Hechicero Supremo en Hogwarts - Capítulo 189
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189: Enfrentamiento.
189: Enfrentamiento.
Enfrentamiento.
Hoy todos se habían reunido en el mundo virtual tras las clases.
Aunque Stephen y Wanda, como profesores “o algo similar”, deberían estar trabajando, se notaba que tenían algo importante planeado.
Solo habían pasado unas semanas desde que eliminaron al dios malvado que amenazaba su mundo, así que, por fin, podían permitirse un respiro…
y una buena pelea.
Todos se congregaron en el coliseo virtual.
Jordan y los gemelos Weasley estaban sentados en la sección de comentaristas, con micrófonos flotando a su alrededor, suspendidos sobre un campo mágico lleno de energía.
En el centro del coliseo, Stephen y Wanda se encontraban frente a frente.
La tensión entre ambos era casi tangible.
“Pudimos habernos enfrentado antes “dijo Stephen con voz tranquila, mientras una chispa de emoción brillaba en sus ojos”.
Habría sido una gran demostración.
Lástima que el torneo no se completó.
“Aunque ahora es un buen momento para seguirlo “añadió, bajando ligeramente el mentón, provocador.
“Efectivamente “respondió Wanda, imitando su tono con una sonrisa burlona”.
“¿Qué tal si…
nos descontrolamos un poco?
Después de todo, esto no es real “dijo Stephen, aunque su sonrisa forzada revelaba algo más profundo: resentimiento, competencia, orgullo.
“Claro “contestó Wanda, mostrando una sonrisa temblorosa de emoción pura, mientras su aura comenzaba a elevarse sutilmente.
Desde las gradas, sus amigos, hermanos y alumnos observaban con fascinación.
Algunos incluso ya tenían palomitas de maíz mágicas flotando frente a ellos, esperando la batalla del siglo.
“¡Bienvenidos a este glorioso día!
“gritó Jordan desde lo alto”.
¡Hoy presenciaremos el duelo entre los hermanos más peligrosamente poderosos de Hogwarts…
y tal vez del mundo entero!
Los gemelos a su lado gritaban como si estuvieran en un concierto.
“Por alguna razón pidieron que su magia no tuviera límites, y también mover su pelea a otro lugar.
¡Pero no se preocupen, la veremos toda desde estas pantallas mágicas!
“explicó Jordan rápidamente, señalando los enormes paneles flotantes.
“No deberían quejarse “interrumpió Fred, alzando la voz”.
Incluso con su maná base podrían hacer colapsar este coliseo como si fuera de papel.
“Y eso sin ponerse serios “añadió George, cruzado de brazos.
“¿Están listos?
“preguntó Jordan a los dos.
“Sí “respondieron al unísono.
Un haz de luz los envolvió.
En un instante, desaparecieron del coliseo… para reaparecer en el vacío del espacio.
No era una recreación, era el espacio mismo: estrellas gigantes brillaban como fuegos eternos, nebulosas se arremolinaban como dragones dormidos y varios planetas cercanos giraban lentamente, indiferentes a la inminente batalla.
“Esta vez no habrá interrupciones.
Podremos terminar lo que comenzó en esa línea temporal”dijo Stephen, mirando alrededor con serenidad.
“Obvio que yo gané esa vez.
Tú explotaste mientras gritabas algo estúpido “contestó Wanda, tapándose la boca para contener la risa.
“Tsk.
Hora de devolverte el favor.” Stephen levantó los brazos.
A su espalda, el espacio se quebró como vidrio, y de la nada surgieron millones de armas flotantes: espadas etéreas, lanzas de antimateria, cuchillas encantadas con runas dracónicas, todas brillando con una luz dorada celestial.
El rugido mágico de su conjuro retumbó por el vacío.
“Eso quiero verlo “dijo Wanda con voz baja, mientras su cabello se tornaba carmesí y su aura roja se expandía como una tormenta solar.
El espacio a su alrededor se distorsionaba como si incluso las leyes físicas tuvieran miedo.
Se miraron.
Entonces Wanda parpadeó.
Y el infierno comenzó.
Stephen disparó su arsenal a la velocidad de la luz.
Un mar de armas divinas surcó el vacío, rasgando cometas a su paso.
Portales mágicos se abrieron a su alrededor, amplificando el ataque con más cuchillas que surgían desde otras dimensiones.
Wanda juntó sus manos con fuerza.
