Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 166
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- Capítulo 166 - 166 La Maldición del Séptimo
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166: La Maldición del Séptimo 166: La Maldición del Séptimo La Maldición del Séptimo N/A: Este capítulo marca un punto importante en la construcción del lore de los Seis Flamel.
La historia, originalmente, era más larga y más detallada, pero opté por resumirla con el objetivo de mantener el ritmo fluido y evitar que se sintiera abrumadora.
Espero sinceramente que funcione y que la esencia de este fragmento se transmita con fuerza.
Quiero recordarles que este lore tiene un propósito específico: dar sentido a la existencia de los Seis Flamel y, de manera crucial, del enemigo principal de este arco.
Es un concepto original, concebido como un marco que enriquece los eventos de la historia.
Sin embargo, no busco que se lo tomen demasiado en serio; es un añadido que busca embellecer y profundizar, no sobrecargar la narrativa.
Si prefieren ignorarlo, también es válido; no afecta demasiado el desarrollo principal, excepto quizás por los matices que aportan las últimas líneas del capítulo.
Pero esas últimas palabras… tal vez, solo tal vez, merecen una segunda lectura.
Gracias por ser parte de este proceso creativo.
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
✨ ……………….
Los dibujos rupestres, ahora flotando en el aire como fragmentos de luz brillante, comenzaron a moverse por sí solos, revelando una historia olvidada por el tiempo.
Todo comenzó cuando los humanos aparecieron en un mundo gobernado por bestias colosales y criaturas mágicas legendarias.
Dragones que surcaban los cielos, titanes de piedra que caminaban entre montañas, y espíritus elementales que arrasaban continentes con un suspiro.
A pesar de su fragilidad, los humanos usaron su ingenio para sobrevivir.
Con trampas, estrategias y armas rudimentarias, lograban derribar incluso mamuts.
Pero contra las bestias mágicas, su intelecto no bastaba.
Las aldeas eran aniquiladas con la mera presencia de estas criaturas.
La humanidad se vio empujada al borde de la extinción.
En la oscuridad de las cuevas, donde los últimos humanos se ocultaban, ocurrió lo inexplicable: en distintos refugios cercanos, aparecieron siete bebés.
Nadie supo de dónde vinieron, pero fueron acogidos y criados como propios.
Desde niños demostraron ser distintos.
Al ayudar en los cultivos, las plantas crecían más rápido.
Cuando pedían lluvia, esta caía.
Al crecer, acompañaron a los jóvenes a cazar y se descubrió algo aún más asombroso: las bestias mágicas, usualmente hostiles, eran dóciles ante ellos.
Aunque algunas criaturas, hechas únicamente de destrucción, seguían siendo amenazas, los siete jóvenes poseían una energía especial, una conexión con el mundo, que les permitió vencer incluso a esas entidades.
Con el tiempo, se convirtieron en los líderes de la aldea que ayudaron a fundar.
Las criaturas mágicas, ahora aliadas, ayudaron a construir un reino próspero.
Los siete formaron familias, y sus hijos nacieron también con dones especiales.
Los propios dioses ya no envejecían, lo que llevó a que los humanos los adoraran como divinidades vivientes.
Y así, los Siete Dioses de la Magia nacieron en la leyenda.
Pero uno de ellos era distinto.
El más joven, taciturno, distante, y lleno de desprecio hacia los humanos.
Solo permanecía junto a sus hermanos.
Se creyó que había cambiado cuando formó una familia.
Por un tiempo, la paz pareció real.
Miles de años pasaron.
Los humanos florecieron.
El reino creció.
Pero los siete, cansados de la inmovilidad, decidieron explorar el mundo.
Aunque algunos descendientes intentaron detenerlos, los dioses partieron…
y el tiempo pasó.
Mucho más de lo previsto.
El primero en regresar fue el hermano menor.
El mismo que alguna vez odió a los humanos.
Al volver, encontró ruinas.
El reino estaba reducido a cenizas.
Corrió a su hogar…
y la encontró.
Su esposa, ahora una anciana fallecida recientemente, había esperado todo ese tiempo.
Él cayó de rodillas, intentando usar su magia para revivirla, para revertir el tiempo, pero fue en vano.
La muerte era definitiva.
Con desesperación, rastreó lo ocurrido: los humanos no mágicos, impulsados por la codicia, habían atacado a las familias de los dioses.
Habían devorado su carne y su sangre buscando obtener sus dones.
Y lo lograron.
Algunos desarrollaron poderes, otros explotaron o se deformaron, pero ninguno se detuvo.
El ansia por ser como los dioses que los salvaron los convirtió en monstruos.
Lleno de ira, el hermano menor maldijo a los humanos…
y también a sus hermanos, quienes lo convencieron de partir.
Esperó.
Cuidó los restos de su esposa.
Y cuando el primer hermano regresó, lo abrazó…
para luego apuñalarlo por la espalda y devorarlo.
Quería su poder.
Su esperanza era volver en el tiempo y evitar todo.
O, al menos, traer de vuelta a su esposa.
Al consumirlo, el poder se desbordó…
y el mundo reaccionó.
La magia, una entidad consciente en su forma más primitiva, sintió ira.
Uno de sus hijos había sido asesinado por otro.
Y así, maldijo al más joven: cada vez que devorara a alguien, también perdería parte de sí.
Pero el dios caído no se detuvo.
Reconstruyó su cuerpo una y otra vez con cenizas, sangre y poder.
Esperó, y uno a uno, devoró a sus hermanos.
El último en llegar, al verlo, ya no encontró a un hombre.
Sino a una bestia sin conciencia, hecha de oscuridad y desesperación.
El último hermano no lo atacó.
Entregó su vida para devolverle la conciencia.
Y lo logró.
Pero fue un error fatal.
