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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 59

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Capítulo 59: Acto I — Capitulo 11 — Maestra.

La sala privada de Xiay era uno de los lugares más tranquilos de toda la residencia Nozen. No era ostentosa como el gran salón de recepciones, sino íntima y cálida. Una fuente de piedra negra ocupaba la pared derecha, con agua cayendo en un chorro constante y cristalino que creaba un rumor suave y relajante. El resto de la habitación estaba decorado con muebles de madera oscura tallada a mano, cojines gruesos de seda y tapices antiguos que narraban las glorias pasadas del clan. La luz entraba tamizada por ventanales altos cubiertos con cortinas translúcidas, dando al ambiente un tono dorado y sereno.

En el centro, sobre un diván amplio y bajo, estaba sentado Inei. Su postura era recta, pero relajada, con las manos sobre las rodillas. Detrás de él, Elara se había acomodado de rodillas sobre un cojín más alto, sus manos posadas con delicadeza en la espalda del joven. Sus dedos emitían un suave brillo verde-dorado mientras examinaba el interior de su núcleo y el estado general de su cuerpo.

Xiay y Nezari ocupaban un sofá frente a ellos. Madre e hijo, sentados uno al lado del otro, observaban en silencio. Nezari tenía las piernas cruzadas con elegancia, su expresión serena pero atenta. Xiay, con los brazos cruzados sobre el pecho, intentaba mantener la compostura, aunque sus ojos delataban la preocupación de un padre.

Elara movió sus manos con lentitud, trazando patrones invisibles sobre la espalda de Inei. El Arcam que emanaba de ella era cálido, casi maternal, envolviendo el cuerpo del joven como una manta invisible. Pasaron varios minutos en completo silencio, solo roto por el suave rumor de la fuente.

Finalmente, Elara retiró las manos con un pequeño movimiento de dedos, cortando la conexión. Un leve destello verde se disipó en el aire.

—Listo —dijo con voz suave, casi un susurro.

Se sentó correctamente detrás de Inei, pero no se alejó del todo. Sus rodillas seguían rozando su espalda.

—¿Cómo está? —preguntó Xiay de inmediato, inclinándose ligeramente hacia adelante.

Elara sonrió con calma, aunque sus ojos brillaban con un toque de admiración.

—Su cuerpo está muy bien. Mejor que bien, en realidad. El poder curativo de su fuego eterno es excepcional; ha regenerado tejidos y meridianos que deberían haber tardado meses en sanar. Y el hielo cian… fortalece sus músculos y huesos de una forma que rara vez he visto. Su estructura física es ahora más resistente, más flexible. Podría soportar combates prolongados sin fatigarse tan fácilmente.

Nezari levantó una ceja.

—¿Y el núcleo?

Elara suspiró ligeramente, como si estuviera eligiendo las palabras con cuidado.

—El núcleo está estable. Las grietas que tenía después de la guerra se han cerrado casi por completo gracias al equilibrio que logró con ambos elementos. Sin embargo… el poder que perdió no es algo que se recupere fácilmente. Para volver a su nivel anterior —y superarlo— necesitaría la ayuda de un alquimista de rango alto. Alguien capaz de trabajar directamente sobre el núcleo con Rekiem puro.

Nezari chasqueó la lengua, molesta.

—¿Dónde rayos se consigue un alquimista de alto rango en el sur? —murmuró—. Tendríamos que ir al centro del continente… y eso no es un viaje corto.

Xiay frunció el ceño, pensativo.

—Hay formas de entrenamiento que pueden ayudar —intervino Elara—. No tan rápidas como un alquimista, pero más seguras. Ejercicios de circulación dual, meditación en entornos extremos, técnicas de refinamiento… Todo eso puede acelerar la recuperación natural del núcleo.

Mientras los tres adultos comenzaban a discutir opciones —Xiay proponiendo rutas seguras hacia el centro, Nezari mencionando contactos antiguos, Elara sugiriendo ejercicios específicos—, Inei permanecía en silencio.

Sentía la presencia de Elara muy cerca.

Demasiado cerca.

