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Harry Potter y el duelo de monstruos - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 El monstruo de Slytherin II
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9: El monstruo de Slytherin (II) 9: El monstruo de Slytherin (II) 6 Con la llegada de octubre, Hogwarts se llenó con los cuchicheos excitados de los estudiantes por dos motivos fundamentales: en primer lugar, la fiesta de Halloween, el último día del mes; y en segundo, el próximo inicio de la temporada de quidditch.

Con motivo de tal acontecimiento deportivo, los equipos de las casas habían hecho fila para apartar el campo de quidditch, tanto para las pruebas de los nuevos aspirantes, como para las prácticas iniciales.

Y, fue precisamente en la primera práctica de Gryffindor, que sucedió el desastre.

Malfoy insultó a Hermione llamándola «Sangre Sucia».

Las represarías no se hicieron esperar y Ron terminó intentando maldecir al rubio de Slytherin.

Para su mala suerte, los Slytherin mayores lograron conjurar un escudo alrededor de su buscador, ocasionando que la maldición de Ron se volviera contra él.

Así fue como terminaron en la cabaña de Hagrid, con una Hermione confusa y, luego de una explicación, molesta por el insulto; y un pelirrojo que no dejaba de vomitar babosas dentro de un balde.

—Tal vez fue mejor que la maldición no lo golpeara —dijo Hagrid mientras les servía té a todos—.

De otra forma, habrías tenido problemas con Lucius Malfoy.

—Y entonces nosotros habríamos llamado a nuestro padre —contestó Harry mientras Charlus asentía con fuerza a un lado de él.

Fue entonces que a Harry se le ocurrió una idea: escribiría a su madre.

Ella había enfrentado situaciones como la que Hermione acababa de vivir (incluso mucho peores, puesto que en su tiempo de estudiante la guerra estaba en pleno apogeo) y, seguramente, ella podría ayudar a Hermione a lidiar con esa parte oscura del Mundo Mágico, que hasta ahora no conocía.

Tras una media hora, en la que Ron pareció recuperarse del todo, volvieron al castillo.

Durante el trayecto, hablaron de temas más amables, en parte para hacer sentir mejor a Hermione, y en parte porque sentían que si no se calmaban maldecirían a Draco a la primera oportunidad.

Ron y Charlus discutían sobre el primer partido de la temporada, que por supuesto era Gryffindor contra Slytherin.

Hermione, Neville y Harry, por su parte, mantenían una discusión sobre la veracidad de los libros de Lockhart.

Terminaron con una molesta Hermione, quien al parecer no quería escuchar razones sobre la posibilidad de que el guapo profesor de defensa fuera un completo fraude.

7 Después de la fiesta de Halloween, Hermione, Ron y Charlus se metieron en un gran lío, solamente que esta vez no tenía nada que ver con un trol, sino con algo un tanto más siniestro.

Mientras todo el colegio se encontraba en el Gran Comedor disfrutando del banquete, el trío se ausentó para asistir al cumpleaños de muerte de sir Nicholas, el fantasma de la casa Gryffindor.

A su regreso, mientras trataban de evadir los pasillos por los que usualmente patrullaba el celador, se encontraron con un espectáculo terrorífico: alguien petrificó a la señora Norris, la gata de Filch, y la colgó del techo cerca del baño de chicas del segundo piso.

Pero lo peor era el críptico mensaje escrito con lo que parecía sangre en la escena del crimen: La cámara de los secretos ha sido abierta.

Teman, enemigos del heredero.

No hace falta decir que de inmediato cundió el pánico entre los estudiantes.

Más aún cuando la mayor parte de la escuela presenció la escena del crimen.

—Ustedes impuros serán los siguientes —declaró Malfoy, quien al parecer sabía perfectamente a qué se refería tal mensaje.

Los profesores llegaron, para de inmediato, enviar a todos los estudiantes de vuelta a sus dormitorios, con excepción del trío de Gryffindor.

En la sala común, Harry y Neville se apartaron del resto para discutir en voz baja lo ocurrido: —¿Crees que sea una broma?

—preguntó Neville.

Por su tono de voz se notaba que, de verdad, quería que fuera únicamente eso.

Harry suspiró.

En realidad, le gustaría poder tranquilizar a su amigo, pero entendía a la perfección que algo como eso no podía ser una broma.

—No.

Creo que la señora Norris fue petrificada, y no precisamente con un hechizo que pueda hacer un estudiante.

Ni siquiera los de séptimo curso.

Unos minutos después, Charlus, Ron y Hermione entraron a la sala común y se reunieron con ellos.

—¡Ese pelo grasiento!

—escupió Charlus, realmente molesto.

—¿Qué hizo Snape esta vez?

—Trató de inculparme por lo que le pasó a la señora Norris.

Por suerte el profesor Dumbledore estaba allí para ponerlo en su lugar.

