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Heredero de la sombras - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 CAPÍTULO 37 — Los Ojos que Ven Más de lo Que Deberían
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37: CAPÍTULO 37 — Los Ojos que Ven Más de lo Que Deberían 37: CAPÍTULO 37 — Los Ojos que Ven Más de lo Que Deberían Gael seguía de rodillas, jadeando, mientras el sudor corría por su rostro.

Max estaba desplomado contra la pared, respirando como si hubiese corrido mil kilómetros.

Ambos parecían a punto de colapsar… Pero también había algo más.

Algo nuevo.

Una determinación que no tenían antes.

Laly los observó en silencio durante varios segundos.

Su expresión, normalmente firme y controlada, se suavizó un instante.

Luego volvió a endurecerse.

Se acercó primero a Max.

—Levanta los brazos —dijo ella.

Max obedeció sin fuerzas.

Laly presionó suavemente su torso, verificando si estaba respirando bien.

—Te vas a romper las piernas si corres así mañana otra vez.

Max rió, agotado.

—Si sobrevivo… será un milagro.

Laly rodó los ojos, pero no pudo ocultar una sonrisa.

Luego se acercó a Gael.

Él intentó levantarse, pero sus brazos fallaron.

Laly lo sostuvo antes de que cayera de nuevo.

—Idiota —murmuró—.

Te dije que no fueras tan lejos.

Gael sonrió entre respiraciones.

—Tenía… que hacerlo.

—¿Por qué?

—preguntó, mirándolo fijamente.

Gael guardó silencio unos segundos… y Laly lo entendió sin que él dijera nada.

—¿Por lo que pasó ayer?

—dijo ella.

Gael asintió.

Laly apretó los labios, conteniendo frustración.

—No puedes entrenar desde el miedo, Gael.

El miedo te rompe más que cualquier golpe.

—No es miedo —respondió él, aún jadeante—.

Es… una decisión.

Laly lo examinó como si pudiera ver dentro de él.

Y lo que vio… La preocupó.

Mucho.

Porque el cuerpo de Gael estaba al límite, sí, pero su mirada no era la de alguien a punto de desmayarse.

Era la de alguien que quería más.

Esa intensidad no era normal.

—Tu resistencia no coincide con tu cuerpo —dijo Laly, sin rodeos.

Gael se tensó.

—¿Qué quieres decir?

Laly cruzó los brazos.

—Que deberías estar inconsciente.

Que ayer recibiste golpes peligrosos.

Que hoy cargaste pesos que casi nadie aquí puede levantar.

Y aun así… sigues de pie.

Max intervino desde el suelo: —Bueno… más o menos de pie.

Laly lo ignoró.

Se inclinó frente a Gael.

—Te conozco desde que eras un bebé.

Sé exactamente cuánto aguantas.

Esto… —tocó el brazo de Gael, aún tembloroso— no coincide con tu nivel.

Gael evitó su mirada.

Laly suspiró, frustrada pero sincera.

—Gael… estás cambiando más rápido de lo que puedo procesar.

Y eso me preocupa.

Mucho.

Gael apretó el puño.

—Necesito hacerlo.

Laly lo sostuvo del mentón y lo obligó a mirarla.

—Entonces prométeme una cosa.

—¿Cuál?

—Que no vas a entrenar solo.

Ni hoy.

Ni mañana.

Ni nunca.

Gael parpadeó.

—Laly… —No es una sugerencia —interrumpió ella con voz firme—.

Te vas a romper si sigues manejando esto sin apoyo.

Y yo no voy a perder otro… —se detuvo, tragando saliva.

Gael entendió el final de esa frase sin que ella la dijera.

“No voy a perder otro ser querido… como perdimos a Kael.” Gael asintió lentamente.

—Está bien.

No entrenaré solo.

Laly respiró hondo, aliviada.

Luego miró a Max.

—Y tú.

—¿Yo?

—Max se señaló a sí mismo.

—Te voy a enseñar a correr sin parecer que te estás muriendo.

Max abrió los ojos como si hubiera visto un demonio.

—¿E-eh?

¿Cómo que yo también?

¡Si apenas puedo moverme!

Laly tomó aire.

—Porque tú también cambiaste.

Y te guste o no… vas a seguir a Gael en todas.

Así que mejor aprendes a no quedarte atrás.

Gael miró a Max.

Max lo miró a él.

Ambos se empezaron a reír, aunque el dolor les obligaba a hacerlo flojito.

Laly suspiró profundamente.

—Vamos.

Los llevaré a desayunar antes de que uno de ustedes se desmaye.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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