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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Acto Iv — Capitulo 33 — Esencia de hielo
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35: Acto Iv — Capitulo 33 — Esencia de hielo 35: Acto Iv — Capitulo 33 — Esencia de hielo El aire en el corazón de la cueva oscilaba con un torbellino carmesí, un flujo ardiente y constante que se deslizaba en espiral hacia el cuerpo de Inei.

Cada partícula de energía danzaba en sincronía con su respiración, envolviéndolo en un silencio casi sagrado.

Hacía exactamente una semana desde que la joven promesa del Clan Nozen se había adentrado en aquel lugar oculto, por órdenes estrictas de su maestra, Scathath.

La antigua experta del Arcam permanecía sentada a pocos metros de él, su figura etérea envuelta en un tenue resplandor violáceo que iluminaba la caverna con una luz apacible pero vigilante.

Durante siete días y siete noches, no había cerrado los ojos ni una sola vez.

Como una sombra protectora, había observado en silencio cada pulso, cada vibración del Arcam de su discípulo, alerta a cualquier señal que pudiera significar peligro… o avance.

Horas atrás, Scathath había sido testigo del rompimiento del umbral.

La energía de Inei había fluctuado con violencia y majestuosidad, hasta cristalizar en una nueva estrella en su núcleo: la cuarta estrella del nivel Ort.

Sin embargo, lejos de detenerse, la llama interna y el núcleo del muchacho parecía aún hambrientos.

Su núcleo seguía absorbiendo con furia el manantial de energía que brotaba de las paredes mismas de la cueva.

Scathath entrecerró los ojos, contemplando esa luz carmesí con cierta nostalgia y…

esperanza.

Sabía lo que eso significaba.

Su cuerpo espectral flotó ligeramente, y con voz firme, que sin embargo contenía una calidez insólita, dijo: —Inei… abre los ojos.

Es hora de pasar a la siguiente fase.

El joven respiró hondo.

La voz de su maestra, como ya se estaba siendo costumbre desde que están juntos, tenía el poder de atravesar cualquier trance o distracción.

Lentamente, sus párpados temblaron antes de abrirse.

Sus ojos, oscuros como el cielo nocturno, cálidos pero decididos, se alzaron hasta encontrar a la mujer que lo había guiado en silencio los últimos meses.

Allí estaba Scathath.

Como siempre: firme, bella, y envuelta en esa aura que no pertenecía a este mundo.

—Maestra —murmuró, con respeto y un dejo de cansancio.

Scathath asintió y se acercó, haciendo que su figura flotara sobre el suelo rocoso con una gracia imposible.

Sin más palabras, le tendió la mano.

—Ven.

Vamos más profundo.

Lo que viene ahora no es algo que pueda lograr tu núcleo por sí solo.

Necesitaremos fortalecer tu cuerpo.

Inei tomo su mano y se levanto con la ayuda de su maestra, dando una media vuelta comenzaron a marchar por el largo y angosto pasillo oscuro.

Caminaron en silencio.

Las paredes de roca comenzaron a humear a medida que descendían.

Un tenue vapor rojizo surgía del suelo y flotaba en el ambiente como si la cueva misma respirara.

Al llegar al fondo, Inei sintió un cambio inmediato: el calor era más espeso, más vivo, como si la energía espiritual allí tuviera voluntad propia.

Frente a ellos, la fuente termal brotaba de una grieta en la roca negra.

El agua, de un rojo cristalino, bullía suavemente, emitiendo un resplandor cálido.

—Dame el anillo y quítate la ropa, una vez que entres, cierra los ojos y siéntate contra el fondo.

Yo haré el resto.

Inei obedeció una vez más, después de quitarse el anillo y la ropa se sumergió lentamente hasta la cintura.

La calidez lo abrazó como una caricia íntima.

Respiró hondo y relajo su cuerpo, sus ojos se cerraron mientras se recostaba con el final del estanque termal.

Scathath saco un montón de ingredientes de su anillo dimensional, desde ramas con esencia hasta piedras y píldoras de gran nivel.

