Heidi y el señor - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 - Su otra cara - Parte 1
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45: Capítulo 45 – Su otra cara – Parte 1 45: Capítulo 45 – Su otra cara – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Nicholas habló con la joven llamada Katherine en el vestíbulo principal donde se encontraba el Hallow en la mansión Delcrov, como estaba sola, él decidió pasar el tiempo hablando con ella, mientras que la chica tenía la mirada fija en otra persona.
Ella era excepcional.
Incluso después de pasar por el dolor de perder a su familia a manos de las brujas negras, su comportamiento era amable y puro con las personas que la rodeaban.
Como si no se viera afectada por ello y, francamente, a él le parecía extraño.
Sin embargo, todo este mundo de sufrimiento era extraño.
El hoyuelo en la mejilla del Señor se profundizó cuando sus ojos se encontraron con los del Señor Alexander, cuya mandíbula estaba apretada al verlo hablar con la mujer.
Fue divertido ver al otro Señor fulminarlo con la mirada, lo cual pasó desapercibido para la mayoría de la gente, pero Nicholas era un observador como el Señor Valeriano.
Le gustaba estudiar a la gente, para ver si podían entretenerlo durante un tiempo.
Era evidente con la forma en que los ojos de ella seguían dirigiéndose hacia el Señor y como el Señor le miraba con furia, que había algo que se estaba gestando entre ellos.
Curioso, sondeó a la chica con preguntas personales para ver como se sonrojaba.
—Debe haber alguien.
¿Estáél en la habitación?
—preguntó.
—¡No no!
—balbuceó Katherine, mirando hacia abajo para evitar sus ojos.
Un sirviente que estaba caminando con una bandeja de bebidas se detuvo frente a ellos y Nicholas recogió el vino y, antes de que Katherine pudiera elegir uno de ellos, hizo un gesto con la mano para que el sirviente se fuera.
Al ver que la mujer lo miraba con una mirada cuestionable, sonrió.
—No creo que sea buena idea si bebes alcohol para vampiros.
—Lo olvidé.
Corey lo mencionó—murmuró entre dientes.—¿Tan diferentes son?
—preguntó curiosa, como un niño le preguntaría al padre sobre las estrellas que brillaban en la noche.
—No creo que sean muy diferentes cuando los bebes, especialmente en sus efectos secundarios.
Los humanos y los vampiros funcionan de manera diferente debido a que un alcohol normal no afectaría a los vampiros, pero no es lo mismo al revés.
El ser humano podría perder la conciencia o podría perder la memoria.
—¿Perder la memoria?
—preguntó ella, mirándolo de frente para verlo asentir.
—Sí.
Creo que uno a cuatro vasos de alcohol diluido puede ser bebido por un humano promedio, pero si es algo tan fuerte como esto —levantó su vaso—Podría convertirse en veneno.
Demasiado de algo no es bueno.
¿Estás de acuerdo?
La vio mirar al Señor, quien tenía sus brazos alrededor de otra mujer mientras bailaban.
Luego miró hacia otro lado, una expresión abatida se apoderó de su rostro.
En su rutina habitual, habría disfrutado alejándola de la multitud para seducirla y darle un mordisco a la chica, pero no lo haría.
Por mucho que le encantaría hundirle sus colmillos, no era tan tonto como para no saber cuándo una mujer era reclamada por un vampiro de sangre pura.
Alexander y Nicholas no eran amigos en particular, pero tampoco eran enemigos.
Era un extraño equilibrio de relación indefinida que se había formado a lo largo de los años.
A Nicolás le gustaba el Señor Valeriano, era el tipo de hombre que apreciaba a las personas con buena clase e inteligencia mental.
Se burló de la joven para ver su rubor y luego dijo:—No lo sabrás, a menos que lo intentes —y la animó a beber vino de su copa.
—No creo que me haga ningún bien —murmuró ella, pero él la escuchó claramente incluso con la música que se escuchaba en el salón principal.
«Qué problemático», pensó para sí mismo.
Estaba enamorada del Señor y él se preguntó si la mirada que Alexander le estaba dedicando en silencio significaba lo mismo.
Mirando su reloj de bolsillo, notó que era hora de que se fuera.
