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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Acto IV — Capitulo 34 — Doble elemental
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36: Acto IV — Capitulo 34 — Doble elemental 36: Acto IV — Capitulo 34 — Doble elemental Scathath permanecía acostada sobre el frío suelo de piedra, su figura incorpórea adoptando por un momento una quietud inusual.

Con los ojos cerrados y el cuerpo extendido, dejó que su conciencia se sumiera en una especie de descanso forzado.

Por primera vez en años, permitió a su alma vagar brevemente en un sueño liviano.

Antes de rendirse al sopor, un pensamiento cruzó su mente, cálido como un anhelo enterrado: “No se porque pero, tengo el presentimiento de que algún día… este niño será la nueva cabeza de la generación.

Será más que un líder… será un faro y el camino para los próximos” Horas, o quizás días después de tomar un pequeño sueño rejuvenecedor, Scathath abrió los ojos.

Lo sintió antes de verlo.

El ambiente había cambiado.

La caverna ya no vibraba con calor ni emitía los destellos carmesí que antes iluminaban las paredes como brasas vivas.

Todo el entorno se había tornado pálido, cubierto por una luz cenicienta y opaca.

Un aliento gélido flotaba en el aire, mordiéndole el rostro incluso a ella, que ya no poseía un cuerpo físico como tal.

Scathath se incorporó lentamente.

El estanque, antes burbujeante y lleno de calor, ahora yacía en un profundo silencio.

La superficie del agua era cristalina, pero exhalaba un vapor azulino que helaba con solo mirarlo.

Lo que antes era un santuario de calor curativo, se había transformado en una piscina polar.

—¿Qué demonios…?

—murmuró, una sombra de preocupación cruzando su rostro perfecto.

Sus ojos se clavaron en el centro del estanque, y lo vio.

Allí estaba Inei.

Su cuerpo permanecía sumergido en la profundidad, en posición de loto, con los ojos cerrados y la respiración apenas perceptible.

Pero lo que más llamó la atención de Scathath fue el aura que lo rodeaba.

El aire alrededor del joven chispeaba con una danza de luces contrapuestas: llamas rojas y zafiros helados se entrelazaban sin destruirse.

Una armonía imposible entre opuestos.

Scathath gateo un poco hasta la orilla del estanque.

El calor ya no existía.

De hecho, incluso para un espíritu, el frío que emanaba del estanque resultaba incómodo, casi doloroso.

Se inclino más cerca al borde del agua.

Dudó por un instante, pero luego extendió una mano hacia el estanque.

Apenas sus dedos tocaron la superficie, un crujido repentino la hizo retirar la mano.

Una capa de hielo se había formado sobre ella, cristalizando su piel espectral como si intentara encerrarla en un ataúd de escarcha.

Sus ojos se abrieron de par en par.

Eso no debía ser posible.

Ella, que había tocado un nivel de poder semi divino, con un control de fuego y hielo perfectos gracias a su llama ‘infierno gélido’ su control era de los mejores, superior a cualquier cultivador de rango semi-divino.

—No puede ser…

—susurró.

Aún sin poder creer que solo un ligero toque de este hielo casi la atrapa eternamente.

Con el poco Arcam que aún conservaba, canalizó su visión, enfocando directamente el centro espiritual de su discípulo.

La energía del entorno se distorsionó por un segundo, y entonces lo vio.

En el nucleó de Inei ya no había calor, no había un solo elemento.

El centro de su pecho ahora brillaba con dos esferas de energía superpuestas.

Una ardía como el corazón de una estrella; la otra, relucía con la pureza de un glaciar inalterado.

Fuego e Hielo.

Una dualidad perfecta, contenida en un solo cuerpo.

Un milagro.

—Ha…

ha dividido su núcleo… —Scathath no sabía si sonreír o alarmarse.

Y no solo eso.

Al alrededor de su nucleó giraban nueve estrellas, las nueve estrellas de Ort.

Una más, y entraría en la barrera para avanzar a Ohn, la siguiente etapa de poder.

“¿Cómo… cómo rayos lo hiciste, Inei…?

¿Cómo pudiste lograr una armonía casi perfecta entre dos elementos?” Scathath se dejó caer al borde del estanque.

Su expresión era mezcla de asombro y temor reverente.

El agua seguía palpitando con ese frío ancestral que parecía salir del mismo aliento del cosmos.

—Eres una anomalía, muchacho…

—dijo con una voz temblorosa, pero cargada de admiración—.

Una anomalía gloriosa.

Entonces, una vibración sutil sacudió la caverna.

El estanque emitió un pulso.

No era un temblor físico.

Era un latido.

El cuerpo de Inei brilló.

Por un segundo, Scathath pudo ver las marcas de los dos elementos fluyendo por sus meridianos: venas ígneas y caminos congelados, conviviendo en armonía.

Scathath llevó una mano a su pecho.

Por primera vez en años, sintió algo dentro de ella acelerarse.

Era algo más que el orgullo de una maestra.

Era el vértigo de estar ante el nacimiento de una leyenda.

—Carajo niño…No tengo palabras para, mierda ni siquiera puedo pensar en algo…—.

Los ojos grises de Scathath temblaban con emoción desbordante pero pronto se dio cuenta de algo que no le agradaba mucho.

Y eso era que el núcleo de Inei había una clara diferencia de poder elemental, el hielo era superior al fuego, y eso no podría ser posible, si ella quería que Inei siguiera sus pasos como alquimista el fuego debería ser superior.

Se mordió el labio inferior con frustración.