Pero ella solo seleccionó una piedra helada y varias platas con características azules.

Una vez tenia todos los ingredientes seleccionados en su mano izquierda, levanto su mano derecha y apretonwl puño.

Un pequeño silbido helado aconpaño a una pequeña ventisca que se formó alrededor de ella.

Scathath aumento el calor de su llama y y fue pasando ingredientes tras ingredientes, convirtiéndolos en cenizas o pequeños líquidos de distintos colores.

Una vez todas las planyaa fueron disueltas o reducidas a un estado líquido, Con sumo cuidado.

Scathath unió todo en una sola bola arcoiris de tamaño mediano.

Miro a Inei que parecía estar sumergido en la relación que le brindaba las aguas.con sus manos y la presión Arcaica que ejercía sobre la bola, la guío hasta sumergirla en el agua burbujeante.

El color carmesí de las aguas cambiaron rápidamente a un color azul claro.

—Uff.

Inei se estremeció al sentir como se el calor era reemplazo con frío.

—No te muevas mucho, actualmente no tengo el poder para guiar este jarabe a ti cuerpo directamente, así que lo mezclare con el agua para que poco a poco entre en tu cuerpo.

Así que por favor sumerge todo tu cuerpo en el agua y no quiero quejas.

Inei miro a Scathath con una pequeña mueca, pero decidió obedecerla, tomo una profunda respiración y se sumergió en el agua.

El cuerpo de Inei comenzó a flotar por debajo de la superficie del agua, abrió un los ojos un momento y y pudo observar el trabajo que realizaba su maestra.

Varias corrientes de un color azul profundo se movían en espirales mientras más se acercaban a su cuerpo.

Cuando la primera corriente lo toco Inei sintió un frío indescriptible en su abdomen, luego en sus brazos y piernas, y así continuo a medida que las corrientes chocaban contra su cuerpo.

Mientras el cuerpo de Inei flotaba bajo la superficie, las corrientes de energía medicinal se deslizaban como serpientes de cristal líquido, penetrando con lentitud en cada fibra de su ser.

Su piel, normalmente cálida por la afinidad al fuego, ahora se estremecía ante el gélido impacto de la alquimia helada que Scathath había preparado.

Pasaron los minutos y las corrientes medicinales ya se habían adentrado en el cuerpo de Inei, recorriendo ahora sus venas y arterias, purificando sus canales y limpiando su sangre.

Mientras esté proceso de Purificación estaba en marcha, Scathath respiro, el primer paso estaba listo.

Su figura etérea parpadeaba mientras flotaba en el borde del estanque.

Se apoyo en sus manos para poder estabilizarse del mareo que sentía, si figura parpadeando cada vez más.

—Un poco más…

Un poco más…

Se dijo así misma, tomando una fuerte respiración.

Levanto las manos en forma de las manesillas del reloj hasta unirlas en su regazo.

Respiro y exhaló suavemente un total de diez veces, a la onceava abrió sus ojos, un color morado brillante en sus pupilas antes de que estás volvieran a cambiar a un gris oscuro.

Con su mano izquierda atrajo un cristal Azul, casi blanco.

Este cristal emanaba un aire frío y soltaba levemente pequeños bancos de nube.

Scathath abrio su puño derecho y la llama blanca, infierno gélido volvió a aparecer en sus manos, Scathath ajusto la temperatura de su llama para que está sea más caliente que fría.

Con suaves movimientos de sus manos, Scathath empezó a purificar y derretir el cristal helado.

Sus manos se movían en una pequeña danza que manipulaba la llama.

…El cristal comenzó a agrietarse con un sonido sutil, como hielo partiéndose bajo una pisada ligera.

Las fracturas se expandieron en espiral, desvelando su núcleo interno: una energía líquida contenida en estado sólido durante siglos.

Scathath tensó los hombros al sentir el primer desprendimiento.

El proceso de purificación no era simplemente derretirlo: era liberar su esencia sin corromper su estructura espiritual.

