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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 41

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  4. Capítulo 41 - 42 Acto IV — Capitulo 40 — Cima de Zyr
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42: Acto IV — Capitulo 40 — Cima de Zyr.

42: Acto IV — Capitulo 40 — Cima de Zyr.

El vuelo de Inei fue más rápido que cualquier ráfaga de viento.

Las alas moradas y heladas batían con fuerza; en un instante, sobrevolaba la extensión del recinto Nozen.

Con dos batidas más, alcanzó el perímetro de la ciudad.

El mercado, un lugar que normalmente bullía con el comercio, ahora era un hervidero de furia y caos.

Al aterrizar sobre el techo de una tienda, el impacto del aire desplazado fue como una explosión sorda.

Inei plegó sus alas, dejando que el Arcam morado se retirara a su espalda, pero la energía gélida de su aura permanecía en el aire, densa y opresiva.

Abajo, el suelo de la plaza estaba destrozado.

Los puestos de frutas y telas estaban volcados, convertidos en escombros.

En el centro, una docena de jóvenes se golpeaban sin piedad.

Los del clan Nozen, aunque superados en número, luchaban con una ferocidad recién descubierta, heridos y con la ropa rasgada.

Se distinguían claramente a los jóvenes Serthen, con sus colores dorados, atacando con una rabia desmedida, apoyados por los fríos y calculadores Akain y los feroces Zaro.

En el límite de la refriega, Arash y Jun, acompañados de un anciano del clan Yuwen, intentaban mediar, pero se encontraban bloqueados.

Frente a ellos, una línea de ancianos de los clanes rivales, todos con Arcam activo y miradas de desafío, les impedía el paso.

—¡No irás a ningún lado, Arash!

—rugió un anciano Serthen, su rostro congestionado por la ira.

—¡Nuestros jóvenes han sido provocados!

¡Los Nozen ya no tienen la autoridad para dictar nada en esta ciudad!

—¡Sí!

—secundó otro, un anciano Akain, con una voz fría y metálica.

—¡El honor ha sido mancillado, y la única forma de limpiarlo es con sangre!

¡Dejen que resuelvan esto!

La confrontación entre ancianos estaba al borde de estallar.

Arash y Jun se tensaron, su Arcam elevándose para contener la agresión.

El conflicto ya no era solo entre jóvenes, sino una escalada directa.

Justo en ese momento, una sombra oscura cayó sobre la plaza.

Inei saltó desde el techo, y el aterrizaje no fue un simple paso, sino una declaración.

Un pulso de Arcam gélido emanó de él, no agresivo, sino abrumador.

El aire de la plaza se enfrió instantáneamente.

El ruido de la pelea cesó.

Los jóvenes se quedaron quietos, sintiendo un escalofrío que les congeló la sangre.

Inmediatamente, la atención de todos, incluidos los ancianos, se centró en Inei.

Los ancianos Serthen lo miraron con desdén y rabia.

—Así que el mocoso insolente por fin aparece.

—se burló el anciano Serthen, dando un paso adelante.

—¡Ahora pagarás por la humilla…

No pudo terminar la frase.

El Arcam de Inei estalló.

No fue un rugido de fuego, sino una tormenta de hielo pura y silenciosa.

En un abrir y cerrar de ojos, la temperatura en la plaza cayó a un nivel imposible.

[CRASH-Zhhhmmm] Una onda de energía azul-morada barrió la plaza.

El suelo, ya destrozado, se cubrió con una capa de escarcha.

El grupo de ancianos de los clanes rivales que se interponía ante Arash y Jun se detuvo en seco.

El Arcam que habían activado para la pelea se congeló en su lugar, se solidificó y se convirtió en una armadura helada que los atrapó.

En un parpadeo, el anciano Serthen y sus acompañantes se convirtieron en grotescas estatuas de hielo.

Sus expresiones de rabia quedaron congeladas en sus rostros, con el Arcam inmovilizado y sus cuerpos incapaces de moverse.

No estaban muertos, pero estaban completamente humillados y neutralizados por un poder que no comprendían.

La escena era de un terror absoluto.

Los jóvenes Serthen que aún estaban en la refriega y los ancianos Nozen y Yuwen miraron las figuras congeladas con incredulidad.

Inei, con los ojos grises llenos de una calma aterradora, caminó tranquilamente entre los jóvenes congelados, ignorando a los ancianos petrificados.

Se acercó a los jóvenes de las familias rivales.

—Crei haber dicho algo sobre meterse con mi familia…Ignoraron mis palabras, espero estén listos para afrontar las consecuencias.

Con un chasquido de dedos, las estatuas congelados de los ancianos explotaron enviando a los hombros a volar varios metros en todas las direcciones de la plaza.

Al impactar contra las estructuras cercas, sangre salimos de sus bocas y oídos, la velocidad a la que salieron expulsados fue tanta que el golpe los dedos heridos de gravedad en sus organismos internos.

El silencio que siguió a la explosión fue más ensordecedor que cualquier grito.

El aire vibraba con los restos del Arcam de Inei.

