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Hasta que el cielo me detenga - Capítulo 63

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Capítulo 63: Acto I — Capítulo 15 — Determinación.

Durante la guerra escuché muchas historias de los veteranos, casi todas decían lo mismo. Si tienes muchos eventos importantes y felices demasiado rápido o uno tras otro tras otro, eso es porque el mundo te estaba preparando para lo que viene.

Muchos de ellos narraron como sus familias o amigos eran felices por un tiempo y luego vino la tormenta y se llevó todo.

Ahora el reencuentro con Lirien y el nacimiento de Aeloria me llenaron de una alegría que no esperaba sentir tan pronto, no puedo evitar que una sombra me acompañe. Cada vez que miro a mi “hermanita” y veo ese ojo negro idéntico al mío, algo dentro de mí se remueve. No es miedo, no es tristeza… es curiosidad. ¿De dónde viene? ¿Qué significa? Mamá nunca habló de ojos negros en la familia. Ni Xiay, ni Nezari. Solo yo. Y ahora ella.

Quizás sea una marca. Quizás sea una maldición. O quizás sea una promesa que aún no entiendo.

Pero hoy no es día para sombras. Hoy hay que moverse. El clan se prepara para el traslado y yo… yo tengo que estar listo para lo que venga en la capital.

—

El abrazo entre las tres hermanas fue largo, apretado, lleno de risas entrecortadas y lágrimas que no se molestaron en esconder. Lirien temblaba ligeramente mientras apretaba a Shiranui y Lyssia contra su pecho, cuidando siempre de no aplastar a la pequeña Aeloria que dormía plácidamente en el canguro. Cuando por fin se separaron, las tres tenían las mejillas húmedas y sonrisas que iluminaban el claro como si el sol hubiera decidido brillar solo para ellas.

Shiranui fue la primera en fijarse en la bebé.

—Dioses… mírala —susurró, acercándose con cuidado. Sus ojos ámbar se abrieron más—. Es preciosa, Lirien. Tan pequeñita… y ya tiene esa carita traviesa tuya.

Lyssia, siempre más directa, se inclinó también para verla de cerca. Su expresión feroz se suavizó al instante.

—Esos ojos… —murmuró, fascinada—. Heterocromía. Uno verde como el tuyo… y el otro negro. Negro puro. ¿De dónde sacó eso?

Lirien acarició la cabecita de la niña con ternura.

—No lo sabemos. En la familia Asuma nunca ha habido ojos negros. Y en los Nozen… solo hay una persona que los tiene así.

Sus ojos se desviaron hacia Inei, que seguía de pie a unos pasos, observando la escena en silencio.

Xiay, que había permanecido quieto hasta ese momento, sintió que el corazón se le apretaba en el pecho. Caminó despacio hacia su esposa y su hija.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Lirien giró el canguro para que pudiera ver mejor a la pequeña.

Aeloria abrió por completo los ojos en ese instante.

Uno verde brillante, el otro negro como la noche.

Miró a Xiay… y sonrió.

Una sonrisa desdentada, pura, llena de reconocimiento instintivo.

Extendió sus bracitos regordetes hacia él, gorgojeando bajito.

Xiay sintió que algo dentro de él se rompía. Se inclino frente a su hija, las manos temblando ligeramente. Con cuidado infinito, la tomó de los brazos de Lirien y la levantó hasta su pecho. La bebé rio más fuerte, golpeando con sus manitas el rostro de su padre como si quisiera explorarlo.

Xiay cerró los ojos un segundo, una lágrima solitaria escapando por su mejilla derecha.

—Hola, pequeña… —susurró, la voz ronca de emoción—. Soy tu papá.

Nezari se acercó en silencio y se colocó al lado de Inei. Sin decir nada, pasó un brazo alrededor de sus hombros y lo atrajo hacia ella en un abrazo maternal lateral.

Inei no se resistió; apoyó la cabeza ligeramente contra el hombro de su abuela, sintiendo el calor y la fuerza tranquila que siempre había asociado con ella.

Nezari besó su sien con suavidad.

—Tu madre estaría muy orgullosa —murmuró solo para él—. De ti… y de esta pequeña.

Mientras Xiay seguía hablando bajito con su hija —promesas susurradas, risas compartidas—, Nezari se giró hacia Shiranui y Lyssia, que observaban la escena con ojos brillantes.

—Ellas son Shiranui y Lyssia —dijo Nezari, presentándolas formalmente a Inei—. Mis sobrinas. Hijas de Aerith. Tus tías políticas por parte de Lirien… y también, en cierto modo, por parte de tu madre.

