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Heredero de la sombras - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 CAPÍTULO 24 — Evaluaciones Bajo la Mirada del Ejército
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24: CAPÍTULO 24 — Evaluaciones Bajo la Mirada del Ejército 24: CAPÍTULO 24 — Evaluaciones Bajo la Mirada del Ejército Tras el entrenamiento en el Bosque Prisma, los portales Serie-4 se apagaron uno a uno.

Las luces azules se disiparon hasta quedar solo las estructuras metálicas y el eco suave de los estabilizadores terminando su ciclo.

Los estudiantes conversaban en grupos, aún con la adrenalina del entrenamiento corriendo por las venas.

Al fondo de la sala, tal como todo el día, los dos guardias del Ejército Mundial permanecían inmóviles.

Sin hablar.

Sin acercarse.

Solo… observando.

Eran una presencia silenciosa pero imponente.

Recordaban a todos que Orlan ya no era un lugar aislado del mundo, sino un punto bajo vigilancia militar.

La profesora Karelys revisaba los datos en la consola central: rendimiento, tiempo de reacción, gasto energético.

Sus dedos se movían con rapidez sobre la interfaz táctil.

Gael Zomun se quedó junto a Max.

Ambos respiraban con fuerza, cansados pero satisfechos.

—Lo hiciste bien —dijo Gael.

Max, que antes solía evitar la mirada de otros, ahora sostenía la de Gael con firmeza nueva.

—Me sentí… distinto —admitió—.

Más seguro.

Gael sonrió.

—Eso se notó.

Pero en ese momento, Karelys levantó la voz: —Max , acércate un momento.

Necesito revisar algo de tu desempeño.

Max se crispó un poco, por reflejo.

Gael lo notó.

—Es solo Karelys —dijo—.

No los militares.

Max asintió, respiró hondo y caminó hacia la profesora.

Ella no lo llevó a ninguna sala aislada.

No lo apartó de manera sospechosa.

Solo le indicó que se pusiera frente a un panel portátil.

—Max, tu rendimiento aumentó de forma inesperada —explicó Karelys, manteniendo un tono profesional—.

Quiero verificar tu estabilidad energética antes de darte la calificación final del ejercicio.

Max asintió.

—Sí, profesora.

Lo entiendo.

Karelys activó un escáner manual: una placa fina, rectangular, que proyectaba un cilindro de luz desde arriba.

Era parte del protocolo estándar después de cada práctica avanzada.

El panel analizó ritmo energético, flujo interno, control emocional.

Todo era normal… excepto un apartado que parpadeó en color naranja.

Karelys frunció ligeramente el ceño.

—Interesante… Max inhaló.

—¿Algo malo?

Ella negó.

—No.

Nada peligroso.

Es solo… una variación inusual.

Tu estructura energética está empezando a estabilizarse con más rapidez de la esperada.

—¿Eso es bueno?

—Muy bueno —respondió Karelys con una pequeña sonrisa—.

Significa que estás creciendo.

Pero quiero monitorear tu progreso durante la semana.

Solo por seguridad.

Max se relajó.

—Claro.

Gracias, profesora.

Mientras tanto, Gael observaba desde lejos.

Nadie lo estaba vigilando.

Nadie lo había llamado.

Los guardias seguían en su sitio, de pie, sin una sola palabra.

Parecían más máquinas que soldados.

Cuando Max terminó, se acercó a Gael.

—No fue nada grave —dijo, con un tono más firme que antes—.

Solo querían ver por qué avancé tan rápido.

Gael asintió, aliviado.

—Lo importante es que estás bien.

Max lo miró con una expresión que Gael no había visto antes.

Determinación.

—Voy a seguir mejorando —dijo Max—.

No quiero ser el que necesita ayuda.

Quiero estar a tu altura… o al menos intentarlo.

Gael lo observó unos segundos.

No era un comentario por ego.

No por orgullo.

Era una promesa.

Los grupos comenzaron a salir del salón.

La profesora Karelys apagó la consola.

Y los dos guardias del Ejército Mundial… simplemente se giraron para seguir vigilando la salida, como parte de un protocolo que no interfería con nadie.

Sin amenazas.

Sin intervenciones.

Solo la presencia silenciosa de un mundo que se estaba volviendo más peligroso.

Gael y Max dejaron la sala juntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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