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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 43 Acto Iv — Capitulo 41 — Viejas caras nuevos planes
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43: Acto Iv — Capitulo 41 — Viejas caras, nuevos planes.

43: Acto Iv — Capitulo 41 — Viejas caras, nuevos planes.

El gran portón de la residencia Nozen estaba abierta en Dos inmensas puertas, jóvenes del clan entraban murmurando entre ellos lo increíble que se había visto Inei encarar a esos ancianos arrogantes de las familias rivales.

Murmullos alargadores que no servían de nada, ya que la mayoría de estos jóvenes habían insultado a Inei durante los años que estuvo en depresión por la muerte de su madre.

Xiay con su voz tranquila pero firme llamo la atención de todos en la entrada.

—Desde el fondo de mi corazón, espero que no se vuelva a repetir una escena alborotada como la que pasó.

Nosotros somos mejores que ellos, no debemos caer en sus intentos de provocación.

Dejemos que los perros ladren.

Xiay se tomo su tiempo para repasar los rostros de los jóvenes a su alrededor.

—Tomen el resto del día y el de mañana libre para recuperarse de sus heridas si es que tienen.

Si no, pueden regresar a sus deberes en el clan.

Xiay los despidió con un gesto de su mano izquierda, los jóvenes aprendices unieron sus manos en forma de respeto, una leve inclinación de cabeza y se fueron dispersando de la entrada principal del recinto en grupos de 4 a 7 siete personas.

Con la entrada despejada, Xiay, Lushui, Arash y Jun se prepararon para dirigirse al Ala Este.

Pero Inei tenía otros planes, guido por la sensación de una presencia familiar.

Se dio la vuelta hacia el enorme portón de la residencia, a pocos metros un carruaje se había detenido, de el bajo un muchacho joven de su misma estatura.

Cabello negro cortado en un estilo militar.

Con suavidad y cuidado ayuda a bajar a una chica, también joven.

pero especial, a través de la tela de su vestido se nota una barriguita hincada, como muestra de que está embarazada.

Inei se acercó a él con un paso normal, pero lleno de una curiosidad genuina que no había mostrado desde su despertar.

—¿Dom?

—preguntó Inei, usando el apodo familiar.

El joven se giró bruscamente al escuchar su nombre, sus ojos se abrieron en una sorpresa sincera.

Dominic, el hijo del hermano menor de Xiay, Nozen Ryu.

Dom era el fruto de un amor no aprobado por los ancianos, y por lo tanto, había sido marcado como un “bastardo” a pesar de su linaje directo.

Hace cuatro años, antes de la tragedia de Lizbell, Ryu se lo había llevado del clan para protegerlo del inevitable acoso de los jóvenes rivales y de algunos ancianos.

Este era un reencuentro después de un largo exilio autoimpuesto.

Al reconocer a su primo, la formalidad con la que había llegado se derrumbó.

Los dos jóvenes se lanzaron el uno al otro en un abrazo apretado y sincero.

—¡Inei!

—gritó Dominic, su voz quebrándose entre la sorpresa y la emoción contenida.

El abrazo fue tan repentino que ambos casi pierden el equilibrio.

Durante un instante, el mundo se detuvo.

Cuatro años de distancia, silencio y recuerdos se desvanecieron en ese contacto.

Dominic —cuyo cabello oscuro, cortado en un estilo militar, se mezclaba con algunas hebras rojizas heredadas de su madre— tenía el rostro marcado por el cansancio de los viajes y una mirada madura, muy distinta a la del niño que Inei recordaba.

Inei dio un paso atrás, examinándolo con detenimiento.

—Has cambiado mucho —murmuró Inei, con una sonrisa leve pero sincera—.

Ya no reconozco al chico que se ocultaba detrás de mí.

Dominic se rió suavemente, una risa que sonaba un poco forzada al principio, pero que rápidamente se hizo más genuina.

—Y tú… sigues igual de directo.

Pensé que me costaría más reconocerte, pero… —sus ojos se suavizaron—, sigues siendo el mismo Inei de antes.

