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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Acto IV — Capitulo 32 — Fortaleciendo el cuerpo
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34: Acto IV — Capitulo 32 — Fortaleciendo el cuerpo 34: Acto IV — Capitulo 32 — Fortaleciendo el cuerpo Dos días atrás, después de la subasta.

La tenue luz del amanecer se colaba por las cortinas, bañando con un brillo suave la habitación principal de la casa de Inei.

Inei respiraba con tranquilidad, envuelto en el calor que le brindaban las sabanas encima de su cuerpo, aún dormido después del agotador día anterior.

Sin embargo, la paz duró poco.

Un peso repentino sobre su abdomen lo sobresaltó, haciéndolo abrir los ojos de golpe.

—¡¿Q-qué…?!

—exclamó medio incorporándose, solo para encontrarse con la figura imponente de una mujer de cabello blanco y ojos grises que lo miraba con expresión severa.

Scathath, su maestra, estaba sentada con las piernas cruzadas sobre él, sus brazos igualmente cruzados bajo el busto, con esa mezcla de elegancia y autoridad que solo ella podía proyectar.

—Buenos días o debería decir mejor.

Buenas tardes, discípulo —dijo con tono frío pero no cruel—.

Pensé que Filo del Anochecer no te había drenado tanto, pero parece que unirte a esa espada te ha dejado más exhausto de lo que creí.

Inei parpadeó, frotándose los ojos, aún confuso por la repentina aparición.

—Maestra… ¿Qué hace sentada sobre mí y…?

—Dándote una razón para abrir los ojos, inútil —respondió secamente, aunque una ligera curva divertida se dibujó en sus labios—.

Y respondiendo a tu futura pregunta, cuando la espada se conecto contigo dreno gran parte de tu Arcam, pero al parecer no te diste cuenta…

Vamos, levántate.

Tenemos trabajo que hacer.

Pero primero… saluda a tu familia.

Inei se reincorporó con cuidado, notando cómo su maestra descendía con gracia del colchón.

Scathath caminó hacia la ventana, la abrió un poco, dejando que entrara el murmullo lejano de voces femeninas… y risas.

—Han estado en el patio desde el amanecer —comentó, con cejas arqueadas—.

, Tu tía, tu suegra y esa mujer…

¿Sunsei, verdad?

—Rodó los ojos—.

Me sorprende que no te hayan despertado con tanto escándalo.

Están riendo como si fuera un festival.

Inei se frotó la nuca, medio sonrojado.

—Solo dormí para descansar un poco pero me quede profundamente dormido…

Scathath se giró hacia él con una media sonrisa.

—Baja y diles que estarás fuera unos días.

No vayas a dejarlas preocupadas por desaparecer sin aviso otra vez.

Y no les digas adónde vas, es mejor mantenerlo en secreto.

Con pasos suaves pero firmes Scathath avanzo hacia Inei, se convirtió en una pequeña nube y entro a su cuerpo.

“Ve a las montañas una vez salgas de la ciudad, hay un lugar interesante que podría ayudar con lo que voy a hacer”.

Inei se cambio de ropa con rapidez y bajó las escaleras, aún sintiendo un leve calor en las mejillas.

Al llegar al salón principal.

Noto que había varias tazas y platos con rastros de comida en la encimera de la cocina, había bastantes, pensó en las chicas habían comido junto a las mujeres que están afuera en el patio.

Sonrió y salio al patio siendo golpeado por los rayos del sol y el ambiente era tan animado como su maestra había dicho antes.

Lucia, Lushui y Sunsei estaban sentadas alrededor de una mesa te, charlando mientras tomaban te y comían algunos dulces.

Al verlo, las tres levantaron la mirada al unísono.

—¡Ah, Inei!

—dijo Lucia con una sonrisa cómplice—.

¿Por fin despertaste?

Juraría que intentamos todo tipo de escándalos para lograrlo.

—Buenos días, querido —añadió Lushui con voz melodiosa—.

¿Acaso te ocultabas de nosotras?

