Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 114
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- Capítulo 114 - 114 Un juego demasiado difícil P8
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114: “Un juego demasiado difícil P8” 114: “Un juego demasiado difícil P8” Harry, Hermione y Ron al fin llegaron al lugar pactado, por lo que comenzaron a mirar alrededor, pero no vieron a los demás.
Se quedaron parados frente a un edificio, esperando.
—¿Crees que se habrán encontrado algún problema en el camino?
—preguntó Hermione al notar que los demás no estaban.
—Ellos son fuertes.
Seguramente estarán bien —dijo Harry, aunque, a pesar de su confianza, no pudo evitar preocuparse un poco.
Crash.
Un ruido llamó la atención de los tres, por lo que miraron hacia la esquina de donde provenía.
Entonces, vieron a un enorme monstruo de roca aparecer justo en el cruce de la calle.
—¿Qué demo—?
Antes de que Ron pudiera gritar, una mano salió del edificio detrás de ellos, le tapó la boca y lo metió adentro.
Lo mismo ocurrió con Harry y Hermione, quienes fueron arrastrados rápidamente por otras manos.
—¿Quién…?
—preguntó Harry en cuanto sintió que lo soltaban, pero al darse la vuelta vio a Natasha y Sirius, quienes les hacían gestos para que guardaran silencio.
Mientras tanto, Sirius todavía mantenía la mano en la boca de Ron.
Rugidooo.
La Mole, que había escuchado algo, se dirigió rápidamente hacia donde antes estaban parados los tres y comenzó a mirar a su alrededor, buscando el origen del sonido.
Los cinco contuvieron la respiración, esperando que no descubriera que estaban justo detrás de la puerta.
Después de unos segundos de tensión, escucharon cómo la criatura siguió caminando mientras buscaba.
—Tendría que haberte dejado la cinta —bromeó Sirius con una sonrisa mientras soltaba a Ron.
—Perdón —dijo Ron, un poco avergonzado.
—¿Los demás ya llegaron?
—preguntó Harry rápidamente.
—Solo Tony y Loki —respondió Natasha, señalando a los gemelos, que estaban en la ventana usando binoculares.
—Oigan, parece que Iron Man está dando vueltas por la zona.
Es probable que haya captado algo sobre nosotros —dijo Tony, mirando al cielo con preocupación.
Como Tony Stark, conocía muy bien la tecnología de su traje.
Si Iron Man estaba sobrevolando la zona, encontrarlos sería bastante fácil con todos los sensores incorporados.
En realidad, lo extraño era que aún no los hubiera descubierto.
Entonces, cayó en la cuenta.
—Jarvis… —susurró.
Tony había programado a Jarvis con un protocolo de emergencia después de que Barton fuera controlado por Loki.
Este programa desactivaba la armadura y a Jarvis mismo.
—Así que piratearon la armadura para usarla sin Jarvis… —susurró para sí mismo.
Eso significaba que Iron Man era más vulnerable de lo normal.
Suspiró con alivio.
—Por lo menos es una versión debilitada de la armadura.
—Tsk.
Esa tormenta… Thor está cerca —dijo Loki con molestia mientras usaba los binoculares para mirar a lo lejos.
Se veía una tormenta eléctrica acercándose lentamente.
—Cada minuto que pasa, la dificultad sube a niveles exagerados… —se quejó Tony.
Toc, toc, toc.
El golpe en la puerta llamó la atención de todos.
Instintivamente, cada uno tomó sus armas y se pusieron en guardia.
Natasha, con un gesto, les indicó que se prepararan mientras ella se acercaba a la puerta.
Cuando la abrió, apuntó su arma, pero al ver a los visitantes, todos se relajaron.
—Oigan, creo que acabo de ver a la Antorcha Humana y a Spider-Man… Es interesante cómo siguen siendo amigos incluso en sus versiones zombies —dijo Wanda con una sonrisa mientras entraba.
—Hay huellas gigantes en la calle de enfrente —comentó Stephen al entrar detrás de ella.
Todos los miraron con extrañeza.
Ambos estaban armados hasta los dientes.
Incluso llevaban cinturones llenos de granadas y C4.
—Oigan, tengan cuidado con eso.
Se supone que estamos tratando de sobrevivir —dijo Tony, alejándose varios pasos de los dos.
—No te preocupes —respondió Wanda, moviéndose para acomodar su equipo.
Clanc, clanc.
El sonido de las granadas chocando entre sí hizo que todos se tensaran.
Entonces, una cayó al suelo.
Todos la miraron con sorpresa y miedo.
—Perdón, es mía —dijo Stephen mientras tomaba la granada y la volvía a colocar en su cinturón.
—Bien… si no morimos por los zombies, moriremos por estos psicópatas —comentó Loki, mirando con disgusto a los “idiotas” que parecían bombas humanas.
Toc, toc, toc.
—¡Oigan, somos nosotros!
Vimos entrar al jefe y a Wanda —susurraron rápidamente los gemelos Weasley desde el otro lado de la puerta.
Natasha abrió la puerta de inmediato y los dejó entrar.
Ambos se apresuraron a cruzar y cerraron suavemente detrás de ellos.
—Había un gran monstruo amarillo cerca —dijo Fred, dejándose caer al suelo, agotado.
