Heredero de la sombras - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 CAPÍTULO 28 — Bajo el Peso de su Propio Poder
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28: CAPÍTULO 28 — Bajo el Peso de su Propio Poder 28: CAPÍTULO 28 — Bajo el Peso de su Propio Poder La tarde llegó con una luz dorada que atravesaba los ventanales del gimnasio principal de Orlan.
El lugar olía a sudor, metal y energía contenida.
Las máquinas de entrenamiento energético vibraban suavemente, sincronizadas con los medidores holográficos instalados sobre cada estación.
Gael entró solo.
Max había ido a revisar unos apuntes, y Laly… necesitaba espacio después de su conversación.
Gael necesitaba algo más simple: sentir su cuerpo moverse.
Sentir control.
Caminó hacia la zona de entrenamiento físico, donde varios estudiantes golpeaban sacos reforzados o practicaban formas de combate.
—Oye, Gael —lo saludó uno de los chicos—.
¿Vienes a practicar?
—Sí, solo un rato.
Se vendó las manos, ajustó las muñecas, respiró profundo… y dejó que el ruido del gimnasio desapareciera.
Su objetivo era simple: comprobar cuánto había cambiado desde que el lector falló.
Comenzó con golpes suaves al saco energético.
Uno, dos, tres… Cada impacto generaba una onda visible en el holograma del saco, una medición normal.
Pero entonces aumentó la fuerza.
¡BAM!
La onda luminosa fue casi el doble de lo esperado.
Gael frunció el ceño.
Probó otra vez.
¡BAM!
El saco se desplazó más de lo normal, incluso con el estabilizador activado.
Un estudiante cercano lo notó.
—Wow… ¿siempre has pegado así?
Gael negó con una sonrisa tensa.
—Debo estar calentando más rápido hoy —respondió.
Pero por dentro sabía que no era eso.
Pasó a la máquina de levantamiento energético: una plataforma que aumentaba el peso según la energía interna del usuario.
Ingresó su nivel habitual.
El panel mostró: CARGA: 120 KG — NIVEL ESTUDIANTE Gael tomó la barra.
Y la levantó… como si no pesara nada.
Ni una vibración.
Ni un temblor.
Ni un esfuerzo.
El panel parpadeó.
—Eso no es correcto… —murmuró.
Subió el nivel a 150 kg.
Luego 170.
Luego 200.
Cada vez, el resultado fue igual: su cuerpo aceptaba el peso sin quejarse.
Por un segundo pensó que la máquina estaba averiada.
Pero entonces se fijó en el indicador lateral: Lectura interna: estable.
Sin fallos.
Gael tragó saliva.
¿Qué me está pasando?
Pasó al área de velocidad.
Una pista con sensores que medían la aceleración.
Se posicionó.
Respiró.
Y corrió.
El aire le cortó la piel.
Sus pasos generaron destellos en la pista.
Y cuando frenó… El panel tardó unos segundos en procesar.
Un murmullo se escuchó detrás de él.
—¿Gael… cuánto marcó eso?
El panel finalmente mostró la lectura: Velocidad: 52 km/h Los estudiantes alrededor se quedaron en silencio.
Era imposible.
No a ese nivel.
No sin una habilidad de aceleración.
No sin entrenamiento avanzado en control muscular.
Y sin embargo… Gael no sentía que hubiera alcanzado su límite.
Para él, había sido un trote rápido.
No un sprint.
El sistema vibró finalmente: [Actualización interna: adaptación del núcleo en progreso.] Gael apretó los dientes.
—¿Adaptación a qué?
—susurró.
Pero la pantalla se volvió fría.
[Información bloqueada.] [Nivel de acceso insuficiente.] Gael dio un golpe suave al costado de la pista… y dejó una abolladura en el metal.
Los estudiantes a su alrededor retrocedieron un poco, sorprendidos.
No por miedo… sino por respeto.
Uno se acercó lentamente.
—Oye, Gael… si sigues entrenando así… vas a romper algo —bromeó.
Gael sonrió, tratando de aligerar el ambiente.
—Solo es un buen día.
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