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Heredero De La Herida - Capítulo 23

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Capítulo 23: Espera…

​Faltaba una semana para salir de franco. Max estaba, como de costumbre, sentado con Daniela. Últimamente, ellos dos no hablaban mucho sobre la operación de la puerta del mayor; no habían logrado nada. Ella estaba un poco frustrada, pues no funcionaban las fechas que posiblemente eran de sus hermanos, ni de sus padres o abuelos. Ni de los hijos. Nomás le quedaban los nietos, los sobrinos y las sobrinas, que eran unos cuantos.

​Max estaba más amigable. Solía molestarla y tocarle los cachetes; se habían vuelto buenos amigos. Disimulaban muy bien como novios. Pero Alma los veía de lejos a los dos, y ellos lo sabían.

​Durante la primera semana que los observaba, Max no se había dado cuenta. Fue Tony quien le había dicho que su hermana se la pasaba vigilándolo.

​Max no sabía qué decir.

​—Parece que no le agrada que hables con Daniela, la mira mucho —dijo Tony.

​—Pues creo que anda sorprendida. Todo fue muy rápido, jeje —respondió Max.

​—Pues no lo sé, no es normal la forma en que los mira.

​—Suele ser así, se comporta de forma extraña, pero es normal en ella.

​—Entonces, ¿sigues en esa posición? ¿No piensas hablarle? —preguntó Tony.

​—Si ella no me da la cara, no pienso hablarle.

​—Me parece bien. Me parece una chica muy inmadura.

​Max lo miró de una forma incómoda. Tony se dio cuenta de su mirada.

​—¿En serio piensas que yo soy el inmaduro? —preguntó Tony.

​—Pues sí.

​Los dos se rieron suavemente.

​Y así pasó una semana. Llegó el día de salir del cuartel de vacaciones por dos días. Alma seguía con su rutina diaria: levantarse, escuchar clases, espiar a Max y el entrenamiento de práctica militar. El ambiente entre sus compañeras seguía casi igual, menos entre Daniela y Alma; esas dos no se llevaban bien. Semanas antes, las chicas se habían enterado de que Daniela andaba con el hermano de Alma. Murmuraban mucho, pero al final no llegaban a nada, solo eran comentarios de todo tipo. Alma lloraba de noche casi todos los días.

​Llegó el día de franco, que es cuando a los reclutas o militares les dan descanso por unos pocos días. Nuestros dos muchachos ya estaban equipados con sus cosas. A todos los del cuartel les pagaban mensual dependiendo del rango; a nuestros muchachos les pagaban 240 kilas, que recogieron en la oficina de administración. Después de eso, subieron a su respectivo bus, hombres y mujeres por separado.

​En unas pocas horas, habían llegado al lugar de donde se habían ido: la oficina de reclutamiento militar. En esa oficina hacían papeles militares y administración de todo tipo. Llegaban muchos buses con una diferencia de veinte minutos y había muchos familiares esperando a sus hijos.

​Cuando bajaron, Alma y Max esperaban a Josué, porque a todos les habían enviado un correo escrito con la fecha de cuándo salían, aunque no era obligatorio ir a recogerlos. Alma y Max estaban alejados el uno del otro, a unos diez metros aproximadamente. Los amigos de Max y Alma se quedaron un rato hablando con ellos. Poco a poco llegaron los familiares de cada uno; casi todos aún no se iban, otros los iban a ver.

​Y esperaron. Diez minutos, después media hora, después una hora… Varias horas pasaron y no aparecía Josué. Los muchachos buscaban un carro plomo, pequeño y sencillo; el mismo carro que los dejó aquel día, pero no apareció.

​Ya iban a ser las 8:00 de la noche. El último bus cruzaba a las 8:00 para ir a su hogar. El problema era que pasaba cada cuarenta minutos y ya eran las 7:20. Los dos lo sabían: tenían que subirse al mismo bus.

​Después de unos pocos minutos pasó el último transporte. Se subieron con comodidad, pues aparentemente el bus estaba casi vacío. Alma se sentó en los primeros asientos y Max se sentó en el último asiento del bus. Eso le molestó a Alma. Max se sentía mal, pero quería que ella le hablara primero. Él estaba sentado en un lugar donde todo estaba vacío, mientras que donde estaba Alma había un poco de gente.

​Después de varios minutos, llegaron a su hogar. Alma fue la primera en tocar la puerta. Atrás de ella venía Max; un par de segundos después, ya estaba detrás de ella. Alma quería llorar. Max estaba a su lado, muy cerca, a unos veinte centímetros de distancia el uno del otro. El ambiente se hizo incómodo. Tocaron otra vez la puerta. Pasaron muchos segundos y la tensión era muy pesada. Después de unos pocos segundos más, la puerta comenzó a abrirse lentamente. Ahí estaba Josué

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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