Shiranui dio un paso adelante con una sonrisa cálida y abrió los brazos.

—¡Ven aquí, sobrino! —dijo con voz suave pero llena de cariño.

Inei se dejó abrazar. Shiranui lo envolvió con fuerza, su cabello castaño rojizo rozando su mejilla.

—Nezari nos hablaba de ti en todas las cartas —susurró—. Lizbell también. Decía que eras fuerte, valiente… y terco como ella.

Lyssia fue la siguiente. Su abrazo fue más firme, casi marcial, pero igual de cálido.

—Eres más alto de lo que imaginaba —dijo con una risa baja—. Y más serio. Pero tus ojos, tienes el brillo de tu madre en ellos-

Se separó un poco y miró a Aeloria en brazos de Xiay.

—Los ojos negros deben tener algún significado en tu clan.

—-

Los aposentos del patriarca estaban iluminados por la luz cálida de las lámparas de Arcam que flotaban a media altura. En el centro de la sala, sobre una mesa baja de ébano pulido, se extendía un mapa enorme del Imperio de Jinzhou: montañas, ríos, ciudades y rutas comerciales dibujadas con tinta negra y roja. Pequeños sellos de jade negro marcaban posiciones clave; algunos brillaban tenuemente, otros estaban apagados.

Xiay estaba de pie frente al mapa, con las manos apoyadas en la mesa. A su lado, Nezari observaba en silencio, los brazos cruzados. Elara se encontraba cerca de Inei, sentada en el borde de un diván con las piernas cruzadas, su vestido blanco cayendo en pliegues elegantes. Lyssia y Shiranui ocupaban dos sillas cercanas, mientras Lirien permanecía de pie junto a una ventana, acunando a Aeloria que dormía plácidamente contra su pecho.

Xiay señaló una línea roja que cruzaba el mapa desde Linye hasta la capital central.

—El trayecto principal es este —dijo con voz grave—. Pero hay tres rutas alternativas si encontramos bloqueos o emboscadas. Con la cantidad de gente que movemos, necesitamos al menos tres grupos de vanguardia y retaguardia fuertes. No podemos permitirnos bajas.

Lyssia se inclinó hacia adelante, estudiando el mapa.

—Con una Soryn en el grupo principal, las cosas serán mucho más fáciles —comentó, mirando a Elara con una sonrisa de lado—. Nadie se atreverá a tocarlos.

Elara inclinó la cabeza con modestia, aunque una pequeña sonrisa curvó sus labios.

—Gracias por el cumplido. Pero una vez que comience la movilización, tendré que ausentarme. Solo hay unos cuantos miembros de la Facción del Lirio Dorado aquí en la residencia. El resto está en Sera. Son bastantes… y están esperando mi regreso.

Lyssia levantó una ceja.

—¿Por qué el Lirio Dorado deja Sera?

Elara suspiró ligeramente, como si el tema le pesara.

—Nos cansamos de ser usados como carne de cañón. Cada vez que hay un conflicto en la frontera norte o una rebelión interna, el gobierno de Sera nos pone en primera línea. Siempre. Mi gente no es tonta. Llevamos años sangrando por un trono que nunca nos ha protegido. Por eso nos vamos.

Hizo una pausa.

—Y porque llegué a un trato especial con Valeria. Nos concede territorio propio en la capital, cerca de la frontera marítima. A cambio… le daremos lealtad absoluta en caso de guerra mayor. Pero solo en caso de guerra mayor. No más misiones suicidas.

Xiay asintió con aprobación.

—Es un buen trato. Y nos beneficia a todos. Si el Lirio Dorado se muda cerca… tendremos aliados fuertes.

Mientras tanto, Xiay comenzó a sacar pequeños sellos de jade de un cofre tallado que había sobre la mesa. Cada sello tenía un nombre grabado con precisión: Arash, Sein, Kaelith, Veyra, y otros once más. En total quince.

—Estos son los sellos de llamado de los ancianos en reclusión —explicó Xiay—. Una vez que los rompamos, sentirán la llamada y tendrán que regresar. No saben cuánto tiempo tomará. Algunos podrían estar en Hanzei, otros en Sun alto… si tenemos suerte, alguno que otro habrá ascendido mucho más de lo que pienso. No hemos tenido contacto con ellos en años.

Nezari soltó una risa seca.

—Si ese viejo perro de Wei volvió siendo Sun de ocho estrellas… los demás podrían haber alcanzado Hanzei o como dices algo más alto. Ojalá sea así. Los necesitaremos.

