Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 6
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6: Primer año accidentado (III) 6: Primer año accidentado (III) 11 Charlus caminó de un lado a otro, repasando todo lo que habían aprendido sobre el perro de tres cabezas.
—Protege algo —insistió Charlus, muy convencido.
A su lado, Ron asintió.
Harry y Neville escuchaban en parte, pues estaban un poco más concentrados en su duelo que en lo que Charlus decía.
—Bueno, si lo tienen dentro del colegio, y Dumbledore nos prohibió acercarnos allí, es obvio que no es algo en lo que los estudiantes, menos los de primero, deban meterse.
Harry colocó una carta y terminó el turno.
—Pero… —Mira, Charlus, me resulta tan extraño como a ti, pero mamá nos advirtió que no nos metiéramos en problemas.
Y creo que incluso papá se hubiera abstenido de entrometerse si algo como eso hubiera pasado en sus días de colegio.
—¡Vamos, Harry!
¿No me dirás que no sientes curiosidad por lo que hay allí?
—preguntó Ron Weasley—.
Estamos en Hogwarts: se supone que debemos hacer cosas fantásticas y grandiosas, no sentarnos todo el día a jugar con cartas muggles y hacer los deberes.
Harry suspiró exasperado.
—No sé —intervino Neville—.
No creo que ir a molestar a un cerbero sea parte de las cosas que deben de hacerse en Hogwarts.
Ron lo fulminó con la mirada.
—Vamos, Charlus —dijo finalmente el pelirrojo con tono presumido—, está claro que no quieren ser incluidos en esto.
Ellos se lo pierden.
He escuchado que los cerberos normalmente son usados para proteger tesoros.
Ron se levantó del sillón en el que estaba sentado y se alejó del lugar.
Charlus pareció dudar entre seguir a su amigo y quedarse con su hermano.
Al final, se levantó y siguió al pelirrojo.
12 La mañana de Halloween, justo después de la clase de encantamientos, Harry tuvo una pelea con su hermano y Ron Weasley.
No se trató de algo relacionado con el cerbero del tercer piso y lo que fuera que custodiara.
El asunto comenzó luego de que Ron insultara a Hermione.
Después de que Harry le gritara a Ron, por haber llamado a Hermione una «sabelotodo sin amigos», Charlus se metió en la discusión.
—A final de cuentas, ella se lo buscó —dijo el Potter mayor más por ponerse del lado de Ron que porque realmente pensara eso—.
Es decir, siempre anda por allí exigiéndonos hacer los deberes.
Nadie la nombró nuestra tutora o… Pero su voz se apagó al ver el rostro de Harry.
El gemelo menor suspiró profundamente, más para no maldecir a su hermano, y no solamente con palabras, que por otra cosa.
—Deberían ir a disculparse —dijo con frialdad.
Ron parpadeó, sorprendido por el tono de Harry.
Sin embargo, al ver a Charlus, cuya expresión indicaba que no se dejaría amedrentar por el tono de su hermano, se puso firme y sentenció: —No.
Ella es quien debe de pedir disculpas.
Es una entrometida y trató de avergonzarme en clase.
—¡Ella solo estaba tratando de ayudarte!
—refutó Neville.
—Pues que se abstenga.
Si tanto quiere ayudar, que te ayude a ti.
Eres el peor mago que he visto en mi vida.
Harry apretó los dientes y su mano se cerró fuertemente alrededor de la empuñadura de su varita.
Por fortuna, o desgracia, la discusión no fue a más, ya que en ese momento Snape pasó camino al Gran Comedor y les bajó puntos por estar «obstruyendo uno de los pasillos», para luego ordenarles marcharse al comedor.
Harry se preocupó más cuando Hermione no se presentó a la comida, ni a ninguna de las clases de la tarde.
Algunas de sus compañeras dijeron haberla visto llorar en el baño de niñas, pero ninguna de ellas pareció preocuparse mucho por ayudarla.
Durante la fiesta de Halloween, esa noche, el profesor Quirrell, de la clase de Defensa, entró al comedor corriendo.
Estaba muy agitado, y su piel pálida por el susto.
Se limitó a decir que había un trol en las mazmorras y luego se desmayó.
