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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 44 Acto Iv — Capitulo 42 — Ataque sorpresa
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44: Acto Iv — Capitulo 42 — Ataque sorpresa.

44: Acto Iv — Capitulo 42 — Ataque sorpresa.

—Desde hace un año atrás, las potencias principales del imperio de Será movilizaron sus fuerzas al sur para poder combatir la amenaza.

El silencio pareció haberse establecido después de una orden suprema…

Los ancianos guardaron su aliento en lo más profundo de sus gargantas ante la mención de una guerra en Será.

—Las Facciones enemigas en total son 8, al principio eran 4 Pero luego llegaron sus refuerzos.

Dom se tomó un tiempo para buscar las palabras adecuadas su mirada se endureció en determinación.

—La mayor fuerza dentro de Será, es la facción Flor dorada.

Su matriarca y líder es una experta del nivel de un emperador.

Pero las facciones enemigas tampoco son débiles, entre las facciones están la compañía de bandidos {Serpiente del vacío} sus líderes son tres hermanos extremadamente coordinados de nivel Cynos de nueve estrellas.

No deberían significar un problema, pero tienen una habilidad con la cual pueden elevar su nivel de poder a un emperador de 2 estrellas.

Utilizando esa habilidad pudieron herir a la matriarca…mi padre, en los años que estuvinos en Sera, se acercó mucho a la matriarca…se volvieron amantes, y bueno.

Cuando quedó herida ella estaba embarazada, así que lo perdió.

Un silencio algo incómodo se formó en el gran salón, varios ancianos se miraron unos a otros.

Unos con expresiones incrédulas.

El silencio incómodo se extendió como una sombra espesa.

Algunos ancianos fruncieron el ceño; otros desviaron la mirada, incapaces de disimular la mezcla de sorpresa y juicio.

El nombre de Ryu, hermano menor de Xiay, siempre había generado opiniones divididas… y ahora Dom acababa de lanzar una bomba que nadie esperaba.

Dom lo notó.

Sus labios se apretaron, pero no retrocedió.

—Mi padre… —prosiguió lentamente— nunca pidió disculpas por amar a quien no debía.

Y la Matriarca tampoco lo hizo.

Lo que tenían era real.

Incluso para aquellos que se negaban a aceptarlo.

Cuando ella resultó herida, el bebé… no logró sobrevivir.

Su voz se quebró solo un momento, un temblor mínimo… pero suficiente para que Inei diera un paso inconsciente hacia adelante.

—Ella quedó devastada —continuó Dom, retomando el control con esfuerzo—, y mientras la Matriarca se retiraba para recuperarse, mi padre tomó temporalmente el mando de la Flor Dorada.

Jun levantó una ceja, sorprendido.

Lushui entrecerró los ojos, incrédula.

Arash y varios ancianos Nozen suspiraron de forma contenida, como quien recuerda una noticia dolorosa que preferiría no escuchar.

Y Xiay… Xiay simplemente bajó la cabeza por un instante, no en vergüenza, sino en respeto.

Conocía a su hermano mejor que nadie.

Sabía cuánto le costaría a Ryu cargar con esa pérdida.

Dom continuó: —Antes de esconderse en las montañas para sanar, la Matriarca ayudó a mi padre… le transfirió parte de su energía para que pudiera proteger mejor a la facción.

Gracias a eso, él logró romper hasta la etapa Tyris, en el nivel Rey.

En cuestión de semanas, se convirtió en uno de los pilares defensivos más fuertes del sur.

Los ancianos Nozen no pudieron contener su sorpresa.

Un ascenso así… en plena guerra… no era algo que se escuchara todos los días.

Pero la expresión de Dom se endureció aún más.

—Pero cuando la Matriarca se retiró, las facciones enemigas vieron su oportunidad.

Y fue entonces cuando todo empezó a desmoronarse.

Dom levantó la mano, temblorosa, como si capturara en el aire los recuerdos que lo perseguían.

—Cuatro facciones… luego otras cuatro… todo calculado.

La Flor Dorada resistió, sí, pero era una lucha desigual.

Y hace tres meses… Sus palabras comenzaron a rasgarse.

—Mi padre fue capturado.

Una exhalación colectiva recorrió el salón.

Incluso los ancianos más rígidos se tensaron.

—No por los bandidos de la Serpiente del Vacío… ni por las facciones principales.

Fue por una octava facción, una que no debería existir en Será ni en Zhyn.

Una fuerza que apareció en el campo de batalla sin aviso, sin insignias, sin explicación.

Dom bajó la mirada.

—No sé quiénes son.

Ni qué quieren.

Solo sé que se lo llevaron vivo.

Y que cada día que pasa… siento que se escapa más y más.

Inei apretó los puños.

Jun frunció los labios en una línea preocupada.

Arash entrecerró los ojos, evaluando la información con la gravedad de un anciano que ya ha visto demasiadas guerras.