—O quizás quería quedarse soñando con nosotras~ —bromeó Sunsei, recostándose ligeramente hacia atrás.

Inei carraspeó con suavidad.

—No es eso.

Solo… me quedo dormido profundamente, flotando en la oscuridad de los sueños.

Se acercó unos pasos y se inclinó ligeramente en señal de respeto.

—Solo pasaba a decirles que estaré ausente por unos días.

Iré con mi maestra a entrenar… así que no se preocupen si no me ven por un tiempo.

Lushui frunció los labios con suavidad, su expresión tornándose un poco preocupada.

—¿Te alejas por el ruido que hacemos?

¿Por nuestra presencia…?

Si es así, Inei, no queríamos interrumpirte.

Inei negó rápidamente, alzando ambas manos.

—¡No, para nada!

—respondió con sinceridad—.

Esta siempre será su casa.

Ustedes son parte de mi vida ahora, las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para ustedes, siempre serán bienvenidas.

Lo que haré ahora no tiene que ver con ustedes.

Es solo… parte de mi camino.

Las palabras, aunque sencillas, calaron hondo.

Lucia sonrió con calidez, Sunsei ladeó la cabeza con dulzura, y Lushui se levantó para acercarse, abrazándolo suavemente.

—Entonces ve, mi pequeño yerno.

Pero vuelve sano y salvo… y no tardes demasiado, ¿sí?

Inei asintió, rodeado por los afectos de las tres mujeres.

Cuando se giró hacia el portón de madera, escuchó tras de sí la voz de Lucia en tono juguetón: —!Y no dejes que ninguna gata se te acerque o Yeryn se pondrá molesta!

Su comentario trajo las risas de las dos mujeres que la acompañaban, mientras avanzaba Inei no pudo ocultar una risita baja.

“Luego hablare con ella, no quiero que este molesta conmigo mucho tiempo…” —– Las cima de una montaña era fria por naturaleza, Inei seguía las instrucciones dadas por su maestra, y ahora se preguntaba si valía la pena haberle hecho caso.

Se estaba muriendo de frio y Scathath no le ha hablando desde que salio de la ciudad.

La tormenta de nieve en la cima de la montaña se hacía más fuerte, y Inei comenzaba a perder la visión a largo plazo.

El viento silbaba con furia, levantando copos de nieve que golpeaban su rostro como diminutas agujas de hielo.

Sus ropas estaban húmedas por la ventisca, y sus botas apenas se aferraban al terreno rocoso y cubierto de escarcha.

—Tsk…

esto se está saliendo de control —murmuró con voz entrecortada, mientras usaba su brazo para cubrirse los ojos.

Dio un paso más, pero en ese instante, una ráfaga brutal de viento descendente lo embistió con violencia.

Inei perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, sintiendo cómo sus pies se despegaban del suelo.

Pero antes de que pudiera tocar el suelo helado, una mano firme y cálida lo sostuvo por la espalda.

—¿Tan débil estás, que una brisa te puede derribar?

—dijo la voz conocida, como un trueno suave en su oído.

Inei alzó la mirada y allí estaba Scathath, erguida en medio de la tormenta, su cabello blanco ondeando al viento, sin parecer afectada por el clima.

Lo miraba con sus intensos ojos grises, sin rastro de burla, pero sí con expectativa.

—Maestra—.

Empezó Inei pero se detuvo al sentir un fuerte pero amable calor surgiendo desde su espalda.

—Te preste un poco de mi fuerza, al pareces tus reservas no se han llenado de nuevo, y eso me preocupa más que está tormenta.

Si no tienes tu Arcam al 100% para cuando comience a fortalecer tu cuerpo.

Me temo que morirás aquí mismo.

Y tengo miedo de que esa mujer me haga algo.

Dijo Scathath ahora tomando la mano de Inei para que comenzara a caminar otra vez.

Quiso preguntar a que se refiera con “Esa mujer”.

Pero la voz de Scathath sonó primero.

—Más delante hay una cueva, fortaleceré tu cuerpo ahí.

Vamos agiliza el paso.

