Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 173
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- Capítulo 173 - 173 Un Mundo Sin Ellos Especial Pt 1
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173: “Un Mundo Sin Ellos” [Especial Pt 1] 173: “Un Mundo Sin Ellos” [Especial Pt 1] ¡Hey, gente!
Ayer el destino decidió ponerme a prueba con una tormenta que dejó su huella en mi zona.
¿El resultado?
Un árbol inoportuno decidió caer justo sobre el cable de mi internet.
Lo más gracioso”o trágico, según se mire”es que parece que fui el único afectado.
Pasé la mañana entera en modo técnico, reparando una laptop para poder ir a casa de mis parientes y subir los capítulos, pero al final la operación tomó más tiempo del esperado.
¿Mi solución definitiva?
Terminé comprando un adaptador WiFi para mi PC y conectándome a través del celular.
Y sé que más de uno se preguntará: “¿Por qué no hiciste todo desde el celular?”.
La respuesta es simple: corregir, traducir y subir desde ahí es una tortura…
mientras que en la PC todo fluye mucho mejor.
En fin, aquí les dejo un especial con tintes tristes y trágicos.
¿Por qué?
No tengo una razón profunda, simplemente se me ocurrió.
¡Espero que les guste!
……………..
“Un Mundo Sin Ellos” [Especial Pt 1] Año 1998.
La guerra mágica terminó, pero no hubo victoria.
El Señor Oscuro cayó.
Sí.
Pero lo hizo llevándose consigo a casi todos.
El “héroe” de Hogwarts, Harry Potter, logró derrotarlo… aunque esa palabra ya no significa nada.
No después de ver a sus amigos morir uno por uno bajo las malditas varitas de los mortífagos.
No después de escuchar los gritos de su padrino siendo ejecutado en silencio.
No después de ver el cuerpo de Remus Lupin, roto y frío.
No después de ver a Peter Pettigrew, el traidor, ser desgarrado por la criatura que juró servir.
No.
La victoria fue una mentira teñida en sangre.
Y lo único que dejó fue vacío.
Snape murió… tal vez redimido, tal vez no.
Dumbledore ya no estaba para explicaciones.
Solo un retrato mudo colgado en una pared.
Otros profesores se sacrificaron para proteger a niños que ya nunca volverían a sonreír.
Pero el mundo no dio tregua.
El 2000 fue el verdadero final.
El año donde los muggles abrieron los ojos.
Donde la tecnología alcanzó lo prohibido.
Donde descubrieron que los cuentos eran reales.
Ni Obliviate masivos, ni encantamientos de ocultación, ni acuerdos secretos pudieron detener lo que vino después.
Cacería.
Y ahora… “¡Harry, deprisa!
“gritó Ron, su voz al borde del colapso, corriendo entre alarmas ensordecedoras y luces rojas que parpadeaban como ojos rabiosos.
Los pasillos metálicos eran un infierno artificial.
Monstruos de acero, humo y sensores.
Instalaciones muggles transformadas en prisiones para magos.
“Detente… “susurró Harry, con los ojos rojos de rabia”.
Están aquí.
Levantó su varita sin dudar.
“¡Bombarda!
El muro explotó, revelando un laboratorio sin alma.
Y el horror.
Decenas de cuerpos.
Algunos aún respiraban.
Encadenados por el cuello y las muñecas, drogados hasta perder la noción de sí mismos.
Ojos vacíos.
Lenguas hinchadas.
Mentes muertas.
“¡Por Merlín… “murmuró Ron” qué les hicieron…?
Harry se tambaleó cuando vio uno.
Cabello rubio sucio, piel pálida… y ojos grises apagados.
“Draco… “murmuró, apenas reconociendo al chico que una vez odió.
Ahora solo era un cascarón vivo.
“¡Se están acercando!
“Ron miró a través del hueco.
Hombres armados corrían hacia ellos.
No eran simples soldados.
Tenían escudos mágicos.
Tecnología basada en los cuerpos de los que ahora salvaban.
Harry no vaciló.
Ató con sogas encantadas a todos los que pudo.
Tocó a Ron.
Y desaparecieron entre chispas y viento.
Los soldados entraron segundos después.
“Se escaparon, señor “informó uno por radio.
“¿Firmas mágicas registradas?
“Sí, señor.
Están marcados.
“Perfecto “dijo una voz.
“El Escuadrón Alfa saldrá en cinco minutos.
