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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 51

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Capítulo 51: Acto I — Capitulo 4 — La reina de Jinzhou

La reunión en el salón fluyó con una calidez que Inei había olvidado que existía. Durante horas, las tazas de té se vaciaron y volvieron a llenarse mientras las anécdotas llenaban el vacío de seis años. Nezari relató historias de la infancia de Lizbell que hicieron que Inei sonriera con nostalgia, mientras que Elara compartía detalles de la vida de Ryu en la frontera, suavizando la ausencia de su tío con palabras llenas de afecto.

Incluso Inei, usualmente reservado, se encontró compartiendo fragmentos de sus viajes: las montañas que cruzó, la gente que ayudó y el silencio que encontró en los campos desiertos. Era una paz frágil pero necesaria, un bálsamo para el joven guerrero.

Sin embargo, cuando el sol comenzó a ocultarse tras las cumbres, tiñendo el cielo de un color violeta profundo, el ambiente cambió.

Inei se tensó de repente, dejando la taza sobre la mesa con un ruido seco. Sus ojos negros se clavaron en el techo. Una presencia masiva, tan vasta y antigua como la de su abuela, se aproximaba a una velocidad vertiginosa.

Entonces, llegó el sonido.

Un estruendo sordo desgarró el firmamento, como si una lanza invisible estuviera rasgando la tela misma de la atmósfera. No fue un trueno, sino un rugido continuo que hizo vibrar los cimientos de la residencia Nozen y sacudió los árboles del patio.

Nezari, lejos de alarmarse, dejó salir un suspiro cargado de una mezcla de alivio y sarcasmo. Se acomodó un mechón de su cabello azul y miró hacia la ventana.

—Vaya… —murmuró con una media sonrisa—. Por un momento creí que esta vieja no iba a llegar a tiempo.

Siguiendo a Nezari, el grupo salió al patio principal. El aire aún vibraba por la onda de choque. Los guardias de la entrada, aunque nerviosos, ya habían bajado las armas al reconocer la autoridad de las recién llegadas.

Cruzando el umbral, dos figuras caminaban con una confianza que solo da el poder absoluto.

—Llegas tarde, Aerith —dijo Nezari, cruzándose de brazos, aunque sus ojos brillaban de alegría.

—Siempre tan impaciente, Nezari. El viento estaba en contra —respondió la mujer del cabello verde, antes de girar su vista hacia Inei—. Y además, traerla a ella no es tarea fácil. —dijo Aerith con una voz suave pero firme, su mirada verde recorriendo el lugar—. El viaje fue… agitado. Valeria no sabe lo que significa la palabra “discreción”.

La atmósfera en el patio cambió de un plumazo. El respeto ceremonial que imponía la presencia de Aerith, la poderosa matriarca de la familia Asuma en la capital de Jinzhou, fue obliterado por la actitud de la mujer a su lado.

Valeria Jinshan no esperó a que las presentaciones formales terminaran. Con una agilidad que desafiaba la vista, acortó la distancia entre ella e Inei. Antes de que el joven pudiera siquiera tensar un músculo, Valeria lo rodeó con sus brazos y, con una fuerza sorprendente, lo atrajo hacia sí, hundiendo el rostro de Inei directamente entre sus enormes pechos.

—¡Tú, mocoso malagradecido! —exclamó Valeria, con una voz que mezclaba el reproche con una familiaridad descarada—. Me dejaste sola después de aquella batalla en la frontera. ¿Tienes idea de lo difícil que fue limpiar todo ese desastre sin tu ayuda?

Inei, sofocado por la suavidad y el aroma embriagador de la mujer, tardó un segundo en reaccionar. Las hermanas Asuma, Nezari y Aerith, se quedaron petrificadas. Conocían a Valeria; sabían que era una mujer que utilizaba su belleza y la seducción como armas políticas y de guerra, pero siempre manteniendo una distancia gélida con los hombres. Verla así, pegada a un joven casi como una lapa, era una escena que rompía todos sus esquemas.

Xiay, entre confundido y divertido por la situación de su hijo, dio un paso al frente.

—¿Acaso ustedes dos… se conocen? —preguntó Xiay, arqueando una ceja.

