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Heredero de la sombras - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 CAPÍTULO 20 — Entre Hermanos y Sospechas
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20: CAPÍTULO 20 — Entre Hermanos y Sospechas 20: CAPÍTULO 20 — Entre Hermanos y Sospechas Max no había dormido.

Ni siquiera lo había intentado.

Estuvo sentado en el borde de su cama durante horas, con las manos temblando y la mente atrapada en un torbellino de voces militares, preguntas invasivas y la mirada de Valen Aerhart perforándole el alma.

Sabía que en cualquier momento, alguien llamaría a su puerta para llevarlo a otra evaluación.

Sabía que lo estaban vigilando.

Sabía que lo habían marcado como “interesante”.

Y eso nunca significaba algo bueno.

Pero lo que más miedo le daba… era haber mencionado el nombre de Gael.

Cuando la puerta se abrió de golpe, Max se levantó de un salto.

Gael estaba allí.

Serio.

Cansado.

Y con un brillo extraño en los ojos; no furia… sino preocupación.

—Tenemos que hablar —dijo Gael, entrando sin esperar invitación.

Max sintió que la garganta se le cerraba.

—Hermano… yo… —¿Qué pasó?

—preguntó Gael, cerrando la puerta detrás de él.

Max respiró hondo, pero el aire le temblaba en los pulmones.

—Me interrogaron… —soltó al fin—.

Los de la Academia Militar Mundial.

Tres de ellos.

Me sacaron del pasillo y me llevaron a una sala con runas de contención.

Gael se acercó un paso más.

—¿Por qué a ti?

Max bajó la mirada.

—Porque… porque detectaron energía irregular cerca del bosque.

Dijeron que no coincidía con la criatura… sino con un humano.

Y como soy mago… fui el más sospechoso.

Gael frunció el ceño.

Era una coartada horrible.

Era la verdad… pero una verdad peligrosa.

Max sí tenía energía irregular, pero no por la criatura.

Su “modo despierto” era un secreto que incluso él temía.

Gael le sostuvo el brazo con firmeza.

—¿Te hicieron daño?

—No… no físicamente.

Pero me analizaron.

Intentaron leer mi energía interna.

Gael apretó los dientes.

—¿Lo lograron?

Max negó, tembloroso.

—No completamente.

Dijeron que había… algo dentro de mí.

Un bloqueo.

Una energía dormida.

Creen que oculto algo, pero no saben qué es.

Gael suspiró con alivio… leve, pero real.

—Entonces no te descubrieron.

—No… pero, Gael… —Max levantó la mirada, con los ojos rojos por el miedo—… cometí un error.

Gael sintió cómo todo su cuerpo se tensaba.

—¿Qué error?

Max tragó saliva.

—Dije tu nombre.

El silencio que siguió fue brutal.

Gael se quedó quieto, como si el tiempo se hubiese congelado alrededor.

—¿Qué nombre?

—preguntó con voz baja.

—El tuyo —susurró Max—.

Cuando me llamaron, uno de ellos escuchó que dije “Gael…”.

Y al final, el maestro… el tal Aerhart… dijo que… que también tenían que vigilarte.

Gael cerró los ojos un segundo.

Un error pequeño.

Un nombre.

Una sola palabra.

Y ahora Aerhart tenía una razón para fijarse en él.

Max continuó, desesperado: —Hermano… no lo hice a propósito.

Tenía miedo.

Pensé que iba a desaparecer, que me iban a encerrar o… no sé… —su voz se quebró—.

Yo no quería meterte en esto.

Gael abrió los ojos y tomó aire.

—No te culpo —dijo, y era sincero—.

Esos tipos están entrenados para quebrar a la gente sin tocarla.

No espero que aguantes lo que ellos hacen.

Max lo miró sorprendido.

Esperaba ira.

Reproche.

Pero Gael solo estaba… preocupado.

—Max —dijo Gael, más suave—.

¿Te hicieron prometer algo?

¿Te pidieron que los guiaras hacia alguien más?

—No.

Solo me ordenaron una evaluación mañana al amanecer.

Gael frunció el ceño.

—Eso no es bueno.

Max negó varias veces, como si quisiera desaparecer.

—Gael… si ellos te llaman también… no vayas.

Por favor.

No te acerques a ellos.

Gael quedó en silencio.

Tenía que fingir normalidad.

Tenía que evitar activar la sombra.

Tenía que evadir a Aerhart… y al mismo tiempo, no actuar sospechoso.

Una cuerda floja sobre un abismo.

Gael puso una mano en el hombro de Max.

—No te preocupes.

No voy a dejar que te pase nada.

Pero necesito que mañana, en esa evaluación, uses solo lo básico.

Nada raro.

Nada fuerte.

No dejes que toquen esa energía dormida.

Max tragó saliva otra vez.

—¿Y si me obligan?

Gael apretó su hombro.

—Entonces yo intervendré.

Max abrió los ojos.

—¿Contra la Academia Militar Mundial?

¡Gael, no puedes!

Ellos— —No voy a dejar que alguien decida qué hacer contigo —interrumpió Gael con una calma firme que no parecía humana—.

Ni con nadie que me importe.

Max sintió un nudo en el pecho.

Gael se levantó para irse, pero antes de abrir la puerta, Max dijo algo más: —Gael… si ellos sospechan de mí… dudo que te dejen en paz.

Gael no respondió de inmediato.

Solo dijo, mirando hacia el pasillo: —Entonces tendrán que buscar muy bien… para encontrar algo.

Y salió.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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