Inei negó con una sonrisa, pero la expresión de Dominic pronto cambió.

Giró ligeramente la cabeza hacia la joven que permanecía cerca del carruaje, observando la escena con cierta timidez.

Su cabello castaño oscuro caía sobre los hombros, y la mano reposaba con delicadeza sobre su vientre.

—Ella es Lira —dijo Dominic, dando un paso hacia ella—.

Mi esposa.

Inei abrió los ojos con sorpresa.

—¿Esposa?

No puedo creerlo… —exclamó con una mezcla de alegría y desconcierto—.

Así que por eso el carruaje no era de viaje, sino de familia.

Dominic asintió, acariciando con ternura la mano de la joven.

—Sí.

Y… dentro de poco también seré padre.

Inei sonrió ampliamente, una de esas sonrisas que pocas veces dejaba ver.

—Supongo que ahora me tocará ser tío.

No me esperaba esto, Dom.

Antes de que Dominic pudiera responder, una voz femenina se alzó suavemente desde más atrás.

—Xiay… ¿quién es el joven que llegó?

—preguntó Lushui con curiosidad, observando a la pareja cerca del portón.

Había notado la expresión de sorpresa y alegría en el rostro de Inei, algo que pocas veces se manifestaba tan abiertamente.

Xiay se cruzó de brazos, su mirada se iluminó con un brillo de orgullo contenido.

—Ese chico —respondió con tono sereno pero firme— es Dominic, hijo de mi hermano Ryu.

Mi sobrino.

Lushui arqueó una ceja con sorpresa.

—¿El hijo de Ryu?

Pero… pensé que él había dejado el clan hace años.

—Así fue —dijo Xiay—.

Y por lo que veo, su regreso no es casualidad.

Xiay se adelantó con paso firme hacia los dos jóvenes, acompañado de Lushui y Arash, que observaban con atención.

Cuando llegó junto a ellos, el aire pareció llenarse de una mezcla de respeto y nostalgia.

Dominic, al verlo, enderezó su postura de inmediato y realizó una inclinación formal, al igual que su esposa.

—Dominic Nozen saluda al patriarca —dijo con respeto, su voz cargada de emoción contenida.

Xiay observó a su sobrino por unos segundos, sin decir palabra.

Luego, con un movimiento lento, colocó una mano sobre su hombro.

—Levanta la cabeza, muchacho —dijo con una leve sonrisa—.

No estás frente a un patriarca, sino frente a tu tío.

La voz de Xiay, normalmente seria, sonaba cálida, casi paternal.

Dominic lo miró a los ojos, sorprendido por la falta de reproche o frialdad.

—Tienes la mirada de tu padre —dijo Xiay, sin apartar la vista de él—.

Y también su determinación.

Me alegra verte aquí, aunque intuyo que tu llegada trae consigo más que una simple visita.

Dominic asintió, y sus labios temblaron apenas antes de hablar.

—Tío… vine porque necesito ayuda.

Mi padre está en peligro.

Los ojos de Xiay se abrieron un poco, su agarre en el hombro de su sobrino se hizo un poco mas firme antes de alejarlo.

—Entra, hablemos en el salón—  Dominic asintió con respeto juntando sus manos en forma de respeto.

Xiay sonrió tranquilamente antes de voltear hacia un grupo de sirvientas.

—Lleven a la muchacha a una de las habitaciones grandes que esté libre.

Y llamen a algunos hombres para que les ayuden con el equipaje.

El grupo de sirvientas jóvenes asintió y rápidamente se movilizaron a ayudar a la esposa de Dominic, tomando su equipaje y demás cosas que podían llevar.

En ese momento Inei se acercó a su padre.

—Padre, es mejor que lleven a Lira a mi casa, puede que se sienta incómoda con tantos extraños cerca y creo que Sunsei y sus hijas serán una buena compañía para ella.

La mirada de Xiay se poso rápidamente en su hijo, sus ojos delataban un brillo pensativo, solo le basto unos segundos para asentir en aprobación.

