Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 40
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41: Acto Iv — Capitulo 39 — Un nuevo rostro.
41: Acto Iv — Capitulo 39 — Un nuevo rostro.
Con el jardín ahora calmado y lleno de una nueva energía de alivio y esperanza, las multitudes comenzaron a disiparse.
Justo antes de que se marchara, Nozen Arash se acercó de nuevo, su expresión respetuosa.
—Joven maestro, me disculpo por molestar, pero le ruego que se presente en el salón principal más tarde —dijo con voz grave—.
Su padre y la señora Lushui, estarán de vuelta después de que termine la reunión en el Mausoleo y creo que le alegrará a ambos verlo.
Inei asintió, su mirada era tranquila y firme.
—Ahí estaré.
Con un último gesto de respeto, Arash se marchó, dejando a Inei solo con sus seres queridos.
Ziyu se aferró a su mano y, sin soltarlo, lo guio hacia el grupo de chicas.
La tensión que había rodeado la confrontación se había desvanecido, reemplazada por la calidez de la amistad.
Inei saludó a cada una con una naturalidad que a Yeryn le pareció un milagro.
Era la misma confianza que había visto en él antes de que la tragedia con su madre los golpeara, la misma que había anhelado ver durante los últimos tres años.
No pudo contenerse; se separó de Alina y Lien y se abalanzó sobre Inei para darle un fuerte abrazo.
—Bienvenido de vuelta, Inei —susurró con voz temblorosa, la emoción latiendo en sus ojos.
Cuando Yeryn se apartó, fue el turno de Lien y Alina de saludarlo.
Sus gestos fueron respetuosos, llenos de la formalidad que correspondía a su estatus dentro del clan.
—Es un honor tenerlo de vuelta, joven maestro —dijo Alina, con una leve reverencia.
—Me alegra verlo, amo.
—Lien hizo lo mismo, aunque en sus ojos brillaba una admiración profunda y un respeto inquebrantable que Inei no había visto en ella antes.
—Por favor —dijo Inei, con una leve sonrisa—, no me traten así.
Trátenme como a un amigo.
Alina sonrió y asintió, aceptando la petición de inmediato.
Pero Lien solo se limitó a mirarlo, con una determinación en sus ojos color miel.
Inei se dio cuenta de que su petición no sería tan fácil de cumplir para ella, al menos no en ese momento.
Era una barrera que tendría que derribar con el tiempo.
Finalmente, su mirada se encontró con la de la chica de cabello naranja.
Ella se adelantó con una sonrisa radiante y una energía que parecía iluminar el espacio a su alrededor.
—¡Hola!
—dijo con una voz brillante extendiendo la mano derecha—.
Mi nombre es Heracles, Heracles Altherion pero puedes llamarme Hera,es un placer conocerte, Inei.
Inei parpadeó un poco mientras le estrechaba la mano.
Su nombre, Heracles, era inusual para una chica, y su apellido, Altherion, le resultaba completamente extraño.
Rápidamente, por su cabeza pasó el hecho de que ella no era de las tierras cercanas.
—El placer es mío, señorita Hera —respondió Inei, su voz conservando un tono formal, a pesar de sus esfuerzos por ser informal con sus amigos.
Yeryn, al notar la curiosidad de Inei, intervino con una sonrisa.
—Ella es Hera —explicó Yeryn—.
Es una viajera en busca de aventuras y la conocimos hace unos días.
Cuando se enteró de la situación en la ciudad, no dudó en unirse a nuestra causa para ayudarnos contra la amenaza de los orcos.
Inei miró a la chica de cabello naranja.
Su energía vibrante era innegable, y le recordó de alguna manera a las historias que había leído sobre héroes que aparecían en los momentos más oscuros.
—Gracias por tu ayuda, Hera —dijo Inei, su tono ahora más sincero—.
Significa mucho que una viajera se arriesgue por nuestra ciudad.
Hera asintió, su sonrisa se amplió, mostrando una fila de dientes perfectos.
