraldo.
»Hasta que la Luz de la Destrucción volvió en busca de venganza.
Desde entonces, un ciclo interminable de guerra entre la Luz de la Destrucción y el Heraldo de la Oscuridad, lo único que se interpone para que logre su cometido, continúa cada vez que las eras cambian.
Harry frunció el ceño.
No sabía si era un mito, una leyenda o un simple cuento de hadas que tal vez les contaban a las niñas para que se durmieran cuando eran más pequeñas.
Sin embargo, Johan existía y tenía el mazo de las Bestias de Cristal, a quienes llamaba familia.
También sabía que Judai era el Heraldo de la Oscuridad Gentil y que su guardián desaparecido se llamaba Yubel.
Eso quería decir que esa historia tenía al menos algo de verdad.
Miró hacia donde estaba Curan.
—¿Quién iba a decir que algún día conocería al Legendario Príncipe Johan?
—Curan parecía sumida en sus ensoñaciones, llevándose las manos a las mejillas y con la cara roja—.
¡Incluso sabe mi nombre!
Harry sonrió con cariño.
—Las extrañé, chicas.
—También te extrañamos —dijo Pikeru.
Curan seguía soñando despierta.
Su hermana la miró sacudiendo la cabeza, antes de forzarla a volver a su carta.
—Que duermas bien, Harry.
—Y también entró en su carta.
2 —Lo siento, director —se disculpó Johan en voz baja.
Ichinose negó con la cabeza.
—No tienes por qué disculparte, Johan.
La Academia Norte siempre será tu hogar.
Entiendo que debes hacer esto.
El mundo necesita que hagas esto.
La razón por la que Seto Kaiba las construyó en primer lugar es esta: formar a la siguiente generación de duelistas que podrán salvarnos cuando llegue una gran amenaza.
Johan lo miró un momento.
—Siempre me pregunté: ¿cómo es que sabe tanto de los espíritus?
—Bueno, no tengo un destino tan impresionante como tú, Jun o ese chico, Judai, ni siquiera termino de entender cómo funciona del todo eso.
Mientras los Ojamas estuvieron conmigo nunca me dijeron nada, únicamente que tenían la impresión de que debían encontrar a alguien.
El director parecía un poco nostálgico.
—Pero, estuve allí, en Ciudad Batallas.
Sabía que no podría llegar tan alto con tan poderosos duelistas.
En aquellos días, era un duelista promedio que apenas si podía soñar con desafiar a Haga o a Ryuzaki, los campeones de Japón por esos días.
Ir contra Seto Kaiba o Mai Kujaku, quienes habían conquistado títulos internacionales, mucho menos contra Yugi Muto, el mismo Rey de los Duelistas, era un sueño imposible.
Suspiró con nostalgia.
—Era como un niño pequeño tratando de alcanzar el estante de las galletas.
Sin embargo, como todo verdadero duelista que haya estado allí, lo sentí.
Cada vez que un Dios Egipcio era invocado, cada vez que Yugi Muto comenzaba un duelo, podía sentir que todo era más que un simple juego.
»Cuando vi a Osiris alzarse en ese río, a pesar de que estaba a varias decenas de metros de distancia, sentí verdadero temor, pero también sentí que nunca más podría hacer otra cosa que no fuera ser un duelista.
Claro, el destino me tenía preparada otra cosa: formar a las generaciones futuras.
Ichinose pareció volver al presente.
—Creo que fue entonces cuando comencé a verlos, a los espíritus, y desde esos días me han acompañado.
Por eso es que acepté de inmediato el empleo, aunque sabía que sería duro ir al Norte, alguien tenía que hacerlo.
Dio media vuelta y comenzó a alejarse de Johan.
—Sólo tengo una última cosa que pedirte como tu director: has lo necesario para que las siguientes generaciones puedan seguir disfrutando del duelo como nosotros lo hacemos.
Johan sonrió y luego puso un gesto de decisión.
—¡Por supuesto, director, y gracias por todo!
El hombre sacudió la mano como para indicar que en realidad no había hecho nada.
Media hora más tarde, un grupo de estudiantes seleccionados para despedir a la comitiva de su escuela hermana estaba en los muelles.
Ichinose lloraba de forma dramática por perder su oportunidad de recibir un beso de la señorita Tome, mientras Samejima parecía volar en las nubes tras obtener su premio.
Los estudiantes del norte abordaron el submarino que los llevaría al puerto de Tokio, en dónde los esperaba un Jet Privado, propiedad de Corporación Kaiba, el cual haría un vuelo directo hasta Oslo.
No iban a recorrer más de medio mundo en un submarino, considerando que los más veloces de la historia no superaban los 85 kilómetros por hora de velocidad máxima.
A pesar de la derrota, los estudiantes del Norte estaban muy emocionados.
—Bueno, Manjoume, espero que puedas venir a visitarnos —dijo Judai.
—No será necesario.
Judai parpadeó en confusión.