Dumbledore llamó al orden y envió a los alumnos de regreso a sus dormitorios.
—Con todo respeto, director —intervino Snape—, ¿no sería mejor asegurar el Gran Comedor y que algunos de los profesores monten guardia?
No creo que sea prudente enviar a los alumnos a los pasillos en estos momentos, además, los dormitorios de Slytherin están en las mazmorras.
—Tienes razón, Severus.
Seguidamente, Dumbledore dividió a los profesores: algunos resguardarían el Gran Comedor, mientras el resto bajarían a las mazmorras a enfrentar al trol.
Snape colocó varios escudos para cerrar la puerta del comedor mágicamente, y luego se marchó, dejando a la profesora Sprout, de herbología, al profesor Flitwick y a madame Pomfrey, la medimaga del colegio, a cargo de los estudiantes.
—Profesor —llamó Harry al profesor Flitwick, una vez que la conmoción se hubo calmado un poco.
Entre tantos gritos y, luego, las órdenes de Dumbledore, no había tenido tiempo de hablar con ellos—.
Es Hermione, no está en la fiesta.
Ella no sabe del trol.
Justo en ese momento, Neville le tocó el hombro y le señaló hacia el lugar donde habían estado sentados Charlus y Ron.
Estaba vacío y no se veía que estuvieran en el comedor.
—Deben de haber ido a buscar al trol —conjeturó Harry en voz alta.
—Pero, ¿cómo podrían haber salido, señor Potter?
—preguntó la profesora Sprout.
Harry se mordió el labio.
Tenía una idea al respecto: la capa de invisibilidad de los Potter, pero no iba a revelar ese detalle en medio del comedor.
De cualquier forma, los profesores no tuvieron tiempo de preocuparse más por ese detalle.
Había tres alumnos fuera de la zona segura con un trol suelto en la escuela.
Tras enviar un patronus avisando a Dumbledore, el profesor Flitwick usó su mejor encantamiento para reforzar la puerta del comedor, antes de salir a buscar a los alumnos faltantes.
13 Luego de esa noche, Hermione, Ron y Charlus parecieron volverse muy buenos amigos.
Esto luego de que ambos salvaran a la niña del trol al que, indirectamente, ellos mismos habían empujado.
Dejando eso de lado, Harry y Neville continuaron jugando al Duelo de Monstruos en la sala común, y con emoción vieron cómo varios más de sus compañeros se unieron a ellos.
—¿Saben?
—dijo una chica de tercero llamada Matilde Roberts—.
Cuando vengo a Hogwarts siempre dejo mis cartas en casa.
Nunca pensé que aquí pudiera haber duelistas.
Era cierto, si ahora tenía su Deck consigo, era por qué, en su última carta, había pedido a sus padres que se lo enviaran por lechuza.
Pronto eran tantos jugadores, que incluso pensaron en armar un pequeño torneo.
Uno de los chicos de séptimo pidió permiso a la profesora McGonagall, y más tarde al director, y Dumbledore pareció encantado con la idea.
A decir verdad, desde que se había enterado de tan interesante juego muggle —luego de que Filch confiscara algunas cartas en meses pasados—, le había intrigado mucho el juego debido a la forma en la que podía llegar a parecerse a un duelo de magos.
Esto lo llevó a realizar una pequeña investigación al respecto.
Al parecer, tenía su origen en una antigua forma de lucha mágica de Egipto.
Según las fuentes que pudo consultar, se trataba de una suerte de invocación de espíritus empleando parte del alma (o Ba) de los magos.
Se usaba tanto como una forma de lucha mágica, como para juzgar a criminales.
Sin embargo, tras analizar algunas de las cartas, se percató de que no parecía haber nada extraño en sus variantes muggles.
Rastreó al creador del juego en América, un muggle llamado Pegasus J.
Crawford.
Al parecer, el hombre vio algunas de las viejas descripciones sobre lo que pensó era un juego en un viaje a Egipto años atrás.
Siendo el dueño de una prestigiosa empresa de juegos de mesa, le pareció lo suficientemente interesante como para crear un juego de cartas moderno inspirado en eso.
