Heidi y el señor - Capítulo 76
- Inicio
- Todas las novelas
- Heidi y el señor
- Capítulo 76 - 76 Capítulo 76 - Límites prohibidos - Parte 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
76: Capítulo 76 – Límites prohibidos – Parte 2 76: Capítulo 76 – Límites prohibidos – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Heidi se dio la vuelta, para mirar al Señor con una expresión de preocupación.
Ella no sabía qué hacer, era bastante tarde para visitar al Señor y si los rumores se difundían no sería bueno.
Ella se preguntó por qué llegaría una doncella a esta hora si no era para la alegría poco ética del Señor.
Sus ojos entrecerrados divirtieron al Señor, que rápidamente recompuso sus rasgos.
El Señor, miró la puerta, colocando su mano sobre la de ella, que estaba en el pomo de la puerta, para abrirla lentamente.
—¿Qué pasa?
¿No le informé a Stanley para asegurarse de que nadie entre a estos pasillos hasta que se le pida?
—preguntó en tono agudo a la doncella, haciendo que tanto la doncella como Heidi, que estaba detrás de la puerta, se estremecieran.
—P-perdóneme maestro, esto, uno de los invitados pidió que le entregara esto —desde donde estaba Heidi, cubierta detrás de la puerta, podía ver la silenciosa mirada de Nicholas mientras la doncella tartamudeaba.
Tomando una carta de la criada, la despidió y cerró la puerta.
Pasando sus ojos por encima del sobre.
Heidi aprovechó la oportunidad para irse, girando el pomo que se abrió hasta la mitad antes de cerrarse, ya que Nicholas colocó su mano sobre la puerta.
—Heidi —la llamó, como una flor que llamaba a una abeja.—No me gusta mucho la sangre de los hombres a menos que sean humanos muy jóvenes.
Necesito alimentarme.
No puedes esperar que me muera de hambre, ¿verdad?
Pero no te preocupes, no le saco sangre del cuello a nadie.
—Por favor, haz lo que quieras —dijo Heidi mirando el picaporte.
No estaba segura de lo que quería decir con sus últimas frases, pero no importaba ahora.
Quería ir a su habitación y dormir del agotamiento que había estado cargando desde hacía unos días.—Señor Nicholas…
—Nicholas.
—Nicholas —se corrigió a sí misma.—Me gustaría volver a mi habitación.
—Por supuesto —dijo el señor Nicholas y retiró su mano para verla abrir el pomo y correr fuera de su vista.
Volviendo a su habitación, Heidi fue a la sala de baño, quitándose la ropa mientras dejaba que el grifo abierto llenase la bañera con agua corriente.
Era tarde y una hora inusual para que ella tomara un baño, pero ella necesitaba sumergirse en agua tibia.
Mientras se lavaba el cuerpo con la ayuda de sus dedos, todavía podía sentir sus labios latir con lo que había sucedido en la habitación del Señor.
Sus suaves labios besándola, dientes que mordisqueaban y tiraban, brazos que la habían sostenido con seguridad y su aliento dulce sobre el de ella.
Su lengua había sido cálida, frotándose contra su lengua.
Sus mejillas se calentaron con esos pensamientos.
La memoria recién impresa corría salvajemente a través de su mente.
Ser besado por alguien que amas era una suerte.
Nunca había esperado que las cosas fueran por este camino, y tan solo pensar que el señor Nicholas la había besado tan apasionadamente…
Ella no lo había pedido, pero no se arrepintió de que le robara su primer beso.
Era más de lo que una mujer podía pedir.
Al mismo tiempo, Heidi sintió que la culpa comenzaba a comérsela cuando Warren vino a su mente.
A pesar de lo romántico que parecía el beso, ella había engañado a su prometido al compartir un beso con su primo.
No había pasado ni un día y ella había hecho algo que no debía hacer.
Se cubrió la cara con ambas manos.
«¿Se lo confesaría a Warren?
No», pensó para sí misma, «tal vez no ahora.
O tal vez nunca porque no sabía lo que diría.» «¿Por qué las cosas tenían que ser así?» Ella había hecho todo lo posible por contener sus sentimientos.
Había decidido dedicarse a Warren, pero ahora sus sentimientos estaban por todas partes.
Después de ser besada por el Señor, no podía pensar con claridad.
Ella no creyó al hombre.
Incluso si él decía que la deseaba, «¿qué significaba?
Él podía sentirse atraído por ella, pero eso no significaba que la amara», pensó racionalmente.
Al final, ella se casaría con Warren porque la tregua fue ofrecida por el propio Señor.
«Entonces, ¿a qué estaba jugando?» Fue a pararse frente al gran espejo, mientras se cepillaba el cabello con el gran peine de dientes, hizo una mueca cuando su lengua tocó el fondo de sus labios.
Dejando el cepillo, se inclinó hacia el espejo para sacar el labio inferior con el dedo para ver una pequeña línea roja.
Al recordar sus palabras entre los besos, su rostro se volvió caliente de nuevo.
«¡El hombre no tuvo ni un poco de vergüenza!»
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com