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Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 171

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  4. Capítulo 171 - 171 “El Juicio de las Sombras”
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171: “El Juicio de las Sombras” 171: “El Juicio de las Sombras” “El Juicio de las Sombras” Stephen despertó en medio de la oscuridad.

Todo a su alrededor era un vacío opresivo, sin forma ni sonido, excepto por una tenue luz en la distancia.

La curiosidad, o quizás algo más profundo, lo empujó hacia ella.

Al acercarse, la luz reveló un ataúd de cristal.

Dentro, yacía una mujer.

Su rostro tenía rasgos primitivos: labios gruesos, pómulos prominentes y una estructura facial robusta, como si perteneciera a los albores de la humanidad.

“Debe parecerte…

grotesca.

Al menos, bajo los estándares de belleza actuales “dijo una voz detrás de él.

Stephen se giró de inmediato, en guardia.

Intentó conjurar magia, pero no pudo.

Nada respondía.

Pero lo que más lo sorprendió fue lo que vio: un hombre que era…

él mismo.

Una versión mayor, con los ojos apagados por el tiempo y una expresión carente de emociones.

La figura caminó hacia el ataúd y, por primera vez, dejó escapar un atisbo de sentimiento.

Se detuvo frente al cristal y lo tocó con cuidado.

Al instante, la figura en su interior comenzó a cambiar.

Su rostro se suavizó.

Su piel se volvió tersa.

Su cabello, negro como el abismo, se desplegó a su alrededor como una corona de sombras.

La mujer ahora era una visión hermosa, perfecta, casi irreal.

“Así es como yo la veo…

Así es como habría sido, si hubiera seguido viva “dijo el hombre, acariciando la superficie del cristal con reverencia”.

Hermosa, ¿verdad?

Su carácter era fuerte.

Violento, incluso.

Pero amaba como nadie.

“No creo que a mi pareja le agrade que hable así de otra mujer “dijo, con una mezcla de incomodidad y desconfianza.

El otro sonrió, por primera vez.

“Temor a tu pareja…

en eso no hemos cambiado.

Éramos dioses, ¿sabes?

Pero bastaba una palabra de nuestras esposas para hacernos obedecer sin dudar.

Éramos siete idiotas con poder…

que abandonaron a las únicas que nos advertían del desastre.

Si las hubiéramos escuchado, quizás…

aún estaríamos juntos.

Su voz se quebró al final.

Era como si cada palabra sangrara culpa.

“¿Por eso los devoraste?

¿Por ignorar a sus mujeres?

“No “respondió con frialdad.

Sus ojos se clavaron en los de Stephen”.

Recuerda esto, chico: la historia la cuentan los vencedores.

Y yo…

fui el perdedor.

“No vas a convencerme de que eres el bueno “replicó Stephen, con tono seco”.

No cuando alguien perdió un brazo por tu última visita.

El hombre suspiró.

“Deberías observar mejor, Stephen “dijo, con la misma mirada que él solía lanzar a Wanda cuando hacía alguna tontería.

Antes de que pudiera responder, la oscuridad alrededor comenzó a agitarse, como si estuviera viva.

“Es hora de que te vayas.

Pero escucha bien…

Hay una razón por la que solo nacen seis.

Y ese ser que viste…

ya no es hijo del mundo.

Levantó una mano.

Una fuerza invisible empujó a Stephen hacia atrás, arrancándolo de ese lugar.

Despertó sobresaltado en su cama, con la cabeza palpitando de dolor.

El sudor empapaba su espalda.

Tardó varios segundos en recuperar el aliento.

“Genial…

ahora el de las pesadillas precognitivas soy yo “gruñó, llevándose una mano a la frente.

Intentó recordar cada detalle.

“Bah…

al diablo.

Más tarde lo pensaré “murmuró, dejándose caer de nuevo sobre la almohada.

… A la mañana siguiente, el ambiente era tranquilo.

En la sala común del desayuno, Stephen se sentó en la sección de profesores, aunque no era uno.

Wanda molestaba a Natasha, y por suerte para Stephen, eso mantenía su atención lejos de él.

Él, en cambio, no podía quitarse de la cabeza las palabras del hombre ni los recuerdos de su lucha contra el dios oscuro.

“Oye, Stephen, ¿qué piensas?

“preguntó Wanda, con las mejillas infladas después de recibir un pellizco de Natasha.

Stephen la miró, dudando.

No tenía todos los datos aún, así que decidió callar.

“Solo pensaba…

que una Gryffindor y una Slytherin juntas ya es bastante escandaloso.

Me pregunto qué pasará cuando sea entre una profesora y una alumna “dijo con una sonrisa torcida, lanzando una mirada a Daphne, sentada en la mesa de Slytherin.

“¡Oye!

Técnicamente no soy profesora “respondió Wanda”.

Y no creo que esa regla exista…

al menos no en las escuelas mágicas “agregó rápidamente.

Stephen estaba por replicar, cuando todos los magicphones empezaron a sonar.

Una alerta parpadeó en su dispositivo.

Al verla, su rostro se volvió completamente serio.

“Ya vuelvo “dijo con voz seca, abriendo un portal a su espalda y desapareciendo en un parpadeo.

… El aire estaba cargado de miedo cuando Stephen emergió frente al castillo de Beauxbatons.

El caos reinaba.

Magos y brujas del pueblo cercano huían hacia la escuela, gritando de terror.

Explosiones sacudían el horizonte.

Misiles cruzaban el cielo, impactando contra las barreras mágicas.

Aurores, profesores y soldados mágicos franceses formaban líneas de contención.

El suelo temblaba.

“¡Stephen!

¡Por favor, ayuda a evacuar a los alumnos!

“gritó Madame Maxime, corriendo hacia él, con el miedo reflejado en su rostro.

“¿Qué está pasando?

“preguntó él, observando cómo los aviones de combate giraban en círculos como buitres.

“No lo sabemos.

El ejército muggle apareció sin previo aviso…

y empezó a atacar “respondió, jadeante.

Stephen no dudó.

Comenzó a abrir portales, uno tras otro, guiando a los estudiantes y ciudadanos a través de ellos.

Las barreras del castillo estaban debilitadas, y el pueblo cercano había sido reducido a cenizas.

Era un ataque sorpresa.

Minutos después, cuando ya había evacuado a la mayoría, se quedó.

Quería entender qué demonios había pasado.

Un helicóptero descendió, repleto de armamento.

Una voz habló desde un altavoz: “Entréguenlos.

O serán eliminados junto a los terroristas.

Stephen se giró hacia los aurores.

“¿Terroristas?

Nadie respondió.

Nadie lo sabía.

Stephen sacó su teléfono y marcó.

“Tony…

“Dame un minuto “respondió Tony al instante.

Su voz sonaba acelerada.

Mientras tanto, Stephen alzó las manos y empezó a invocar barreras mágicas más complejas, formando un domo que reforzaba la defensa del castillo.

Entonces, su teléfono vibró.

Una notificación.

Al leer el mensaje, su expresión se endureció.

Sus ojos se volvieron fríos.

Stephen cerró los ojos por un instante mientras procesaba los últimos datos en su teléfono.

La historia que había recibido de Tony no era solo una advertencia: era una reconstrucción detallada de los hechos, con registros, comunicaciones interceptadas y grabaciones.

“Ya entiendo… “murmuró con voz grave.

“¿Qué pasa?

“insistió Maxime.

Stephen alzó la mirada, y por primera vez, se le notó realmente cansado.

No físicamente… sino en el alma.

Como si el peso de la decepción le hubiese marchitado el espíritu.

“Hace dos semanas, un grupo de estudiantes nuevos de Beauxbatons desapareció justo después de recibir sus cartas de aceptación.

Fueron capturados por una unidad militar encubierta.

Maxime lo miró con horror.

“¡¿Qué?!

¿Cómo no nos enteramos?

“Los ocultaron bien “respondió él con amargura”.

Los movieron de país en país, hasta encerrarlos en una instalación secreta.

Pero escaparon.

Malheridos, hambrientos… pero vivos.

El Ministerio de Magia alemán los encontró y, creyendo que eran magos menores usando magia ilegal, los interrogaron.

Entonces contaron lo que vieron.

Maxime apenas podía respirar.

“¿Qué fue lo que vieron…?

Stephen hizo un gesto en el aire y varias imágenes se materializaron flotando frente a ellos.

Proyecciones mágicas mostraban cámaras, quirófanos, cuerpos marcados por hechizos arrancados como si fueran órganos… “Experimentos “murmuró, con los dientes apretados”.

Estudiaban cómo funciona nuestra magia.

Intentaban reproducirla… controlarla.

Esos niños… no fueron los únicos.

Ya no les importa si son criminales o inocentes.

Maxime se llevó la mano al pecho, pálida.

“Pero… ¡estamos intentando hacer las paces!

“exclamó rápidamente.

Francia era uno de los pocos ministerios de magia que realmente luchaban por la paz con el mundo no mágico.

Stephen asintió.

“Sí… pero los gobiernos muggles nos ven como armas.

O amenazas.

Así que, cuando los chicos escaparon y regresaron… no tardaron en fabricar una historia.

Con otro gesto, una proyección de noticiero apareció.

Una presentadora hablaba con tono severo: “El grupo de jóvenes terroristas que escapó de una instalación de contención en Europa del Este ha sido vinculado a ataques biotecnológicos y sabotaje internacional.

Se pide su captura inmediata.” “Los llamaron bioterroristas.

Dijeron que habían huido con secretos peligrosos.

Y ahora… usan eso como excusa para atacar Beauxbatons.