Valeria soltó a Inei solo lo suficiente para que él pudiera respirar, aunque no lo liberó de su abrazo. Le dedicó a Xiay una sonrisa triunfal.

—Peleamos juntos durante la última etapa de la guerra —respondió Valeria, pasando un brazo por los hombros de Inei como si fuera un trofeo—. Debo admitir que este chico me dio la sorpresa de mi vida. No todos los días te encuentras a un experto en la etapa de Hanzei a una edad tan temprana. Fue el único que pudo seguirme el ritmo cuando las cosas se pusieron feas.

La palabra “Hanzei” cayó en el patio como una bomba de vacío.

El silencio fue sepulcral. Nezari y Aerith intercambiaron una mirada de pura incredulidad. Inei, que se había ido siendo un niño con potencial, había regresado con un nivel de cultivo que rivalizaba con los generales de los grandes imperios. Estar en la etapa Hanzei a los diecisiete años no era solo ser un “prodigio”, era una anomalía que desafiaba las leyes de la naturaleza.

—¿Hanzei…? —susurró Nezari, procesando la información—. Eso es… imposible.

Mientras los adultos lidiaban con la revelación del poder, el drama en el segundo plano era muy distinto. Yeryn, que había estado observando la escena con una furia silenciosa al ver a Inei atrapado en el escote de aquella mujer, sintió que el mundo le daba vueltas. Los celos la estaban consumiendo, pero la noticia del nivel de Inei fue el golpe final. Sus piernas flaquearon, su mente colapsó ante la diferencia de poder y la desfachatez de la rubia.

Athena tuvo que reaccionar rápido, sujetando a Yeryn por la cintura justo antes de que se desplomara en el suelo.

—Cálmate, Yeryn… respira —le susurró Athena, aunque ella misma estaba pálida de la impresión—. Si te desmayas ahora, esa mujer ganará por goleada.

Inei, finalmente logrando zafarse un poco del agarre de Valeria, suspiró con cansancio, aunque una chispa de afecto genuino cruzó sus ojos negros al mirar a la rubia.

—No te deje sola, esa chica dijo que era tu sobrina y que ella se encargaría de ti, yo solo fui a hacer otras cosas. Además te deje una nota.

Nezari dio una palmada suave, pero su energía cortó de raíz la escena como una guadaña invisible.

—Bien —dijo con tono sereno, aunque sus ojos brillaban con una gravedad incontestable—. Ya tendrán tiempo para… ponerse al día con sus asuntos personales después.

Su mirada se deslizó de Valeria a Inei, luego a Aerith y finalmente a Xiay.

—Ahora vamos a lo importante.

Xiay que desvío la mirada de su hijo con una sonrisa llano a uno de los mayordomos de la residencia con un leve movimiento de su mano. El hombre de edad avanzada respondió de inmediato y comenzó a acercarse.

—Mayordomo Angel, por favor llama a los ancianos que estén disponibles. A ellas les interesaría escuchar esto.

El mayordomos atendió de inmediato la solicitud y tras despedirse con una leve reverencia dejó solo a Xiay que comenzaba a acercarse a su hijo.

—Tu pequeño, estás cargado de sorpresas. Ahora eres más fuerte que yo.

Inei se rasco un poco la nuca con vergüenza y sin saber exactamente como contarle a su padre lo que en verdad ocurre con él.

—Tranquilo, podemos charlar los dos después de esto, de momento. Encarguemonos de este asunto. Nezari dio una palmada suave, pero su energía cortó de raíz la escena como una guadaña invisible.

—Bien —dijo con tono sereno, aunque sus ojos brillaban con una gravedad incontestable—. Ya tendrán tiempo para ponerse al día con sus asuntos personales después.

Su mirada se deslizó de Valeria a Inei, luego a Aerith y finalmente a Xiay.

—Ahora vamos a lo importante.

Xiay desvió la mirada de su hijo con una sonrisa y llamó a uno de los mayordomos de la residencia con un leve movimiento de la mano. El hombre de edad avanzada respondió de inmediato y se acercó.

—Mayordomo Ángel, por favor, llama a los ancianos que estén disponibles. A ellos les interesará escuchar esto.

El mayordomo atendió de inmediato la solicitud y, tras despedirse con una leve reverencia, se retiró. Xiay se aproximó entonces a Inei.