.
.
.
Reaparecieron en una cueva húmeda, escondida bajo capas de magia ya inestable.
Gritos.
Voces.
Alivio.
Lágrimas.
Hermione corrió y abrazó a Ron como si fuera la última vez.
Él la sostuvo temblando.
“Infiltración exitosa.
No nos vieron llegar ni salir… “dijo con una sonrisa quebrada.
Pero la expresión de Harry era de piedra.
“¿Los demás?
Un mago bajó la mirada.
No dijo nada.
Fue Hermione quien habló, la voz quebrada.
“Neville… Seamus… muertos.
Percy… desaparecido.
George… capturado.
Silencio.
El alma de Ron se hizo trizas en segundos.
“¿Dónde?
¡Tal vez aún hay tiempo!
¡Puedo… puedo ir!
¡Puedo…!
“No.
Ya fue trasladado en helicóptero.
Perdimos su señal.
Ron gritó.
Golpeó la pared hasta romperse los nudillos.
Harry cerró los ojos.
Las imágenes volvían.
El Ministerio de Magia ya no existía.
Solo cenizas, escombros y el eco del gas letal que los aniquiló.
Los muggles no buscaban acuerdos.
No querían tratados.
Querían exterminarlos.
Y lo estaban logrando.
Crearon armaduras capaces de resistir hechizos.
Excepto Avada Kedavra.
Y eso era lo único que aún les quedaba.
Magia… y desesperación.
El Encantamiento Fidelius tampoco sirvió.
Una isla protegida por él fue destruida por una bomba nuclear.
Cientos murieron.
Niños.
Familias.
Todos.
Y ahora, Harry era el líder.
Porque nadie más quedaba.
“Nos moveremos “dijo con la voz vacía.
“Nos encontrarán pronto.
Y todos asintieron.
No por esperanza.
Sino por instinto.
Porque en este nuevo mundo… ya no había héroes.
Solo sobrevivientes.
Y cada uno de ellos, estaba maldito con un recuerdo que no se borrará jamás.
……….
Cuando se aparecieron, llegaron a un lugar marcado por la tragedia.
La tumba donde descansaba Dobby.
El amable y desquiciado elfo doméstico que una vez los salvó, solo para morir desangrado en los brazos de Harry… con una daga clavada en su pequeño pecho.
Ahora, años después, Harry regresaba.
El mismo suelo que había absorbido la sangre del inocente, ahora recibía el paso de un guerrero quebrado.
Una vez más, el último Potter se paraba al frente.
Una vez más, intentaba proteger a los suyos.
Pero esta vez… ni siquiera él podía fingir que había esperanza.
Ya no quedaban milagros.
Ya no quedaba magia que pudiera salvarlos.
A veces, en momentos de quietud entre masacres, Harry pensaba que, si nunca hubiera sido un mago, quizás… solo quizás, no tendría que cargar con tanto dolor.
Pero ya era tarde.
Sus manos estaban manchadas de sangre, y detrás de él arrastraba los cuerpos de todos los que lo habían seguido.
Ron, con la mirada vacía, había visto morir a toda su familia.
Uno por uno.
Incluso Charlie, su hermano más fuerte, cayó cubriéndolo del fuego enemigo.
Balas malditas que perforaban incluso la piel de los dragones.
Hermione… La chica que alguna vez soñó con reencontrarse con sus padres al final de la guerra.
Solo llegó a tiempo para verlos ser arrastrados como criminales.
“Cómplices de una terrorista”, dijeron los soldados.
Las palabras eran tan absurdas como crueles.
El mundo ya no veía a los magos como personas.
Éramos terroristas.
Animales.
Dioses caídos.
La cacería de brujas había vuelto, solo que esta vez, el fuego no dejaba sobrevivientes riendo entre llamas.
Esta vez… solo quedaban cenizas.
Ginny… Su amor.
Su todo.
Había muerto por culpa de una trampa.
Una falsa operación de rescate para salvar a Flitwick.
Pero el profesor ya llevaba semanas muerto.
Solo lo usaron como carnada.
Y Ginny… ella se interpuso.
Se apareció para salvarlo.
Pero las vallas, las malditas vallas mágicas…
la partieron en dos cuando cayeron en el sitio maldito.
Justo como Dobby.
“Harry… “susurró Hermione con voz cansada”.
Ya casi no quedan magos.