—No tienes de qué preocuparte, Inei —respondió con una confianza que llenó de energía a los presentes—.
Mi espada y mis habilidades son tuyas para la batalla.
La simplicidad y la seguridad de su afirmación sorprendieron a Inei.
La mayoría de los cultivadores de Arcam eran reservados con sus promesas, pero Hera parecía no tener filtros.
—De todos modos, será mejor que me vaya —continuó Hera, haciendo un gesto hacia la salida del jardín—.
Te dejo para que te pongas al día con tus amigas.
¡Nos vemos por ahí!
Con un último guiño, la chica de cabello naranja se dio la vuelta y se alejó con una agilidad sorprendente, su figura tonificada desapareciendo rápidamente entre los árboles del jardín.
Inei la vio marcharse.
Su presencia había sido un destello de luz en medio de la sombría reunión.
Se giró hacia el grupo, y por primera vez, el peso de lo que acababa de suceder se hizo completamente real.
Ziyu, que aún sostenía su mano, se acercó a su oído, su voz era un susurro roto.
—El joven Serthen dijo cosas horribles sobre mi padre y mi abuelo…
y sobre ti.
—Las lágrimas se asomaron a sus ojos grises.
Inei soltó su mano para tomarla suavemente por el rostro.
Su mirada era de acero, pero su toque era gentil.
—Ya no importa lo que ese perro ladró.
—dijo Inei, su voz apenas un murmullo—.
De ahora en adelante, haré que las acciones de nuestra familia hablen por nosotros.
Y te prometo una cosa, Ziyu: jamás permitiré que nadie te haga daño ni a ti ni a los tuyos.
No volveré a ser el inútil que se encerró en una cabaña.
El rostro de Ziyu se iluminó, y ella se abrazó a él de nuevo, esta vez con una emoción renovada, la pena aún estaba ahí, pero ahora estaba mezclada con una inmensa esperanza.
Yeryn y Alina se acercaron a ellos, creando un círculo de apoyo, mientras Lien observaba en silencio, con una admiración aún más profunda en sus ojos miel.
Tras un pequeño plazo de tiempo, el grupo estuvo de vuelta en la cabaña de Inei, fueron recibidos por una muy emocionada Mei, la hermana pequeña de Alina se abalanzó sobre su hermana mayor casi tirandola al suelo lleno de ramas caídas de los árboles.
Al fondo se veía Sunsei sonriendo al verlos regresar, Inei se detuvo poco más de entrar, una sensación fuerte a nostalgia lo atrapó.
Cerro los ojos soltando un suspiro cansado, como si se quitará algo de encima.
Un peso que no sabía que estaba ahí.
Al levantar la mirada, los ojos miel Lien lo estaban mirando.
—¿Pasa algo joven amo?
Pregunto suavemente mientras apartaba su cabello del lado derecho de su rostro.
—Solo…lo meses que estuve inconsciente, siento que tuve, o mejor dicho.
Algo dentro de mi cambio…pero no sé que.
Lien lo observó en silencio unos segundos, como si buscara en su mirada algo que no se atrevía a preguntar.
Luego, ladeó la cabeza apenas y una sonrisa leve, casi triste, se formó en sus labios.
—Eso es normal —respondió ella suavemente—.
Dormir tanto tiempo… no deja a nadie igual.
Inei asintió, pero al fijarse mejor en ella, algo llamó su atención.
En el costado derecho de su rostro, apenas visible bajo la luz que se filtraba por la ventana, una delgada línea plateada cruzaba desde el párpado hasta el pómulo.
Era una cicatriz fina, pero inconfundible.
Su ceño se frunció.
—Lien… —dijo con voz baja—.
¿Cómo te hiciste eso?
La chica parpadeó, sorprendida.
Su mano, casi de forma instintiva, se alzó hasta rozar la marca con la punta de los dedos.
Por un momento guardó silencio.
El resto de la habitación se había sumido en una calma tensa, solo el sonido del viento golpeando las ramas acompañaba sus palabras cuando finalmente habló.
