Heredero de la sombras - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 CAPÍTULO 23 — El Valor que Nace en Silismo
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23: CAPÍTULO 23 — El Valor que Nace en Silismo 23: CAPÍTULO 23 — El Valor que Nace en Silismo Los portales Serie-4 vibraban suavemente al activarse.
Cada uno era un anillo metálico conectado por cables energéticos a una consola central que mostraba gráficas en tiempo real del terreno simulado.
La luz azul que llenaba su interior se ondulaba como agua suspendida.
La profesora Karelys revisaba los parámetros desde la pantalla holográfica.
—Portal estabilizado.
Categoría Baja.
Clima simulado: bosque lumínico.
Preparados para ingresar —anunció.
Gael y Max avanzaron junto a su pequeño grupo.
Max respiró profundo, pero esta vez no parecía quebrarse por dentro.
Más bien… estaba concentrado.
—Grupo tres —llamó Karelys—, adelante.
Gael cruzó el portal primero, Max justo detrás.
Un tirón leve… un destello azul… y el mundo cambió.
Aparecieron en un bosque artificial: árboles altos con hojas luminiscentes, aire denso diseñado para aumentar resistencia, suelo irregular que obligaba a mantenerse alerta.
Todo era una simulación controlada, pero lo bastante real para ponerlos a prueba.
—Bienvenidos al Bosque Prisma —dijo Karelys por los comunicadores—.
Su misión es recuperar tres núcleos energéticos dispersos.
Manténganse juntos.
El grupo avanzó.
Las luces naturales que emitían los árboles daban una sensación tranquila… hasta que un ruido interrumpió el silencio.
CRACK.
Algo se movió rápido entre los arbustos.
Una pequeña criatura reptiliana con escamas cristalinas salió disparada hacia ellos.
Era ágil, agresiva, pero de rango bajo.
Gael reaccionó de inmediato, desviando el primer ataque con un golpe de energía interna.
—¡Ahora, Max!
—exclamó.
Antes, Max habría dudado.
Quizás habría retrocedido o esperado que alguien más actuara.
Pero hoy… Max corrió hacia la criatura.
Su rostro ya no mostraba miedo, sino decisión.
Trazó un gesto rápido en el aire, concentrando energía luminosa en la palma.
¡FWHAM!
Un destello impactó al reptil, haciéndolo retroceder varios metros.
—¡Cuidado!
—gritó otro del grupo cuando la criatura volvió a levantarse.
Max dio un paso adelante.
—Déjenmelo.
La criatura saltó.
Max giró el cuerpo con precisión y descargó un golpe de energía concentrada justo en su torso.
El reptil cayó al suelo, inmóvil.
Silencio.
Los compañeros del grupo lo miraron sorprendidos.
Incluso Gael parpadeó.
—Eso fue… increíble —dijo.
Max respiró hondo.
—No quiero seguir siendo un estorbo —respondió—.
Así que… voy a cambiar.
El sistema de Gael vibró levemente: [Observación: aliado mostrando crecimiento inusual.] [Recomendación: seguir monitoreando.] El grupo retomó la misión.
El primer núcleo estaba escondido bajo un árbol cristalino.
El segundo, dentro de una cueva simulada vigilada por dos bestias menores que evitaron con estrategia.
El tercero se encontraba en lo alto de un tronco artificial enorme.
Max subió primero, ágil, sin pensarlo dos veces.
—Lo tengo —dijo al bajar.
Cuando regresaron al punto de entrada, el portal de retorno ya estaba abierto y la profesora Karelys los esperaba desde afuera con las pantallas de rendimiento en la mano.
—Excelente trabajo, grupo tres —felicitó—.
Y Max… Max levantó la mirada.
—Demostraste control, precisión y valentía.
Sigue así.
Max asintió, serio.
Aquella versión temerosa de sí mismo empezaba a quedar atrás.
Los guardias del Ejército Mundial observaban desde el fondo.
Uno de ellos inclinó la cabeza apenas al ver a Gael.
No dijo nada.
Pero lo estaba analizando.
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