—Tú, pequeño… estás lleno de sorpresas. Ahora eres más fuerte que yo.

Inei se rascó la nuca, avergonzado, sin saber bien cómo explicar realmente lo que ocurría con él.

—Tranquilo —continuó Xiay con voz calmada—. Podemos charlar los dos después de esto. De momento, encarguémonos de este asunto.

Con unas suaves palmadas en el hombro Xiay le dio el visto bueno a su hijo, tal vez no sepa que es lo que ha hecho su pequeño hijo estos seis años que estuvo por fuera. Pero al menos sabía lo suficiente para no tratarlo ya como a un niño. Aunque primero tendría que dejar atrás la imagen del aun pequeño niño.

Mientras comenzaban a caminar por los senderos del patio principal, Inei miro por encima de su hombre hacia atrás para poder ver como Athena corría hacia él seguida por Yeryn.

Cuando ambas chicas llegaron a su lado ambas se aferraron a sus brazos, cada una con sentimientos diferentes en sus ojos.

—Así que~ Conoces a la reina de Jinzhou.

La voz dulce de Athena salió con un tono muy travieso de sus cuerdas vocales, Inei suspiro suavemente con una mezcla de cansancio y vergüenza.

—En aquel entonces no fue mi intención conocerla…Solo ocurrió y bueno…Lo demás es demasiado complicado como para contarlo en unas cuantas horas.

Yeryn que estaba al lado derecho de Inei, apretó un poco mas fuerte su brazo su brillo celoso en los ojos cambio a uno mas normal pero con algo diferente en ellos.

—¿Y Hanzei? ¿También nos contaras?

Inei se detuvo de pronto.

Sus pasos se frenaron en el sendero de piedra, y Athena y Yeryn dieron un pequeño tirón hacia adelante al seguir sujetas de sus brazos. El joven no miraba a nadie en particular: su vista estaba perdida en algún punto del jardín, allá donde los faroles comenzaban a encenderse y las luciérnagas despertaban entre los arbustos.

Por un instante, su expresión fue seria… demasiado seria. Tanto que ambas chicas contuvieron el aliento.

Luego, algo se aflojó dentro de él.

La tensión de sus hombros desapareció y una sonrisa suave —esa sonrisa rara y genuina que pocas veces dejaba ver— se dibujó en sus labios. Inei soltó el aire lentamente… y estiró sus manos hacia ellas.

Tomó la mano de Athena primero, cálida y firme, y luego entrelazó los dedos con la de Yeryn, que tembló apenas un poco antes de apretarlo con fuerza.

—Eso… —dijo con voz tranquila, casi susurrada— sí puedo explicarlo.

Las miró a ambas, directo a los ojos.

—Pero en un lugar donde estemos solo nosotros.

Athena parpadeó… y luego sonrió como una niña a la que acaban de prometerle un secreto prohibido.

—Entonces está bien —respondió, inflando ligeramente las mejillas—. Pero me lo contarás todo… sin saltarte detalles.

Yeryn no dijo nada al principio; su agarre se aflojó, sus celos se disiparon un poco y en su mirada apareció un brillo distinto, una mezcla de alivio y cariño.

—Lo prometiste —murmuró al final, apenas audible.

Xiay se volvió hacia ellos sin dejar de caminar, observando la escena con una sonrisa que no pudo —ni quiso— ocultar. Le hacía gracia ver a su hijo rodeado de tanto caos… y manejándolo con una tranquilidad que él jamás tuvo a esa edad.

—No se preocupen por eso ahora —intervino Xiay con tono amable—. Ya podrán contarnos todo cuando terminemos con lo importante.

Inei alzó la cabeza, aún sosteniendo las manos de las chicas, y aceleró el paso para caminar junto a su padre.

—Padre… —preguntó con genuina curiosidad— ¿puedo saber a qué se debe que la reina esté aquí? No parece una simple visita familiar.

Xiay soltó una risa baja, una que llevaba orgullo y un toque de satisfacción contenida desde hacía años.

—Claro que no lo es.

Se detuvo frente a las grandes puertas del salón principal, justo antes de que se abrieran. Se giró hacia su hijo, el viento moviendo su cabello oscuro, los ojos brillantes de orgullo.