—¡Lo sabía!
—gritó Hayato—.
Es una trampa.
No ha cambiado nada.
Jun tenía una vena lista para estallar en su frente.
—¿Puedo terminar?
No será necesario, porque no pienso volver a la Academia Norte.
Fue agradable y todo, pero mi verdadero hogar está aquí en la Academia Central: dónde puedo comer Sushi verdadero, ir a la playa sin congelarme y no necesito ponerme cinco abrigos sólo para caminar a mi siguiente clase.
—Esos parecen motivos legítimos… creo —murmuró Sho.
La escotilla del submarino se cerró y este comenzó a sumergirse.
—Es bueno escuchar eso, joven Manjoume —dijo Daitokuji—.
Además, espero que mi comida sea de su agrado.
—¿Su comida?
—Por supuesto.
Diste de baja tu matrícula en Central antes de inscribirte en la Academia Norte.
Así que, ya que te estás transfiriendo de una que no usa el sistema de dormitorios, comenzaras desde abajo.
Solamente me resta decir: ¡bienvenido a Osiris!
Jun gritó llamando al submarino para que volvieran por él, mientras Judai, Sho y Hayato hablaban sobre las bondades de Osiris (ya no había tantas cucarachas y hasta habían cambiado la tubería, por lo que el agua caliente ya funcionaba bien).
—Anímate —dijo Johan pasando su brazo por los hombros de Manjoume—.
Seremos compañeros de habitación.
—¿Y tú por qué estás aquí?
—lo cuestionó Jun.
—Bueno, si mi mejor amigo se queda, entonces yo también.
Para mí es como un intercambio cultural.
Jun entrecerró los ojos.
Los Ojama parecían más que felices, ya que estaban danzando alrededor de Rubí.
Al poco rato se les unió Kuriboh Alado.
Judai miró a Johan molestar a Jun.
Estaba tratando de convencerlo para que le llevara a un recorrido por la Isla Academia.
Por un momento sintió nostalgia, como si eso fuera algo que ya había pasado mucho tiempo atrás.
A la vez, lo invadió una profunda sensación de tristeza.
Faltaba alguien, alguien muy importante a quien no podía recordar.
Alguien que siempre debía de haber estado allí a su lado.
No solía dejar que la tristeza lo invadiera, porque entonces la voz en su cabeza ganaba, sin embargo, su sonrisa se apagó.
«¿Dónde estás?», se encontró pensando.
«Es mi culpa que no estés aquí».
3 El ánimo de Judai no mejoró nada incluso tras una noche de sueño.
¿Cómo podía ser sí estuvo atormentado por una voz que lo cuestionaba una y otra vez porque lo había abandonado?
«Juraste que siempre estaríamos juntos», le recriminó esa voz.
«¿Por qué dejaste que nos separara?
¿Por qué me traicionaste?» Despertó con el corazón latiendo velozmente y las lágrimas escurriendo por sus mejillas.
«¿Por qué lo abandoné?» Kuriboh Alado apareció a su lado.
Judai abrazó al espíritu, tras lo cual pudo volver a dormir.
Estuvo taciturno toda la mañana, sin ganas de hacer mucho en el desayuno, por más que Sho, Hayato y Johan intentaron animarlo.
Incluso Jun dejó algunos camarones fritos extra para él.
A las once, cuando vio a sus padres en el tribunal, únicamente se sintió peor.
El fallo del juez Hida no lo ayudó a animarse: custodia completa para su abuela, Chieko Yuki.
Sus padres tenían prohibido acercarse a él a menos de cien metros si no estaba un trabajador social presente.
Sobre horarios de visitas, eso se definiría en una audiencia posterior.
Por lo pronto, hasta que Judai cumpliera los dieciocho y decidiera por sí mismo si quería o no a sus padres en su vida, ellos tendrían que alejarse.
Claro está que, como en todo proceso legal, sus padres podían promover una apelación al fallo.
Algo complicado para ellos, dada toda la presión mediática que había sobre el caso.
Judai los vio alejarse.
Por primera vez desde que recordaba, había lágrimas en los ojos de su madre.
—Te veré en las vacaciones de invierno —le dijo su abuela.
Por primera vez abandonó su aspecto de mujer dura y tradicionalista en público, y depositó beso en su frente—.
Estudia mucho y esfuérzate en cada duelo.
Sé que superaras lo que sea.
Judai asintió con la cabeza, sin encontrar las palabras para hablar.
Su abuela compartió una mirada con Daitokuji que pasó desapercibida para él.
Luego, el profesor le indicó a Judai que era hora de volver a la Academia.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES ReyNoMuertoAlucard ¡Gracias a todos por leer hasta aquí!
La siguiente parte está en proceso de escritura, así que se irá subiendo de manera más lenta.
Les pido un poco de paciencia.
¡Estaré de vuelta con esta historia lo más pronto que pueda!
¡Muchas gracias!
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