Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Heredero De La Herida - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Heredero De La Herida
  4. Capítulo 11 - 11 Registro incompleto
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Registro incompleto 11: Registro incompleto Escuché pasos pequeños acercándose.

Era el policía, malherido, sangrando de la pierna y del brazo.

Se agachó frente al cuerpo de mi madre y me miró.

Yo estaba aferrado a ella, llorando sin soltarla.

La gente comenzó a acercarse: murmullos, manos extendidas.

Ayudaron al policía y lo llevaron a una banca cercana.

A mí querían separarme, pero yo me agarraba con toda mi fuerza al cuerpo de mi mamá, como si soltarla significara perderla para siempre.

A lo lejos se oían sirenas.

Llegaron más policías y una ambulancia.

Se llevaron al herido, pero yo seguía ahí, clavado al suelo.

Un policía de la patrulla se acercó.

Sacó un trapo, lo empapó en un líquido y me lo puso en la boca.

El sueño me invadió; los ojos se me cerraban.

Mientras tanto, escuchaba voces lejanas: la gente quejándose de algo al policía.

Cuando desperté, estaba en una cama metálica con sábanas blancas, en un cuarto pequeño y con poca luz.

Una señora con papeles en las manos me observaba desde una silla.

Se levantó y se acercó.

—¿Cómo te llamas, pequeño?

—preguntó con voz suave, pero fría.

Yo solo lloré.

Lloré tanto que no podía hablar.

Me tomó un rato calmarme.

—¿Dónde está mi mami?

—pregunté al fin.

Ella me miró con lástima.

—Está en un mejor lugar.

Si te portas bien, la ves ahorita.

Me emocioné.

—¿En serio?

—Sí.

Solo responde unas preguntitas.

Asentí, ansioso.

—¿Cuáles son tus nombres completos?

—Maxi.

—¿Y tu apellido?

—Maxi.

Ella frunció el ceño.

—No te sabes tu apellido, ¿verdad?

Yo no sabía qué era un apellido.

Mi confusión era evidente.

—Tu nombre es Max, ¿cierto?

—dijo, como pensando en voz alta—.

—¿Cuántos años tienes?

—cinco —respondí emocionado—.

Mi cumpleaños fue hace poco.

—¿Dónde está tu casa?

—Santa Rosa.

—Santa Rosa… ¿qué más?

—Santa Rosa.

Ni una provincia tenía ese nombre .

Cambió de pregunta.

—¿Cómo se llama tu papá?

—¿Qué es eso?

La señora se sorprendió.

—¿No tienes un abuelito, un tío, alguien?

—Sí… mi tía Bibi.

—¿Dónde vive tu tía Bibi?

—En Santa Rosa.

Siguió preguntando más cosas.

Al final, salió.

Minutos después entraron una señora y dos policías.

—¿Dónde está mi mami?

—pregunté.

La señora me miró fría.

—¿Cuál mami?

—Mi mami… ¿dónde está?

Me dijeron que la iba a ver.

No respondió.

Comencé a llorar.

Me cargó a la fuerza, me sacó del cuarto y me subieron a un carro policial.

Yo preguntaba por mi mami, pero el dolor de cabeza volvía; veía borroso, escuchaba mal.

Después de unos minutos llegamos a una iglesia.

Era de noche, muy tarde, como la una de la madrugada.

La señora entregó unos papeles a un hombre.

Entramos.

Yo lloraba.

Él hablaba, pero no escuchaba nada.

Los dos conversaban.

De repente la vi.

Vi a mi madre.

Pequeña.

Corrí, lloré y la abracé.

—No me dejes —le dije.

Me quedé dormido.

Cuando desperté, me sentía vacío.

Frente a mí había una niña un poco mayor que yo: cabello blanco, ojos café claros.

Bonita.

Me miraba preocupada.

—Vamos a jugar —me dijo.

Yo no quería nada.

Ella insistía, me traía comida.

Entonces entró el hombre.

Se llamaba Josué.

Se sentó a mi lado.

—Mira, Maxi.

Hoy quiero que juegues con Alma —señaló a la niña— y con tus otros hermanos pequeños.

Abrieron la puerta y entraron varios niños, de tres o cuatro años.

Me animé un poco.

Jugamos.

Con Alma pasaba más tiempo.

Por la tarde, una pareja se llevó a uno de los hermanos.

Pregunté por qué.

—Se van con una familia —explicó Josué—.

Pero mientras estén aquí, su familia son ustedes.

Nosotros.

Pasaron poco años.

Algunos se iban, otros llegaban.

A mí me querían elegir, pero me portaba mal para no irme.

Cuando alguien se interesaba en mí, Alma se ponía triste.

Yo hacía todo para quedarme.

Llegó un momento en que se fue el último.

Solo quedamos Alma y yo.

Yo tenía siete años.

Ella, ocho.

La fundación quebró.

El Estado dejó de enviar dinero.

La mayoría de los niños se iba rápido, pero a Alma nunca la elegían.

Ni siquiera la miraban.

Siempre buscaban a los más pequeños.

Cuando quedamos solos, Josué nos adoptó.

Firmó una hoja frente a nosotros.

—Desde ahora, su apellido será Vanti.

Nos abrazó.

Pasaron los años.

Alma y yo éramos inseparables.

Dormíamos juntos a veces, comíamos juntos.

Pero llegó un momento en que empezó a alejarse.

Me acercaba, me metía en su cama, pero me botaba molesta, seria.

No sabía por qué había cambiado así.

Aun así, seguía siendo mi hermana.

A veces era cariñosa.

Era extraño.

Me reí.

—Oye, Max —dijo Tony, sacándome de mis recuerdos—.

Ya es hora.

Lo miré sonriendo.

Fui a buscar un tacho de agua.

Tony y yo rociamos a nuestros compañeros.

Se levantaron enojados.

El más molesto era Miller.

—¿Qué pendejadas hacen?

Habíamos quedado en algo.

—Es verdad —dijo Tony, sonriendo—.

Pero el soldado no dijo que no les tiremos agua.

Los compañeros nos miraron serios.

—¿En serio?

—dijeron al unísono.

Miller se acercó, rojo de ira.

—El soldado me dijo ayer que te rompa la cabeza.

Comenzaron a discutir otra vez.

Los demás intentaban separarlos.

Yo me reía.

Entonces, el soldado entró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo