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Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 177

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177: El Regreso al Comienzo [especial] 177: El Regreso al Comienzo [especial] Este especial es algo que he estado pensando desde hace mucho tiempo.

De hecho, tengo tanto contenido planeado que hasta podría convertirse en una novela por sí sola.

Sin embargo, decidí hacer algunos cambios y, por ahora, lo presentaré como un especial dividido en varios capítulos.

Voy a tener que resumir bastante para que no se vuelva demasiado extenso, aunque no descarto la idea de convertirlo en una spin-off más adelante.

Pero bueno, mientras lo pienso mejor… ¡disfruten de este especial!

😄✨ El Regreso al Comienzo [especial] Harry dormía profundamente, envuelto en un silencio incómodo, hasta que el eco de gritos y ruidos desde la cocina lo arrancó de su descanso.

“¿¡Ya está el desayuno!?

“bramó una voz áspera, cargada de molestia.

Solo escucharla hizo que Harry se estremeciera.

No importaba cuán poderoso fuera ahora; esa voz seguía teniendo el poder de helarle la sangre.

Era un eco del pasado, un monstruo encerrado en el cuerpo de un hombre ordinario.

Abrió los ojos lentamente.

Todo era borroso.

Su primer instinto fue buscar sus gafas, y al ponérselas, notó algo que lo confundió: su visión mejoraba, sí, pero hacía años que esas gafas solo eran un accesorio para esconder…

algo más.

Un poder oculto en su mirada, demasiado especial para ser comprendido.

Miró a su alrededor con creciente desconcierto.

Las paredes, la humedad, el colchón raído…

reconocía ese lugar.

El pequeño armario bajo las escaleras.

Con un sobresalto, bajó la mirada a sus manos.

Eran pequeñas, delgadas.

Manos de niño.

El corazón le dio un vuelco.

Un escalofrío recorrió su espalda.

“No… “susurró con pánico.

“¡Niño!

¡Se está quemando el desayuno!

¿¡Qué demonios estás haciendo!?

“gritó el tío Vernon, golpeando la puerta con tal fuerza que el polvo cayó del techo.

Harry no entendía qué estaba ocurriendo, pero su cuerpo reaccionó por puro reflejo, como si aquellas palabras fueran un hechizo que aún lo controlaba.

Se levantó de un salto y corrió hacia la cocina, tomando la sartén para servir el tocino con manos temblorosas.

Su mente era un caos.

Todo en él gritaba que esto no debía estar pasando.

Mientras servía la comida, los Dursley comían tranquilamente, ignorando por completo su rostro atormentado.

Para ellos, su sufrimiento era invisible… o peor aún, irrelevante.

Al terminar, regresó a su “cuarto”, cerrando la puerta con rapidez.

Se sentó contra la pared, temblando, sujetándose la cabeza.

“Esto no puede estar pasando… ¿Por qué estoy aquí otra vez?

¿Dónde está mi familia?

“susurró, con la voz rota.

Un pánico real, crudo, se apoderaba de él por primera vez en mucho tiempo.

“¡Cállate, mocoso!

¡Estamos viendo la televisión!

“vociferó Vernon desde la cocina.

Harry cerró la boca de inmediato.

Cerró los ojos y comenzó a respirar con lentitud, recordando la técnica de meditación que Stephen le había enseñado.

“Está bien… Tal vez… tal vez esto sea como una de esas historias de viajes en el tiempo que le gustan a Wanda “murmuró, tratando de recuperar la calma.

Con cuidado de no hacer ruido, salió del armario y se sentó cerca de la puerta.

Esperaba una carta, una señal, cualquier cosa.

Pero fue interrumpido por la mirada molesta de Vernon.

“¿Qué haces ahí?

¡Ve a prepararte!

Vamos al zoológico “gruñó, molesto.

A pesar de su desdén, no tenían más opción que llevarlo.

La vecina que usualmente lo cuidaba estaba enferma, y después de decirle a todo el vecindario que Harry era un rebelde maleducado, nadie aceptaría hacerse cargo de él.

Harry recordó este día con claridad: el día que liberó una serpiente por accidente… y encerró a Dudley en su hábitat.

También recordó el castigo que le siguió: una semana sin comida y varios golpes.

En la zona de reptiles, la vio.

Una serpiente, inmóvil, resignada.

Harry se acercó con cautela.

“Hola “susurró.

La serpiente levantó la cabeza, mirándolo fijamente.

“¿Puedes entenderme?

“preguntó en parsel, temiendo que todo fuera solo un sueño.

Cuando la serpiente asintió, Harry soltó un suspiro de alivio.

Por un instante, el peso del miedo se desvaneció.

Esa vez, evitó el castigo.

No usó su magia de forma inconsciente.

No podía permitirse otra semana de hambre.

De regreso en casa, se comportó como un autómata.

Limpió, cocinó, obedeció.

