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Heredero De La Herida - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 beso de peligro
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17: beso de peligro 17: beso de peligro Max y sus compañeros cumplieron con su rutina diaria.

Aquel lunes, sin embargo, Max no fue a ver a Alma.

Cuando terminaron los ejercicios y la noche ya se había cerrado por completo, salieron a patrullar las aulas.

Llevaban rifles antiguos y chalecos antibalas color piel.

Debajo del chaleco usaban camisetas de manga larga del mismo tono, aunque en los brazos desde los hombros hasta los codos y a los lados del torso, el uniforme era verde pixelado.

Tony vestía igual, pero además llevaba casco.

Max le incomodaba El casco así que no se lo puso.

Tony se quedó vigilando el patio, caminando en círculos .

Max, en cambio, subió y recorrió los pasillos de la parte superior del edificio, cerca de la oficina del mayor.

Entonces vio: una puerta estaba mal cerrada esa puerta era la oficina de mayor.

Intentó cerrarla.

Penso–capaz se habían olvidado de cerrar bien la puerta , pero no cedió.

Pensó que quizá las puertas se había dañado ,decidió abrirla para ver qué tenía.

abajo había un pedacito de madera pequeña interrumpía la puerta.

—No te muevas —dijo una voz femenina a su espalda.

Sintió algo frío, de cristal, presionándole el cuello.

—Cierra la puerta despacio.

Max obedeció.

La puerta no terminó de cerrarse; solo quedó encajada.

La voz le ordenó que bajara el arma.

Max se agachó y dejó el rifle en el suelo.

En ese instante aprovechó el descuido y empujó a la chica hacia atrás, haciéndola caer.

La sujetó de ambos brazos y la inmovilizó.

—¿Qué haces aquí a esta hora?

—le preguntó, desconfiado—.

No deberías estar aquí.

Automáticamente pensó en la oficina del mayor.

Por unos segundos pensó muchas cosas: que tal vez era una ladrona, una espía, algo peor.

Ese pensamiento le costó caro.

La chica le dio una patada directa en las partes privadas.

Max soltó un grito ahogado y se dobló del dolor.

Ella aprovechó y comenzó a golpearlo sin piedad hasta hacerlo caer ya se todo.

Lo sujetó de las manos, pero Max logró girarse y agarrarla por una muñeca.

La chica alcanzó el rifle e intentó golpearlo con la culata.

Max reaccionó apenas a tiempo, pero recibió un puñetazo en el rostro.

Se separaron.

Ella se levantó a la defensiva.

Golpeaba fuerte.

Sabía pelear, dominaba bien sus técnicas.

El chaleco antibalas estorbaba a Max en cada movimiento.

Se lo quitó y lo dejó a un lado.

Ahora era uno contra uno.

Se lanzaron al mismo tiempo.

Golpe tras golpe.

Caída tras caída.

La pelea se extendió durante casi seis minutos.

Ambos estaban agotados, sudados, respirando con dificultad.

Max terminó acorralado contra una pared.

La chica estaba encima de él, apuntándole con el rifle.

Él apenas podía mantenerse consciente.

Ella estuvo a punto de disparar… pero escuchó pasos acercándose.

Se quitó la camiseta ella seguía apuntándole después de eso Dejó caer el rifle a un lado.

Max, la agarró de la espalda la iba a empujar, pero de la nada.

Ella se inclinó y lo besó.

En ese momento la puerta se abrió.

Era Tony.

Al ver la escena, imaginó otra cosa.

La luz estaba apagada .

y solo la luna iluminaba el lugar.

Ambos estaban sudados.

La chica sin camiseta.

Esa posición.

Tony cerró la puerta de inmediato y se fue.

—Perdón… —murmuró desde afuera, riendo de forma incómoda.

Max se quedó mirándola, sorprendido.

Apenas Tony se cerro la puerta , la empujó.

Agarró el rifle y le apuntó.

—No te muevas.

La chica obedeció.

Max le apuntó directo a la cabeza.

—¿Qué haces aquí?

—Pues… me perdí.