Dominic que estaba cerca de ellos sonrió agradecido.

A pesar de estos cuatro años fuera, siguen siendo los mismos que el recuerda.

—Muchas gracias.

Con sus ojos a punta de derramar lágrimas de felicidad de inclino en una reverencia suave hacia su familia.

Inei le dio un golpe suave en el hombro hasta de señalar con su cabeza para empezar a caminar hacia el salón.

Dom antes de irse giro suavemente hacia su esposa y la beso suavemente en los labios.

—Estaras bien, si Inei menciono a esas mujeres es porque son de confianza.

Lira sonrió tomando la mano de esposo y darle un suave beso en los nudillos.

—No te preocupes, es tu familia así que confío en ellos.

minutos más tarde después de una caminata animada, el gran salón de la sala este se abrió ante ellos.

Al entrar, fueron recibidos por los rostros serios de los Ancianos Mayores y los Miembros Principales de los clanes Nozen y Yuwen.

El ambiente estaba cargado de tensión; no solo por la guerra, sino por la humillación que Inei acababa de infligir a sus rivales y la revelación de su nivel de poder.

​Xiay tomó la cabecera de la mesa, con Lushui a su derecha y Arash a su izquierda.

Inei y Dominic se quedaron de pie, detrás de Xiay, un claro indicio de la nueva jerarquía.

​—Gracias a todos por su presencia —comenzó Xiay, su voz era un trueno suave que llenaba el gran salón.

—Los eventos de hoy han forzado la mano de los clanes rivales.

Su humillación en la plaza nos da un pequeño margen de maniobra, pero también consolida su odio.

​Rápidamente, Xiay pasó a explicar las decisiones estratégicas acordadas: ​Pasiones de Batalla: Se acordó que el clan Nozen y Yuwen iniciarían una serie de incursiones agresivas en la frontera.

La estrategia ya no sería defensiva, sino de tomar terreno y asegurar puntos clave.

​Prioridad: El objetivo principal era el bosque de Syron y sus accesos, para evitar que las hordas orcas llegaran mas lejos de los dominios de la ciudad y continúen su asecho a pueblos pequeños.

Un anciano Nozen de cabello gris se levantó, frunciendo el ceño.

​—Patriarca, enviar a nuestros hombres a incursiones profundas es un riesgo innecesario cuando los Serthen nos odian.

Si la ciudad se queda sin defensa…

​—La ciudad no estará sin defensa —interrumpió Xiay con autoridad.

Señaló un mapa desplegado sobre la mesa—.

La defensa de las murallas recaerá en las fuerzas conjuntas de los clanes menores y en nuestros ancianos de retaguardia.

Las incursiones serán rápidas, quirúrgicas.

Necesitamos mostrar fuerza para que los orcos, y nuestros rivales, entiendan que no somos personas con la cual deban meterse.

Xiay se reclino en la silla y volteo a mirar a su hijo.

—A su vez he decidido que Inei estaba la cabeza de la incursión.

De esa manera si ellos intentan algo, tendremos a nuestra fuerza principal en la ciudad.

Aunque en la mayoría de rostros de los ancianos eran serios y desconcertados, en los jóvenes presentes había una chispa de emoción contenida.

Los rumores del poder de Inei ya se habían espacidos entre ellos.

—Aunque claro, primero habrá que ver si puedes abrirte paso a Ony.

La declaración de Xiay sobre la nueva etapa de poder, Ony, resonó en el Salón Principal, causando una nueva ola de conmoción entre los ancianos.

Inei cerró sus ojos, centrando toda su atención en las vibraciones de Arcam dentro de su núcleo.

Una proyección mental se formó al instante: una versión de sí mismo en el último giro de la etapa Zyr.

Arriba de él se interponía una enorme cortina de niebla espesa de un azul glacial, un velo que representaba la barrera de Ony.

Esta era la prueba que debía superar si quería continuar en su camino como cultivador; una barrera que podía tomar momentos o eternidades.

Con un suspiro suave, Inei volvió a la realidad.