Xiay colocó el último sello en la mesa.

—Que sea así —murmuró—. Porque si no… el traslado será más peligroso de lo que pensamos.

Justo en ese momento, la puerta se abrió con suavidad.

Uno de los sirvientes de confianza de Xiay —un hombre mayor de expresión seria— entró e hizo una reverencia profunda.

—Patriarca Xiay, perdón por interrumpir —dijo con voz respetuosa—. Acaban de llegar noticias de la ciudad. Los maestros de reclutamiento de la Academia Jinshan han abierto un concurso de admisión. Están en la plaza central. Dicen que buscan talento joven… y que las pruebas comienzan en tres días.

El silencio cayó sobre la sala.

Inei sintió un tirón repentino en su interior.

No era dolor.

Era Scathath susurrando en su mente. El anillo en su dedo corazón vibró levemente, cálido contra su piel.

<Está es una buena oportunidad, tienes que presentarte si o si>

Inei arrugo un poco sus cejas.

<¿Estas segura? Creí que me entrenarías tu>

<Así es, pero no iras de una vez a la academia, tu y yo viajaremos un años por Jinzhou, quiero ver que tantas cosas tiene para ofrecer este impero, además, la cordillera los nueve anillos está cerca. Ahí habitan bestias poderosas de las cuales necesitaremos varios núcleo, tengo planeado algo para ti que te ayudara mucho>

Nezari fue la primera en hablar, rompiendo el silencio.

—Es perfecto —dijo con voz firme—. Enviemos a los jóvenes del clan. Todos ellos.

Xiay la miró, intrigado.

—¿Todos?

Nezari asintió, descruzando los brazos.

—Los jóvenes son impulsivos. Lo sabemos bien. Si llega a haber un enfrentamiento en el camino, serán los primeros en lanzarse sin pensar. Es mejor tenerlos ocupados en otra cosa. Además… la Academia Jinshan tiene fama de tener la mejor formación de Arcam en todo el continente. Si logran entrar, saldrán mucho más fuertes. Y nosotros tendremos menos bocas que proteger durante el traslado.

Lyssia soltó una risa baja.

—Buena jugada, tía. Los mandas a estudiar mientras el resto nos movemos sin distracciones.

Shiranui sonrió suavemente.

—Y de paso les damos una oportunidad real de crecer. No todos los jóvenes del clan tienen el mismo talento que Inei… pero sí tienen potencial. La academia los pulirá.

Xiay miró a su hijo.

—¿Qué opinas, Inei?

Inei se tomó un segundo para responder.

—Aún tengo que escribir la carta de declaración de combate en contra de Silvia, y además, he aceptado ser discípulo de una vieja amiga de mamá. Ella tiene planes para mí.

El silencio que siguió fue absoluto.

Todos en la sala se congelaron un instante, procesando las palabras de Inei. Xiay levantó una ceja, Nezari inclinó la cabeza con curiosidad, Elara sonrió con un brillo intrigante en los ojos, pero fueron Shiranui y Lyssia las que reaccionaron con más fuerza. Sus rostros pasaron de la sorpresa a la incredulidad en un parpadeo.

Shiranui fue la primera en romper el silencio, su voz suave pero cargada de preocupación genuina.

—¿Declaración de combate contra Silvia? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia adelante, sus ojos ámbar fijos en Inei—. ¿Qué pasó? ¿Hubo algún problema con ella?

Lyssia, a su lado, se enderezó en la silla, su expresión atlética y firme ahora teñida de confusión.

—Espera… ¿Silvia? ¿Nuestra Silvia? ¿Mi sobrina Silvia? ¿La hija de nuestra hermana Lyna? —intervino, su voz subiendo un tono—. ¿Por qué combatirías contra ella? ¿Qué paso?

Inei les devolvió la mirada con calma, aunque internamente sentía el peso de revivir el incidente. Sabía que esto abriría una caja de complicaciones familiares, pero era inevitable. Tomó aliento y explicó, su voz firme y sin adornos.

—Hace dos días, Silvia llegó a la residencia acompañada de dos expertos de clase Sun de su facción. Vino con un solo objetivo: romper el compromiso de matrimonio entre nosotros. Dijo que su talento y su futuro superaban con creces lo que el clan Nozen podía ofrecerle. Que era una “carga innecesaria”. Y lo hizo con el respaldo de su facción, alegando el permiso de su maestra y los ancianos.

Shiranui palideció ligeramente, sus manos apretándose sobre el vestido ámbar que llevaba. Su expresión pasó de la preocupación a la ofensa profunda.