Si lo hacía demasiado rápido, el alma del cristal se disiparía en el aire; si lo hacía demasiado lento, el líquido se volvería inestable y ácido.

—Obedece…

—murmuró mientras giraba la llama en su palma, ajustando su densidad y forma.

Las chispas de su llama blanca formaban figuras, como pétalos que caían al revés, elevándose en lugar de descender.

El cristal, ya reducido a una forma semilíquida, comenzó a vibrar levemente, temblando como si resistiera la transformación.

Scathath frunció el ceño.

Sabía que venía la parte más peligrosa.

Con su mano libre, extendió dos dedos y dibujó un pequeño círculo en el aire.

Rúnicas del antiguo Arcam se encendieron, girando a su alrededor.

Luego, como si la energía comprendiera lo que debía hacer, la sustancia interna del cristal terminó de licuarse, formando una esfera del tamaño de una gema pequeña.

Era una esfera azul pálido, translúcida, pero en constante movimiento, como agua atrapada dentro de una burbuja de vidrio.

Fluctuaba en forma, estirándose, temblando, girando sobre sí misma.

No tenía estabilidad: su alma espiritual no deseaba ser contenida.

Scathath bajó ambas manos con sumo cuidado, colocándolas alrededor de la esfera flotante.

—No te deshagas… todavía no… —susurró, como si hablara con un ser vivo.

La presión arcaica de su alma se condensó como una campana invisible alrededor del líquido.

Sosteniéndola con ambas palmas, descendió lentamente hacia el borde del estanque.

El rostro de Scathath estaba perlado de sudor espiritual; su figura se desdibujaba con cada paso, pero sus ojos se mantenían firmes.

Al llegar al borde, se inclinó, y con una precisión quirúrgica, sumergió la pequeña esfera líquida en el agua.

Esta no se disolvió de inmediato.

Rebotó una vez sobre la superficie, como si flotara, y luego, por fin, fue absorbida.

En lo profundo del estanque, el cuerpo de Inei se estremeció al instante.

Scathath se arrodilló de inmediato, llevando ambas manos al agua.

—Controlaré la corriente…

solo un poco más…

El estanque comenzó a agitarse con suavidad.

Corrientes azul celeste se arremolinaban bajo la superficie, girando como serpientes dóciles que ahora obedecían el llamado de su domadora.

Con dedos firmes pero delicados, Scathath guió la energía hacia el pecho de Inei, canalizándola con precisión hacia su núcleo interno.

A diferencia de las corrientes anteriores, esta sustancia era más densa, más viva.

Parecía moverse con voluntad propia, chocando suavemente contra la barrera de su piel antes de encontrar un punto por donde filtrarse.

Inei arqueó levemente el cuerpo al sentir el primer contacto.

Esta energía no solo enfriaba: reconectaba.

Era como si partes olvidadas de su alma se estuvieran encendiendo otra vez, una por una.

Scathath apretó los dientes, obligándose a mantener la concentración.

—Vamos, Inei…

acepta esta bendición.

Convierte este caos en orden.

Las venas de Inei comenzaron a brillar tenuemente.

Ya no en azul profundo, sino en un blanco azulado, puro, casi divino.

La esfera líquida ya no se resistía: estaba siendo aceptada.

Y en ese instante, Scathath soltó un pequeño suspiro, su figura tambaleándose como una vela a punto de apagarse.

Había logrado introducir la corriente final.

Pero ahora…

el verdadero riesgo comenzaba.

Scathath se recostó en el frio suelo de piedra, para reponer energías.

Pero sin dejar de observar el proceso de su discípulo.

“Parece no que no hay muchos problemas con su cultivo…Tal vez en unas horas podrías absorber todo la energía del cristal”.

Pensó sonriente mientras veía como Inei se abría paso a la quinta estrella.

“Considerarlo un genio es poco, él fácilmente puede considerarse una estrella de la generación.

Tal vez este pensando muy adelantado, pero estoy segura que ningún joven de las familias antiguas se comparará con el…

Es como una esmeralda en un mar de diamantes”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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