—Además del profesor Lockhart —agregó Hermione.

—Hermione, Lockhart no fue capaz de reconocer que la gata estaba petrificada hasta que Dumbledore lo dijo —le recordó Charlus, ya muy molesto por lo irracional que estaba siendo su amiga, pese a todas las pruebas de que sus libros eran mera ficción—.

El tipo no es capaz de hacer ni la cuarta parte de las cosas que dice en sus libros.

Hermione parecía querer replicar, pero, justo en ese momento, los gemelos Weasley se acercaron a ellos para hablar sobre lo ocurrido.

8 Unos días más tarde, los Potter se encontraron con el director en su oficina.

—¡Estas cosas no tendrían por qué suceder!

—gritó una furibunda Lily Potter en el despacho de Dumbledore, mientras James Potter, a su lado, hacía todo lo posible por tranquilizarla.

—Créeme, Lily —le aseguró el director—, que estoy tan molesto como tú.

La vida de los estudiantes es lo más importante para mí.

—Lo sé, Albus—dijo finalmente mientras se sentaba en la silla que el anciano había conjurado para ella—.

Pero Charlus casi es asesinado por una bludger hechizada esta tarde.

Y para rematar, el incompetente de Lockhart desapareció todos los huesos de su brazo.

El incidente al que la mujer se refería había sucedido un par de horas atrás, durante el partido de quidditch inaugural de ese año.

Justo a la mitad del partido, una bludger repentinamente decidió atacar a un único jugador: Charlus Potter.

El problema es que las pelotas de quidditch no deciden de pronto atacar a una sola persona.

A menos claro que alguien la estuviera hechizando.

Sin embargo, a diferencia del año anterior, no había ninguna persona poseída por un Señor Oscuro para hacer algo como eso… Al menos hasta donde ellos sabían.

Los jugadores de Gryffindor, al darse cuenta de lo que ocurría, hicieron todo lo posible para desviar la bola; pero sus esfuerzos fueron en vano.

Finalmente, Charlus terminó cayendo de su escoba, y la pelota fue oportunamente detenida por la profesora McGonagall, aprovechando que esta ya no se encontraba en el cielo y era más seguro lanzar un hechizo sin temor a alcanzar a uno de los jugadores por accidente.

Charlus terminó con un brazo roto, el cual Lockhart supuestamente arreglaría.

Como es de esperar, acabó haciendo todo lo contrario.

El mayor de los gemelos Potter fue llevado rápidamente a la enfermería, donde Madame Pomfrey rápidamente le dio a beber la poción crecehuesos.

Sin embargo, tendría que pasar toda la noche en la enfermería para que la poción hiciera efecto.

Lily y James Potter no perdieron tiempo en ir a Hogwarts una vez que se enteraron de lo ocurrido.

Encontraron a su hijo en la enfermería, rodeado de sus tres amigos y su hermano, justo antes de que Madame Pomfrey acudiera a echarlos, pues las horas de visita habían terminado.

Luego de charlar unos momentos con su hijo, los Potter se habían dirigido a la oficina de Dumbledore, donde se habían enfrascado con una discusión sobre lo acontecido a su hijo.

9 La misma noche en que fue el partido de Gryffindor contra Slytherin, Colin Creevey, un nacido de muggles fan de Charlus, a quien perseguía por toda la escuela con una cámara fotográfica muggle en las manos, fue encontrado petrificado.

A partir de ese momento, la escuela entera se sumió en la alerta y la paranoia.

Situación que culminó con el anuncio de la apertura de un Club de Duelo Mágico.

Harry estaba realmente tentado a presentarse al susodicho Club de Duelo Mágico cuando este se anunció.

Pero todos sus ánimos se esfumaron en cuanto vio en el tablero de anuncios que este sería dirigido por Lockhart, así que decidió que tenía mejores cosas que hacer que perder el tiempo en ese lugar.

Los otros estudiantes, en cambio, incluso Charlus, estaban muy emocionados con la idea de aprender cómo sostener un verdadero duelo de magos.

Ni que decir la mitad femenina de la escuela, muchas de las cuales eran grandes admiradoras de Lockhart, y no pensaban perder la oportunidad de «verlo en acción».

Como si el ridículo que hizo en sus pocos intentos de tener clases prácticas de defensa no fueran suficientes.

Hermione intentó arrastrarlos a él y a Neville hacia el club la noche en la que se llevó a cabo la primera (y única) reunión; por suerte, la excusa de que tenían reunión en el otro Club de «Duelo» fue suficiente para esquivarla.

Así pues, mientras la mayoría se dirigía al Gran Comedor para las clases de duelo de Lockhart, Harry y Neville se encaminaron en dirección al aula en desuso que Dumbledore les había prestado el año anterior a los integrantes del Club de Duelistas.

Fue una decepción encontrar el aula vacía.