Para “recuperarlos”.

Maxime dio un paso atrás, tambaleándose.

“Pero… ellos no vinieron aquí… ¿cómo supieron que estaban aquí?

Stephen cerró el puño con fuerza.

“No lo sé.

Pero esto huele a una provocación planificada.

A alguien que quiere que la guerra comience.

Su voz se volvió solemne, cargada de una furia contenida.

“Es una jugada perfecta.

Si respondemos con violencia, confirmamos su narrativa.

Si no hacemos nada… nos destruyen desde dentro.

Pero esta vez… “Stephen alzó la mirada, y sus ojos brillaron con una determinación incandescente” …esta vez, no vamos a jugar su juego.

En ese instante, una explosión retumbó en el campo.

Uno de los escudos tembló.

Desde el cielo, aviones descendían.

Paracaidistas con rifles caían como una lluvia de acero.

Stephen dio un paso al frente.

Su rostro cambió, endurecido como piedra.

“Pero si no atacamos… demostraríamos debilidad.

Supongo que ya no soy un defensor.

Ni un héroe… Bueno, nunca quise serlo.

“¿Qué vas a hacer?

“preguntó Maxime, sin entender del todo.

“Dar una advertencia “dijo con una sonrisa torcida, casi maliciosa”.

Estoy seguro de que los Ministerios de Magia me lo van a agradecer.

Les facilitará sus tratados de paz.

Y, sin más, comenzó a elevarse hacia el cielo, bajo la mirada atónita de los presentes.

También los soldados en los aviones lo vieron.

Stephen giró en el aire, extendiendo las manos.

Con un conjuro prohibido, desgarró el firmamento.

Un círculo de oscuridad pura se abrió sobre el campo.

La energía del mismísimo Vacío respondió a su llamado.

“Ugh… mis hermanos y hermanas me van a odiar por esto.

¡Sombras de Dormammu!

El cielo se oscureció de forma instantánea.

No solo sobre Beauxbatons… sobre todo el mundo.

Una cúpula de oscuridad pura cubrió el planeta.

No había viento.

No había sonido.

Solo un silencio abrumador.

Entonces, comenzaron a surgir ojos cósmicos, suspendidos en el aire, observando sin parpadear.

No eran ojos de una criatura tangible, sino manifestaciones del propio Dormammu, el ser eterno del Vacío.

La sensación de presencia era aplastante.

No atacaba.

No destruía.

Pero hacía que cualquier humano, por más entrenado que fuera, se sintiera pequeño.

Como si el mismísimo universo lo estuviera juzgando.

La mente se llenaba de pensamientos incómodos… de lo inútil que era cualquier ejército frente a algo que desafiaba la realidad misma.

Muchos soldados cayeron de rodillas, temblando.

Sentían que el suelo había dejado de ser real.

El hechizo duró solo unos segundos.

Y entonces, el sol volvió a brillar.

La oscuridad se desvaneció como una pesadilla pasajera.

Pero todos “magos y muggles por igual” se quedaron mirando al cielo, en completo silencio.

Stephen, completamente agotado por el hechizo, apenas se mantenía en pie.

Y, con lo último de su magia, transportó a todos los magos presentes, desapareciendo del campo.

Sus últimas palabras, suaves pero resonantes como un trueno entre las tropas, fueron: “Terminen de atacar esta escuela… y después, que el mundo arda… si quieren.

……… Mientras tanto, en lo profundo de un castillo cuya mera existencia parecía devorar la luz, rodeado de bestias y sombras vivientes que se alimentaban de desesperación, un trono hecho de huesos retorcidos y carne endurecida albergaba a una figura que apenas podía ser llamada hombre.

No quedaba piel sana en su cuerpo.

Solo jirones podridos, pegados como lamentos a su esqueleto expuesto y Gusanos reptaban con total impunidad entre los agujeros de su carne,  El ser alzó la mirada hacia el techo, como si viera a través de este, y una sonrisa “si es que se podía llamar así al crujir de una mandíbula descompuesta” se dibujó en su rostro.

Sus ojos, azules oscurecidos y llenos de una locura antigua, brillaban con una mezcla de expectación y sadismo.

“Jajajajaja… Esta vez será distinto… más delicioso… más exquisitamente atroz… Su voz era un arrastre de aire podrido.

“Sublime… sí… un vals de horror y desesperanza.

Espero que no me decepciones… ladrón” Y entonces, estalló en una carcajada aguda y descompuesta.

Su risa rebotaba en las paredes como el chillido de mil cadáveres despiertos, haciendo vibrar la carne podrida de su rostro hasta deformarla grotescamente.

Trozos de piel se desprendían, y los insectos que vivían en su carne comenzaron a caer al suelo.

Las bestias del salón se agitaron.

Algunas se ocultaron entre las sombras, otras se acercaron al trono en una mezcla de miedo y adoración.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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