Si mente comenzando a trabajar a mil por horas, muchas opciones atravesaban su mente, opciones aunque difíciles sería muy eficientes.

Pero entonces recordó.

El cristal ígneo, giro levemente su cabeza hacia su anillo dimensional el cual flotaba a poco metros de ella, anteriormente después de que Inei se durmirera en en el carruaje, fue llevado por su padre a su residencia, después de acostar a Inei en su cama, Xiay había dejado la caja en uno de los muebles de la habitación de Inei.

Scathath atrajo el anillo y rápidamente saco la caja del cristal.

La abrió suavemente y el calor rodeo su cuerpo espectral.

Sonrió y sin perder más tiempo empezó a transformar la el cristal, derritiendolo con esfuerzo.

Tras unos minutos de someter el cristal a su fuego eterno, el cristal en forma de rombo paso a un estado líquido restringido en una pequeña bola inestable.

Scathath suspiro un poco cansada y sumergió la esfera en el estanque congelado y la guío hasta el cuerpo de su discípulo.

Inei frunció el ceño al sentir un calor externo en su abdomen.

—No luches, solo aceptalo y absorberlo tal y como hiciste con el fragmento de hielo.

Inei escucho la voz de su maestra y se relajo, movió sus manos en un círculo pequeño y empezó a trabajar en guiar ese poder a su núcleo.El estanque volvió a temblar.

Apenas la pequeña esfera ígnea entró en contacto con el cuerpo de Inei, la temperatura cambió de inmediato.

El vapor helado comenzó a disiparse ligeramente, dejando escapar destellos rojos y anaranjados como brasas flotando sobre la superficie.

Scathath, aún arrodillada en la orilla, cerró los ojos por un instante para sentir el flujo del Arcam a través del agua.

Era intenso.

Agresivo.

Un torrente de energía salvaje, que buscaba ser contenido.

Dentro del estanque, el cuerpo de Inei brillaba ahora con tonos cruzados.

Su pecho se inflamaba con una pulsación rítmica mientras el fuego líquido entraba en sus meridianos.

Las rutas previamente marcadas por el hielo comenzaron a calentarse, forzadas a adaptarse a esta nueva corriente.

El fuego buscaba espacio, intentaba abrir camino donde antes solo había escarcha.

El rostro de Inei se contrajo por la tensión.

La energía del cristal ígneo no era benévola.

Era poderosa, violenta, y estaba impaciente por dominar.

Sus músculos se tensaron, su respiración se volvió errática.

Una ligera aura dorada emergió de su cuerpo, un signo claro de que el fuego estaba encendiendo su núcleo interior con toda su fuerza.

Scathath observaba en silencio, pero su expresión estaba tensa.

Sabía que este proceso no era sencillo ni seguro.

—El cristal era más fuerte que un Ony… su núcleo colapsará si falla en absorber —susurró—.

Vamos, Inei… no te atrevas a fallarme ahora.

El joven mantenía los ojos cerrados, sumido en una tormenta interna.

Por dentro, el fuego y el hielo chocaban una vez más, esta vez no en perfecta armonía, sino en una guerra total.

Dos fuerzas en un mismo cuerpo, cada una buscando tomar el control.

Pasó una hora.

Luego dos.

El agua del estanque burbujeaba violentamente, alternando entre oleadas frías y ráfagas calientes.

En ocasiones, fragmentos de hielo aparecían sobre la superficie solo para derretirse en segundos, como si el estanque no pudiera decidir qué elemento debía dominar.

Scathath se sentía tensa ya no podía mover su cuerpo.

Su energía espiritual se estaba consumiendo por el repentino cambio de temperaturaa, pero no apartaba la mirada de su discípulo ni por un segundo.

Tres horas.

La esfera de fuego líquido que ya no existía.

Había sido completamente absorbida por su núcleo… pero el proceso de integración aún no concluía.

Dentro de su pecho, las dos esferas de energía giraban con una velocidad antinatural, como si compitieran por alcanzar el centro.

Y entonces… la cuarta hora llegó.

Una explosión de energía sacudió la caverna.

¡BOOM!

El agua del estanque fue disparada hacia los bordes como si una inmensa roca hubiera caído sobre el.

Una neblina helada pero cálida se levantó en el aire, llena de energía espiritual.

Cuando se disipó Inei estaba apoyado en sus rodillas para no caer al suelo, su cuerpo estaba rojo y su respiración era muy agitada.

Sus ojos anteriormente grises, ahora eran de un color azul claro.

Scathath abrio los ojos antes este suceso pero le dio igual, su sonrisa creció al ver que Ibeibse había abierto lado hasta la tercera estrella de Ohn.

—Felicidades mocoso~ no solo avanzaste de etapas si no que también adquiriste un nuevo elemento.

Inei se llevó una mano al pecho y apretó con fuerza, su respiración se volvió más pesada y empezó a marearse.

Cuando cayó al suelo Scathach se apresuró en llegar a el y tomarlo entre sus brazos, su cuerpo estaba ardiendo.

Scathath afino su visión para ver qué había mal en el cuerpo del chico.

Recorrio los meridianos del chico, los cuales estaban alterados por la gran cantidad de Arcam extra que entró en su cuerpo.

Pronto se diobcuenta de que gran parte de su sangre bajaba hacia la parte íntima de su discípulo, causándole una erección.

“Mierda, el Arcan extra está funcionando como un afrodisíaco para su cuerpo, carajo y en estos momentos no tengo la fuerza para ayudarlo”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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