Ella se había inclinado ligeramente hacia adelante para hablar, y su pecho suave, lleno y cálido, se presionaba contra su espalda. La tela ligera de su vestido no ocultaba casi nada. Inei podía sentir la forma redonda y pesada de sus senos, el calor de su piel, el sutil movimiento que acompañaba cada respiración. Su corazón dio un vuelco involuntario. Un calor diferente al del Arcam subió por su cuello y sus orejas.

Tragó saliva, intentando mantener la compostura.

Elara pareció notar su tensión. En lugar de apartarse, apoyó la barbilla suavemente sobre su hombro, hablando casi al oído mientras continuaba la conversación con Xiay y Nezari.

—Aunque un alquimista es la forma más rápida… estamos en desventaja —dijo con voz baja, casi íntima—. Un alquimista decente y honrado es difícil de encontrar. Muchos son estafadores o cobran precios absurdos por trabajos que podrían hacer en semanas. Pero hay métodos de entrenamiento que pueden ayudar a Inei a recuperar su poder de forma natural. Si lo hacemos bien, podría incluso salir más fuerte que antes.

Inei intentó concentrarse en las palabras, pero era imposible ignorar el contacto. El peso suave y cálido contra su espalda, el aroma ligero de su perfume mezclado con el olor natural de su piel… Todo hacía que su pulso se acelerara.

Mientras los adultos seguían discutiendo —Nezari proponiendo enviar mensajeros al centro, Xiay mencionando posibles maestros errantes—, Inei bajó la mirada hacia su mano derecha.

Allí estaba el anillo de plata más grande.

Giró ligeramente la muñeca para verlo mejor.

Y entonces brilló.

Un leve destello plateado, casi imperceptible, recorrió el metal. No era fuerte, pero fue suficiente para que Inei lo notara. El anillo pareció calentarse un segundo contra su piel, como si algo dentro respondiera a su presencia.

Inei frunció el ceño ligeramente, pero no dijo nada.

Mantuvo la mirada fija en el anillo mientras las voces de Elara, Xiay y Nezari continuaban de fondo, planeando su futuro, su recuperación, su camino hacia el poder que una vez tuvo.

—

La sala privada de Xiay seguía envuelta en esa atmósfera serena y cálida, pero la tensión del momento anterior se había disuelto en una conversación más pausada. Xiay y Nezari discutían opciones de recuperación, mientras Elara, aún arrodillada detrás de Inei, continuaba con su “examen”. Sus manos ya no emitían luz, pero su cuerpo sí seguía muy cerca… demasiado cerca.

Elara se inclinó un poco más hacia adelante, presionando deliberadamente sus pechos suaves y generosos contra la espalda de Inei. La tela ligera de su vestido no era barrera suficiente; Inei podía sentir perfectamente su forma, su calidez y el leve movimiento que acompañaba cada respiración de ella. Un calor traicionero subió por su cuello. Intentó mantenerse concentrado en las palabras de su abuela, pero era difícil cuando Elara, con una sonrisa traviesa que solo él podía notar, movía ligeramente los hombros, frotándose contra él de forma casi inocente… pero claramente intencionada.

Nezari, ajena al juego sutil que ocurría a su espalda, hablaba con orgullo evidente.

—…y no cualquiera puede decir que mató a un Velaris como Hujinsan. Ese hombre era uno de los pilares del Imperio de Kyuen, conocido por su dominio absoluto del hielo negro. Que mi nieto haya podido vencerlo, aunque fuera en condiciones desfavorables, es prueba de que su talento no tiene comparación.

Inei sintió que sus orejas ardían. El cumplido de su abuela era sincero, pero combinado con la presión suave y cálida de Elara contra su espalda, el momento se volvió incómodo de una forma completamente diferente.

Con las mejillas ligeramente sonrojadas y la voz firme pero decidida, Inei la interrumpió:

—Creo que puedo hablar con alguien para que me ayude.

Los tres adultos se quedaron en silencio al instante.

Xiay levantó una ceja, curioso.

Nezari inclinó la cabeza, interesada.

