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Heredero De La Herida - Capítulo 21

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21: vacío 21: vacío Al llegar al cuarto después de clases, el ambiente se sentía denso, casi irrespirable.

Kelly estaba visiblemente preocupada.

Yili, sentada en el borde de la cama, no paraba de jugar con sus manos, nerviosa.

Pero lo de Alma era diferente.

No tenía ninguna expresión.

Era como si le hubieran robado los sentimientos, dejando solo un cascarón vacío.

Las otras compañeras, al notar la extraña atmósfera, se acercaron a preguntar.

—¿Ha empeorado el estado de Alma?

—susurró una compañera de la litera de al lado.

—Solo está cansada —cortó Kelly secamente, sin dar detalles.

En ese momento entró Lina.

—¿Cómo les fue hoy, chicas?

—preguntó con su tono habitual, de autoridad pero amable.

—Todo bien, mi Cabo —respondieron algunas al unísono.

Lina caminó entre las camas supervisando, hasta que su mirada cayó sobre Alma.

Se detuvo en seco.

La chica se veía terriblemente mal, mucho peor que antes.

—Alma —Lina se agachó para verla a los ojos—.

¿Qué tienes, Alma?

¿Te sientes mal?

—Mal…

—susurró Alma con la voz hueca—.

Me siento mal.

Lina no lo pensó dos veces.

—Esperen aquí —ordenó al resto—.

Vamos a la enfermería.

Tomó a Alma de la mano y se la llevó.

Las chicas se quedaron murmurando, preocupadas.

Sabían que estaba enferma, pero nadie imaginaba que fuera tan grave.

Daniela, sintiendo la inquietud general, se acercó al grupo de Kelly y Yili para intentar entender qué sucedía.

—¿Qué tiene Alma?

—preguntó Daniela.

Kelly y Yili intercambiaron una mirada hermética.

—Ya escuchaste.

Solo empeoró de la nada —dijo Yili, desviando la mirada.

Pero Kelly se quedó mirando a Daniela fijamente, con una intensidad que incomodaba.

Daniela notó la hostilidad en sus ojos y decidió no insistir.

“Mejor me hago la loca”, pensó, y se retiró a su cama.

El ambiente se fue calmando poco a poco, y Daniela se distrajo pensando en qué número pondría en la puerta del mayor.

De pronto, una voz rompió sus pensamientos.

—Daniela.

Era Kelly.

Estaba parada frente a ella con el rostro serio.

—Sígueme.

Es importante.

Salieron del cuarto y caminaron unos seis metros por el pasillo, lo suficiente para que nadie escuchara.

Kelly no se anduvo con rodeos.

—¿Tú sabes con quién estás saliendo?

—soltó de golpe.

Daniela frunció el ceño, confundida.

—No entiendo a qué te refieres.

—No te hagas la tonta.

¿Sabes quién es él o no?

—Kelly, habla claro.

—Ese chico con el que andas, Max…

—Kelly dio un paso adelante, invasiva—.

Es el hermano de Alma.

¿Lo sabías?

Daniela se quedó helada.

Su mente intentó procesar la información.

“¿Hermanos?

Max nunca me mencionó que tenía hermana”, pensó para sí misma.

—La verdad…

me cae de sorpresa —admitió Daniela, recuperando la compostura—.

¿Y qué tiene que sea su hermano?

No tiene nada de malo.

La respuesta pareció encender una mecha en Kelly.

Llena de rabia, levantó la mano para soltarle una cachetada.

Daniela reaccionó por instinto, bloqueando el golpe en el aire y sujetándole la muñeca con fuerza.

—¡¿Qué te pasa?!

—exclamó Daniela, empujando su brazo.

Kelly la miró con desprecio, pero no dijo nada más.

Se dio la vuelta y se marchó, dejándola sola.

Daniela se quedó allí, confundida y con el corazón acelerado.

“¿Por qué Kelly reaccionó así?

¿Le gustará Max?”.

Decidió no darle más vueltas a un drama que no era suyo, entró al cuarto y se acostó a esperar a Lina.

En la enfermería, un teniente primero de unos 45 años, médico encargado, revisaba a Alma.

—Doctor —dijo Lina, claramente angustiada—, mi recluta lleva días enferma, pero hoy empeoró drásticamente.

Acostaron a Alma en la camilla.

Tenía la presión baja, el corazón le latía demasiado despacio y su piel estaba helada.

