Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 113
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- Capítulo 113 - 113 Un juego demasiado difícil P7
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113: “Un juego demasiado difícil P7” 113: “Un juego demasiado difícil P7” El grupo se separó para no llamar la atención, ya que eran bastante grandes y los zombis los verían fácilmente.
Por eso, decidieron dividirse en parejas.
Wanda y Stephen, los gemelos Weasley, los gemelos Flamel, Natasha y Sirius, Harry y Hermione… y Ron solo.
—Esperen, ¿por qué estoy solo?
—dijo Ron rápidamente.
—Bueno… nadie quiere ser tu pareja después del fiasco con Tony —respondió Harry, rascándose la nariz mientras los demás se hacían los idiotas.
—¡Y ustedes dos se suponen que son mis amigos!
—protestó Ron, señalando a Harry y Hermione, quienes, sintiéndose culpables, rápidamente lo agregaron a su grupo.
—Ellos van a ser devorados primero —dijo Wanda con una sonrisa victoriosa.
—Es muy probable —dijo Stephen, sin ayudar en lo más mínimo.
—Esperen, tengo una idea —intervino Tony mientras se acercaba a Ron con una cinta adhesiva.
Sin darle tiempo a reaccionar, le cubrió la boca.
Ron lo miró con molestia, pero al ver que todos estaban de acuerdo, tuvo que aguantar.
—Bien, iremos por caminos separados.
A la vez que buscamos provisiones, una vez que tengamos maná podremos escapar a cualquier parte —explicó Stephen mientras detallaba la ruta a seguir.
Por suerte, el destino estaba bastante cerca, pero tendrían que rodear varias zonas que seguramente estarían llenas de zombis.
Después de asegurarse de que todos entendieran el plan, Stephen miró a los demás.
—¿Están listos?
¡Andando!
—ordenó, y el grupo se dispersó en diferentes direcciones.
Luego de caminar unas cuadras, esquivando zombis ya que no ganarían nada matándolos, Stephen y Wanda vieron una estación de policía.
—Genial, podemos conseguir algunas armas —dijo Wanda, corriendo rápidamente hacia la entrada.
—¡Espera, idiota!
—la detuvo Stephen, sujetándola del cuello de su ropa—.
Por lo que vimos, esos zombis no son solo cerebros podridos, también pueden usar armas.
Si no quieres terminar como un colador, tenemos que entrar de manera más sigilosa.
—¿Sigilosa?
—Mmm… no tenemos tiempo.
Mejor entremos violentamente y matemos todo lo que se mueva —cambió de idea Stephen.
—¡Genial!
—dijo Wanda, dándole una patada a las puertas de la estación.
Estas se abrieron de golpe y ambos entraron corriendo con las armas en alto.
—No hay nadie —dijo Wanda, mirando a Stephen como si fuera un idiota.
—Bueno… mejor —respondió él, sintiéndose un poco avergonzado.
Los dos avanzaron por la estación con calma, buscando la sección de armas.
En el camino, pasaron por la zona de celdas, donde algunos zombis estaban encerrados.
—¿Y tú por qué estás aquí, amigo?
—preguntó Wanda, mirándolo con curiosidad.
—¡Rugidoo!
—Ya veo… qué mal.
—Deja de jugar, idiota —bufó Stephen—.
Encontré la sección de armas.
—Nos vemos, amigo —se despidió Wanda antes de seguir a Stephen.
—¡Wow!
Con esto podremos hacer una gran explosión —dijo Wanda con emoción al ver todas las granadas, explosivos C4 y demás armas en el lugar.
—Sigo pensando que separarnos no fue una buena idea —dijo Ron mientras sostenía una barra de metal entre sus manos.
—¿Por qué te quitaste la cinta?
—preguntó Hermione, molesta.
—No podía respirar.
Y no voy a gritar, ya vi bastantes zombis —respondió Ron con fastidio.
—Shhh… escucho algo —susurró Harry, haciendo callar a sus amigos.
Los tres rápidamente buscaron un escondite.
¡VVVRRRRRROOOOOSHHHH!
Desde su escondite, vieron una armadura roja y dorada volar a toda velocidad por el cielo.
Cuando la perdieron de vista, se reunieron nuevamente.
—¿Qué demonios fue eso?
—preguntó Ron con sorpresa.
—Parecía una persona con una armadura voladora —dijo Hermione, intentando pensar qué podría ser.
—Lo que sea, es mejor que nos apresuremos.
Si pasa nuevamente, podría vernos —dijo Harry rápidamente.
CLANC —¡Aaaah!
—gritó Ron con miedo, girando sobre sí mismo mientras sacudía la barra de metal en todas direcciones.
—Fue solo un palo… —dijo Hermione, poniendo los ojos en blanco.
—¿No era que no ibas a gritar?
—se burló Harry, aguantando la risa.
—¡No fue un zombi!
—intentó defenderse Ron, pero al darse cuenta de lo ridículo que sonaba, suspiró y se volvió a poner la cinta en la boca.
—Esto de caminar sin atacar a los zombis es aburrido —dijo Fred, cargando un bolso lleno de comida que habían recuperado de una tienda en el camino.
—Aunque opino lo mismo, no quiero que la “hermana mayor” Natasha nos dé una paliza —respondió George, llevando otra bolsa similar en la espalda.
—Oye… ¿qué es eso?
—preguntó al ver algo en la distancia.