Los que sobreviven están rotos, o demasiado viejos para pelear.
Tal vez deberíamos huir.
A otro país.
Harry se burló con una mueca amarga.
“¿Y a dónde iríamos?
Europa es un mar de cadáveres mágicos.
No importa cuánto corramos, siempre nos encuentran.
Tú lo sabes.
Viviste entre muggles, ¿no?
Hermione agachó la cabeza.
Las lágrimas querían escapar, pero se obligó a contenerlas.
No ahora.
“¿Entonces qué?
¿Seguimos huyendo mientras nos matan uno a uno?
¿Mientras rescatamos a compañeros que ya no pueden ni sostener una varita por los traumas?
“gritó ella con rabia contenida.
Ron entró en ese momento, con los ojos apagados pero llenos de preocupación.
“Bajen la voz.
Necesitamos pensar.
Saber cómo nos encuentran cada vez que nos movemos.
Harry se quedó en silencio.
Su mano fue a su pecho.
Allí, protegido por capas de tela y sangre seca, estaba el viejo Mapa del Merodeador.
Aquel que alguna vez lo salvó en Hogwarts.
Con un gesto seco, lo sacó.
“Juro solemnemente que no estoy planeando nada bueno… “murmuró.
Hermione se giró.
“¿Qué haces?
¡Hogwarts fue destruido hace años!
Pero Harry no la escuchó.
Sus ojos se clavaron en el mapa.
Dos nombres.
Dos nombres seguían latiendo dentro de las ruinas.
“Percy.
George… Ron se abalanzó para mirar.
“Tenemos que ir.
“¡Es una trampa!
“advirtió Hermione.
Ron la ignoró.
Ya no podía permitirse otra pérdida.
“Harry.
Sabes que dijimos que nunca usaríamos ese hechizo.
El que dejó esa marca en tu frente…
pero…
“Lo sé.
Estoy listo.
“Harry lo miró con seriedad”.
Si la locura llega, llegará.
¿Qué más da?
Igual vamos a morir.
“¿Qué están planeando?
¡Esperen!
“¡Desmaius!
Hermione cayó al suelo antes de poder terminar.
Ron bajó la varita y se giró a los demás.
“Protéjanla.
Si no volvemos… huyan.
No nos busquen.
Ambos hombres se miraron.
Sin palabras.
Sin miedos.
Solo determinación.
Chocaron los puños.
Y desaparecieron.
Las ruinas de Hogwarts eran un cementerio.
No quedaban muros.
Solo piedras, huesos y ecos de fantasmas.
Avanzaron con varitas en mano, hasta el centro.
Allí estaban.
Percy y George.
Encadenados.
Las cadenas absorbían su magia, dejando sus cuerpos temblorosos, casi sin vida.
Frente a ellos, un hombre.
Relajado.
Sonriendo con superioridad.
“El niño que vivió… vaya título.
“¿Quién eres?
“preguntó Harry, apuntándole.
“Puedes llamarme Alec.
El cielo me envió para purgar esta plaga llamada magia.
Ron lo miró con odio.
Reconocía ese tono.
Esa manera de hablar.
“Eres un brujo… “¿Yo?
No.
Solo un simple squib.
Uno de esos que ustedes despreciaban.
¿Recuerdan?
Los defectuosos.
“¡Mentira!
“gritó Harry”.
Filch jamás… “Oh, sí lo hizo.
Gritó.
Lloró.
Y al final, cantó como un canario.
Todos cantan al final.
Harry apretó los dientes.
“¿Por qué hacen esto?
¿Qué les hicimos nosotros?
“Nada.
Todo.
No lo sé.
Me pagan bien y me divierto más.
Y entonces pateó a Percy con fuerza.
“¡Maldito!
¡Desmaius!
“rugió Ron.
Alec, con una sonrisa, lanzó una esfera metálica que absorbió el hechizo.
“La tecnología es maravillosa, ¿no creen?
En esta guerra, la ciencia avanza al ritmo de la desesperación.
Soldados emergieron de las ruinas.
Cascos brillantes.
Escudos encantados.
Armas que no disparaban balas, sino maldiciones comprimidas.
“Ya no son magos.
Son cadáveres con fecha de vencimiento.
Alec rió.
Los soldados apuntaron.
Harry y Ron no retrocedieron.
Era matar… o morir.
Y la muerte ya les había quitado demasiado.
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