Una onda expansiva roja, hecha de pura entropía, salió disparada, frenando las armas a mitad de trayecto.
Luego, con un movimiento de brazo como si arrojara algo, un planeta enano cercano fue arrastrado por su poder y lanzado a Stephen como si fuera una pelota de cañón celestial.
Stephen alzó un círculo mágico giratorio frente a él.
Como una cuchilla cósmica, el hechizo cortó el planeta en dos mitades limpias.
Pero Wanda no se detuvo: atrapó ambas mitades con magia roja y las volvió a unir en torno a Stephen, como una trampa colosal.
Stephen alzó las manos y, al tocar la superficie planetaria, esta se disolvió en una nube de mariposas azules que danzaron en el vacío.
Wanda rió.
Extendió las manos hacia ellas… y las mariposas se retorcieron, mutando en horrores alados con cuerpos retorcidos y dientes afilados que chillaban al avanzar.
Un rugido dracónico sacudió el espacio.
Un círculo de invocación surgió detrás de Stephen y de él emergió una colosal cabeza de dragón de fuego negro.
El aliento infernal barrió a las bestias deformes, reduciéndolas a cenizas antes de volver al portal con un gruñido satisfecho.
Ambos se detuvieron.
Se miraron.
Sonrisas salvajes y ojos brillando de pura emoción.
En el coliseo virtual, todos estaban en shock.
Incluso Jordan había olvidado narrar.
Habían pasado apenas cinco segundos, y el nivel de destrucción y precisión era tan hermoso como aterrador.
“Pfft… Solo están haciendo un circo “murmuró Tony, incómodo.
“¿Tú puedes hacer eso?
“preguntó Loki con una sonrisa burlona.
“Dame un año o dos…
y tal vez con mis máquinas podría simular algo así “replicó Tony, sin apartar los ojos de las pantallas.
De vuelta en el espacio, Stephen habló.
“Buen calentamiento.
¿Ahora sí en serio?
“Eso estaba esperando “respondió Wanda.
Ella levantó los brazos.
Esta vez, no armas.
Cientos de asteroides, cada uno del tamaño del planeta que había lanzado antes, comenzaron a arrastrarse hacia ella, envueltos en su magia roja.
Parecían meteoritos de destrucción, listos para arrasar todo.
Stephen, tranquilo, alzó sus manos.
El espacio detrás de él se rompió como un espejo, fragmentándose en miles de piezas flotantes.
Cuando Wanda lanzó los asteroides, Stephen movió sus dedos, y los fragmentos del espacio mismo obedecieron, surcando el vacío a velocidades imposibles.
Cortaron los meteoritos como cuchillas divinas atravesando mantequilla.
Las explosiones que siguieron no tenían sonido en el vacío, pero en el coliseo se sintieron como terremotos mágicos.
La energía liberada formó auroras gigantes, que se extendían como alas de un dios caído.
“¿Eso puedes hacerlo?
“preguntó Loki, esta vez sin tono burlón.
Tony tragó saliva, absorto.
“Eso… eso sí es más difícil.” Y la batalla apenas comenzaba.
En el espacio, los fragmentos de los asteroides cortados por Stephen aún flotaban con violencia, pero en lugar de esparcirse, comenzaron a girar a su alrededor.
“¿Intentas rodearme con escombros?
“preguntó Stephen, levantando una ceja.
“No.
Estoy calentando “respondió Wanda con una mirada incandescente.
Con un chasquido, los fragmentos de roca se envolvieron en fuego carmesí, y luego se fusionaron entre sí como si tuvieran vida propia, formando una colosal serpiente de magma y piedra ardiente que rugía sin sonido en el vacío del espacio.
Stephen solo alzó una mano.
Una sinfonía de runas doradas emergió de sus dedos, alineándose como constelaciones en un patrón cósmico.
Un gesto más, y la serpiente fue atrapada por una prisión de geometrías imposibles: un cubo hecho de tiempo comprimido, que vibraba como si toda su existencia estuviera ocurriendo en simultáneo.
“Esa criatura acaba de vivir cien mil años en un segundo “dijo Stephen con un tono frío.
La serpiente se deshizo como cenizas envejecidas, pero Wanda ya estaba avanzando.
Con un grito mudo, su cuerpo se multiplicó en cientos de versiones alternas de sí misma, cada una viniendo de una línea temporal distinta.