—Gracias a tu abuela —dijo, marcando cada palabra— el clan Nozen vuelve a tener el poder que le corresponde.

Señaló los muros, los jardines, la ciudad más allá.

—Ya no tendremos que vivir en esta ciudad llena de problemas… ni seguir defendiendo nuestro territorio de familias menores hambrientas que solo saben morder por la espalda.

Su sonrisa se ensanchó, plena, casi juvenil.

—Regresaremos a la capital. Seremos respetados como antes en el imperio.

Athena abrió los ojos con sorpresa. Yeryn sintió que el corazón le latía más rápido. Los murmullos de los guardias y sirvientes ya alcanzaban el eco de la noticia aún no anunciada.

Inei se quedó quieto uno o dos segundos… luego soltó una pequeña risa incrédula.

—Entonces… —dijo, medio resignado, medio divertido— supongo que mi vida tranquila ya no es una opción.

Valeria Jinshan, desde más atrás, levantó la voz con descaro.

—¿Tranquila? Con esa cara y ese nivel, niño, la tranquilidad ya te abandonó hace años.

Nezari chasqueó la lengua.

—Valeria, compórtate.

—¿Qué? Solo digo la verdad.

Las puertas del salón se abrieron al fin, revelando la gran mesa redonda y los asientos preparados.

Xiay dio un paso adelante y, con total naturalidad, posó una mano en la espalda de su hijo, guiándolo al lugar principal.

—Vamos —le dijo en voz baja— pequeño patriarca.

La atmósfera en el gran salón de la residencia Nozen era de una solemnidad absoluta, solo interrumpida por el tintineo de las tazas de porcelana. La mesa, una imponente pieza de madera oscura con veinte sillas, dominaba el espacio. Xiay, en un gesto que no pasó desapercibido para nadie, escoltó a Inei hasta la cabecera principal.

—Este lugar te corresponde ahora —dijo sin alzar la voz, pero con un orgullo que no se molestó en ocultar.

Inei se quedó inmóvil un segundo, sintiendo el peso invisible que emanaba de aquel asiento. No era comodidad, era responsabilidad. Aun así, respiró hondo y tomó asiento. Xiay rodeó la mesa y se sentó en la silla del extremo opuesto, como un guardián vigilando el inicio de una nueva era.

Athena y Yeryn ocuparon los asientos a ambos lados de Inei, como si temieran que el chico desapareciera si se alejaban demasiado. Nezari se sentó cerca, irradiando una presión natural que obligaba al resto de los presentes a mantener la espalda recta. Aerith y Valeria se ubicaron también, cada una con su propio mundo a cuestas: la primera con elegancia contenida, la segunda cruzando las piernas con descarada confianza.

Las sirvientas se desplazaban como sombras, dejando tazas de té humeante, pequeños dulces, frutas troceadas y ligeras ensaladas. El ambiente se fue llenando de conversación baja, murmullos y el suave tintinear de porcelana.

Uno a uno, los ancianos comenzaron a llegar.

Cada entrada era un pedazo de historia caminando: rostros marcados por la edad, miradas que habían visto guerras, pérdidas y reconstrucciones. Saludaban con respeto a Nezari y Aerith, pero miraban a Inei con mezcla de curiosidad y desconcierto. El rumor de “Hanzei” ya les había alcanzado incluso antes de sentarse.

Los asientos se fueron ocupando hasta que solo quedaron dos vacíos.

Entonces, la última puerta se abrió con estrépito.

Ryu entró.

Sus pasos eran tranquilos, pero su cuello no lo era en absoluto: marcas rojas, besos mal disimulados, y un par de chupetones que parecía imposible que no dolieran. Varias tazas se detuvieron a medio camino. Un anciano tosió en su manga.

Inei giró la mirada de inmediato hacia Elara.

Ella lo miró con suavidad.

Ni incomodidad, ni vergüenza, ni excusas. Solo una sonrisa tranquila, serena, que decía claramente:

Está bien.

El joven respiró en silencio y bajó la vista. Ryu se sentó como si no llevara escrito en la piel el resumen de su tarde.

Entonces Nezari se levantó.