Dicho juego era lo que ahora los muggles llamaban Duelo de Monstruos.
Sin embargo, para estar seguro, se contactó con la familia Ishtar —reconocida por ser descendientes de antiguos sacerdotes, magos egipcios y guardianes de las tumbas de los faraones—.
El actual líder de la familia, Marik Ishtar, le aseguró que el juego de cartas no tenía ninguna relación con los antiguos rituales egipcios.
No más allá del diseño de algunos monstruos puntuales, inspirados en los jeroglíficos y grabados de los templos bajo el control del gobierno muggle de Egipto.
Así, sin aparentemente nada que temer, Dumbledore dio el visto bueno para que se fundara un Club de Duelo de Monstruos en Hogwarts.
Las familias de «sangre pura» se indignaron, y Lucius Malfoy, jefe de la junta escolar, intentó prohibir el juego en el colegio.
No obstante, el director echó por tierra sus objeciones.
Aseguró que no había motivos para alarmarse.
Era un simple juego, y de hecho menos peligroso que el quidditch u otros juegos mágicos.
Al final, a regañadientes, Malfoy tuvo que aceptar que no tenía una razón sólida para prohibir el juego muggle en Hogwarts.
El Club de Duelo de Monstruos finalmente se inauguró justo una semana antes del comienzo de la temporada de quidditch.
14 El primer partido de la temporada de quidditch, Slytherin contra Gryffindor, resultó ser un espectáculo un tanto desagradable para la familia Potter.
Alguien intentó asesinar a Charlus, o al menos herirlo de gravedad.
Hermione y Ron estaban firmemente convencidos de que había sido el profesor Snape.
Harry tenía sus dudas y Neville no sabía qué pensar.
El matrimonio Potter acudió a hablar con Dumbledore sobre lo sucedido, pero de igual forma el director no tenía idea de lo que podría estar pasando.
Ese mismo día por la tarde, los cinco niños se reunieron con Hagrid para tomar el té.
Luego del susto en el partido, eso les cayó de maravilla.
Charlus sacó a relucir el tema de su aparente intento de asesinato a manos de Snape.
Al ver la reacción incrédula y la negación tajante del guardabosque, contó cómo él y Ron lo habían visto dirigirse al tercer piso la noche de Halloween, mientras se suponía que debía de estar ayudando con el asunto del trol; además de la pierna herida que presentó los siguientes días.
Hermione defendió la postura de su amigo, argumentando que lo había visto mantener la mirada fija en la escoba de Charlus, mientras susurraba un conjuro.
—Bueno, en teoría eso es correcto —interrumpió Neville—, pero también podría haber estado lanzado el contra maleficio, para revertir la maldición de otro mago.
Neville se sonrojó cuando todas las miradas se volvieron hacia él.
—Es lo que leí en una de las notas que dejó mi padre —se apresuró a explicar.
Entonces comenzó un debate entre los que pensaban que Snape era culpable, y los que tenían dudas razonables.
Hagrid, por supuesto, negó que el profesor pudiera ser un asesino, pero en un descuido reveló el nombre del cerbero.
Fluffy.
Y, para rematar, comentó que lo que custodiaba estaba relacionado con un tal Nicolás Flamel.
15 Durante las vacaciones navideñas, Harry asistió al torneo mundial infantil de Duelo de Monstruos en Londres.
Se abrió camino fácilmente en la competencia, y de hecho se encontró con Johan en el lugar.
Intercambió anécdotas —Harry evitó la magia, por supuesto— y estrategias de duelo con él.
Desafortunadamente, Johan perdió en los cuartos de final, pero Harry consiguió llegar hasta la final.
Su oponente, un duelista japonés de su misma edad que jugaba con héroes elementales: Judai Yuki.
Tras un duelo arduo, en el que el duelista japonés puso a prueba a su máximo el mazo de Harry, los héroes finalmente se impusieron sobre los Lanzadores de Conjuros.
Sin embargo, el duelista británico estaba satisfecho.
Nunca había tenido un duelo tan emocionante como ese, a excepción de los llevados a cabo contra Johan y Neville.
Esperaba poder enfrentarse a Judai en el futuro nuevamente.
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