Heredero de la sombras - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 CAPÍTULO 30 — La Advertencia que No Podía Ignorarse
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30: CAPÍTULO 30 — La Advertencia que No Podía Ignorarse 30: CAPÍTULO 30 — La Advertencia que No Podía Ignorarse Laly no había dicho nada más.
Solo se quedó allí, al final del pasillo, mirándolos con los ojos fríos como acero.
Los tres agresores se detuvieron inmediatamente.
No porque le tuvieran miedo… sino porque sabían muy bien quién era ella: Laly, una de las estudiantes con mejor control energético de su generación.
Respetada.
Temida.
Y con un temperamento que nadie quería despertar.
Aun así, ninguno retrocedió.
El líder, el que había golpeado primero a Gael, alzó la barbilla.
—Tranquila, Laly.
Solo estábamos dándole… orientación a tu hermanito.
Ella caminó hacia ellos.
Despacio.
Sin levantar la voz.
Sin amenazar.
—¿Orientación?
—repitió—.
Tres contra uno.
Los ojos de Laly recorrieron los nudillos marcados, las posturas tensas, el sudor frío que empezaba a aparecer en sus frentes.
—¿Así enseñan en su año?
El segundo estudiante dio un paso al lado, incómodo.
—No te metas.
Esto es entre él y nosotros.
Laly se detuvo justo a un metro de ellos.
—Gael no se mete con ustedes.
—Eso no importa —respondió el tercero—.
Él está causando problemas al resto.
Y queremos asegurarnos de que recuerde su lugar.
Gael, apoyado contra la pared, respiró con dificultad.
Laly entrecerró los ojos.
—Si vuelven a tocarlo… —su voz se volvió cortante, como una cuchilla de hielo— los haré repetir prácticas de Ki hasta que olviden cómo caminar.
El líder ladeó la cabeza, evaluándola.
—No queremos pelear contigo, Laly.
De verdad.
—Entonces márchense —respondió ella.
Los tres se miraron entre sí.
Todos sabían que Laly no estaba bromeando.
Ni exagerando.
El líder suspiró, dio un paso atrás, y se giró para irse.
Pero antes de hacerlo, se detuvo frente a Gael.
Lo observó de arriba abajo, como si estuviera midiendo algo.
—Escucha bien —dijo con una voz baja pero clara—.
En esta academia, el talento no basta.
Necesitas saber cómo sobrevivir.
Y tú… te estás metiendo en el camino de gente que está mucho más arriba que tú.
Gael, aún mareado, levantó la mirada.
No respondió.
El estudiante sonrió levemente.
—Si sigues llamando la atención… más de uno querrá “entrenarte”.
Y no siempre llegarán amigos tuyos a salvarte.
Los otros dos se acercaron, formando una línea breve frente a él.
—Cuidado en los pasillos.
—Cuidado en las prácticas.
—Y cuidado en los portales.
El líder remató: —Porque Orlan es grande… y los profesores no siempre están mirando.
Luego se retiraron por fin, alejándose por el pasillo sin mirar atrás.
Gael sintió el silencio caer como un peso sobre su pecho.
Laly corrió hacia él.
—Gael… ¡¿estás bien?!
Él intentó ponerse de pie, pero se mareó un instante.
—Sí… solo… —respiró hondo— recibí más golpes de los que esperaba.
Laly lo sostuvo del brazo con una mezcla de enojo y preocupación.
—Idiota… —susurró— ¿por qué no me llamaste?
Gael sonrió con ironía.
—Porque no sabía que estaba en “clase de bienvenida”.
Laly negó con la cabeza, pero en sus ojos había miedo real.
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