No necesitó elevar la voz. Su sola presencia llenó el salón y obligó a todos a prestar atención. El aire se volvió denso, pero cómodo, como el peso de una manta que da seguridad.

—Bien —comenzó—. No prolongaremos esto más de lo necesario.

Su mirada recorrió a todos los presentes, deteniéndose en Inei solo un segundo más de lo normal.

—Los he convocado hoy porque el destino del Clan Nozen ha dejado de ser una incertidumbre —comenzó Nezari, su voz resonando en cada rincón del salón—. Los términos para nuestro regreso a la capital han sido validados. Con el retorno de mi nieto, el joven maestro Inei, nuestro prestigio y posición en el corazón del imperio están garantizados.

Nezari hizo una pausa, dejando que sus palabras se asentaran en los ancianos, quienes murmuraban entre dientes.

—Pero no regresamos solos. Contamos con el apoyo total de la facción del Lirio Dorado y de su líder, Elara. Como muchos saben, ella es una experta de etapa Filsong

Un nombre que pesaba.

Una etapa donde el cultivador podía volar libremente sin alas de Arcam, y en la que cada aceleración desgarraba el aire, rompiendo la barrera del sonido como si fuese papel. Elara sostenía la taza con elegancia, sin necesidad de confirmar nada; el nombre ya hablaba por ella.

Nezari continuó:

—La unificación del clan Nozen y la facción Lirio Dorado nos asegura territorio, influencia y fuerza militar suficiente para sostenernos en la capital durante siglos. —Sus ojos se afilaron ligeramente—. Nadie podrá tratarnos más como una familia forzada a defenderse de carroñeros menores.

Silencio solemne.

Entonces, otra presencia se levantó.

Valeria Jinshan.

La reina del Imperio de Jinzhou no necesitó liberar aura alguna para dominar el ambiente. Bastó con su sonrisa. Una curva lenta, indolente… cargada de peligro y miel.

Sus ojos marrones se dirigieron primero a Inei, como si el resto del mundo fuera un decorado secundario.

Luego miró a los demás.

—Entonces seré directa —dijo, con una voz aterciopelada que se deslizó por el salón—. Vengo en representación del Imperio de Jinzhou y como aliada personal del clan Nozen.

Hizo una breve pausa, inclinando levemente el cuerpo hacia adelante, lo justo para que más de un anciano apartara la mirada con el rostro rojo.

—Las condiciones son simples.

Un dedo alzó suavemente el borde de su copa de té.

—Primero —declaró—: el clan Nozen se asentará en la capital como casa noble de primera categoría. Sin disputas, sin exámenes, sin votos de familias rivales. Su posición será reconocida, no discutida. Pero también se les requerirá estar en el frente en caso de una posible guerra a futuro. Por ende, les pido como favor personal que aumenten su poder, de lo contrario no duraran mucho, aunque tengan a una Velaris y a un Hanzei en la familia. Sin mencionar que la mayor Elara tiene mas fuerza que todo el imperio juntos, todavía no sabemos que otras facciones se ocultan entre los imperios enemistados.

Los ancianos intercambiaron miradas preocupados.

—Segundo: la facción Lirio Dorado y el clan Nozen actuarán como un solo frente en asuntos políticos y militares. Las amenazas externas al imperio serán responsabilidad compartida… y sus beneficios también.

Sus ojos volvieron a detenerse sobre Inei.

—Y tercero.

Sonrió.

Esta vez, con descaro abierto.

—El joven patriarca deberá asistir personalmente a la próxima cumbre imperial como representante del renacido clan Nozen. —Sus palabras descendieron como pétalos y dagas a la vez—. Después de todo… sería una lástima ocultar un prodigio de Etapa Hanzei.

Un estremecimiento recorrió el salón.

Nezari no la detuvo.

Xiay no negó.

Los ancianos comprendieron una verdad simple:

El regreso del clan Nozen no era una posibilidad.

Era un hecho.

Y en la cabecera, con las miradas del salón pesando sobre él, Inei sintió de nuevo ese pulso profundo en su pecho.

No miedo.

Destino.

—Con eso dicho, espero empiecen a hacer sus maletas lo más pronto posible, el año se acaba y el festival de luces llegara pronto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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