Sin embargo, tras los análisis rápidos, el doctor frunció el ceño.

—Es extraño —murmuró el médico revisando los resultados—.

La sangre está bien.

No hay infección, no hay anemia.

Físicamente, no tiene nada.

—¿Entonces?

—Debe ser agotamiento extremo o algo psicológico.

Le daré un sedante fuerte para que duerma y se recupere.

Déjela aquí unas horas.

Lina asintió y regresó al cuarto.

Les informó a las chicas que se cancelaban las actividades: —Hoy descansan.

No quiero que nadie más se enferme.

A dormir.

Mientras el dormitorio quedaba en silencio, Alma, bajo el efecto de los sedantes, cayó en un sueño profundo y oscuro.

Un recuerdo de su infancia emergió.

Estaba en el orfanato.

Era muy pequeña.

Jugaba con otros niños, se encariñaba rápido, pero siempre se los llevaban.

Cada vez que amaba a alguien, desaparecía.

Alma—le preguntaba a Josué con voz temblorosa—, ¿por qué se llevan a mis hermanos?

—Ellos van a un lugar dónde les van a dar mucho amor, Alma —respondía Josué con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—.

No te sientas mal.

Pronto tendrás una familia que nunca te dejará.

Falta poco.

Pero era mentira.

Nadie la elegía.

Pasaban de largo como si fuera invisible.

Quizás porque aparentaba más edad, o quizás porque había algo en ella que los repelía.

Dejó de jugar.

Dejó de comer.

Sentía que todos la abandonaban; sus “hermanos” se iban y ella se quedaba.

Intentaban jugar con ella, le traían comida, Josué la consolaba, pero nada funcionaba.

Hasta esa noche.

Un día antes de que llegara él.

Estaba deprimida en su cama.

Josué apagó las luces.

Alma no podía conciliar el sueño.

Horas después, escuchó voces y luego un llanto.

Sintió un tirón en el pecho, una llamada silenciosa.

Se bajó de la cama, despeinada y con sueño, salió al pasillo y lo vio…

El tiempo saltó en el sueño.

Años después.

—Hermana, eres muy bonita —le decía Max mientras le peinaba el cabello con torpeza.

Ella sentía una felicidad absoluta, casi dolorosa.

—Hermana, tengo miedo…

¿puedo dormir contigo?

—Ven.

Él la abrazaba al dormir.

Era suyo.

La escena cambió.

Ahora eran adolescentes.

—Oye, Alma —dijo Max riendo—, cuando te cases y tengas hijos, te juro que seré el mejor tío del mundo.

Alma lo miró fijamente.

En su mente, una voz oscura y posesiva susurró: “No tengo duda de eso.

Porque serán tuyos”.

—¿Alma?

—Max le pasó la mano por la cara—.

Te quedaste pensando en algo.

—No es nada —respondió ella, y ambos rieron.

Pero la risa de ella no era igual.

Alma despertó de golpe con los ojos húmedos.

—Jovencita, ¿ya se siente mejor?

—preguntó el doctor.

—Sí.

Ya me siento mucho mejor —respondió con una simplicidad que daba escalofríos.

—Bien.

Espere a que su instructora venga por usted.

Alma obedeció.

Se quedó sentada, inmóvil, hasta que Lina llegó.

Ya había anochecido.

Al entrar al cuarto, las chicas le dieron la bienvenida, aliviadas.

Todas se acercaron a darle un abrazo.

—¡Alma!

Qué bueno que estés bien.

Daniela, intentando ser amable al ver que Alma se veía visiblemente mejor, se acercó también a abrazarla.

—Me alegra que estés bien —le dijo.

En el momento del abrazo, Daniela sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Al separarse, vio los ojos de Alma.

No había gratitud, ni calidez.

La miraba con una intensidad depredadora, intimidante.

Daniela retrocedió instintivamente, confundida.

Esa noche, Daniela intentó dormir, pero sentía una presencia pesada.

Aunque cerraba los ojos, sabía que alguien la miraba con odio desde la oscuridad.

Finalmente, el cansancio la venció.

Al día siguiente, durante la hora de descanso, Daniela caminaba con Max, hablando disimuladamente sobre sus planes.

De la nada, Daniela soltó la pregunta.

—Ayer me enteré de algo…

¿Alma es tu hermana?

Max suspiró y asintió.

—Sí, lo es.