Los jóvenes rivales, que ya estaban aterrorizados, palidecieron hasta la palidez cadavérica.

El acto no era solo una humillación, sino una advertencia de muerte.

Los ancianos, expertos que representaban el orgullo de sus clanes, habían sido tratados con una brutalidad que superaba cualquier ofensa anterior.

Inei miró los cuerpos de los ancianos que yacían esparcidos, temblando y tosiendo sangre, pero vivos.

El mensaje era claro: no eran dignos de una muerte rápida.

—Esta será mi última advertencia —dijo Inei, su voz baja y gélida, resonando con autoridad innegable—.

Un intento más de pelea con mi familia.

Y dejarán de existir para siempre.

Ahora, recojan a sus heridos, tomen a sus ancianos y llévenselos.

Quiero que se larguen de mi ciudad.

La orden fue ejecutada sin resistencia.

Los jóvenes rivales, con el miedo impreso en sus ojos, se apresuraron a ayudar a sus caídos.

Arrastraron a sus ancianos heridos con movimientos torpes, sin atreverse a mirara a Inei, y huyeron de la plaza, dejando atrás el caos y la devastación.

El último en irse fue un joven Serthen, que miró a Inei con una mezcla de odio y pánico antes de correr.

En el momento en que el último de los rivales desapareció, una energía formidable y organizada inundó la plaza.

No era la energía caótica de una pelea, sino el poder estructurado de los líderes.

Al final de la plaza, un grupo imponente emergió.

Eran los líderes de las doce familias nobles de la ciudad, sus siluetas recortadas contra la luz de la tarde.

En el centro de este grupo se encontraban dos figuras clave.

Xiay, el padre de Inei y actual patriarca de los Nozen, caminaba al frente.

Su rostro, aunque marcado por la reciente herida, irradiaba un orgullo que no podía ocultar.

A su lado, con una sonrisa igualmente orgullosa y con la dignidad inquebrantable de su linaje, venía Lushui, la madre de Ziyu, que ahora representaba los intereses del clan Yuwen.

Del otro lado de la formación, sus expresiones eran un contraste total.

Los líderes de los clanes Serthen, Zaro y Akain estaban presentes, sus rostros tensos y lívidos.

La humillación de sus ancianos en manos de un joven era una ofensa que no podían vengar en ese momento, con la presencia de Xiay y Lushui como testigos.

Xiay ignoró las caras de sus rivales.

Avanzó directamente hacia Inei y, al llegar, le dio una palmada fuerte pero cargada de amor en el hombro.

—Eres igual de cruel que tu abuelo cuando se enojaba —dijo Xiay, el orgullo en su voz era innegable, un sonido que resonó en el silencio de la plaza.

El aire en la plaza todavía vibraba con el residuo gélido del Arcam de Inei.

A su alrededor, el hielo comenzaba a derretirse lentamente, goteando sobre las losas rotas y el polvo del mercado.

El silencio era casi sagrado; nadie se atrevía a romperlo.

Xiay permaneció frente a su hijo, con la mirada fija en él.

Su expresión oscilaba entre el orgullo y una sombra de preocupación.

Sabía perfectamente lo que acababa de presenciar: poder puro, incontrolado, casi divino… pero también sabía el precio de desatar algo así.

Inei, por su parte, mantenía la calma.

Su respiración era constante, y su mirada no mostraba ni culpa ni gloria.

Solo determinación.

—No podía permitir que siguieran insultando a los nuestros, padre —dijo con voz baja, sin apartar la vista de los escombros—.

Han olvidado quién mantiene la paz en esta ciudad.

Xiay soltó una pequeña risa, grave y corta.

—La paz… sí —repitió—.

Pero recuerda, hijo, incluso la paz puede volverse un arma si la impones con demasiada fuerza.

Lushui dio un paso al frente, su presencia tan serena como intimidante.

El brillo suave de su Arcam de agua recorría su silueta como un velo líquido.

—Xiay tiene razón —dijo ella, su voz firme, pero no carente de dulzura—.

Lo que hiciste fue necesario… pero los demás clanes no lo olvidarán.

Has expuesto a los Nozen a su odio más profundo.

Inei giró el rostro hacia ella.

—El odio ya existía —respondió con frialdad—.

Solo lo obligué a mostrarse.

Prefiero enemigos que me miren con rabia, que serpientes que sonríen mientras conspiran.

Las palabras dejaron un eco cortante en el aire.

Los jóvenes Nozen, que aún estaban de pie, heridos pero firmes, levantaron la cabeza con una nueva determinación.

Por primera vez en años, se sentían protegidos… no por un patriarca anciano, sino por el heredero que había despertado.

Los murmullos comenzaron a extenderse entre las familias aliadas y los curiosos que habían presenciado el enfrentamiento desde la distancia.

Algunos miraban a Inei con respeto; otros, con miedo.

—Sera mejor que nos vayamos.

Hay muchas miradas curiosas sobre tu poder de hielo…Que por cierto hijo de donde lo sacaste?.