Algunas eran monstruosas, otras angelicales, pero todas lanzaban ataques simultáneos desde múltiples planos de existencia.
Stephen frunció el ceño.
Hizo girar su brazo derecho en espiral, y el espacio se dobló a su alrededor como si fuera una tela.
Un torbellino de realidades convergentes giró en torno a él, y cada uno de sus pasos resonaba como una explosión de supernovas.
“¡Desintegración cuántica!
“exclamó, y una onda expansiva invisible salió disparada desde su pecho.
Las versiones alternativas de Wanda comenzaron a desintegrarse una a una, como espejos rompiéndose, pero justo cuando la última desaparecía, una figura roja apareció por encima de Stephen.
“¡Sorpresa!
“gritó Wanda, canalizando una lanza hecha con pura energía de caos.
Stephen levantó ambas manos y atrapó la lanza, pero esta explotó en una reacción en cadena, generando una onda de choque tan poderosa que hizo vibrar las lunas cercanas.
En la Tierra virtual, el coliseo se estremeció, y las pantallas parpadearon durante un segundo.
“¿Acaban de… reescribir las leyes de la física en ese sector?”, preguntó Tony, sorprendido, mientras bebía lentamente una soda.
“No solo eso…” musitó Loki.
“¡Acaban de usar una explosión de caos como catalizador de una nueva dimensión!” En el combate, Stephen se sacudió las brasas de su túnica, ileso.
“Bien jugado… pero ahora es mi turno.” Abrió sus brazos, y una serie de anillos mágicos giraron a su alrededor.
Cada uno representaba una ley universal: gravedad, tiempo, entropía, incluso la existencia misma.
Con un solo chasquido, todo a su alrededor se detuvo.
Los asteroides congelados.
La luz suspendida.
Incluso Wanda quedó inmóvil.
“Bienvenida al Vacío de la Causa.
Aquí, solo yo puedo moverme,” dijo Stephen mientras caminaba lentamente hacia ella.
Pero justo cuando estaba a punto de tocarle la frente, Wanda parpadeó.
“¿Cómo…?” susurró él.
“Yo soy el caos,” respondió Wanda, rompiendo la prisión temporal con una sonrisa radiante.
Una explosión púrpura iluminó el espacio y volvió todo a moverse.
Stephen fue lanzado hacia atrás, atravesando tres planetoides antes de detenerse.
Ambos quedaron flotando, jadeando.
“Y eso…” dijo Wanda, con una risa entrecortada.
“Fue aún parte del calentamiento.” Stephen se pasó una mano por el cabello y rió también.
“Entonces será mejor que dejemos de contenernos.
¿Lista para la Destrucción Final?” “Solo si tú lo estás.” Ambos se miraron, y en ese instante, sus auras comenzaron a elevarse.
El cosmos tembló.
Estrellas cercanas parpadearon.
Los espectadores en el coliseo contenían la respiración, conscientes de que estaban a punto de presenciar un espectáculo que superaría cualquier historia, cualquier mito.
La verdadera batalla apenas comenzaba… o eso parecía, antes de que todos fueran abruptamente expulsados de sus cabinas virtuales.
No solo ellos: todos en el mundo lo fueron.
Stephen salió de la cabina rascándose la cabeza, confuso, antes de voltear hacia una de las cápsulas, de donde salía humo.
“¿Qué pasó?” preguntó Wanda al salir de la cabina a su lado.
“Creo que… quemamos los servidores,” respondió Stephen con una sonrisa forzada.
“‘Creo’ no.
Lo hicieron completamente,” dijo Tony mientras salía de otra cabina acompañado por Loki y Harry.
“Qué mal… yo quería seguir peleando,” dijo Wanda, haciendo un pequeño puchero mientras bajaba la mirada.
“Parece que tendremos que mejorar nuestra tecnología para hacerlo… o, podríamos ir a pelear al espacio real ahora,” propuso Stephen, con una sonrisa inocente.
Antes de que alguien pudiera decir algo… “¡Claro que no!” dijo Fleur mientras se acercaba con Daphne, ambas con la mirada fija en ellos.
Daphne tampoco apartó la vista.
“Yo no dije nada, fue su idea,” se apresuró a decir Wanda, levantando las manos en señal de rendición.
“Era solo una broma…” murmuró Stephen, sintiendo el peso de la mirada de su novia y su cuñada sobre él.
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