Porque ahora, lúcido, el menor ya no buscaba revivir a su esposa.
Solo quería consumir toda la magia del mundo, convencido de que aún había esperanza de regresar al pasado.
Pero los siglos pasaron.
Los huesos de su esposa se convirtieron en polvo.
Olvidó su objetivo.
Perdió la razón.
Solo quedó la locura.
El devorador de dioses, el que alguna vez fue el menor de los siete, vagó por el mundo, devorando a los descendientes de sus hermanos.
Y del suyo.
Y así, la magia, el mundo, y las fuerzas del destino sellaron un nuevo pacto: nunca más nacerían siete.
Desde entonces, solo seis dioses volverían a nacer en cada ciclo, para impedir que la historia se repitiera Y estos parecían haber nacido solo para detenerlo…
Pero nuevamente fracasaron.
Sus esfuerzos, aunque valientes, no lograron más que fortalecer al menor.
Con cada intento de detenerlo, su poder crecía…
y con él, la maldición que lo consumía se expandía.
Cuando el mundo dio a luz a una nueva generación, todo parecía haberse calmado.
Los nuevos seis dioses surgieron en un tiempo de paz, donde la magia se perfeccionó, los hechizos evolucionaron, y tecnologías mágicas comenzaron a florecer.
Pero entonces…
regresó.
El Devora-Magia apareció nuevamente, consumiéndolo todo a su paso.
Esta vez, sin embargo, los dioses fueron más sabios.
Las generaciones pasadas no habían muerto en vano.
Descubrieron un método para detenerlo.
No destruirlo…
pero sí sellarlo.
Y así lo hicieron.
Los últimos seis dioses entregaron su vida voluntariamente, creando un sello que lo atraparía…
por un tiempo.
mientras que los descendientes de los primeros los cuales habían sobrevivido se dieron a sí mismos la tarea de proteger estos sellos.
El mundo respiró en silencio.
Pero todos sabían que no era el final.
El Devora-Magia volvería.
……………….
Los hermanos Flamel observaron fijamente la historia que acababan de ver, proyectada como si fueran dibujos animados flotando en el aire.
Pero no era una historia feliz.
Era una tragedia.
“¿Así que somos un sacrificio para sellar a esa cosa?
“preguntó Tony con molestia, rompiendo el silencio.
Stephen no respondió.
Su expresión estaba cargada de una seriedad poco común.
Procesaba cada imagen, cada palabra que había visto.
Los demás también tenían rostros sombríos.
“No creo que sea eso “dijo Wanda con rapidez, como si necesitara decirlo en voz alta para convencerse a sí misma.
“Pero es lo único que lo detuvo “replicó Tony con firmeza”.
Y si sigue sellado hasta ahora…
es porque otra generación hizo lo mismo.
“Sí, pero esa fue la solución que encontró esa generación “insistió Wanda”.
No significa que sea la única.
“Tiene razón “asintió Stephen, finalmente alzando la voz”.
Según esos dibujos extraños, la idea de sellarlo fue de los seis dioses de aquella época.
No una ley del universo.
Solo una decisión.
Hizo una pausa.
Luego añadió: “Nosotros somos diferentes a todos ellos.
Nosotros tenemos algo que ellos no tenían: conocimiento de otro mundo.
“Ya veo…
“dijo Tony, cayendo en cuenta de algo importante”.
Por eso estamos aquí.
“¿Qué quieren decir?
“preguntó Harry, con el ceño fruncido.
“Lo siento, Harry.
Todavía no es el momento.
Pero cuando lo sea, te contaré toda la historia.
¿Puedes esperar un poco?
“dijo Stephen rápidamente, mirando a su hermano menor.
Harry dudó por un segundo, pero luego asintió sin oponer resistencia.
“Entonces, nuestro plan es descubrir cómo destruirlo sin morir en el intento “resumió Tony, con tono decidido.
“En realidad…
hay algo que todavía sigue llamando mi atención “dijo rápidamente Loki, atrayendo todas las miradas hacia él.
“Ese tipo…
Se supone que ha devorado magia desde los comienzos de la humanidad.
¿Pero por qué era tan débil cuando peleó contra nosotros?
“cuestionó”.
Fue mejor que nosotros, sí, pero más porque nos tomó por sorpresa.
“Tiene razón “agregó Natasha”.
Y otra cosa que no se mostró en esos dibujos fue por qué aparecieron las criaturas oscuras junto con él.
“Rayos…
Y nosotros creyendo que ya sabíamos toda su historia.
Parece que aún nos falta una parte “dijo Wanda con molestia.
“Aunque debo admitir que hay algo noble en querer revivir a su esposa…
Pero perdió su rumbo demasiado rápido “comentó Tony mientras se ponía de pie.
“Lo que más me intriga es por qué odiaba tanto a los humanos desde el principio.
Si fueron ellos quienes lo criaron… qué malagradecido “dijo Wanda, cruzándose de brazos.
Ese comentario captó la atención de Stephen de inmediato.
“Tienes razón…
Los dibujos nunca explicaron eso.
Desde niño ya parecía despreciar a todos.
“Stephen entrecerró los ojos, como si algo estuviera a punto de encajar, pero aún faltara una pieza crucial.
“Bueno, en todo caso, ahora sabemos qué clase de cosa estamos enfrentando.
Básicamente es como nuestro hermano mayor… versión hiper-mega-apocalíptica “bromeó Wanda con una sonrisa.
“Bueno, yo no lo llamaré hermano mayor.
Ni siquiera lo hago con ustedes “respondió Tony con una sonrisa burlona.
Y así, la seriedad del asunto terminó por diluirse, al menos por un momento.
Aunque Stephen y Wanda sabían que aún tenían algunas conversaciones pendientes con sus respectivas parejas.
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