—No… eso no puede ser —murmuró, negando con la cabeza—. Silvia es nuestra sobrina. ¿Romper un compromiso así? ¿Con el respaldo de la facción? Eso requeriría…

Lyssia no esperó. Se levantó de golpe, su cuerpo atlético tenso como un resorte, los músculos de sus brazos marcados bajo la armadura ligera. Su rostro bronceado se encendió de furia, los ojos grises brillando con indignación.

—¡No puedo creer que Silvia haga algo así! —gritó, su voz resonando en la sala—. ¿Y con el respaldo de la facción? ¡Eso es una locura! Se necesita el consentimiento directo de Yurina para algo de esa magnitud. ¡Ella no aprobaría una humillación familiar como esta!

Shiranui, aún sentada pero con las manos apretadas en puños sobre su regazo, apretó la tela de su vestido hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Su expresión era de ofensa pura, como si alguien hubiera insultado a su propia sangre.

—Yurina ha estado con nosotras todo este tiempo en la costa norte —dijo con voz temblorosa pero firme, mirando a Nezari y Xiay como buscando confirmación—. Está en negociaciones con una gran familia de amazonas que llegó al país desde el mar y ahora ocupa toda la zona de la costa norte. Es imposible que haya dado su consentimiento estando tan lejos y tan ocupada. Esto debe ser obra de esos viejos mequetrefes… los Tres Grandes. Esos ancianos siempre han sido unos manipuladores. Usan a los jóvenes talentosos como peones para sus juegos de poder.

Lyssia comenzó a caminar de un lado a otro, su coleta rubia agitándose con cada paso furioso. Su abdomen marcado y sus curvas atléticas se tensaban con la ira, haciendo que pareciera una guerrera lista para la batalla.

—Silvia es joven, sí. Mimada por Lyna, por su padre Leira y por el abuelo Lein… pero ¿esto? ¿Venir aquí a romper un compromiso con guardias Sun como si fuera una conquista? ¡Eso no es ella! Esos ancianos deben haberla manipulado. ¡Yurina los pondría en su lugar si lo supiera!

Nezari, que había permanecido en silencio hasta ese momento, levantó una mano para calmar el ambiente. Su expresión era seria, pero sus ojos azules brillaban con una inteligencia afilada.

—Pienso lo mismo —dijo con voz calmada, aunque cargada de autoridad—. Quería comprobarlo por mi cuenta una vez estuviera en la capital. Es imposible que una mujer tan honorable como Yurina use su posición para terminar algo así. Ella siempre ha valorado las alianzas familiares por encima de los juegos políticos. Si los Tres Grandes actuaron sin su permiso… esto podría escalar a un conflicto mayor.

Xiay, aún de pie frente al mapa, cruzó los brazos. Su rostro curtido mostraba una mezcla de ira contenida y preocupación paternal.

—Silvia es familia —murmuró—. Pero lo que hizo aquí fue una declaración de orgullo y superioridad. Y si los ancianos de Loto de Nube están detrás… no podemos ignorarlo.

Elara, sentada con las piernas cruzadas y una expresión pensativa, intervino por primera vez.

—Los Tres Grandes son conocidos por su ambición —dijo con voz suave pero afilada—. Han estado presionando a Yurina desde hace años para que elija una sucesora que se alinee con sus visiones conservadoras. Silvia, con su talento y inocencia, encaja perfectamente. Pero si actuaron sin su maestra… eso es traición interna.

Shiranui y Lyssia intercambiaron una mirada.

—Hablaremos con mamá —dijo Shiranui con determinación, su voz suave pero firme—. Ella podría hablar con Yurina para que esto no escale a un derramamiento de sangre.

Lyssia asintió con energía, todavía con los puños apretados.

—Así es. Con la influencia de mamá esto podría arreglarse, y estoy segura de que Yurina les daría en la jeta a esos viejos por metiches.

Inei levantó la mirada lentamente.

Todos en la sala sintieron el cambio en el aire antes de que él hablara.

—Gracias —dijo con voz baja, pero clara—. De verdad. Pero ya lo decidí.

Lyssia abrió la boca para protestar, pero se detuvo al ver la expresión en los ojos de Inei.

No era ira. No era arrogancia. Era una determinación tranquila, fría, forjada en lugares donde la gente no regresa.

—Inei, tú en verdad… —empezó Lyssia, pero las palabras se le atoraron.

La mirada de Inei ya decía más que mil palabras.