—Escuchamos ruidos del grandote verde también en nuestro camino aquí —agregó George mientras sacaba dos botellas de agua de su bolso y le lanzaba una a Fred.
—¿Y a ustedes qué les pasó?
—preguntó Ron al ver que ambos estaban llenos de cortes.
—Nos enfrentamos a un tipo de samurái con gafas negras que quería decapitarnos —dijo Fred tras beberse toda la botella de agua de un solo trago.
—Era un tipo demasiado fuerte.
Cuando perdió su espada, empezó a usar una estaca de madera para apuñalarnos en el corazón.
Apenas pudimos vencerlo —dijo George mientras se recostaba en el suelo—.
Ugh, perdí mi escudo… —se quejó.
—¡Wow!
Se encontraron con Blade… Tuvieron suerte de no ser vampiros —dijo Wanda con interés.
—¿Y eso por qué?
—preguntaron ambos al unísono.
—Todas sus armas están hechas para matar vampiros: granadas, cuchillos arrojadizos, escopetas… Tuvieron suerte de que solo peleara contra ustedes con su espada.
Es una máquina de matar —explicó Stephen.
Después de todo, la mayoría de las armas de Blade estaban diseñadas específicamente para exterminar vampiros.
Contra humanos o magos, un 90% de su arsenal sería inútil.
—Es mejor si atacamos de una vez.
Thor está cerca —interrumpió Loki.
—Tsk… Iron Man también.
Es como si todos se estuvieran concentrando en este lugar poco a poco —dijo Tony, frunciendo el ceño.
—Bien.
No necesitamos preocuparnos por hacer ruido, así que podemos usar las armas.
Una vez que cada uno mate a un mago para recuperar su maná, usaremos Aparición o un portal de Stephen y nos iremos de aquí —dijo Natasha mientras repartía armas para todos de las que trajeron Wanda y Stephen.
—¿Cómo se usa esto?
—preguntó Ron mientras apretaba el gatillo accidentalmente.
Un sonido seco salió del arma, haciendo que todos lo miraran con sorpresa.
Por suerte, Natasha aún no había repartido los cargadores con balas.
—¡Idiota!
—exclamó Fred, golpeando a Ron en la cabeza.
—Ron fue el peor compañero de videojuegos en todo el día —se burló George mientras tomaba un cargador, lo colocaba en su arma y recargaba la recámara con habilidad.
—Solo apuntas, aprietas el gatillo y la bala saldrá por este orificio —explicó Natasha rápidamente, entregándole el cargador a Ron mientras los demás lo miraban fijamente.
—Lo siento… —murmuró Ron, imitando los movimientos de sus hermanos.
—Solo oprime el gatillo si realmente quieres disparar —advirtió Fred, asegurándose de que no hiciera otra tontería ahora que tenía balas.
—Entendido —respondió Ron rápidamente.
—El gigante de roca se fue, y Hulk no se ve por los alrededores… Es hora —dijo Stephen tras echar un vistazo por la ventana.
Todos salieron rápidamente, cruzaron la calle y se prepararon para entrar al santuario.
Stephen giró la perilla de una manera peculiar, como si fuera una contraseña para abrir la puerta.
Cuando finalmente se abrió, todos entraron y quedaron boquiabiertos.
Había decenas de portales abiertos, conectando a distintos lugares.
Por ellos, hordas de zombies estaban entrando para atacar.
Sin embargo, parecía que el asalto ya había terminado, pues la mayoría de los zombies estaban regresando.
Varios magos estaban protegiendo los portales.
—¡Mierda!
Maten a los magos antes de que los zombies crucen el portal —ordenó Stephen rápidamente, levantando sus pistolas y comenzando a disparar.
Los demás lo imitaron.
Los magos reaccionaron al instante, creando escudos mágicos para protegerse.
El grupo empezó a separarse, buscando cobertura mientras esquivaban los ataques mágicos.
—Si las balas no pueden, entonces esto sí… —murmuró Fred, sacando una bomba molotov y arrojándola a los pies de los magos.
Uno de ellos se prendió fuego, lo que Stephen aprovechó para dispararle justo en la frente.
En ese instante, un orbe azul salió del cuerpo del mago caído y se dirigió hacia Stephen, restaurando su maná.
Sin perder tiempo, usó su magia para ayudar a los demás a derrotar a un mago cada uno.
Después de un par de minutos, todos habían recuperado su energía.
Con un gesto, Stephen tomó uno de los anillos de los magos y cerró los portales.
Los zombies, al notar lo ocurrido, rugieron con furia y comenzaron a dirigirse hacia ellos.
Rugidooo.
El ruido atrajo la atención de los gigantes afuera, pero ahora que todos tenían magia, se sentían más seguros.
Aun así, quedarse no era una opción.
Stephen creó un portal fuera de la ciudad, y todos entraron rápidamente.
Sin embargo, al cruzarlo, quedaron petrificados.
Estaban rodeados por miles de zombies.
—Mierda… Era una trampa —murmuró Stephen, dándose cuenta de que no podía crear otro portal.
Los demás intentaron usar Aparición, pero también les resultó imposible.
No había escapatoria.
—Bueno… —dijo Wanda con una sonrisa, flexionando los dedos mientras el caos se desataba a su alrededor—.
El que mate más zombies, gana.
Sin esperar respuesta, comenzó a atacar.
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