—Fue durante la tercera ofensiva contra los orcos —comenzó, con un tono que intentaba mantener firme, aunque su voz tembló apenas—.
Después de terminar una batalla al sur de la ciudad, estaba ayudando a unos aldeanos y en un grupo de orcos muertos.
Uno de ellos fingió estar herido… y cuando bajé la guardia, me atacó por la espalda.
Ziyu apretó los puños al escuchar eso, mientras Alina bajaba la mirada con tristeza.
—Si la señorita Alina no hubiera intervenido, probablemente no estaría aquí —continuó Lien con una sonrisa apagada—.
La hoja me rozó el ojo… estuve ciega durante una semana.
Inei permaneció en silencio, su expresión se endureció lentamente.
No era solo enojo; era impotencia.
Durante su ausencia, mientras él yacía inconsciente, los demás habían sangrado por proteger aquello que él debía haber defendido.
—¿Y ese malnacido?
—preguntó con un tono grave, casi gélido.
Lien lo miró a los ojos y negó con suavidad.
—Murió antes de que pudiera levantarme.
La señorita Yeryn lo mató.
El nombre de su amiga lo hizo parpadear.
Inei giró la cabeza y la buscó con la mirada; Yeryn, que estaba en silencio junto a la puerta, apartó la vista, pero no negó nada.
—No lo hice por rabia —dijo Yeryn al fin, su voz apenas un hilo de aire—.
Lo hice porque no iba a permitir que se llevaran a Lien… ni a nadie más.
Inei se acercó a ambas sin decir palabra.
Sus pasos fueron lentos, pero su mirada transmitía más que cualquier discurso.
Al llegar frente a Lien, levantó una mano y, con la misma delicadeza que antes había mostrado con Ziyu, rozó la línea plateada sobre su piel.
—No tengo palabras, creo que lo único que puedo decir es.
Buen trabajo—murmuró él.
Lien sonrió con dulzura, aunque en sus ojos brillaba una emoción que parecía quebrarla por dentro.
—Muchas gracias joven amo, es un honor recibir sus palabras—respondió, tratando de sonar ligera, aunque su voz se quebró en la última palabra.
Por un instante, Inei la miró en silencio… luego soltó una breve exhalación que se confundió con una risa apagada.
Poco a poco el ambiente se suavizó.
Ziyu volvió a sonreír, Alina respiró con alivio, y Mei, desde la mesa, los observaba con la inocente curiosidad de quien no comprendía del todo lo ocurrido, pero sentía que algo importante acababa de sanar entre ellos.
Sin embargo, esa calma no duraría.
En ese preciso momento, el golpe seco de una puerta resonó en el pasillo.
Un sirviente entró apresuradamente, jadeando.
—Joven maestro —dijo con voz tensa—.
Algunos jóvenes del clan están peleando contra las demás familias nobles de la ciudad.
El rostro de Inei cambió por completo.
Su serenidad se transformó en una fría determinación.
—¿Que familias?
Pregunto con suavidad y calma peligrosa Yeryn lo miró preocupada.
—Inei, ¿qué vas a hacer?
—Solo lo que debe hacer un Nozen —respondió, caminando hacia la salida con paso firme—.
Proteger a los suyos.
El sonido de su voz retumbó como un eco antiguo, uno que traía consigo el peso de un linaje que aún no estaba dispuesto a inclinar la cabeza.
—Serthen, Akain y Zaro, son las familias invlociradas joven amo.
Están peleando en la plaza de mercado.
Respondió el sirviente inclinando la cabeza.
—El anciano Arash y Jun, van en camino para calmar la situación.
Continuo levantó un poco para ver mejor a Inei, el que se había dado la vuelta y se paró en medio del jardín de su cabaña.
Miro a las chicas y con una sonrisa: —Nos vemos más tarde.
Unas alas moradas heladas se extendieron desde su espalda y de inmediato emprendió el vuelo perdiéndose en el cielo, dejando impactadas a las personas de alrededor.
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