Un niño invisible, como un elfo doméstico.

Sus tíos se sintieron extrañados por su docilidad, pero mientras no los molestara, no hicieron preguntas.

Entonces llegó el día.

El cartero dejó el correo en la puerta.

Como siempre, Harry estaba esperando.

Tomó rápidamente las cartas, vigilando que Dudley no estuviera cerca, y buscó entre ellas… hasta que la encontró.

La carta.

Sin leerla, la guardó en el bolsillo.

Dejó el resto en la mesa y fingió estar resfriado.

Sus tíos, temerosos de que su “peste” contagiara a su adorado hijo, lo enviaron de inmediato a su cuarto, alejándolo del resto.

Allí, en el silencio, abrió la carta.

No necesitaba leerla; conocía cada palabra.

Solo debía esperar a que sus tíos salieran… y encontrar la lechuza.

Tenía dos cartas preparadas, junto con un pedazo de tocino.

Cuando el auto de los Dursley desapareció calle abajo, Harry corrió hacia el exterior.

No tardó en encontrar la lechuza.

“Por favor, entrega esta a la profesora McGonagall… y esta otra a Remus Lupin “dijo, ofreciéndole el tocino como recompensa.

La lechuza comió, y luego alzó el vuelo, majestuosa.

Mientras la observaba alejarse, una voz conocida interrumpió su momento.

“¿Harry?

¿No estabas resfriado?

“preguntó la señora Figg, acercándose lentamente.

Harry se giró a verla.

La anciana tenía esa mezcla de fragilidad y desdén que nunca había sabido cómo interpretar.

A veces le regalaba dulces… pero también lo trataba como un parásito frente a sus tíos.

Sabía la verdad: Figg era una squib enviada a protegerlo.

Pero cuando los Dursley lo maltrataban, nunca hizo nada.

Fingía no ver, no oír.

Su indiferencia fue una traición silenciosa… una que Harry no había perdonado.

Él la miró con frialdad.

No dijo una palabra.

Ella podía haber hecho algo.

Sabía que era maltratado.

Si no podía recurrir al mundo mágico, al menos podía haber acudido a la policía muggle.

Pero no.

Prefirió quedarse al margen, limitándose a ofrecer breves momentos de amabilidad vacía.

“Señora Figg… como squib, debería saber lo que puede causar el maltrato.

Y aun así, no hizo nada.

Cuando tuve que dormir sobre un árbol para evitar que el perro de Marge me atacara, la vi.

Estaba en la ventana de su casa.

Vi cómo me observaba… y no hizo nada.

Se supone que está encargada de mi seguridad “dijo Harry con una mirada tan fría que hizo que la mujer diera un paso atrás, sorprendida.

“¿Tú cómo…?

“balbuceó, tambaleándose ligeramente.

“Por favor, no se acerque a mí.

Una persona que ve el sufrimiento de otro y no hace nada… es peor que el mismo agresor “añadió Harry, dándose media vuelta e ingresando en la casa sin mirar atrás.

La señora Figg se quedó inmóvil, como si la hubieran convertido en piedra.

Una vez dentro, Harry se detuvo un segundo.

Tal vez… tal vez había sido demasiado impulsivo.

Dumbledore seguramente sabría ahora que él estaba al tanto del mundo mágico.

Pero no le importaba.

Le escupiría en la cara a ese anciano si era necesario.

Y haría todo lo que estuviera en sus manos para volver con su verdadera familia, incluso si ellos aún no lo recordaban.

Conocía la personalidad de Stephen.

Sabía de sus hermanos.

Incluso… tal vez podría reunirlos antes de tiempo.

Harry esperó durante casi una semana, ansioso.

Esperaba que Lupin respondiera.

Especialmente por lo que había escrito en la carta.

Aunque, en el fondo, Harry también sentía una ligera incomodidad hacia el hombre lobo.

Un supuesto amigo de sus padres… que desapareció tras su muerte y jamás volvió a buscarlo.

Claro, tenía la excusa de su condición de licántropo.

Podía temer hacerle daño.

Y sabía que Dumbledore le prohibió acercarse por “su seguridad”.

Aun así… como siempre decía Wanda, “algunos necesitan una buena paliza como disculpa”.

Entonces, un día, el timbre de la casa sonó.

Harry, con los nervios al límite y el corazón acelerado, corrió hacia la puerta sin pensarlo dos veces.

La abrió de golpe.

Frente a él había un hombre que parecía un vagabundo.

Pero Harry lo reconoció al instante.

“Es bueno verlo, profesor Lupin “dijo, con una sonrisa contenida.

Lupin quedó en shock.

El parecido de aquel niño con James Potter era asombroso.

Pero lo que más lo impactó fueron sus palabras.

“Yo… no soy profesor.

Tú debes ser Harry.

Recibí tu carta.

¿Es cierto lo que dijiste?