Inei siguió a su maestra a través de la ventisca, aún sintiendo la calidez residual de la fuerza que ella le había prestado.

Aunque sus pasos seguían siendo pesados, ya no temblaban, y el frío, aunque persistente, no lograba hacerle titubear.

Scathath caminaba delante de él, su silueta elegante y fantasmal se recortaba contra la nieve como una figura inquebrantable.

A pesar del terreno difícil, se movía con la misma naturalidad que tendría una hoja deslizándose por el viento.

No dejó de avanzar ni una sola vez.

Media hora más tarde, la tormenta había cedido un poco.

Inei avanzaba tras la silueta firme de su maestra, cuyos pasos dejaban huellas exactas sobre la nieve, como si el viento y el clima la respetaran.

A pesar del frío cortante, el cuerpo del joven ya no temblaba como antes.

La fuerza que Scathath le prestó seguía fluyendo sutilmente dentro de él, dándole la resistencia necesaria para no desfallecer.

Finalmente, el bosque nevado se abrió paso a un claro.

Todo estaba cubierto por un manto blanco y silencioso, pero en el centro, detrás de unas rocas cubiertas de hielo, se alzaba una entrada oscura: la boca de una cueva.

Apenas visible, su interior exhalaba un leve vapor cálido que contrastaba con el gélido entorno.

—Llegamos —anunció Scathath sin girarse, y caminó con seguridad hacia el umbral.

Inei la siguió, sus botas crujieron sobre la nieve endurecida antes de que sus pies tocaran finalmente la roca interior.

El cambio fue casi inmediato.

El aire dentro de la cueva era más denso, cálido, casi acogedor.

Un leve resplandor azulado cubría las paredes, como si el lugar respirara con vida propia.

Apenas unos pasos dentro, Inei sintió cómo algo lo invadía.

No era hostil, pero sí poderoso.

Una corriente de energía densa, profunda, como si estuviera rodeado por un mar invisible de fuerza.

—Este lugar…

—murmuró, llevándose la mano al pecho.

—Arcam puro —dijo Scathath, deteniéndose al fin—.

Hace unos días la sentí, antiguos cultivadores consumieron una unión pura en este lugar y al parecer la cueva los protegió de lo que sea que estuviera pasando afuera en ese momento…Siglos o tal vez miles de años existiendo, acumulando Arcam en su interior hasta llegar a un nivel más puro que un cultivador en la cima del mundo…

Inei se acuclilló instintivamente, sintiendo una presión creciente en su pecho, como si cada célula de su cuerpo reaccionara al entorno.

—¿Y qué se supone que debo hacer ahora…?

—preguntó, aún con la voz agitada.

Scathath lo miró con expresión seria.

—Te sentarás.

Cerrarás los ojos.

Respirarás con calma.

Y absorberás esta energía.

Me sentiré más confiada si logras recuperar tus reservas de Arcam, en el mejor de los casos si puedes ascender a ser un Ort de cuatro estrellas las probabilidades de mejorar tu cuerpo son más grandes.

Inei se levanto suavemente y miro fijamente los ojos grises de su maestra, respiro profundamente y entonces avanzo hacia una especie de plataforma de piedra que había en medio de la parte principal de la cueva, iluminada levemente, se sentó en el medio de la plataforma dándole la espalda a su maestra, relajo su cuerpo.

Y comenzó a meditar absorbiendo el Arcam natural puro que lo rodeaba.

Scathath, mientras tanto espero unos minutos hasta asegurarse que Inei estaba totalmente sumergido en su meditación.

Se acerco flotando, sus piernas ya no se veían ahora solo era una pequeña nube, se sentó con elegancia a unos metros de él.

Observaba en silencio, con la mirada de una fiera que cuida a su cachorro.

En su interior, evaluaba cada movimiento de su discípulo, calculando el momento exacto para intervenir si el flujo lo sobrepasaba.

—“Inei.

Si superas este paso… entonces el verdadero entrenamiento podrá comenzar.”—pensó, mientras su mirada se perdía en la quietud de la cueva, cuyo silencio parecía contener siglos de secretos aún no revelados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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