Al parecer, lo que Lockhart hacía tenía más atención de los miembros del club que una buena noche de Duelo de Monstruos.

—No puedes culparlos, Harry —dijo Neville mientras ambos hacían su camino de regreso a la torre de Gryffindor—.

Deben estar aterrados por el monstruo de Slytherin.

—Lo sé.

Yo tampoco me siento muy seguro con todo ese asunto de la Cámara de los Secretos.

Tal vez es solo que Johan logró contagiarme de su espíritu de duelista.

¿Has notado como cada vez más estudiantes de otras casas se unen al Club?

¡El duelo realmente puede unir a las personas!

Pasaban justo frente del Gran Comedor, cuando una repentina oleada de gritos llamó su atención.

Harry rápidamente corrió hacia la entrada de este, dado que algunos de esos gritos habían sido de horror puro (más tarde se arrepentiría de haber actuado sin pensar), abriendo las puertas, para luego abrirse camino entre los estudiantes reunidos alrededor de la tarima de duelo instalada al centro del salón.

Charlus estaba de pie en la tarima, frente a Malfoy.

El hecho de que sus varitas estaban fuera, y de que los profesores se hallaban en las cercanías, dejaba más que claro que era lo que estaba pasando.

Pero, lo que ocasionó el pánico fue que justo frente a los dos chicos se encontraba una serpiente, la cual se levantaba sobre sí misma de manera peligrosa, silbando una amenaza: —Malditos humanos, ya me las pagarán por invocarme aquí sin siquiera estar en duelo —siseó molesto el reptil, mientras mostraba los colmillos a un chico, Justin de Hufflepuff.

Sin pensar siquiera en lo que hacía, Harry se acercó a la serpiente y comenzó a hablarle: —Detente, por favor.

Nadie trata de hacerte daño.

Mientras hablaba, Harry fue consciente de que estaba a punto de colocar todas las sospechas de la escuela sobre sí mismo, pero en ese momento lo único que le importaba era detener a una cabreada serpiente.

—Ah, un hablante… —La serpiente alzó la cabeza y olfateó el aire—.

Y también eres duelista.

Puedo sentir el poder de tus monstruos, aunque algo interfiere con ellos.

Harry quedó pasmado ante esa palabra.

Entonces reparó en que la serpiente no era precisamente común.

Era de un color verde fuerte, además de que tenía una protuberancia muy extraña en el cuerpo, similar a las de las cobras, pero mucho más largas, y las cuales, al olfatear, se abrieron, mostrando que en realidad eran un par de alas.

Antes de que Harry pudiera decir nada más, Snape se adelantó y pronunció un hechizo para desvanecer al ofidio.

Harry se quedó de pie con expresión pasmada, cuando la serpiente se volvió transparente, como si, en vez de desvanecerse, se hubiera convertido en un fantasma, para luego salir volando en dirección a uno de los miembros del Club de Duelistas.

El último silbido de la serpiente pareció quedar flotando en el aire: —Nos veremos, joven duelista… Harry quedó tan sorprendido que no se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor.

Snape le envió una mirada calculadora, mientras que la mayoría de los estudiantes lo hacían con horror.

Finalmente, entre Charlus, Ron, Hermione y Neville, consiguieron sacarlo de ese lugar.

Sobre todo, al ver que Justin parecía haberse recuperado del susto y ahora le dirigía a Harry una mirada de odio.

—¡Hablas pársel!

—exclamó Charlus, una vez que estuvieron en un aula vacía, lejos de las miradas incómodas.

Harry suspiró, mientras Neville miraba a otro lado, tratando de no confrontar a Charlus.

—¡Tú lo sabías!

—acusó Ron a Neville en cuanto vio esa reacción —¡Basta!

—lo debtuvo Harry—.

Sí, hablo pársel.

Neville lo sabe desde hace dos años.

Y mis padres también.

Charlus pareció dolido.

—¡Mi propio hermano habla pársel…!¡Y no consideraron decírmelo!

—No lo hicimos porque sabíamos que lo tomarías mal.

Incluso papá lo tomó mal en un primer momento.

—Lo último lo dijo con un tono bajo y dolido.

Ron intervino con furia renovada ante eso: —¡Por supuesto que lo tomaría mal!

¡Es un don de magos oscuros!

—Harry —intervino Hermione, tras darle una mirada desagradable a Ron—, sé lo extraño que es la habilidad.

He leído al respecto, ya sabes.

Comprendo la necesidad de mantenerlo en secreto.

Así que no entiendo cómo pudiste ser tan imprudente al respecto.

Harry volvió a suspirar.

—Sé que fue un error mostrar tal habilidad en frente de toda la escuela.

Pero, al ver que esa serpiente iba a atacar a Justin, fue lo primero que se me vino a la mente.