—¿Por qué nunca me dijiste que tenías una hermana?

Pensé que eras hijo único.

Max la miró con curiosidad.

—¿De dónde la conoces?

—Es compañera de mi pelotón —explicó Daniela—.

¿Tú hablas con ella?

—Pues…

amigas, amigas no somos.

Solo somos conocidas.

—¿Y cómo está Alma?

—Pues ayer estaba súper mal, se la llevaron a enfermería —dijo Daniela.

Al escuchar eso, Max se desesperó un poco.

—¿Y qué tiene?

¿Está bien?

Daniela notó su alteración inmediata.

—Tranquilo, ya está bien.

Hoy ya se ve normal, a simple vista.

Se hizo un breve silencio y Daniela no pudo evitar preguntar: —¿Por qué te alteraste tanto cuando te dije que estaba enferma?

—Pues es mi hermana.

Es normal que me preocupe, es mi única hermana.

La quiero mucho y me preocupo por ella, aunque actualmente estamos un poco separados.

—¿Por qué?

—indagó Daniela.

—Pues en estos últimos años ella ha tenido un comportamiento muy inestable.

A veces me habla, a veces no.

Ahora no me quiere ni ver, La dejaré en paz.

Ya debe madurar.

—¿Entonces van a seguir peleados?

—Yo no diría que estamos peleados —dijo Max, restándole importancia—.

Posiblemente se le pase en unas semanas.

—Alma suele ser muy callada y reservada, pero es amable con todas.

—Sabía que tenía un hermano, pero nunca pensé que fueras tú.

—Ella también te quiere bastante, ¿sabes?

—sonrió Max.

—Pues claro, si somos hermanos.

Ambos se rieron.

Lo que Daniela no sabía, y Max ignoraba, era que no estaban solos.

A lo lejos, oculta tras una esquina del edificio, Alma los observaba.

A su lado estaban Kelly y Yili.

Diez minutos antes, Alma se había levantado de su asiento donde Verónica la cuidaba.

—Ya estoy bien —dijo Alma—.

Voy a salir a caminar.

Verónica se sorprendió de su rápida recuperación, pero la dejó ir sabía lo que sentía no más se rió con una sonrisa pequeña.

Kelly y Yili se unieron a ella.

—¿A dónde vamos?

—preguntó Yili.

—A caminar —dijo Alma, con la voz plana.

Kelly notó de inmediato que Alma trazaba una ruta específica: cerca de la vía donde solía estar Daniela, pero lo suficientemente lejos para no ser vistas.

—¿Por qué siempre caminamos por aquí?

—se quejó Yili—.

Ya me cansé de dar vueltas.

Kelly le dio un codazo discreto y le hizo una seña con los ojos, señalando a Alma y luego hacia donde estaban Max y Daniela a lo lejos.

Yili entendió y se calló.

Desde su posición, Alma veía a su hermano reír con esa chica.

La furia bullía bajo su piel, pero su rostro estaba estático.

El timbre sonó, salvando la situación.

Todos debían volver a las aulas.

Nadie notó la mirada de Alma, excepto dos chicos que pasaban cerca: Miller y Tony.

Miller, siempre imprudente, hizo ademán de acercarse a las tres chicas.

—Oye, voy a hablar con ellas…

Tony lo agarró del brazo con fuerza y lo detuvo en seco.

—¡No vayas, idiota!

—¿Por qué?

—Mira la cara de la hermana…

—susurró Tony con miedo—.

¿No te da escalofríos?

Miller miró bien a Alma,su expresión irradiaba una furia asesina, una oscuridad que no parecía humana.

—Mierda…

—murmuró Miller, retrocediendo—.

Tienes razón.

Vámonos.

Ambos chicos se alejaron rápidamente, subiendo hacia las aulas.

las Chicas también subieron poco después.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES T0TIT0 buenas todos me gustaría decirle que voy a estar ocupado haciendo otro proyecto que no tiene nada que ver con novelas bueno lo que quiero decir voy a subir capítulos muy extraña vez pido disculpas debo aclarar que la novela que están leyendo no es algo que piensen que va a pasar es algo muy complejo para mí pero quiero enfocarme en otro proyecto pero sí voy a seguir subiendo capítulo muy poco seguido si veo que con el tiempo va cogiendo más gente la novela voy a subir más constante capítulos pero la novela va a seguir hasta un cierto punto que es la mitad de la novela así que muchas gracias

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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