Heredero de la sombras - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 CAPÍTULO 4 — El Peso de la Herencia
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4: CAPÍTULO 4 — El Peso de la Herencia 4: CAPÍTULO 4 — El Peso de la Herencia Los árboles se abrían paso entre la oscuridad mientras Gael y Max corrían lejos del lugar del ataque.
Las ramas les rozaban los hombros, y el aire frío cortaba la respiración.
Nadie hablaba.
La adrenalina aún seguía fresca en sus cuerpos.
Pero Gael sentía algo más.
Algo nuevo.
Algo que, hasta hace apenas unos minutos, no sabía que existía dentro de él.
La sombra.
La sombra que había salido disparada del suelo para protegerlo.
La sombra que había atacado a la criatura.
La sombra que… lo había obedecido sin que él hiciera nada.
Y lo peor: ahora sabía que no era un accidente.
El sistema —esa voz fría que apareció de la nada— le había dicho claramente que ese poder era heredado.
De quién, todavía no lo sabía.
Pero una parte de él lo sospechaba.
Max se detuvo para recuperar el aliento, inclinándose con las manos en las rodillas.
—Gael… ¿qué fue eso?
¿Cómo… cómo sobreviviste a esa cosa?
Gael tragó saliva.
No podía decirle la verdad.
No podía decirle que una sombra salió del suelo como si fuera parte de su cuerpo.
No podía decirle que un sistema desconocido le había revelado que ese poder dormía dentro de él desde siempre.
Así que simplemente respondió: —Tu magia me dio tiempo.
Y yo… reaccioné.
Max lo miró confundido, pero aceptó la respuesta.
Él tampoco entendía su propia magia.
Era normal que ambos creyeran que lo suyo eran reflejos, entrenamiento, instinto.
Gael se llevó una mano al pecho.
Aún sentía un latido extraño, irregular… como si algo dentro de él hubiera despertado y estuviera intentando acomodarse.
El sistema vibró internamente, solo para él: [Sombra heredada: estado inestable.] [Control del usuario: 0%.] [Origen: clasificado.] Gael apretó los dientes.
—“Clasificado”… —pensó—.
¿Qué se supone que significa eso?
No había respuesta.
El sistema parecía hablar solo cuando quería.
Max levantó la cabeza.
—Gael… ¿estás bien?
Desde que peleamos… estás distinto.
Gael respiró profundo.
—Estoy bien.
Todavía asimilando lo que pasó.
Max asintió.
Para él, lo extraño era su propia magia automática.
Lo de Gael no parecía sospechoso.
Pero Gael sabía que lo suyo era diferente.
Muy diferente.
La sombra había sentido la intención de matarlo.
Había actuado sola.
Y aunque él no sabía cómo controlarla… había entendido algo crucial en el instante de la pelea: La sombra lo protegía.
Pero también lo asustaba.
Seguían avanzando entre los árboles cuando el sistema volvió a emitir un aviso interno: [Fluctuación detectada.] [Tipo de energía: desconocida.] [Distancia: 180 metros y acercándose.] Gael ocultó su reacción.
Max no podía enterarse.
Nadie podía saber que ahora él tenía una herramienta —o un monstruo— dentro de sí.
—Tenemos que apurarnos —dijo Gael, fingiendo calma—.
No quiero volver a toparme con otra cosa.
Max tragó saliva.
—Sí… con una ya tuve suficiente para toda la semana.
Ambos retomaron el paso.
La Academia Orlan asomaba entre los árboles, con sus muros iluminados en la distancia.
Pero mientras Max respiraba aliviado, Gael sentía todo lo contrario.
Algo —una presencia desconocida— avanzaba hacia la entrada este.
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