“preguntó con un brillo de esperanza en sus ojos cansados.

“Sí.

Por favor, pase “respondió Harry rápidamente, actuando como si fuera un completo desconocido.

Sabía que si le decía que venía del futuro, no le creería.

Y no podía confiar en nadie aún.

“¡Mocoso!

¿A quién dejaste entrar?

“gritó Vernon, bajando las escaleras con el ceño fruncido al ver a Lupin.

“Ellos son mi tío Vernon y mi tía Petunia.

Las personas con las que Dumbledore decidió dejarme.

Me maltratan.

Me matan de hambre.

A veces, intentan algo peor “dijo Harry con calma, como si hablara del clima.

“¿De qué estás hablando, mocoso desagradecido?

“rugió Vernon, lanzándose hacia él.

Pero antes de que pudiera acercarse, Lupin alzó su varita.

“¡Petrificus Totalus!

Vernon cayó al suelo como un tronco, completamente rígido.

Sus ojos desbordaban terror.

Petunia retrocedió al ver la varita.

La reconoció.

O más bien, reconoció lo que representaba.

Algo que había visto en manos de su hermana.

“Tú eres… de ese mundo “susurró, temblando.

Pero fue lo último que dijo antes de ser petrificada igual que su esposo.

“Bien.

Ahora podemos hablar de Sirius y Pettigrew “dijo Harry, una sonrisa en su rostro mientras tomaba el control total de la situación… y del espacio.

Harry era un líder nato.

No en su infancia, quizás.

Pero sí en su adolescencia.

Criado por dos leyendas, con hermanos que eran literalmente dioses de la destrucción, a veces se sentía a la sombra.

Pero Harry… Harry también era un monstruo en potencia.

Solo que más joven.

El aura que lo rodeaba cambió.

Se volvió pura, noble, elocuente.

Era como estar frente a un príncipe.

Este Harry tenía el sarcasmo de Tony, la astucia de Loki, la brillantez de Stephen, la intensidad emocional de Wanda, la letalidad de Natasha y el amor protector de sus abuelos.

Lupin lo sintió.

No estaba frente a un niño.

Estaba frente a un igual.

No… frente a un superior.

“Tome asiento, por favor “dijo Harry, guiándolo hacia uno de los sofás.

Lupin asintió, algo incómodo por lo sucio que estaba.

“No te preocupes.

Yo limpio ese sofá todos los días.

Creo que tengo el derecho de que mi invitado lo ensucie un poco… ¿Verdad?

“añadió, lanzando una mirada burlona a sus tíos congelados, cuyos ojos se movían con terror al sentir el cambio en la personalidad del chico.

Lupin tragó saliva.

“¿Qué es eso de que Sirius es inocente… y que Peter está escondido como una rata, siendo el verdadero traidor?

“preguntó, sin poder contenerse más.

“Bueno… “Harry comenzó a relatar todo.

La verdad sobre aquella noche.

Cómo Sirius llegó primero a la casa destruida, lo sacó de los escombros y se lo entregó a Hagrid, junto con su moto.

Cómo, después, fue tras Peter… y el cobarde se autoinmoló para incriminarlo y escapar.

Todo porque los mortífagos sabían que él fue quien le entregó a Voldemort la ubicación de los Potter.

“¿Cómo sabes todo eso?

¿Cómo sé que es verdad?

“preguntó Lupin con urgencia.

“Fácil.

Peter está escondido como una rata en casa de los Weasley.

¿Y cómo lo sé?

Es un secreto.

Puedes pensar en mí como… un profeta “dijo Harry con porte tranquilo, casi regio.

Lupin lo observó unos segundos.

Y luego asintió.

“Primero verificaré si lo de Peter es cierto.

Si lo es… entonces exigiremos un nuevo juicio para liberar a Sirius.

“Perfecto.

Espera un momento.

Iré a buscar algunas cosas “dijo Harry, levantándose con calma.

“¿Quieres venir conmigo?

“preguntó Lupin con seriedad.

“No tengo miedo de tu forma de hombre lobo.

Pero no tengo mi varita para defenderme de ellos “dijo, señalando a sus tíos.

“Y para usar magia eldritch… necesito runas especiales, hechas con materiales específicos “añadió en voz baja, mientras desaparecía en busca de sus pertenencias.

Entonces, Harry se puso su mejor ropa, aunque le quedaba grande y colgaba de su cuerpo como si no le perteneciera.

Tomó algunos recuerdos y objetos esenciales, cosas que llevaría consigo porque sabía, con absoluta certeza, que no volvería jamás a ese lugar…

aunque intentaran obligarlo.

Con una pequeña mochila al hombro, cruzó el umbral de su habitación sin mirar atrás.

Se detuvo solo un instante frente a Lupin, sus ojos firmes y decididos.

“Vamos “dijo con mando y una tranquilidad que no correspondía a su edad, pero sí a su alma endurecida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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