Su visita a Valeria no era para asistir a la celebración de Hallow sino para conocer a alguien que pudiera proporcionarle cierta información sobre el mercado negro.
—Es hora de que me vaya, querida Katie.
Un feliz Hallow para ti —le deseó; mirando al Señor y decidiendo darle un pequeño empujón, se inclinó para dejarle un beso en la mejilla:—Buenas noches —susurró, una suave sonrisa en sus labios cuando vio a Alexander entrecerrar los ojos ante esta acción.
Después de la cena, Heidi había regresado a su habitación y ahora estaba sentada en el borde de la cama, jugando con los dedos de los pies en el suelo.
Ella suspiró con la mirada perdida.
Estaba emocionada de volver a casa, pero desde que llegó no se sentía nada más que una extraña.
No es que ella no lo sintiera antes, pero con este comportamiento hacia ella dejaban bastante claro que ella era nadie aquí.
El pensamiento trajo lágrimas a sus ojos y una lágrima solitaria se desprendió de ellos para caer sobre su piel pálida.
Desde siempre ella había querido una familia, una familia que la amara y la cuidara.
Ella sabía la verdad y la entendía bien, pero en algún lugar profundo, tenía esperanza.
Después de todo, la esperanza era lo único en lo que podía confiar.
Levantando la mano, se secó las lágrimas de los ojos.
«Puede ser que esa fuera la razón por la que Dios la envió al Imperio de Bonelake, para reunirse con el Sr.
Lawson para que pudiera construir una familia propia.
Era un matrimonio político, pero finalmente se amarían, ¿verdad?», pensó Heidi para sí misma.
Ella tenía esperanzas de nuevo.
Pero eso no detuvo la duda que penetró en su corazón del «qué pasaría si».
Warren, que provenía de un linaje de vampiros de sangre pura, había aceptado tomarla como su futura esposa.
No pasaban mucho tiempo juntos ya que él siempre estaba ocupado con el trabajo, pero él parecía el tipo de hombre que cumplía su palabra.
Y aún así, no había florecido el amor por parte de ninguno de los dos.
Junto con otros detalles y problemas, esto la preocupaba bastante.
En cambio, el Señor pasaba más tiempo con ella, bromeando y atacándola con palabras.
Él siempre tenía la certeza de torcerla con sus inteligentes palabras, dejándola sin palabras.
Así como él tendía a ser cruel con ella, Heidi también había notado los momentos raros con él.
Como cuando la había ayudado con su pelo.
Sus largos dedos se entrelazaron a través de su cabello con delicadeza.
Pensando en eso le trajo calor a sus mejillas y ella colocó sus manos en su mejilla antes de negar con la cabeza.
El día antes de que Heidi estuviera a punto de partir hacia Bonelake, la invitaron a la mansión de Sctahlok junto con su tío Raymond, que había pasado por su casa.
Heidi se sentó en una de las lujosas sillas de caoba, con las manos en el regazo, mientras esperaban al Duque, que todavía no había aparecido.
—Mira quién está aquí—dijo el Duque al entrar en la habitación con una agradable sonrisa en su rostro.—Me alegra que hayas podido venir, Heidi.
Francamente, dudaba que te dejaran venir, después de todo, no has completado el tiempo acordado.
Pero es bueno verte.
Raymond y Heidi se levantaron para inclinar la cabeza ante su entrada.
—¿Cómo podría no hacerlo?
Sus deseos son órdenes, señor —respondió su tío Raymond.—Hicimos lo que nos pedió.
—Por supuesto que sí—murmuró el hombre que tomó asiento frente a ellos, con los ojos fijos en la joven.—Parece que Lawson se ha interesado en ti por dejarte volver con tu querida familia.
Es bueno saber que lo has estado haciendo muy bien —luego se volvió hacia su tío para hablar.
Transcurrió media hora, que luego se convirtió en una hora y Heidi seguía sentada tranquilamente en su lugar, escuchando a los dos hombres hablar sobre las masacres que tuvieron lugar en los imperios.
Aunque no entendía la mayoría de las cosas, mantenía la boca cerrada.
El Duque le pidió a su tío que fuera con el sirviente, ya que tenía unos documentos comerciales que debían leerse antes de firmarlos.
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