Elara, por su parte, no dijo nada… pero sonrió contra su nuca y deslizó los brazos alrededor de su torso, abrazándolo más fuerte desde atrás. Sus dedos se entrelazaron con suavidad justo sobre el abdomen de Inei, presionando su pecho contra él con más intensidad. El calor de su cuerpo era imposible de ignorar.

—¿Alguien? —preguntó Xiay, inclinándose hacia adelante—. ¿De quién hablas?

Inei respiró hondo, sintiendo el abrazo de Elara como un ancla cálida y peligrosa al mismo tiempo.

—Alguien que… me conoce desde hace mucho tiempo. Alguien que puede ayudarme de verdad. Pero necesitaré hablar con ella a solas.

Elara apoyó la barbilla en su hombro, sus labios rozando su oreja al susurrar solo para él:

—Qué misterioso…

Nezari y Xiay intercambiaron una mirada, pero no insistieron. Xiay conocía a Inei lo suficiente como para saber que, cuando hablaba así, tenía sus razones.

—Está bien —dijo Xiay finalmente—. Confiamos en ti. Solo… ten cuidado.

La reunión continuó un rato más, pero Inei ya no podía concentrarse del todo. El abrazo de Elara era firme, posesivo, y sus dedos trazaban pequeños círculos sobre su abdomen, enviando escalofríos que nada tenían que ver con el Arcam.

—

Más tarde, cuando la luna ya estaba alta en el cielo y el reloj de la pared marcaba las nueve de la noche, Inei se encontraba solo en su habitación.

La luz plateada entraba por las ventanas abiertas, bañando todo en un tono frío y tranquilo. Abajo, en el primer piso, se escuchaba la voz suave pero firme de Kaoru:

—Kaori, ya es hora de dormir, mi vida. Mañana seguimos jugando.

La pequeña respondió con un quejido adorable, pero terminó obedeciendo entre risitas.

En el patio exterior, las voces de Leila, Yeryn y Athena se mezclaban en una conversación cálida y ligera. De vez en cuando llegaba una risa compartida, el sonido de tres jóvenes que, poco a poco, empezaban a sentirse cómodas en la residencia.

Inei estaba sentado en el borde de la cama, mirando el anillo de plata en su dedo corazón. El silencio de la habitación era absoluto.

Entonces, el anillo brilló.

Una luz plateada suave surgió de él, condensándose en el aire frente a Inei. La figura de Scathath se materializó lentamente, emergiendo como si saliera de su propio cuerpo. Su cabello blanco flotaba con gracia, y sus ojos grises lo miraron con una mezcla de cariño y determinación.

—Puedo ayudarte —dijo sin preámbulos, su voz serena pero firme—. Más que ayudarte… te puedo hacer mucho más fuerte de lo que eras. Te puedo ayudar a crecer mucho, mucho más rápido que cualquier otra forma de entrenamiento.

Inei levantó la vista hacia ella. No se sorprendió. Ya esperaba que apareciera.

Scathath flotó un poco más cerca, su túnica blanca ondeando aunque no había viento.

—Has hecho un gran avance hoy con Yin y Yang. Pero eso solo es el comienzo. Si realmente quieres recuperar tu poder… y superarlo… necesitarás más que entrenamiento común. Necesitarás mi guía completa.

Extendió una mano hacia él, la palma hacia arriba, ofreciéndola.

—¿Estás dispuesto a aceptar a esta vieja como tu maestra, Inei Nozen?

Inei miró fijamente a Scathath. La luz plateada que emanaba de su forma etérea iluminaba la habitación con un resplandor frío y suave, como la luna reflejada en nieve recién caída. El silencio entre ellos era denso, pero no incómodo; era el silencio de dos personas que, por diferentes razones, llevaban demasiado tiempo cargando secretos.

—No es que dude de ti —dijo Inei al fin, su voz baja pero firme—. Sé que conoces a mi madre. Sé que ella confiaba en ti. Pero… no aceptarías ser mi maestra solo por una deuda del pasado. No te ofrecerías así, tan directamente, si no hubiera algo más. Quiero saber tus planes. Todos.