Inei rio suavemente y con esa misma suavidad levanto sus dos manos hacia su padre, en la mano izquierda una pequeña tormenta de escarcha apareció mientras que en la derecha una llama naranja hizo el suficiente calor para derretir el hielo de las zonas cercanas a Inei.

—Antes de caer inconsciente estos tres meses, con la guía de mi maestra realice un pequeño entrenamiento dio sus frutos de una forma inesperada pero que es aceptada.

El aire se quedó atrapado en las gargantas de todos los presentes, incluidos los líderes de las familias rivales, que observaban la escena desde lejos, incapaces de apartar la mirada.

La mirada de Xiay se clavo en las manos de su hijo.

En la mano izquierda de Inei, el cristalino Arcam morado se manifestaba como una pequeña tormenta de nieve y escarcha, tan fría que el aire circundante crujía.

En su mano derecha, una llama naranja, pura y vibrante, danzaba, emitiendo un calor que no solo derretía el hielo cercano sino que desafiaba por completo a la energía helada.

Xiay parpadeó una vez, luego dos.

Su rostro, que había estado lleno de la tensión del Patriarca, se relajó en una expresión de asombro atónito.

No era posible.

El Arcam de su hijo siempre había sido de Fuego, un rasgo común en el linaje principal de los Nozen.

El Hielo, en su forma pura, era algo que solo se veía en leyendas escritas en el largo historial del clan.

Lushui, que era una experta de la etapa Zyr con 5 estrellas, fue la primera en recuperarse del shock inicial.

Sus ojos se entrecerraron, no en juicio, sino en un análisis profundo del flujo de energía.

—Doble elemento…

y parece dominado con una pureza increíble para una edad tan temprana.

—murmuró Lushui, con una admiración palpable en su voz.

Se giró hacia Xiay, una sonrisa genuina en sus labios—.

Xiay, en verdad eres afortunado.

Tu hijo ha conseguido una gran maestra.

La implicación de sus palabras golpeó a Xiay con una fuerza que ni la lanza del Orco había logrado.

La mente de Xiay voló hacia el recuerdo de una voz femenina interfiriendo en la ruptura de una vieja promesa meses atrás.

Ella debió ser la responsable de este milagro.

Pero la sorpresa no terminó ahí.

Al concentrarse en el núcleo de Arcam de su hijo, el Patriarca sintió algo aún más impactante.

—No solo es la dualidad de elementos, Lushui…

—murmuró Xiay, su voz casi un susurro—.

Su Arcam…

Xiay dejó de hablar y miró a Inei con incredulidad.

Había sentido claramente el poder que había congelado a los ancianos.

—Hijo…

¿en qué punto de tu Arcam te encuentras?

—preguntó Xiay, su voz tensa.

Inei, notando la sorpresa, disolvió el fuego y el hielo con un simple movimiento.

—Ohn de 2 estrellas…¿por qué?

El rostro de Xiay palideció ligeramente.

Él, como cultivador reconocido, pudo sentir la verdad antes de que su hijo mencionara alguna palabra, pero aun así quiso asegurarse.

El joven al que todos consideraban mediocre, estaba…

—Estás en la cima de la novena barrera de la etapa Zyr —declaró Xiay con una mezcla de orgullo inmenso y desconcierto total.

La declaración de Xiay fue como un trueno.

En el silencio de la plaza, los ojos de los jóvenes Nozen se abrieron de par en par.

La etapa Zyr era la cúspide del tercer nivel de poder de Arcam.

Una etapa de poder que mayormente muchos podrían alcanzar hasta una edad mas madura o ya en la plena adultez.

Alcanzar la cima a una edad tan temprana.

Le recordó a Xiay el talento monstruoso que su hijo tiene y que había demostrado años atrás.

Lushui se quedó momentáneamente sin palabras.

Los líderes de los clanes rivales, que aún estando a la distancia contuvieron la respiración.

La atención de Inei, sin embargo, se centró en la sorpresa de su padre.

—¿Novena barrera de Zyr?

—preguntó Inei, con el ceño fruncido.

El término le era completamente ajeno—.

Padre creo que se te olvida que mamá nunca me dejo ir a las clases de sabiduría Arcam.

La inocencia de su pregunta, la prueba de que su avance había sido accidental o guiado por la desconocida maestra de Inei, solo profundizó el asombro de su padre y Lushui.

Había alcanzado la cima de su etapa sin el conocimiento básico del sistema de cultivo de su propio clan.

—No te preocupes por eso ahora, hijo —dijo Xiay, recuperando la compostura con un esfuerzo visible.

Él sonrió, un nuevo brillo en sus ojos, la preocupación anterior había sido reemplazada por una determinación inquebrantable—.

Me encargare personalmente de tu educación.

Por ahora, vámonos.

Hay mucho que discutir y planear.

Xiay puso su mano en la espalda de Inei y lo guio fuera de la plaza.

El Patriarca de los Nozen muchos veces llamado monstruo por su increíble poder, ahora no estaba solo.

A su lado camina el futuro de su clan y la gloria máxima de un Nozen.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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