Heredero De La Herida - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: La Promesa Rota 4: La Promesa Rota Había pasado unos poco días desde mi cumpleaños .
Últimamente mi mamá estaba extraña No entendía por qué mi mamá estaba tan callada,pero su silencio pesaba… como cuando el cielo se oscurece sin llegar a llover.
Unos pocos días después.
salimos en nuestro recorrido de siempre, pero ese día algo en mí vibraba distinto; era como caminar dentro de una despedida que yo aún no sabía que estaba ocurriendo.
Cuando llegamos a la esquina de siempre, mi mamá se agachó, me acomodó la camiseta y dijo: —Hoy va a ser un día especial, Maxi.
Lo dijo con una sonrisa pequeña, casi frágil.
Pero ese día no llevó la mesa portátil.
No vendimos.
Fuimos regalando empanadas con quaker caliente por todo el sector:pescadores, ancianos, gente que nunca habíamos visto.
Mi mamá sonreía,pero su sonrisa era… diferente: parecía la última luz de una vela antes de apagarse.
Luego caminamos hacia la casa de Bibi.
Antes de entrar,mi mamá me dijo: —Espérame aquí un momentito, ¿sí?
Me quedé en la sala mirando una puerta entreabierta.
La voz de mi mamá salía bajita,temblando; Bibi hablaba algo que no logré entender.
Cuando salieron,Bibi me dio un abrazo fuerte, de esos que parecen envolver un secreto.
—Sé un hombre fuerte —me dijo—, para que protejas a tu mamá cuando crezcas.
No entendía por qué me decías eso.
Yo solo pensaba en cuidar de mami.
—Vamos, Maxi —dijo mi mami.
Y no explicó nada más.
La Última Huella Al llegar a casa, mi mamá empezó a guardar ropa en una maleta roja vieja.
No había mucho más que empacar.
Me llamó con la voz más suave que le recuerdo: —Ven acá, mi cielo… siéntate conmigo.
Me sentó entre sus piernas.
Su voz se quebró como si algo dentro de ella moviera —¿Te gustaría vender más empanadas conmigo… cuando seas grande?
—Sí, mami —dije sin pensarlo.
Ella cerró los ojos.
Esa respuesta la partió en dos.
Buscó una botella con aceite y me tomó de la mano.
—Ven.
Vamos a dejar nuestra huella.
En la pared donde generaciones habían dejado sus manos marcadas, ella presionó la suya.
Luego guió la mía justo al lado.
El aceite brilló como un pequeño sol tembloroso.
Con un marcador casi seco escribió algo encima de nuestras huellas.
Yo no sabía leer.
—¿Qué dice, mami?
Ella sonrió, pero era una sonrisa rota.
— mi orgullo.
La abracé sin entender por qué me dolía el pecho.
Ella temblaba.
Cerró la puerta de la casa.
Ese sonido…fue como escuchar cómo se cierra un libro para siempre.
El Viaje que No Entendí Tomamos un bus distinto al de siempre.
El número once.
Nunca lo habíamos tomado.
Miré por la ventana cómo el mar se hacía pequeño hasta desaparecer.
Me dormí.
Lo último que alcancé a ver fue un rótulo grande que no supe leer.
Cuando desperté, ya no había playa: solo frío, carreteras largas, bosques y autos que parecían venir de otra vida.
Llegamos a un terminal enorme.
Mi mamá compró dos boletos.
—Mami, tengo hambre… —le dije.
—Cuando lleguemos, mi amor… —respondió sin despegar la mirada de una pantalla vieja.
Subimos a otro bus.
un vendedor ofrecía coco y frutos secos.
Ella compró agua de coco y me la pasó como si fuera un tesoro.
El paisaje cambió: bosques,sequedad, montañas, nieve… y finalmente edificios gigantes que brillaban como espejos rotos en el cielo.
El frío me dolía en los dedos, así que mi mamá me puso tres camisetas y un gorrito barato.
Viajamos hasta que la noche nos alcanzó.
El Parque No encontramos dónde dormir.
Todo era caro.
Todo estaba lleno.
Terminamos en un parquecito, dentro de un módulo de plástico, como una casita de juguete.
—Duérmete, mi amor… —susurró mi mamá abrazándome.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que una linterna nos iluminó.
Era un policía.
—Buenas noches, señora… no pueden quedarse aquí.
No es seguro.
Mi mamá se incorporó rápido.
—Disculpe… solo por hoy… no tenemos… El policía me vio y sin decir nada me puso su manta encima.
Habló un momento con mi mamá,lejos de mí.
Ella miraba al suelo;él parecía preocupado, no molesto.
Entonces llegó una moto.
Dos hombres encapuchados.
Uno se bajó.
El policía sacó su arma.
—¡Alto ahí!
El disparo retumbó como un trueno.
El policía cayó.
—¡MAX, CORRE!
—gritó mi mamá.
Pero mis piernas no respondieron.
Tres disparos más.
Uno le dio en la pierna.
Otro en el brazo.
El tercero,directo en el pecho.
Mi mamá cayó de rodillas.
Corrí hacia ella, pero una bala rozó mi muñeca.
Sentí un golpe seco.
La pulsera que siempre usaba se rompió…pero me protegió.
Sirenas.
Gritos.
Luces azules cortando la noche.
El policía, agonizando, disparó desde el suelo y abatió al atacante.
El otro escapó herido.
La Última Promesa Corrí donde mi mamá.
Estaba caída de lado, respirando raro, como si el aire le doliera.
Sus ojos medio abiertos parecían querer quedarse…pero también irse.
—Mami… —le toqué la mano; estaba helada— ¿qué te está pasando?
¿Qué es ese líquido rojo?
Mami, levántate… no es hora de dormir… Ella trató de sonreírme.
—Mi… mi niño… mi Maxi… Yo lloraba sin darme cuenta.
—Mami… ¿te caíste?
¿Por qué no me miras bien?
Perdón, mami… perdón… levántate ya… Ella negó despacio.
Me tocó la mejilla con sus dedos ensangrentados.
—No… no es tu culpa… mi amor… tú nunca… nunca has hecho nada malo… La abracé con toda mi fuerza.
—Vámonos, mami… yo te ayudo… mira, yo te cargo la maleta… vámonos a casa… Ella inhaló con dolor.
—Maxi… escucha… —su voz era un hilo— tú fuiste… tú eres… lo mejor que me pasó en la vida… Su mirada se nubló.
—Yo quería darte todo… pero la vida no me alcanzó… perdóname… perdóname por ser tan egoísta… —¡No digas eso!
—grité— ¡yo no quiero otra mamá!
¡Yo quiero a mi mami nomás!
Ella rió muy despacito, como si esa risa también le doliera.
—Mi Maxi… tú eres un niño bueno… un corazón bonito… Yo asentí llorando.
—mami… yo te hago caso… seré lo que tú quieras… pero quédate conmigo… Sus dedos se aflojaron en mi mejilla.
—No tengas miedo, mi cielo… tú puedes… Lo único que quiero que me prometas —tragó saliva— es que sigas lo que te guste, lo que te haga feliz.
Prométeme que estarás bien, sea lo que sea.
Le tomé la mano con desesperación.
—Sí, mami… te lo prometo… seré.
.seré el mejor… Ella respiró hondo.
Ese suspiro sonó como una puerta cerrándose desde adentro.
Y con una sonrisa chiquita, y hermosa, cerró los ojos.
El mundo se apagó Y la noche se volvió más fría que la nieve.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com