Sus ojos brillaron con un tono azul pálido, y la potente energía de Arcam que emano su cuerpo le hizo dar escalofrío de muerte a los presentes.

—Deberías recluirte lo más pronto posible —dijo Xiay, el orgullo se mezclaba con la urgencia en su voz—.

Nunca se sabe cuánto tiempo tome romper esa barrera.

A mí me tomó tres meses avanzar.

Inei asintió levemente, entonces Xiay volvió hacia Dom.

—Ahora, si puedes contarme que ha pasado con Ryu.

Dom asintió su mirada una mezcla entre la seriedad y la determinación.

—Esto les interesa a todos.

Pero la horda Orco ya llegó al imperio de Sera llegaron hace unos meses.

Tomaron algunas fronteras en un ataque desprevenido, nadie lo vio venir.

Entre las fronteras tomadas está la del desierto de Akihf.

La noticia causó gran revuelo.

El imperio de Serán era conocido por tener las mejores fronteras en el sur del continente de Jeres, vigiladas por expertos en la etapa Rey.

El hecho de que hubieran caído indicaba una amenaza sin precedentes.

Un anciano de túnica azul y cabello largo blanco se levantó de su silla, levantando la mano para poder hablar.

Xiay con un asentimiento de su cabeza le dio la palabra.

—Jovencito, me presento.

Mi nombre es Akin de la familia Yuwen.

En mi familia soy reconocido por ser experto en comportamiento de bestias.

El anciano se tomó un momento para continuar, el leve movimiento de sus dedos en la mano izquierda delató su nerviosismo.

—Es sabido por todo ser inteligente que los Orcos son bestias humanoides extremadamente territoriales.

La única forma que dejan su territorio es por escasez de recursos y comida.

La última vez que se vio un avistamiento de una manada de Orcos tan numerosa fue hace más de 100 años, en la cordillera…

El anciano Akin hizo una pausa dramática, buscando el nombre en su memoria.

—La Cordillera de los Nueve Anillos.

Es una cadena montañosa famosa por los enormes anillos blancos de energía residual que rodean sus picos más altos.

Dominic, con respeto pero con urgencia, interrumpió al anciano Yuwen.

—Anciano Akin, lamento interrumpirlo, pero esa información ya es obsoleta.

Los Orcos no se fueron por comida.

Dominic se enderezó, su voz se hizo más fuerte.

—El problema se originó en una pelea entre ellos mismos.

Un desacuerdo en la sucesión de su tribu más grande, la Tribu Colmillo Sangriento.

La lucha se desató porque una facción de orcos había comenzado a evolucionar a Onís.

El susurro de los ancianos al escuchar el nombre Oní fue cortado por la continuación de Dom, que ya había capturado toda la atención del salón.

—Dentro de las tribus Orcas se tiene una clase de Jerarquía donde el mas alto rango son los Onís, entonces la mayoría de la tribu se dividió entre los que apoyan a los Onís y los que apoyan al descendiente del rey Orco.

Al final el bando de los Onís ganaron la pelea diferencia, pero la guerra trajo una amenaza más grande.

Dominic tragó saliva.

—Apareció una manada de Leones Morados, criaturas que se creían extintas.

Y su líder…

un monstruo de en la cima de los nueve giros de Cynos, acabó con los líderes de la tribu eliminando toda su fuerza, en este momento el Orco más fuerte esta a un paso de tocar el nivel de un falso rey.

El salón estalló de nuevo, pero Xiay alzó la mano y el silencio regresó.

La gravedad de la traición y la amenaza de los Leones Morados era innegable.

—Dominic —preguntó Xiay, su voz tensa—.

¿Y dónde encaja mi hermano, Ryu, en todo esto?

¿Por qué está en peligro?

Dom se tomó unos momentos para poder organizar sus palabras y sentimientos, cerro los ojos apretando con fuerza los puños a los costados antes de volver a abrirlos.

—El imperio de Sera, está luchando en Dos frentes.

La amenaza Orco y la amenaza de facciones del reino de Zhyin.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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