Scathath no se inmutó. No apartó la mirada, ni cambió su expresión serena. Simplemente flotó un poco más cerca, hasta que la distancia entre ambos era apenas de un brazo extendido. Sus ojos grises parecían contener siglos enteros de historias no contadas.

—Eres directo —dijo con una sonrisa pequeña, casi nostálgica—. Eso también lo heredaste de ella.

Hizo una pausa, como si estuviera eligiendo las palabras exactas.

—Quiero volver a la vida —respondió con sinceridad absoluta—. Quiero volver a ser libre, no a estar atada por un contador. Quiero sentir nuevamente la tierra, hacer las cosas que amo sin el miedo de algo o alguien succione lo que queda de mi ser.

—Tu madre me ayudo demasiado, me calmo, me dio un lugar a su lado. Me dio el amor que tanto busque en alguien, me dio su amistad, su tiempo…Cosas que…Creí que solo encontraría si sorprendo a las personas con mi poder, con mis habilidades. Pero Lizbell, ella simplemente me acepto con todos mis errores y debilidades. Tu madre es más que una amiga para mi, es mi hermana…Por eso me estoy ofreciendo, quiero guiarte, enseñarte a ver las cosas a ver las cosas que te rodean, quien es t amigo y quien es tu enemigo. Nunca se sabe quien puede apuñarle por la espalda…

Inei no pudo mantener su mirada en la mujer frente a el, la nostalgia lo había invadido al escuchar las palabras de Scathath sobre su madre. Pero obligándose a ser fuerte, a querer dejar ir ese dolor. Inei aclaro su garganta y levanto la mirada.

—¿Cómo te puedo ayudar a revivir?

Los ojos de Scathath se iluminaron al verlo decidido, con una suavidad maternal se acerco a el y lo envolvió en sus brazos fantasmales.

—No tienes que ser fuerte todo el tiempo, a veces hay que soltar un poco para sentirse mejor.

Sus manos se sentían suaves, para Inei fue sorprendente que Scathath lo pudiera tocar directamente, al verla tan fantasmal pensó que no podía tocarlo directamente pero se equivoco.

Scathath se separó lentamente del abrazo, aunque sus manos etéreas tardaron un segundo más en soltar los hombros de Inei. Flotó un poco hacia atrás, dándole espacio, pero sin apartar la mirada. Sus ojos grises brillaban con una mezcla de nostalgia y determinación renovada.

—Hay muchas maneras de revivir a un Deyshin —comenzó, su voz suave pero cargada de certeza—. Algunas requieren rituales oscuros, sacrificios de almas, pactos con entidades prohibidas… Yo rechacé todas esas rutas hace siglos. La mía es diferente. La llamo Cenizas, y se lo que vas a decir lo sé. No me esforcé mucho con el nombre.

Inei inclinó la cabeza ligeramente, intrigado.

—¿En que consiste está técnica?.

—Es una técnica basada en el fuego ¿Conoces el dicho que el Fénix siempre vuelve de sus cenizas tras quemarse?—Inei asintió haciendo un gesto con la mano, como si dijera que más o menos conoce el tema.

—Bueno—Continuo Scathath— Mi técnica se basa en quemar las impurezas del cuerpo para luego de introducir el alma y nutrir ambas partes con los ingredientes necesarios, todo se ira consumiendo hasta que no quede nada. Y una vez que no quede nada, se necesitara un tiempo, tal vez un mes o dos. Para que el cuerpo se regenere, obviamente no solo. Para esto están los ingredientes claves, de los cuales ya tenemos uno.

—Inei inclino la cabeza hacia la derecha. —¿Uno?—. Pregunto interesado.

—Sip—Scathath asintió un poco emocionada elevando su mano derecha. —Sus dedeos de curvaron un poco y un chispazo sonó antes de que una llama plateada apareciera en la superficie de la mano. —Te presentó mi mayor conquista, la llama eterna dueña del puesto número 17 en el Rankin celestial. Infierno Gélido.

El corazón de Inei latió un poco más fuerte ante el calor de la llama y sin poder evitarlo.