Y Xiay… Xiay dio un paso hacia su sobrino, poniendo una mano firme sobre su hombro.

—Habla, Dom —dijo con voz profunda—.

Desde este momento, el clan entero escucha.

Dom respiró hondo, como si las palabras que estaba a punto de pronunciar le arrancaran el aire del pecho.

Sus manos temblaron apenas antes de juntarlas con fuerza frente a él; luego, inclinó la cabeza en una reverencia profunda, cargada de vergüenza, súplica y un dolor demasiado humano.

—Sé que… —su voz vaciló un instante, pero logró sostenerla—.

Sé que soy solo un bastardo dentro de este clan.

Pero mi padre… mi padre está allá afuera, capturado por esas facciones enemigas.

La Matriarca sigue recuperándose, pero el tiempo se nos acaba.

Tragó saliva, reuniendo el valor que la guerra le había dejado.

—Aunque sea un bastardo… les pido su ayuda.

No como miembro de un linaje, sino como hijo.

No puedo salvarlo solo.

El salón entero se volvió piedra.

Los ancianos, siempre orgullosos, siempre severos, se quedaron mirando a Dom como si intentaran desentrañar si sus palabras eran debilidad… o una fuerza que ellos habían olvidado hace décadas.

Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, un sonido suave perforó el silencio.

La risa tranquila de Xiay.

El líder del clan Nozen dio un paso al frente, sus brazos cruzados detrás de la espalda, y observó a su sobrino con una mezcla de ternura, respeto y orgullo sincero.

Era la mirada de un hombre que veía no al hijo bastardo de su hermano, sino al muchacho que había crecido bajo los ecos de un linaje difícil.

—Dom… —dijo Xiay con voz firme—.

Levanta la cabeza.

Dom obedeció, con los ojos ligeramente enrojecidos.

Xiay sonrió entonces, una sonrisa cálida que rompió la tensión acumulada.

—Tú eres familia.

No importa las circunstancias de tu nacimiento, ni cómo te llamen algunos ancianos tercos por aquí.

—Sus palabras hicieron que varios contuvieran la respiración—.

Eres hijo de Ryu… mi hermano.

Y eso basta.

Dio un paso más, su aura imponiéndose naturalmente sobre el salón.

—Así que escucha bien: te ayudaremos.

Quieran o no —sentenció con un tono que no dejaba lugar a réplica.

Los ancianos intercambiaron miradas tensas, sorprendidos por la fuerza con la que Xiay había hablado, pero ninguno osó contradecirlo.

Dom apretó los puños, respirando temblorosamente mientras bajaba la cabeza nuevamente… esta vez no por vergüenza, sino por gratitud profunda.

La guerra del imperio de Será ya no era un conflicto lejano.

A partir de ese momento, era un asunto del clan Nozen.

Y en ese momento el murmullo contenido de los ancianos se rompió cuando uno de ellos—el más rígido, con barba angosta y mirada estrecha—dio un paso al frente.

Su túnica azul oscuro ondeó ligeramente mientras señalaba a Xiay con un gesto seco.

Era Armon, el más conservador del Consejo, conocido por seguir las reglas como si fueran las paredes que sostenían al mundo.

—Xiay —vociferó con molestia mal disimulada—, ¡¿te escuchas a ti mismo?!

Apenas podemos lidiar con los orcos merodeando en los bosques de Lihen, ¡y quieres enviar recursos y gente a luchar contra sectas que nos superan por generaciones de poder y experiencia!

—Escupió las palabras con incredulidad—.

¿Pretendes que carguemos con una guerra ajena?

¡Es absurdo!

El ambiente se crispó.Dom bajó la mirada, tenso.Los ancianos murmuraron entre sí.

Pero antes de que Xiay pudiera responder, otra voz cortó la tensión como una cuchilla.

Una risa suave.Fría.Segura.

Inei.

Apoyado contra el marco de la columna, con los brazos cruzados y expresión divertida como si acabara de oír un mal chiste.

—No te preocupes, anciano Armon —dijo con una sonrisa ladeada—.

Nadie te está pidiendo que vayas tú.Hizo un gesto despreocupado con la mano.—Si tienes miedo a morir, puedes quedarte aquí… contando inventarios o recitando reglas.

Ambas cosas se te dan bien.

Algunos jóvenes del clan sofocaron risas.Armon palideció de furia.

Xiay lo observó de reojo, entre orgulloso y preocupado por la lengua afilada de su hijo, pero no intervino.

Inei dio un paso adelante, su mirada seria ahora fija en Dom.

—Yo iré —dijo con total firmeza, la misma con la que había hablado antes de entrar en la arena de vida o muerte—.

Terminaré con la amenaza orca en Lihen, y después… viajaré contigo al imperio de Será.

La voz resonó en todo el salón.

Incluso los ancianos más estrictos no pudieron negar que la seguridad de Inei tenía peso real.