Él se levantó del diván con lentitud, la gabardina negra cayendo con elegancia sobre sus hombros. Caminó hasta el centro de la sala, donde la luz de las lámparas de Arcam lo envolvió como un halo oscuro. Cuando habló, su voz era serena, pero cada palabra pesaba como una sentencia.

—Silvia es una niña mimada que no sabe nada sobre el honor, la hermandad o lo que en verdad significa el orgullo. Ella ha estado toda su vida entre paredes, protegida por su abuelo Lein, por su padre Leira y por su madre Lyna. Nunca le dijeron que no. Nunca tuvo que ganarse nada. Nunca sintió el frío de una noche sin techo, ni el peso de una espada que ya no puede sostener porque la sangre no deja de salir.

Hizo una pausa. Sus ojos negros recorrieron la sala: Xiay, Nezari, Elara, Shiranui, Lyssia, Lirien… y la pequeña Aeloria que dormía ajena a todo.

—Cuando escapé de casa —continuó—, no podía con el dolor de perder a mi madre y a Hestia. Busqué la muerte. Pensé que podría unirme a ellas. Me tiré al frente una y otra vez. Me rompí los huesos, me quemaron, me cortaron… y no morí. Por más que lo intentara, no morí.

Su voz bajó un poco más, pero no perdió fuerza.

—No sé cuál sea mi destino. No sé cuál sea mi futuro. Pero sí sé una cosa: sé apreciar lo que tengo y lo que podré tener. Silvia humilló a mi familia. Vino aquí, a mi casa, con guardias Sun a su espalda, y escupió sobre el nombre Nozen. Sobre mi madre. Sobre mi padre. Sobre mi abuela. Sobre todos los que lucharon y murieron para que yo estuviera aquí hoy.

Miró directamente a Xiay.

—No permitiré que nadie toque a mi gente. Ni ahora… ni nunca.

El silencio fue absoluto.

Xiay cerró los ojos un segundo, como si las palabras de su hijo le hubieran golpeado el pecho.

Nezari fue la primera en reaccionar.

Soltó una risa baja, alegre, llena de orgullo puro.

—Ese es mi nieto —dijo, la voz vibrando de satisfacción—. Ese es el hijo de Lizbell.

Se levantó del diván con esa gracia felina suya y se acercó a Inei. Le puso una mano en el hombro, apretando con cariño.

—Esta pelea no es solo por un compromiso roto —continuó Nezari, mirando a todos en la sala—. Puede decidir quién será la próxima figura importante en el imperio. Si Inei gana… el nombre Nozen volverá a resonar con fuerza. Y si pierde… —sonrió con un filo peligroso— entonces habrá que buscar otra manera para que te respeten.

Lirien se acercó también, con Aeloria aún dormida contra su pecho. Miró a Inei con ojos brillantes, mezcla de preocupación y admiración.

—¿Y tu maestra? —preguntó suavemente—. Dijiste que aceptaste ser su discípulo. ¿Quién es ella?

Inei respiró hondo.

—Era muy amiga de mamá. Se conocieron hace más de cien años. Mamá la ayudó mucho… la calmó, le dio un lugar a su lado, la aceptó con todos sus errores y debilidades. Ella dice que mamá fue más que una amiga: fue su hermana. Por eso se ofrece ahora. Quiere ayudarme como forma de pago a los favores de mamá… pero también tiene pensado hacerme más fuerte que mamá.

Xiay soltó un silbido bajo, impresionado.

—Superar a Liz… —murmuró, y luego soltó una risa corta, llena de nostalgia y orgullo—. Eso es una tarea complicada, hijo. Tu madre fue la más fuerte de nuestra familia en generaciones. Pero… estoy seguro de que podrás hacerlo. Después de todo… eres el orgullo y el futuro de esta familia.

Lyssia y Shiranui intercambiaron una mirada.

—Si esa mujer fue tan cercana a Lizbell… entonces es alguien digno de confianza —dijo Shiranui con suavidad.

Lyssia, todavía con los brazos cruzados pero ahora más calmada, asintió.

—Y si te va a entrenar… asegúrate de que te enseñe a ganar ese duelo. Porque si Silvia cree que puede pisotear a un Nozen sin consecuencias… está muy equivocada.

Inei miró a todos en la sala.

—No es solo por mí —dijo en voz baja—. Es por todos nosotros. Por mamá. Por Hestia. Por Aeloria. Por el clan.

Hizo una pausa.

—Y por el futuro que vamos a construir… juntos.

Nezari apretó su hombro una vez más.

—Entonces que así sea —dijo con voz firme—. Que la luna roja sea testigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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