Una figura se acercaba corriendo a toda velocidad.
Era un hombre de piel oscura, con una gabardina negra, lentes oscuros y una espada en mano.
Y venía directo hacia ellos.
—Mierda… —dijeron ambos al mismo tiempo, soltando sus bolsas para tener mayor movilidad y sacando sus armas.
Fred desenvainó dos espadas cortas, mientras que George tomó su escudo y su machete.
El hombre no les dio tiempo de reaccionar.
Apenas llegó frente a ellos, atacó con su espada en un corte veloz, intentando rebanarlos.
George logró bloquear el golpe con su escudo, mientras que Fred aprovechó para intentar cortarle la muñeca y desarmarlo.
Una estrategia en equipo bastante efectiva… Pero el tipo era demasiado rápido.
Con un ágil movimiento de muñeca, esquivó el ataque de Fred y luego pateó la pierna de George, haciéndolo caer de rodillas.
Sin perder el ritmo, giró su espada y lanzó un tajo directo a su cuello.
—¡Tsk!
—Fred reaccionó justo a tiempo, cruzando ambas espadas para bloquear el golpe.
Pero el impacto lo hizo retroceder varios pasos.
—Genial… En este lugar, todos son súper fuertes —se quejó Fred, sintiendo el dolor en sus muñecas.
George, por su parte, rodó por el suelo para esquivar el siguiente ataque.
—Este tipo… va directo al cuello y al corazón —murmuró, sintiendo un escalofrío.
RUGIDOOO Ahora lo entendían.
Se estaban enfrentando a Blade.
Un maldito cazador de vampiros.
Obviamente, esto no iba a ser fácil.
Sin otra opción, los gemelos coordinaron sus movimientos.
Mientras uno defendía, el otro atacaba, buscando un punto débil.
Blade lanzó un tajo al corazón de George, pero este giró su cuerpo lo justo para desviar la hoja con su machete.
A la vez, aprovechó la posición de su escudo y recordó cómo el Capitán América lo usaba de varias formas en combate.
Con un rápido movimiento, usó el borde del escudo para golpear la cabeza de Blade.
Pero el cazador inclinó el cuello, esquivando el golpe como si nada.
Fred aprovechó la distracción y atacó nuevamente su muñeca.
Esta vez, su hoja cortó.
La mano de Blade cayó al suelo, junto con su espada.
Pero antes de que la espada tocara el piso, Blade la pateó con un movimiento preciso, atrapándola con su otra mano.
Y en un instante, contraatacó, dirigiendo el filo directamente al cuello de George.
—¡Mierda!
—George se dejó caer de espaldas, esquivando el corte por los pelos.
Pero justo cuando levantó la vista, vio una gran bota dirigiéndose a su cara.
¡BAM!
La patada lo mandó a volar varios metros.
—¡Ugh!
Eso dolió… —se quejó, levantándose mientras se tocaba la cara.
—Debo admitir que este combate es bastante emocionante.
Un solo paso en falso y terminaremos decapitados —dijo Fred, rodando por el suelo hasta colocarse junto a su hermano.
Se miraron un momento.
Y luego, con una sonrisa emocionada, volvieron al ataque.
Peleaban a muerte contra Blade.
Y se estaban divirtiendo.
Mientras tanto, Sirius y Natasha llegaron primero a la zona establecida.
Pero como tenían que esperar a los demás, se ocultaron en un edificio cercano.
VVVRRRRRROOOOOSHHHH El mismo sonido que escuchó el trío problemático.
Los dos miraron hacia el cielo y vieron la silueta inconfundible de Iron Man, sobrevolando la ciudad en círculos, como si estuviera buscando algo.
Luego, cambió de dirección y se alejó.
—Genial, tenemos a Iron Man dando vueltas —murmuró Natasha con molestia.
—¿Qué es eso?
—preguntó Sirius, sorprendido.
—Tecnología muggle —respondió Natasha sin dar más explicaciones.
Sacó sus binoculares e intentó mirar dentro del lugar que Stephen llamaba el “Santuario de Nueva York”.
Pero no pudo ver nada.
A simple vista, solo era un edificio medio destruido.
Sin embargo, sus puertas y ventanas no reflejaban más que pura oscuridad.
—Tsk… Espero que Stephen tenga razón —dijo Natasha, soltando los binoculares y sentándose a esperar.
—Tengo que admitir que, desde que llegué a esta ilusión, las cosas muggles me sorprenden bastante —comentó Sirius, intentando hacer conversación.
—Siempre me pareció una tontería cómo los magos desprecian cualquier cosa muggle —respondió Natasha tranquilamente—.
A medida que avance la tecnología, encontrarnos con ellos será solo cuestión de tiempo.
—Creo que los magos y las brujas se alejaron de los muggles después de la cacería de brujas… —dijo Sirius, intentando recordar la historia.
Pero no era precisamente su fuerte cuando iba a la escuela.
—Bueno… es una buena razón —admitió Natasha.
RUGIDOOO El sonido los puso en alerta.
Se miraron.
—Parece que los niños tendrán que tener cuidado… —dijo Natasha, reconociendo el rugido de Hulk.
—Y no solo por uno —agregó Sirius, señalando a lo lejos por la ventana.
Ambos vieron otra gran figura.
Un segundo monstruo, pero este parecía estar hecho de piedra.
—¿La Mole?
Genial… —dijo Natasha con fastidio.
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