—Pues ahora toda la escuela debe pensar que tú eres el Heredero de Slytherin —sentenció Charlus, con un tono entremezclado de amargura y temor.

—Lo sé.

—Son prejuiciosos —dijo Neville—.

No se puede evitar que crean tonterías.

Harry le sonrió a su amigo.

Esperaron un rato, a que las cosas se calmara, y luego todos partieron en silencio de vuelta hacia los dormitorios.

10 Harry se sentó en silencio en la biblioteca, mientras todos los presentes se volvían hacia él para verlo.

Las miradas eran diversas: pasando desde el odio hasta el terror puro, o incluso a las calculadoras de algunos Slytherin mayores.

Charlus se había distanciado un poco de él, al igual que Ron.

El pelirrojo, si bien no creía que Harry fuera el Heredero, al menos sí parecía creer que había algo oscuro en él.

Charlus, por otro lado, estaba dolido de que su gemelo hubiera confiado más en Neville que en él para guardar su secreto.

Hermione, por su parte, estaba dividida entre apoyar a Harry o mantenerse cerca de Charlus.

Al final decidió que lo mejor era concentrarse en investigar todo sobre la Cámara de los Secretos y el monstruo que, según la leyenda, Salazar Slytherin había dejado allí para limpiar la escuela de los alumnos impuros.

Neville se mantuvo firme a su lado, incluso aunque eso significó ser tratado como un paria en el colegio, y aun después de que su abuela le había escrito, prohibiéndole continuar con su amistad con Harry.

Sin embargo, en un gesto de valentía un tanto raro en él, escribió a casa asegurando que no abandonaría a su amigo por un montón de rumores tontos.

Pero, ¿cómo la abuela de Neville se había enterado de lo sucedido en la escuela?

Sencillo: el diario El Profeta, con su «escritora estrella» Rita Skeeter, publicó un amplio artículo sobre el incidente y el supuesto hermano oscuro de Charlus Potter, «el niño que vivió».

Los Potter movieron algo de su influencia intentando acallar el asunto, pero el daño estaba hecho, y ahora todo el Mundo Mágico señalaba a Harry Potter como el próximo Señor Oscuro.

—Johan me escribió —susurró Harry a Neville en cuanto estuvieron solos—.

Ha decidido aplicar a la Academia de Duelos del Norte.

Será un duelista profesional.

Neville asintió, no muy sorprendido por eso.

—Era algo que se veía venir.

—He pensado en hacer lo mismo.

Dejar de fantasear con la posibilidad y hacerla realidad.

Es decir, actualmente estoy bien posicionado en los rankings nacional y europeo de las ligas infantil y juvenil.

Entre los duelistas comienzo a hacerme fama.

No es que eso me importe, pero me dice que estoy en buen camino para ser un profesional.

—Lo sé —respondió Neville—.

Junto con Johan estás hasta arriba de los puestos europeos.

Y de no ser por ese chico japonés, Judai, ambos estarían en la cima mundial.

Harry asintió.

Aunque estaba seguro de que este año él y Johan lograrían los primeros lugares mundiales en su rango de edad.

Judai se había retirado de los torneos, como anunció en una entrevista al Blog Oficial de la liga Infantil-Juvenil Mundial durante el verano.

Al parecer, sus padres querían que se concentrara más en sus estudios de secundaria.

No volvieron a hablar más de ese asunto y se enfocaron en terminar sus ensayos de transfiguración.

Harry, sin embargo, seguía sumido en sus pensamientos.

No podía apartar de su cabeza el encuentro con aquella serpiente, y no por las consecuencias que había traído sobre él la revelación ante toda la escuela de que hablaba pársel, sino porque le resultaba extrañamente familiar.

Sumado al hecho de que la serpiente lo reconoció como un duelista.

Además, ¿qué era eso de que había algo interponiéndose entre él y sus monstruos?

Una vez finalizados los deberes, ambos chicos volvieron a la torre de Gryffindor.

Harry fue hacia su baúl en cuanto llegaron al dormitorio.

Rápidamente extrajo un libro.

Era una enciclopedia de cartas, una publicación de Ilusiones Industriales en la cual se incluían la mayoría de las cartas impresas hasta el año pasado, junto con sus descripciones, rarezas y demás datos interesantes, tanto para duelistas como para coleccionistas.

—«Serpiente Siniestra» —dijo en cuanto llegó a la página que buscaba—.

¡Neville, mira esto!

Su amigo se acercó y miró la página en la cual Harry tenía abierto el libro.

—¡Es la misma serpiente de aquella noche en el Gran Comedor!

—exclamó extasiado—.

¿Cómo es posible?

—No lo sé.

Neville observó la imagen con fascinación.

Mientras que por la mente de Harry pasaban mil y una teorías.

La más loca (o no tanto si eres un mago) era que, de hecho, de alguna forma, los monstruos de duelo eran reales.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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