Dom abrió los ojos, sorprendido.

Pero justo cuando Inei estaba a punto de seguir hablando… Su conciencia vibró.

Y el símbolo de una lanza en llamas se dibujo en su frente.

Una pequeña explosión de Arcam resonó en el salón, algunos ancianos cayeron por la fuerza invisible que esta ejercía.

Muchos de los jóvenes también cayeron, incluidos los que escuchaban a escondidas fuera de los muros.

Una estela blanca recorrió el cuerpo de Inei antes de empezar a materializarse en la forma de una mujer de largo cabello blanco, su cuerpo bien proporcionado cubierto por una túnica blanca que ocultaba su cuerpo pero no sus cuervas.

Scathath.

Su mirada azul brillante recorrió los rostros de los ancianos presentes.

Sus manos juntas en su vientre se deslizaron a sus costados.

Scathath avanzó un par de pasos, el eco de sus pasos inexistentes retumbando aún más que si realmente tocara el suelo.

La presión en el ambiente no provenía del poder… sino de la presencia.

Una presencia que no conocía límites, ni se doblaba ante tradiciones antiguas o títulos mundanos.

Sus ojos recorrieron lentamente a los ancianos del clan, uno por uno, hasta detenerse en Armon, quien no pudo evitar retroceder un paso al sentir cómo su alma se estremecía.

—Reglas… tradiciones… linajes… —pronunció con voz suave, pero que se sintió como un trueno contenido—.

Qué curiosos son ustedes los mortales.

Creen que el mundo se rige por hilos de tinta y palabras muertas en pergaminos viejos.

Creen que la sangre decide quién merece proteger… y quién merece ser protegido.

Su mirada brilló con un destello de burla.

—Pero en el campo de batalla… ninguna de esas cosas importa —continuó con calma que dolía—.

Las reglas jamás han salvado una vida si quienes las siguen temen romperlas.

Algunos ancianos inclinaron la cabeza, incapaces de sostener la mirada de esa mujer que parecía juzgar no solo sus acciones presentes, sino las decisiones de toda su existencia.

—He visto imperios caer no porque les faltara poder… sino porque les sobraba arrogancia —sentenció—.

Morir defendiendo el honor del pasado… mientras el futuro arde en llamas.

Eso… sí que es absurdo.

Armon apretó los puños, pero no dijo una palabra.

No podía.

Scathath alzó el mentón, la luz blanca de su cabello ondeó como una llama etérea.

—Que un joven como Inei cargue sobre sus hombros lo que ustedes se niegan siquiera a contemplar… habla más de ustedes que de él.

Su juicio quedó suspendido en el aire.

Entonces ella se volvió hacia Xiay.

El padre de Inei tragó lentamente, manteniendo la compostura antes de inclinarse con el saludo más respetuoso que un líder podía dar: manos juntas, frente baja.

—Es un honor… conocerla al fin, Lady Scathath —dijo con solemnidad.

Ella lo observó durante unos segundos, la expresión en su rostro suavizándose apenas.

—Ya nos conocíamos antes —respondió—.

Solo que esta es la primera vez que nos vemos… cara a cara.

Sus ojos se clavaron en él, como si atravesaran carne, alma y destino al mismo tiempo.

—Xiay Nozen.

Eres un buen líder —musitó—.

Demasiado bueno.

Tanto que has sacrificado tu propio crecimiento para sostener a tu clan.

Si no fuera por esa responsabilidad que te encadena… ya serías un experto de clase Rey, o incluso más.

Xiay abrió los ojos ligeramente sorprendido.

Algunos ancianos murmuraron entre sí.

Un elogio… directo de un ser que podía hacer temblar la tierra con sus pasos.

Eso era más valioso que cualquier título imperial.

Scathath dio un paso más y su voz se volvió tan firme que nadie se atrevió a respirar.

—Permite que Inei vaya al imperio de Será.

Mis planes de entrenamiento serán mucho mas eficaces si Inei conoce el verdadero sentido del más fuerte.

Miró a su discípulo, y su mirada se llenó de un orgullo feroz y casi maternal.

—También tengo planes para tí…

Una vez rescatemos a tu hermano, él tomará el puesto de líder mientras tu te retiras a cultivar.

Porque pienso llevarme a Inei una vez se cumpla ese pacto.

Y de nada serviría tener una familia por la cual el deba preocuparse todo el tiempo.

El silencio después de sus palabras fue intenso, como un espacio vacío donde no existiera el aire y la luz.

Algunos ancianos se empezaron a sentir ofendidos, pero no podían hacer nada.

Ellos en mas de 100 años, no habían podido avanzar mucho.

Algunos estaban estancados en etapas de poder desde hace décadas.

Todo porque se resistían a seguir adelante.

*Fuuuuuuuuuuuizzzzzh* *¡BOOM!*

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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