Inei, levantó su propia mano y invocó su fuego eterno. La llama naranja apareció en su palma, vibrante, viva, Ambas llamas flotaron libremente de las palmas de sus portadores, flotaron cerca una de la otro, como si volvieran a encontrarse después de eones separados.

Scathath observó ambas llamas con una sonrisa satisfecha.

—El fuego es la mejor herramienta para crear un cuerpo nuevo —explicó—. Es como un martillo sobre el hierro caliente: moldea, da forma, une. Cuando ayudé a un viejo amigo a transferir su alma de un cuerpo moribundo a uno nuevo, usé este mismo principio. El fuego reconstruye la carne, los huesos, los meridianos. Y durante el proceso, también acelera el crecimiento del Arcam. Es el catalizador perfecto.

Inei cerró la mano, apagando su llama.

—¿Y para ir más allá de tu poder anterior? ¿Para volver más fuerte?

Scathath asintió.

—Para eso necesito algo que potencie tanto el cuerpo como la llama misma. Algo que eleve todo el proceso a un nivel superior.

Extendió la mano hacia Inei.

—Dame el anillo, por favor.

Inei se quitó el anillo de plata más grande y se lo entregó sin dudar. Scathath lo tomó con delicadeza, lo sostuvo un instante y luego, con un gesto suave, sacó de su interior un pergamino enrollado que brillaba con una luz tenue.

Lo desenrolló con cuidado y se lo mostró a Inei.

La lista estaba escrita con una caligrafía antigua y elegante:

Ingredientes para la Resurrección.

Raíz de Sangre Lunar (planta de nivel 8 que circula y purifica la sangre a nivel espiritual, extremadamente rara, crece solo bajo luna llena en montañas nevadas).

Flor del Alma (ayuda a estabilizar y expandir el Arcam durante la reconstrucción, solo florece cada cien años).

Fruto del Corazón Estelar (fruta exótica que fortalece el núcleo vital, crece en árboles milenarios en el Valle de las Estrellas Caídas).

Lágrima de Dragón (resina cristalizada de dragones, aumenta la resistencia ósea y muscular).

Hoja de Viento Carmesí (planta de nivel 7 que acelera la regeneración de meridianos, crece en acantilados expuestos a vientos eternos).

Bayas del Trueno Silencioso (fruto de nivel 6 único que potencia la capacidad de almacenar Arcam puro).

Recipiente o huesos de expertos o criaturas de nivel 8 o superior.

Inei leyó la lista con atención. Sus ojos se detuvieron en la última línea.

—¿Huesos o esencias de experto de nivel 8 o superior…? —repitió en voz baja, sorprendido.

Scathath asintió un poco emocionada.

—Sip, hace ya un siglo y medio tal vez más. Antes de morir ayude a unas de las pocas personas que puedo considerar mi amigo. Pase su alma a un cuerpo nuevo ya que el de él había sido envenenado, un veneno que no pude eliminar con mi llama. Utilice el cuerpo de un Soryn de cuatro estrellas, y cuando renació volvió como un experto de clase Zun de cinco estrellas.

Con su curiosidad despertando Inei se atrevió a preguntar.

—¿Zun? ¿Qué etapa es esa?

Scathath comprendiendo su duda, señalo la cama para que el se sentará pues este era un tema algo complicado de entender. Cuando Inei se sentó ella comenzó.

—Zun: Es una sub etapa de nivel 9, proveniente de la etapa Caelis, Caelis es considerada por muchos la etapa más difícil de superar ya que se compone de muchos obstáculos, entre esos que ya no son 9 giros después de la novena estrella si no 18. 18 giros que se materializan en la barrera del núcleo, pero esto solo pasa en la sub etapa de Zun, ya que las otras dos: Iris y Zen.

Son como una etapa normal, mucho llaman a este obstáculo el camino del sabio. Podrás superarlo si eres merecedor del poder que viene pero si no estarás estancado toda tu vida. Tu madre, fue una Zun de nueve estrellas en el séptimo giro de la barrera de los 18 giros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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