Heredero de la sombras - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 CAPÍTULO 25 — El Eco del Cambio
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25: CAPÍTULO 25 — El Eco del Cambio 25: CAPÍTULO 25 — El Eco del Cambio El pasillo principal de Orlan estaba lleno de ruido: estudiantes comentando las prácticas, comparando resultados, discutiendo sobre las bestias del Bosque Prisma.
Una mezcla de excitación y cansancio flotaba en el aire.
Gael Zomun y Max caminaban juntos, con paso tranquilo.
Por primera vez desde que ambos ingresaron a la academia… nadie evitaba mirar a Max.
Tampoco lo señalaban ni se burlaban.
Lo miraban distinto.
Con una mezcla de sorpresa… y reconocimiento.
Un grupo de estudiantes del curso intermedio se detuvo al verlo pasar.
—Oye, Max… ¿ese golpe que diste dentro del portal… fue técnica elemental?
—¿O era energía pura?
—Nunca te había visto pelear así.
Max se detuvo, incómodo… pero ya no asustado.
—Era energía.
Solo… la usé mejor esta vez —respondió, sin presumir.
Los estudiantes asintieron con respeto sincero.
Gael observó la escena con una leve sonrisa.
Max estaba cambiando.
Y la academia lo estaba notando.
Cuando continuaron caminando, Max soltó el aire que llevaba retenido.
—No estoy acostumbrado a que me hablen así… —Tampoco a que no te insulten —bromeó Gael.
Max le dio un empujón leve en el brazo.
—Muy gracioso.
Ambos rieron, pero esa ligereza duró poco.
Al girar hacia el pasillo que conducía a los dormitorios, alguien los esperaba apoyado contra la pared.
El profesor Nimrael.
Especialista en análisis dimensional.
Ojos siempre entrecerrados, como si estuviera viendo más de lo que debería.
Uno de los profesores más perceptivos de toda Orlan.
Y alguien que rara vez se mezclaba con los estudiantes después de clase.
—Gael Zomun —dijo con voz suave, casi flotante—.
Max Kaldren.
Buen trabajo hoy.
Gael y Max intercambiaron una mirada.
—Gracias, profesor —respondió Max con respeto.
Nimrael observó a Max como si fuera una ecuación interesante.
—Tu energía se comportó de manera…
curiosa dentro del portal.
Más estable.
Más focalizada.
A veces los estudiantes tienen avances repentinos, pero el tuyo fue inusualmente rápido.
Max tragó saliva, pero no retrocedió.
—He estado practicando —dijo, firme.
—Lo sé —respondió Nimrael—.
Y se nota.
Su voz era amable… pero profundamente analítica.
Luego, giró la cabeza lentamente hacia Gael.
Los ojos del profesor se detuvieron en él por unos segundos demasiado largos.
No sospecha.
No juicio.
Solo… estudio.
Como si intentara ver debajo de la superficie.
Gael se mantuvo firme.
—¿Algo más, profesor?
—preguntó, manteniendo la calma.
Nimrael entrecerró los ojos.
—Solo una recomendación: ambos… manténganse juntos durante las próximas prácticas.
Sus energías parecen responder bien una junto a la otra.
Y, en tiempos como estos, los vínculos fuertes salvan más vidas que las habilidades individuales.
Gael y Max asintieron.
Nimrael se alejó lentamente, caminando como si pudiera atravesar el aire mismo.
Al desaparecer en el pasillo, Gael soltó un suspiro.
—¿Crees que sospecha algo?
—preguntó Max.
Gael negó.
—No.
Nimrael solo… ve cosas que otros no ven.
Pero si sospechara algo grave, habría actuado distinto.
Él no es militar.
Max asintió, aunque aún parecía pensativo.
Caminaron hasta la zona de dormitorios.
Por primera vez en días… todo parecía un poco más tranquilo.
Pero justo antes de entrar a su habitación, Max se detuvo.
—Gael… —dijo, con una seriedad nueva—.
Hoy… por primera vez… sentí que podía protegerte yo también.
Gael lo miró.
Max continuó: —No quiero ser la carga del grupo.
Quiero que, cuando llegue algún peligro… tú no tengas que mirar atrás para salvarme.
Quiero estar a tu lado… y resistir contigo.
Gael le puso una mano en el hombro.
—Max… hoy lo lograste.
Y mañana también lo harás.
Max sonrió.
No por alivio.
Sino por convicción.
Ambos entraron a su dormitorio.
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