Max no le creyó para nada.

Habló con la voz calmada, aunque por dentro estaba tenso.

—Dime la verdad.

Sé sincera y te dejo ir.

No diré nada… pero dime qué haces aquí.

—¿Y qué pasa si no soy sincera?

—Pues… Ella aprovechó ese segundo.

Se levantó de golpe y le quitó el arma.

Ahora él era el apuntado.

Max no dijo nada.

—Discúlpame —dijo ella—.

No es nada personal.

Es por el bien de todos y de tu país.

De verdad… discúlpame.

Apretó el gatillo.

Click.

No tenía balas.

Max no tenía su arma cargada ; las balas estaban en su chaleco.

En un movimiento rápido, Max recuperó el rifle y la sujetó por detrás.

La abrazó con fuerza para que no se moviera.

—Ahora sí.

Dime.

¿Cuáles son tus motivos?

—¿Y si te lo digo, qué me vas a hacer?

—Te dejo libre.

Ella suspiró.

No tenía opción.

—Estoy en la oficina del mayor… buscando documentos.

—¿Qué documentos?

—Registros de criminales y lugares de operaciones.

—¿Cómo?

—Verás… el ejército de Kalubeli trabaja con criminales.

Yo soy nubliar, de las fuerzas especiales.

Max se quedó en silencio, confundido.

—¿Me estás diciendo que el ejército de mi país trabaja con criminales?

—Sí.

—¿Y qué haces aquí?

—El mayor que dirige todo el servicio militar fue trasladado temporalmente acá.

Si amas a tu país, no cuentes nada.

Si amas a la gente, no cuentes nada.

Hablaba en serio.

Demasiado.

—Si muero, todo seguirá igual.

Tu país seguirá hecho pedazos.

Max tragó saliva.

—Tengo muchas preguntas.

—Si hablamos en la hora de descanso —dijo ella.

Pero vas a tener que actuar como mi novio… o algo así.

Para no levantar sospechas.

Max dudó.

—Ojalá que tu respuesta sea muy buena —dijo—.

Voy a poner mi vida en riesgo por ti.

—Si esto sirve para que la gente sea más feliz… daré lo que sea.

—Entonces así quedamos.

Yo hablo con mi compañero.

—así quedamos.

Max le pasó su camiseta.

Ella se vistió y se fue.

Tony estaba abajo esperando.

La vio bajar, pero no dijo nada.

Cuando Max bajó, Tony lo miró furioso.

—¿Tú qué m**** te pasa?

¿Perdiste la cabeza?

¿Se te ocurre hacer eso en la sala del mayor?

Si se enteran, estás con un pie afuera.

Y encima… pobrecita esa chica.

—Estaba nerviosa , temblaba Se le notaba.

Max improvisó.

—Es mi novia.

No pude esperar mas quería estar un rato a sola com ella.

Lo dijo incómodo.

—¿Y cuándo planeaste todo eso?

—preguntó Tony.

—Nos mandábamos papelitos es clases.

Está en mi mismo curso, no fue difícil.

Por favor… no digas nada.

Tony lo miró unos segundos.

—Está bien.

Pero algún día me vas a devolver el favor.

—Eh… ok.

Tony lo miró a los ojos —Lo digo en serio.

Max asintió.

Caminaron.

A Max todavía le dolía un poco abajo.

Tony se dio cuenta.

—Esa chica es una criminal.

Max se puso nervioso.

—¿Por qué dices eso?

—¿No ves cómo caminas todo chueco?

Max soltó una risa nerviosa.

Siguieron avanzando y max cambio de tema.

Comenzaron a hablar otra cosas.

Al llegar al cuarto despertaron a su compañeros, le dieron el casco, los chalecos y las armas.

Se acostaron como si nada hubiera pasado.

Max tenía demasiadas dudas.

No sabía si estaba haciendo lo correcto.

“Es por el bien de mi país”, pensó.

Mañana hablaría con ella.

Necesitaba respuestas.

Rezò… y después se quedó dormido.

Max no sabía que ese encuentro le iba a cambiar la vida para siempre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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